Canto primero

De Casiopea



TítuloCanto primero
AutorGodofredo Iommi
Páginas7
Imágenes7
Ancho 21 cms.
Alto 27 cms.
Fecha1938
ColecciónPoesía
FondoIommi-Amunátegui
ConjuntoCarpeta Celeste
Número de Ingreso003
NotaVersión original mecanografiado. Es el 3er poema perteneciente al conjunto editado con el título Fuese (Escuela de Arquitectura UCV, Viña del Mar 1984). Mantenemos la fecha de los primeros poemas de Fuese; ya el «Canto tercero» indica 1939.
PDFArchivo:Canto primero.pdf
Código
IOM-POE-IAM-CCE-CPR-938-003


p. 1

Sido para mi alma submarina
sin rostro que asile el primer linde
y calle otra mensura
donde los páramos celan la venia nocturna
cuando en el hombro atiende mi cadáver
la invasión laboriosa del ceño

Una corona me ciñe la cabeza;
del otro margen
la mano vige entre los mármoles su signo
porque un paso hila los días
con lenguaje agorero
sordo ya entre los hábitos del valle

Bajo el labio crecen musgos venenosos
de un alma que asiste a la intemperie
su presa encarcelada en la pupila


p. 2

Y así que la noche escurre del follaje
del ave que la abandona
procede herida por el río
la aventura de un hombre ante el silencio
como una llave


Oídme


Con la voz trajeron un rastro en fronda espesa y oculta
presentido en las raíces de mi tacto
Broto con la mano bajo mis dedos
para saber que hay otro fuera de mi
con ojos que transmigran para una fecundidad lumínica del cuerpo

– No conozco su rueca pero se que tejen hilos desde su fondo al mío –


p. 3

Sabedme


Criatura de amor
unge en el brazo, liviana, su anuencia
Suya es la línea que me divide de la sombra
y muerde el enredo de la ortiga
La paz que promueve el pensamiento
escancia en los viñedos
y sólo aquel que por imagen se consiente
y revela en su carne
el cetro de una leyenda
conoce amor como una espiga
Y quien por su verdad rehusa
la belleza silvestre de un consuelo
sorbe la pócima de amante
y la cabeza conmovida
la mano al seno
muere joven y desnudo entre su reino


p. 4

Me han dado con aire de poniente
una capa para enfrentar a los objetos
y un hueco donde refugiarme a dialogar sin iglesias
en las pausas más envenenadas de la fuente

La emoción se desprende del oído
al hallazgo de un huésped
– asesino de crisálidas
que acalla la araña de una actitud
ya sin espacio –
hilandera inmutable de su llama.

El cieno urde la celada
que al ojo vecino relatan mis sandalias
tras amoroso puñal que agita el robo
de leños
que entibien la memoria
Cauteloso empeño de las rocas
para macerar el ajeno sentido de los días
desasir los frutos
hasta el vaho grávido de un numen


p. 5

Reducido a la forma de una pregunta entre las manos
se evaporan los laudes de la lluvia
He llegado hasta los recónditos estratos, sin imploraciones
para saciar mi reclamo
He usado las manos de zapa, de palanca, de certeza
cuando acariciaban las llagas de mi rostro
Con hambre sobre la nuca
asumen los dientes otra razón del bálsamo
La pena chorrea entre los dedos
Allí estaba dios



Me han dado la gota precisa, mínima, para mi densidad de albergue
Pero huídme; vuelvo con mis perfiles quemados
Lejos de mí
para que no os alcance la radiación más térmica de mis perfiles
Huídme, que ya nada asombra al tartufo hipnótico que llevo en mi carozo
Aquí hay una mesa bajo la cual expiran las fatigas de un peregrino
y encima de la que arden los dólares de un juego

Es en vano tirar de la horca cuando no queda ningún sobreviviente


p. 6

Si sube un humo macilento
es porque están de cena barroca
los que ignoran la propia ausencia dentro de sus cuerpos



Una piedra atiende su advenimiento autógeno
Finjo tejer cortinados burgueses
para no asustar al que venga
y me guardo en las horas crueles de girar el conmutador
para no entorpecer la misión del viajero
juego a una vida que no me pertenece
para que a nadie espante en la camilla de operaciones
las formas exquisitamente guardadas en mi muerte



pertenezco a mi sabor musgoso, laso, definitivo
Nunca me entierren

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Fondo Iommi-Amunátegui / Carpeta Celeste:

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