Buscadores de lo Desconocido

De Casiopea




TítuloBuscadores de lo Desconocido
Año2011
AutorGodofredo Iommi
CoautoresJaime Reyes
Tipo de PublicaciónLibro, Otro
EditorialArchivo Histórico José Vial Armstrong
EdiciónArchivo de la Palabra
ColecciónPoética
CiudadValparaíso
Palabras Clavepoética, iommi, taller de amereida
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio

Buscadores de lo Desconocido

Godofredo Iommi Marini

Este trabajo se ha publicado como "Buscadores de lo Desconocido. Edición digital", en formato ePub y está disponible para su descarga en este enlace.

Segunda y tercera clase para el Taller de América de 1979

Agradecimientos

Este libro es el segundo número de la colección Archivo de la Palabra. Esta colección es el fruto de trabajos de variada índole de muchas personas a través de décadas. A continuación damos las gracias a algunas de ellas, sin ningún orden jerárquico y pidiendo de antemano excusas por las omisiones imperdonables que vamos a cometer ineludiblemente. Antes que a nadie, extendemos los agradecimientos a la entera comunidad de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la PUCV y de la Ciudad Abierta, porque ha mantenido viva y presente sus relaciones entre la poesía y los oficios, a pesar y más allá de toda incredulidad.

El escultor Claudio Girola, fallecido en 1994, grabó con persistencia durante muchos años las clases de los profesores y creó este Archivo de la Palabra. El profesor y arquitecto José Vial Armstrong, fallecido en 1983, ya desde 1952 comenzó a registrar cuidadosamente los quehaceres y el acontecer de la Escuela de Arquitectura y Diseño y de la Ciudad Abierta; estos registros son lo que a la vuelta de los años se convirtieron en el Archivo Histórico que lleva su nombre. Los profesores Arturo Chicano e Iván Ivelic también durante años han dedicado esfuerzos académicos, poéticos y financieros para que este Archivo florezca. Adolfo Espinoza ha convertido en oficio real y en una verdadera obra el cultivo de los contenidos del Archivo. El poeta y diseñador Manuel Sanfuentes durante muchos años se ha ocupado y preocupado, junto al Taller de Investigaciones Gráficas de la e[ad], de publicar los textos fundamentales de esta Escuela y de la Ciudad Abierta en la Biblioteca Con§tel y en múltiples soportes y formatos. Catalina Porzio nos ayudó a concebir la forma correcta de estos libros y la redacción de sus textos. El diseñador Herbert Spencer ha impulsado e incentivado la creación y la novedad digital y orientó criteriosamente los sistemas para entregar a todos este libro.

Introducción

En el año 1979, en el ámbito de la asignatura Taller de América, varios de los profesores fundadores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) realizaron una serie de clases. Estos profesores eran concretamente el arquitecto Alberto Cruz (1917-2103), el escultor Claudio Girola (1923-1994), el pintor Francisco Méndez y el poeta Godofredo Iommi M. (1917-2001), y sus clases fueron recopiladas en un libro editado por el Taller de Investigaciones Gráficas de nuestra Escuela, en 1982. Se titula Cuatro Talleres de América en 1979. Hay que ser absolutamente moderno y está compuesto por cuatro capítulos: “Estudio Acerca de la Observación en la Arquitectura” de A. Cruz, “Contemporaneidad en la Escultura” de C. Girola, “El Cálculo Pictórico” de F. Méndez y “Hay que ser Absolutamente Moderno” de G. Iommi.

En la edición de 1982 del Cuatro Talleres de de América, para el capítulo de Iommi, se incluyó la transcripción casi íntegra de su primera clase, y en cambio de su segunda y tercera clases se escogieron apenas unos breves pasajes, que quedaron en una sección titulada “Notas”.

El libro de 1982 se convirtió en uno de los textos fundamentales de la Escuela y de la Ciudad Abierta y ha sido ampliamente estudiado desde entonces. Se encuentra la edición original en la biblioteca de la Escuela y una versión digital en la Biblioteca Con§tel. Nos parece que esa edición de 1982 se basta a sí misma para exponer con profundidad y suficiencia las proposiciones de nuestros maestros y puede considerarse como un texto completo y definitivo. Sin embargo, nos parece también que, teniendo acceso al registro del audio original de aquellas clases, es posible hoy pretender nuevos alcances.

Este libro trabaja sobre la transcripción literal y el audio completo de aquellas segunda y tercera clase, hasta ahora totalmente inéditas, reunidas bajo el título Buscadores de lo Desconocido, que el propio Iommi enuncia durante su discurso y sobre quienes el poeta se extiende para presentar las implicancias profundas que tienen para su poética.

Al igual que el primer número de esta colección, este libro lo presentamos como material de estudio para todos aquellos interesados en la obra de Godofredo Iommi, especialmente en la relación que le corresponde a la Escuela de Arquitectura y Diseño y a la Ciudad Abierta.

Este libro está dividido en tres capítulos.

El primer capítulo contiene la transcripción de estas segunda y tercera clases y está subdividido en cuatro partes. La primera parte trata sobre los buscadores de lo desconocido en la matemática. Es muy probable que Iommi haya basado toda su clase y la elección de los personajes en uno libro o más libros, aunque aún no los hemos encontrado. De hecho menciona uno de estos posibles libros: “así como hace un instante el autor del libro sobre los matemáticos presentía…”. La segunda parte trata sobre los buscadores de lo desconocido en la física y Iommi utiliza el libro Física y Filosofía de Werner Heisenberg. En la tercera parte el poeta se refiere a la palabra y se extiende en asuntos de la filosofía y de la poesía. En la cuarta parte y final Iommi lee algunos de sus poemas de Las purificaciones y de Comentarios y cadencias, varios de los cuales para ese entonces eran inéditos.

El segundo capítulo son los apuntes, que siguen la misma línea que la desarrollada en el libro anterior de esta colección. Los apuntes no intentan servir de base teórica ni son un apoyo a las ideas expresadas. No pretendemos revelar unas fuentes que desde luego no son secretas ni quisiéramos fundamentar académicamente las proposiciones expuestas por el poeta. Los apuntes tienen otra intención básica y que nos parece de más agrado; es conocer las lecturas y los autores que Iommi tuvo ante sí para decir lo que dice y para establecer sus proposiciones. Un apunte es entonces intervenir sin ser visto para dar curso a la voz, al parlamento, como el apuntador del teatro, que de espaldas y oculto a los espectadores va recordando a los actores sus diálogos. Pero también es como apuntarle a algo o alguien con un estoque, que sólo puede herir de punta. Estos apuntes son en verdad para convocar, para poner en movimiento y hacer acudir aquellas indicaciones que nuestros maestros tuvieron fluyendo entre sus manos e inmiscuidas en sus oídos cuando realizaron sus clases, conferencias, conversaciones o discursos. El tono que quisiéramos dar a estos apuntes es el propuesto por el mismo Iommi en la nota nº 37 del volumen II de Amereida: (Amereida II, p. 212):

La cita es un duelo de esgrimas, un arte, un apunte. La antigua pregunta ¿de dónde vienes? ¿a dónde vas? Ya no, no. La cita desvanece esas preguntas. La cita “per se” que no tiene otro quehacer sino la de su estoque. Un arte puro, riguroso y suelto a la vez. Todo lo aprendimos así de golpe con la entrada de Tronquoy a quien ya no esperábamos. Pero poco de esto sabrán quienes citan como eruditos para legítimas formas de trabajo o que citan por ejemplo, como citas de amor.

El tercer capítulo de este libro es el audio completo de la segunda y tercera clase. Estas fueron registradas en tres cintas o casettes y las hemos reunido en un solo archivo de audio de un poco más de dos horas que hemos remasterizado y adecuado a este soporte. Este audio además se encuentra publicado, junto con la colección completa del Archivo de la Palabra en la plataforma SoundCloud.

Las grabaciones de lo “Buscadores de los Desconocido” están publicadas en el Archivo de la Palabra del Archivo Histórico José Vial Armstrong

Primera Parte. Buscadores de lo desconocido en la matemática

Con la desesperanza ganamos el ojo limpio, absolutamente lúcido y una revelación que es de la que vamos a hablar al final; de esta revelación que produce la desesperanza. Pero al proclamarse en la poesía, en lugar de la armonía –la armonía conocida hasta entonces: la concordancia de las partes con el todo– lo desconocido, se abre por primera vez en la historia poética una mirada que va mucho más allá de la poesía de las palabras. Ya Apollinaire había hecho señas a este campo en una célebre conferencia pronunciada en el teatro Vieux-Colombier de París [A.1]. Y el primer manifiesto futurista lo declara abiertamente [A.2]. De suerte que se puede producir, y se produjo, una relectura de muchas cosas ocurridas en el pasado y que no habían sido instituidas poéticamente.

En el año 1963 en París, nosotros publicamos la Carta del Errante. Al término de la Carta del Errante se puede leer lo siguiente: “Sé bien que hay muchas maneras de ser poeta, pienso en ciertos escritores, pienso también en ciertos buscadores de lo desconocido” [A.3]. En el año ’53, en una obra colectiva también en París escribimos lo siguiente: “Recuerdas la ciencia cuya virilidad enciende la tarea, ella encuentra hoy su propio secreto y con ello desnuda, no sin asombro, nuestro organismo moral. Ya no busca entender una naturaleza, sino que desde su arte, tantas veces gratuito, puede reproducirla distanciándonos de su maternidad para dejarnos adultos, con fuero, independientes del sol en nuestra misma tierra, y me digo en silencio, sin escribirlos los dulces nombres” [A.4].

Hoy vamos a decir parte de esos dulces nombres.

Como poesía, como poiesis, el diez de noviembre de 1619 un joven de 23 años, volviendo de Frankfurt, a donde había asistido a las fiestas de la coronación del emperador, se detiene en alguna parte de Alemania. La noche que va del diez de noviembre al once de noviembre, este joven es sacudido por tres sueños consecutivos y se despierta cada vez, en cada sueño. No era, a pesar de su juventud, la primera vez que un estremecimiento profundo lo recorría. Él escribe, el 26 de marzo de ese mismo año, antes de estos sueños, lo siguiente: “En el caos oscuro de esta ciencia, yo me he percatado no sé bien de qué clase de luz, pero a la cual ninguna espesa tiniebla ya podrá jamás disipar” [A.5]. Los dos primeros sueños, son sueños angustiantes. Transminado de sudor y de terror este joven despierta. El tercer sueño, es un sueño consolador y que lo confirma y asegura. Poco después se hace oficial de caballería. Y es un joven oficial de caballería, con convicciones religiosas profundas y con raptos de verdades y proyectos de iluminaciones y se debate, en medio de este claroscuro, galopando sobre su silla, en medio de batallas ardientes, en los montes de Bohemia. Por fin, en la planicie húngara, se detiene. Acaba de dar a luz una obra que no tiene semejanza en historia de la ciencia. Ella consiste esencialmente a mostrar como el empleo sistemático de las coordenadas conducen a un método cuyo poder y universalidad sobrepasa de lejos todo lo que hasta ese momento se conocía en materia matemática. Y a poder preveer que ese método está destinado a anular a todos los que existían anteriormente. Gracias al concepto de función, este método, venía a revolucionar y regenerar todas las ciencias, que tienen relación con el tiempo y el espacio. Para él los griegos no estaban en posesión de un método adecuado. Ellos no habían visto la identidad del álgebra con la geometría y por esa razón no pudieron edificar sistemáticamente sobre la base del álgebra, una ciencia general de las formas. Esta ciencia deja de lado las nociones puramente realistas y objetivas de la dimensión y del espacio, y puede entonces ser llevada a un tan alto grado de perfección como uno lo desee. Una vez que las formas y las cantidades [son] subyugadas por la fuerza encantadora del algoritmo y del arte combinatorio, es entonces posible volver a las disciplinas de la aritmética y de la geometría que siempre han estado presentes, en estado latente, detrás de esta álgebra generalizada en extremo.

A partir de él, el álgebra y la geometría dejan de ser ciencias en el simple rango de aplicaciones. Pero no sólo hace esto, este joven, sino que evidentemente inventa un método, que afecta radicalmente el pensar del hombre. Se convierte, en boca de Hegel, en la piedra angular de la filosofía. Es René Descartes. Pero lo que no dicen los filósofos que lo leen, ni los matemáticos que lo leen, es lo que sí puede decir la poesía de él. No sólo en su arrojada aventura a la tiniebla de lo desconocido, sacudida originariamente por un método onírico que se le da a su pesar. Lo que Descartes hace es que por primera vez en la historia de la humanidad, un hombre, cualquiera de nosotros, puede en un cuarto, a solas, pensar efectiva, real y decididamente el mundo. Y eso lo hace. No se había producido nunca así [A.6].

Desde Aristóteles a Descartes se escribe un período del pensamiento humano. Y por lo tanto, y esto es lo importante, del devenir del mundo. Y se agrega algo más, con mirada retrospectiva, desde Descartes para atrás y desde Descartes para adelante, que todo descubrimiento matemático es eterno, se hace subespecie termitatis [sic]. El teorema de Pitágoras, aquí y en cualquier otro mundo, será siempre y para siempre, el teorema de Pitágoras.

Me salto a otro nombre… raro.

En Lyon, en la ciudad de Lyon, en el siglo XVII vivía un joven arquitecto y que los amigos consideraban dotado en matemáticas, pero un verdadero extravagante. A una obra de una enorme profundidad le pone un título absurdo. Y no sólo, como era un extravagante, decide escribir esta obra en hojas volantes con una letra microscópica. Pero no sólo, sino que disimula sus descubrimientos bajo el velo de un lenguaje extraordinariamente ampuloso, y revistiendo todos los conceptos geométricos con nombres de la botánica. De tal suerte que en esta geometría se trata de flores, de tallos, de ramas. El mandó su manuscrito a algunos amigos y también a algunos matemáticos célebres, pero estos, como bien se puede imaginar, no sabían cómo tomar este objeto nuevo que se les presentaba de una forma tan enigmática. En toda la ciencia y bajo esa relación –las matemáticas no son una excepción– está lleno de charlatanes que llegan prácticamente a filtrarse, inclusive a distinguirse por una novedad que es una supuesta novedad, que en el fondo es un filibustero. Este joven tenía todas las características para ser tratado así. Pero hubo un pequeño grupo de espíritus particularmente clarividentes, como por ejemplo [Pierre de] Fermat, el matemático, Descartes y Pascal, que se dieron cuenta de lo que escondía este jardín matemático botánico del lyonés. Sólo Pascal, que entonces tenía 16 años, se dio cuenta que este joven arquitecto, Gérard Desargues, le abría un campo enorme a su propio trabajo. Y sobre el trabajo de Desargues se funda el no menos célebre teorema de Pascal. Desargues es el que se ocupa del abismo que separa a las rectas paralelas a las rectas secantes. Abismo que hasta entonces se había tenido por infranqueable. Pero Desargues subraya que las propiedades comunes a las secantes y a las paralelas son más numerosas que las propiedades divergentes. Por otra parte en la perspectiva era claro que uno debía identificar a menudo las paralelas y las secantes. Pero esto parecerá menos extraordinario si uno trata de recordarse que la perspectiva de dos rectas paralelas está formada por dos rectas concurrentes, si uno elige convenientemente el punto de vista. Este hecho permite afirmar que hay una cierta identidad entre el cono y el cilindro. Y es entonces que comienza a aparecer un concepto paradojal; ¿cuál? El del punto al infinito. Las rectas paralelas son aquellas se cortan en un punto al infinito. Se inventa ahí. El cilindro se vuelve asimilable a un haz de rayos cuyo origen es el punto en el infinito.

Todo ocurre [así] para nosotros si miramos los rayos solares. Estos últimos nos parecen paralelos, lo que no es sin embargo un razón para considerarlos como provenientes de dos soles. Estos dos hechos fundamentales: la conservación de ciertas propiedades a pesar de las deformaciones de la perspectiva y la existencia de figuras infinitamente alejadas, después de un cierto tiempo de maduración, dieron nacimiento a una geometría enteramente nueva, que se fundó sobre ella. Lo que no impidió que en el momento de su nacimiento fuera tratada de ridícula [A.7].

Este es otro de los buscadores de lo desconocido.

Jean-Victor Poncelet era oficial del ejército francés. Hace la campaña de Rusia con la Grande Armée [de Napoleón] en 1812, y cae prisionero en Krasnoi. El frío de ese terrible invierno era tal, que el mercurio se helaba en los termómetros. Sin embargo Poncelet, obligado a hacer a pie toda la ruta, desde Sarátov, sobre el Volga, llega enfermo y desecho. ¿Cómo no admirarnos, entonces, frente a la grandeza de alma de este hombre? que por algunos copecs, que constituían todo su dinero, compró un muy mal papel y plumas; y no teniendo plata necesaria, y por lo tanto se moría de hambre, se fabricó él mismo la tinta con el sebo de su lámpara. Y es con este opulento material que él comenzó a trabajar en la primavera, y expuso los principios fundamentales de su obra.

Y voy a nombrar a dos jóvenes. Niels Henrik Abel y Évariste Galois.

Abel nació en 1802; era hijo de un pastor de Findö, en Noruega. A la edad en que sus camaradas jugaban con bolas de nieve y soñaban con un porvenir feliz, él ya estaba triplemente marcado por el destino. La pobreza, la tisis y la melancolía fueron sus tres siniestras madrinas. Ellas presidieron su entrada en la existencia, que a pesar de una formidable capacidad de trabajo, no alcanzó nunca a ser una verdadera vida. Contra todo, el demonio del genio le abrazaba el pecho a este joven nórdico, y la brasa era la matemática. Y en un gran trabajo de autodidacta logró penetrar hasta el trasfondo de la ciencia.

En el año ’22 entra a la Universidad de Cristianía. Y en ese momento un descubrimiento de importancia capital parecía iluminar esta sombría existencia. Él cree ser el primero en encontrar el medio para resolver la ecuación general de quinto grado. Apenas si podemos hoy día hacernos una idea de la tragedia íntima que se desencadenó en esta alma, en los cursos de los años siguientes. Apenas si podemos presentir el horror de las pesadillas que lo asaltaban en sus noches de fiebre, a donde él veía su descubrimiento hundirse en pedazos, y su desesperación de ver la dicha que había creído tocar, desvanecerse poco a poco, como un vano humo. Esta desesperación, sin embargo, le dio entonces un coraje increíble, para en 1824 dar el golpe final, ¿cuál?, demostrar que la ecuación de quinto grado no puede ser resuelta por medio de los radicales. Es entonces que su destino toma un nuevo giro. Las autoridades competentes reconocen la importancia enorme del hecho, en apariencia puramente negativo descubierto por Abel. ¿Qué había descubierto Abel? La existencia de un límite infranqueable, para siempre, en la resolución de ecuaciones de orden superior, que en efecto por eso mismo venía de ser revelada y la inutilidad de algunas búsquedas que hasta ese momento se llevaban a cabo.

Él parte para Berlín y va a trabajar en un diario que se ocupa de matemática, el “Ober Baraut” [sic] [pareciera que el diario al que se refiere Iommi es el Journal für die reine und angewandte Mathematik] que dirige [August Leopold] Crelle. Ahí se ejerce, en el diario de Crelle, para ir finalmente a ver a uno de sus dioses, el matemático francés [Augustin Louis] Cauchy, que él venera. Y atraviesa Francia para llegar a París. Cauchy está entonces en el apogeo de su gloria, pero para desdicha [de Abel] su carácter no estaba a la altura de su aura científica y sencillamente no recibe a Abel. Y he aquí a nuestro pobre joven hombre, en una situación trágica indecible; para llegar a París él había gastado todo el dinero de su precio y sus honorarios. Honorarios de lecciones que él daba particularmente. Este golpe terrible no lo abate, pero ya la enfermedad no cesa de empeorar. Al contrario, su genio se levanta una vez más con una performance gigantesca. ¿Qué descubre? descubre el teorema que lleva su nombre; el Teorema de Abel, que es una generalización del teorema de [Leonhard] Euler sobre la suma de las integrales elípticas.

Abel después quiso hablar con otro gigante de la matemática; con [Johann Carl Friedrich] Gauß, pero sus desilusiones frente a Cauchy habían sido tantas que se asusta y no va a la entrevista. Mortalmente golpeado por la enfermedad vuelve rápidamente a Cristianía a donde vaga por algún tiempo, y muere de hambre y de frío pidiendo una situación fuera lo más modesta que fuera. Él murió en 1829, pocos días después de su muerte, llega de Berlín a Cristianía, la oferta a Abel de una situación muy importante material y moralmente, y en el año ’30 la Academia Francesa de Matemática le da un premio al difunto.

Un destino semejante al de Abel lo participa otro joven hombre, que tendría que tener una existencia también trágica. En 1811 nace en Bourg-la-Reine, cerca de París, un niño que recibe el nombre de Évariste Galois. En 1823 abandona la casa paterna para entrar en el colegio Louis-le-Grand. Cuando tiene trece años Galois había dado pruebas de tales dones matemáticos y tan extraordinarias que no lee un sólo libro de los habituales que leen los estudiantes, sino que se dedica a leer de entrada los clásicos de la matemática y principalmente a [Joseph-Louis de] Lagrange. Los primeros trabajos, sus primeras memorias, siendo un adolescente, él las envía a la academia y se han perdido todas. Está frente a sí la Escuela Politécnica de París; él trata de dar examen y de entrar y lo rechazan por malo. Se presenta el año ’29, a los dieciocho años, a otro examen, pero es rehusado dos veces. ¿Por qué?, porque se niega a contestar preguntas que él considera ridículas. Por ejemplo la cuestión de la teoría aritmética de los logaritmos.

La tragedia comienza con este hecho incomprensible que es el fracaso al examen del Politécnico. Al cabo de un año –él entra a la escuela normal superior– es obligado a salir por conducta inconveniente. El último lazo que lo retenía unido a la sociedad, se rompe entonces. Se lanza a cuerpo perdido en la política; es arrestado y pasa muchos meses entre los muros de la Prisión de Santa Pelagia. Pero nosotros podemos presentir muchas cosas contemplando el retrato de este joven niño, cuya cabeza altiva y rubia es desafiante. Nosotros comprendemos que es el demonio íntimo de este joven efebo que ha sido la causa de su pérdida, pues él era demasiado joven para poder soportar su genio.

¿De qué se habla?, se habla de una historia de amor que terminó en querella y lo condujo a una provocación en duelo. Puede ser la mujer o la amante de alguno de sus amigos, quién sabe. Pero lo que es cierto es Galois no se sustrae a su deber, aunque cuando genio debió saber que era irremplazable. Fue muerto en ese duelo el 31 de marzo de 1832; no había cumplido aún veintiún años.

En la noche que precedió a su muerte, de la cual él tuvo el presentimiento, escribe una larga carta a su amigo [Auguste] Chevalier. Es uno de los documentos más conmovedores de la historia intelectual del mundo que nosotros conocemos. Entre las líneas de su memoria matemática, nosotros sentimos pasar el soplo del espectro de la muerte. A la concisión desesperada de esta exposición, uno siente todo el esfuerzo del autor, para utilizar al máximo las últimas horas que le quedan. Y que él quiere lograr completar una obra que normalmente hubiera demandado años para llegar a la madurez [A.8].

Sin embargo no conviene aquí epilogar, y sobre todo llorar a un hombre que supo morir tan fieramente y tan dueño de sí. Su testamento no muestra en efecto la menor traza de una excitación o de una pusilanimidad. Galois es una prueba viviente de que las matemáticas son una cosa viril, en el sentido más elevado de esta palabra, y que pertenecen a quienes saben elevarse por encima de la medida común. La matemática es un oficio divino y su culto una vocación; una iluminación. Nosotros, en ella, nos encontramos en la vecindad de Dios y nos embriagamos de esa verdad.

Dejemos un minuto de lado la vida de este desdichado joven, cuya carrera se parece a un efímero cometa que pasa por el cielo y que desaparece en la noche, para reaparecer algunos instantes como un relámpago. Pero si nosotros lo hacemos será para mejor consagrarnos a hacer sobresalir cómo su obra creó una época entera en la matemática. Y tan importante como tan eterna; en el frontis de su panteón donde reposa este joven altanero, hay que inscribir con letras de oro estas palabras. Teoría de los grupos; él es el inventor. En el año 1805, en Irlanda nace otro genio de las matemáticas: Sir William Rowan Hamilton. Un genio caprichoso. Muchos pensaron que era un loco divino; un loco perdido en nuestra ciencia, o mejor dicho en nuestro gran arte. A los diez años Hamilton sabía ya a Homero de memoria y se ponía de inmediato al estudio del árabe y del sánscrito. Algunos años más tarde poseía trece lenguas. Componía poemas y era el amigo íntimo de Wordsworth, el poeta inglés. A los 23 años le dan el lugar muy honorable de director del observatorio de Dunsink, cerca de Dublín, con el título de Royal Astronomer of Ireland, que él conservó hasta su muerte en 1865.

A pesar de su actividad científica, él permaneció siempre fiel a la poesía y, desgraciadamente también, al alcohol. Sus libaciones eran tan copiosas que, si uno le cree a la leyenda, había que atarlo al telescopio del observatorio para impedir que cayera. Las ebriedades combinadas de la poesía, de la alta matemática, de la filosofía y del alcohol, terminaron por oscurecer su espíritu hasta tal punto que al final de su vida su extrañeza confinaba casi con el desequilibrio mental. Pero es inútil juzgar a alguien de tal valor. Su vida y su muerte fueron verdaderamente dionisíacas. El que quiera cumplir, en efecto, el aún infinito y gigantesco desarrollo de su obra pondrá después de él, el siguiente epíteto: reino de los espíritus. Uno de los genios matemáticos, Felix Klein, escribió un texto sobre los matemáticos de la segunda mitad del siglo XIX. Y nombra a uno, que también es decisivo en la historia de la matemática. Y dice de él, Klein: [Bernhard] Riemann es el hombre de la intuición, la más conmovedora. Por su genio universal él sobrepasa a todos sus contemporáneos. Doquiera que él vaya y vaya su interés, él crea siempre algo nuevo sin dejarse abusar jamás por ninguna tradición y sin reconocer jamás la constricción de ningún sistema.

Riemman era como Abel, hijo de un pastor de campaña. Nació en 1826. La providencia, en la cual él creía con todo fervor con una fe silenciosa, no le dio sino cuarenta años de vida. Y aún una vida que es un calvario que es inimaginable. Inmediatamente pierde a su madre; su padre, una hermana, un hermano y otra hermana. Esta suite de muerte es el trágico destino de una familia de tuberculosos. Él mismo cae muy luego como presa de la temida enfermedad. Se casa en 1862 y apenas un mes después lo derriba una pleuresía que será para él el comienzo del fin. Tiene, sin embargo, la dicha de ser padre de un niño, que nace en Pisa, Italia, en 1863. Pero sus tres últimos años de vida no son más que un sueño afiebrado y confuso. Los pasa en gran parte en Italia. Sin embargo en el ’65 huye hacia el lugar de donde había salido toda su producción intelectual, y parte de nuevo a Göttingen; intenta durante un invierno de trabajo de salvar algo de lo que él puede ser. Pero de pronto, durante los primeros días del verano siente que todo está perdido. Con un último esfuerzo de voluntad, él intenta acercarse a la vida y trata de volver a Italia. La guerra con Austria le cierra el camino; en Kassel [?] las vías del ferrocarril están arrancadas, pero contra todo él trata de ganar el sur, y persigue su ruta a caballo o a pie. El 28 de junio llega al fin al borde del lago Mayor y muere como un santo, el 20 de julio en el jardín de la Vila Pisoni, en Selasca, cerca de Intra. Riemman puso a provecho, hasta el último momento de sus cuarenta cortos años, lo que el destino avaro le había asignado. Es porque a pesar de la suerte adversa él pudo verdaderamente salir adelante y llevar a buen fin una edificación sencillamente calificada de un inmenso monumento intelectual.

¿Qué sucede? Estos son buscadores de lo desconocido. Son, en la perspectiva abierta de lo desconocido para la poesía, poetas. Y algo que se produce constantemente en la zona donde ellos buscan y donde busca toda la ciencia; se inauguran grandes campos desconocidos, y muchas veces –la generalidad de las veces– se suponen distintos sino contrarios a otros campos también desconocidos. Pero de tarde en vez se produce un genio como Descartes y sucede algo que estremece el espíritu del mundo.

El matemático francés Brunschwig un día exclama: “es un momento solemne aquel en que dos dominios matemáticos entran en contacto”. Posiblemente es lo único fuera de lo religioso verdaderamente solemne que registra el intelecto humano.

Segunda Parte. Buscadores de lo desconocido en la física

Durante el verano del 1900 [Ferdinand] Curlbaum y [Heinrich] Rubens, dos físicos, hicieron en Berlín unas nuevas medidas muy precisas del espectro de la irradiación térmica [B.1]. Otro físico alemán, Planck, tuvo conocimientos de estos resultados y tuvo una inmediata reunión con Rubens. Planck pudo escribir matemáticamente el fénomeno que acaba de ocurrir, pero al mismo tiempo iniciaba un intenso trabajo teórico. La pregunta era cuál era la interpretación correcta de esa fórmula. Siendo que Planck, gracias a su trabajo anterior, podía fácilmente traducir su fórmula en una expresión matemática que concernía al átomo irradiante, que se llamaba el oscilador, él debió rápidamente descubrir que según su fórmula todo ocurría como si el oscilador no pudiera poseer sino energía en forma discreta, no continua. Resultado que difería absolutamente de lo que se conocía en física clásica hasta ese momento. Y el propio Planck se rehusó a creerlo. Pero en un corto período de trabajo intenso, en el verano del 1900, terminó por convencerse que no podía escapar a esta conclusión. He aquí el relato del hijo de Planck. El hijo de Planck cuenta que su padre le habló de estas nuevas ideas. ¿Dónde? en un largo paseo a través del Grunewald, bosque de los alrededores de Berlín. Sin embargo durante este paseo, él explicó (Planck a su hijo) que tenía el sentimiento de haber hecho un descubrimiento de gran primer plano, comparable solamente con los descubrimientos de Newton. Planck se dio cuenta en ese momento que su descubrimiento tocaba los fundamentos de nuestra descripción de la naturaleza; que esos fundamentos comenzarían un día, a deslizarse de su colocación clásica, para adquirir una nueva posición estable aún desconocida. Planck, que era en general de un espíritu conservador y esta consecuencia no le gustaba nada, contra sí mismo, era el descubridor, la publicó como hipótesis del Quantum en diciembre de 1900.

Y con esto varió el mundo ¡el mundo! ¡entero! el que estamos viviendo.

Las preguntas que se hacían los físicos en ese momento eran inmensas. ¿Puede verdaderamente la naturaleza ser tan absurda como ella nos parece serlo en los experimentos atómicos? [B.2]. La idea de absoluta precisión, de descripción justa de la naturaleza se hace añicos. Otra forma de pensar, completamente audaz y temeraria se inicia en los comienzos de siglo. Y Heisenberg va a decir [B.3]: nosotros estamos a veces obligados de utilizar nuestros conceptos de una manera que no es justificada, no está justificada y que no tiene sentido. Insistir sobre el postulado de una completa clarificación lógica haría la ciencia imposible. La física moderna nos recuerda la sabiduría antigua, que quiere que si uno insiste en no decir jamás cosas erróneas, lo mejor que puede hacer es guardar silencio.

Hace algunos años, algunas décadas, un filósofo italiano que enseñaba en München, Ernesto Grassi, me llevó a conocer al biólogo [Konrad] Lorenz, premio nobel. Lorenz tenía su gabinete en un inmenso lago, cubierto de patos, y todo medido. Y el pato era muy importante porque el pato lleva una vida sexual ambigua, y por lo tanto sus desplazamientos son curiosos. El estudiaba la conducta animal. Lo que recuerdo claro, de este hombre grueso y grande, de muy bellas facciones, era una cabeza lejana, siempre distante. A pesar de que en esos momentos Grassi le preguntaba:

–¿No hay ninguna pata que esté enamorada de usted?

–Sí, dijo él, una que está enfrente.

–Llámela.

Entonces la llamó y dice: no se muevan. Al poco rato, nos hizo caminar, íbamos los tres andando y él dijo: vuélvanse. Y nos volvimos el filósofo y yo, y efectivamente detrás venía una pata contoneándose como Mae West [risas del auditorio] [B.3.1].

Lorenz compara los conceptos a priori de Kant –el tiempo y el espacio– con los comportamientos de lo que se llama en los animales esquemas hereditarios o innatos. Y dice y prueba que el espacio y el tiempo, en ciertos animales primitivos, son rigurosamente diferentes de lo que Kant llamaba nuestra intuición pura del espacio y del tiempo. Esta última intuición, en el mejor de los casos, puede pertenecer al espacio del hombre, pero no hay espacio en el mundo independiente del hombre [B.4].

Dice Heisenberg, a propósito de lo desconocido: pero los conceptos científicos existentes no cubren jamás sino una parte muy limitada de la realidad. Y la otra parte, la que aún no ha sido comprendida, es infinita. Cada vez que nosotros vamos de lo conocido a lo desconocido podemos esperar comprender, pero no podemos tener ni aprender un tiempo nuevo y una nueva significación. Lo único que aprendemos es un nuevo sentido de la palabra comprensión [B.5].

Hay un momento crucial en la historia del mundo contemporáneo, de estos buscadores de los desconocido. Se establece después de Planck, que descubre el Cuanta, la física cuántica. El Cuanta, a diferencia de las imágenes ondulatorias, es un elemento discreto, una unidad de medida. Dos hombres claves en esto: Niels Böhr y [Werner] Heisenberg, amén de otros también grandes, pero que se ocupan de otras maneras. Pero sucede que en Viena amanece un día un físico extraordinario [Erwin] Schrödinger, y que postula la mecánica ondulatoria, con la cual salta la dificultad de los elementos discretos del Cuanta, de lo que se llamaba el ‘salto cuántico’. Y lo hace con una demostración de una enorme elegancia y simplicidad matemática.

Hay una reunión en München a la que va invitado Heisinberg. Y Heisenberg se siente derrotado, pero completamente seguro que él tenía razón. Entonces Neils Böhr invita a Schrödinger y Schrödinger va a ver a Neils Böhr, que lo recibe en su casa. Cuenta Heisenberg, que está presente, que la discusión comenzó en la estación apenas llegó Schrödinger. Y no paró durante tres días y tres noches seguidas, al término de los cuales Schrödinger se enfermó, entonces tuvo que quedar alojado en la casa de Böhr. Y la señora de Böhr le llevaba leche y pasteles, y Böhr sentado en la cabecera le volvía a preguntar “¿pero no crees tú que…?” permanentemente. No hubo acuerdo, como era de esperarse [B.6].

Entonces Böhr por su lado y Heisenberg por el otro lado se lanzan a explorar a fondo la mecánica cuántica. Y Böhr postula y descubre el principio de complementariedad; que por ejemplo la luz es corpuscular y ondulatoria a la vez, y que eso no es una contradicción. Y Heisenberg aclara la no contradicción cuando introduce el principio de incertidumbre. Sobre esta base que finalmente se impone, a pesar de que Einstein, íntimo amigo de Böhr, resiste a pie juntillas, a pesar de todo eso se impone y con esa física se dio vuelta el mundo.

En estas discusiones… voy a darles el final de la discusión. Einstein que resiste, resiste ciegamente el desarrollo de la mecánica cuántica, dice “ustedes tendrán razón, pero Dios no juega a los dados”. A lo que Böhr entonces responde “pero me parece que no nos toca a nosotros prescribirle a Dios como Dios tiene que gobernar el mundo”. Y entonces sigue la física cuántica.

Un gran amigo de Heisenberg, compañero de colegio, dos veces premio nobel, Wolfgang Pauli, un día rompe con la física cuántica, la mecánica cuántica. Y esto deja a muy mal traer a Heisenberg. Y finalmente se encuentran en Ginebra en 1958, y se extraña Heisenberg porque no puede tener una conversación detallada con Pauli. Se detienen frente a los jardines, caminan a orillas del lago, pero no pueden calar la conversación. Y entonces, finalmente, Wolfgang Pauli le dice “yo creo que tú estás en el buen camino, continúa trabajando, y hazte siempre esas preguntas. Puede ser que las cosas son como nosotros un día las hemos esperado y tal vez tienes razón tú en ser optimista. En cuanto a mi yo ya no puedo participar de tu trabajo; ya no tengo fuerzas. Si hubiera sido navidad pasada tal vez, pero ahora ya no. Acaso tú llegues. Haz de conocer las investigaciones del Instituto de Göttingen”. Se despiden esa tarde. Inmediatamente después Heisenberg recibe la terrible noticia: Wolfgang Pauli murió inmediatamente bajo la intervención quirúrgica dada la necesidad que le imponía su estado. Heisenberg cuenta esto profundamente conmovido, porque Pauli no le dijo nunca que iba a morir. Lo que lo alentaba excusándose él.

Tercera Parte. Buscadores de lo desconocido en la palabra

Estos son ejemplos de la ciencia. En cuanto a la técnica, no voy a dar ejemplos; voy a leer un muy breve fragmento de un texto del más joven y acaso de los jóvenes el más importante de los filósofos franceses contemporáneos, que es François Fédier. Dice lo siguiente [este fragmento aparece íntegramente y con pocas modificaciones en el texto editado “Hay que ser absolutamente moderno”]:

Por el contrario, para Aristóteles el ser en el sentido más elevado, el ser que merece los mayores cuidados es la energeia, allí el ente está en su mayor plenitud, eso es ser en obra. Ahora, ser en obra dice Heidegger es el modo de ser de las cosas que están y son a la mano, si ellas están son a la mano es que ellas pueden ser todas tomadas en la mano para ser llevadas a ser en obra. Esa es la sublime visión poética de los griegos, nuestra visión técnica es la hija de esta visión poética. Así es ella de tan sublime pero nosotros ya no tenemos más medios para darnos cuenta.

Buscadores de lo desconocido. La ciencia y la técnica. Pero vamos a ir más lejos. No sólo la técnica, creo yo, sino también todos los oficios ¡todos!. Hay en cada oficio, sea por ejemplo barrer la sala, una ley interna, propia de él, que no permite que se lo catalogue o se lo llame de oficio servil. Hay una ley propia, inherente al oficio, sea el que fuere. Y el que toca esa ley interna inherente al oficio, de pronto, como quien aparta en las aguas con sus dos manos lo que turba el agua y ve la claridad debajo, se asoma al abismo. ¿A qué abismo? al abismo de la libertad. Al riesgo puro que late dentro de cada oficio. No está en el oficio la falta de libertad o el servilismo; está en nosotros que no nos colocamos en el oficio en tanto cuanto el oficio lo requiere. Y pensamos, por ejemplo, que barrer es subsidiario de otro oficio, y de otro oficio y que hay oficios mejores y oficios peores. La latitud de cada oficio excluye cualquier comparación de valores. La comparación de valores procede de otro campo, puede ser del económico, del prestigio social, de cualquier campo que no tiene nada que ver con la realidad; que es puramente contingente. El oficio en sí conlleva una ley interna que abre el abismo de la libertad, y hay libertad abisal en cada uno. Si yo me limito en el oficio, simplemente, a recoger la tradición y a repetir los gestos de una tradición dada, sigo conviniendo con la libertad originaria, pero opaco la libertad propia del oficio. Pero si yo me interno en él y si a la forma de barrer hasta hoy aprendida yo le tuerzo la escoba en un ángulo que aún no ha sido hecho, entro también en la zona de lo desconocido.

Por eso es que la libertad solamente se defiende necesariamente a partir del oficio. La libertad de pareceres no tiene consistencia, es contingente. La del oficio es una libertad necesaria so pena de que no haya oficio. Es indetenible. Es como la libertad del rey; es regia porque es real. Este trabajo en el oficio exige una vigilia constante. ¿Y de dónde puede sobrevenir esta vigilia constante? de la llama de la libertad que llevamos dentro. Las valoraciones, los órdenes, la única realidad que tienen es la siguiente: que muy probablemente –y digo muy probablemente– barrer una sala con un ángulo especial de la escoba, ordene menos complejidad que la teoría de los grupos de Galois. Pero nada más. Sucede lo mismo, y eso lo vamos a ver en la segunda parte, con la poesía de las palabras. No es más poeta Dante, que ha ordenado un mundo, que Gerard de Nerval, que escribió unos cuantos sonetos. ¿Cuál pues, el fundamento de esta libertad inherente del oficio, de la técnica, de la ciencia, que hace que efectivamente, obliga necesariamente a bucear en lo desconocido? Es lo que Platón denomina con una frase meridiana y terriblemente difícil de estudiar, pero si fácil de comprender, el paso del no ser al ser. Es decir, en boca de Platón la poiesis o la téchne, es este paso del no ser al ser, este giro que enciende exactamente el abismo, el campo de lo desconocido donde yo voy a sumergirme. Por eso pues la poesía es el fundamento de la libertad. Pero ¿qué es lo desconocido y cuál es el fundamento de la poesía? Eso lo vamos a ver después de un descanso.

¿Qué es pues lo desconocido? ¿Cuál o dónde se produce lo desconocido en la poesía de palabra? Imaginemos por un instante la palabra invención; alguien es un inventor de algo. Lo que quiere decir estrictamente esa palabra, que viene de invenire ‘venir a’, es que alguien trae a luz, sube a la aparición lo que no se veía antes.

Es evidente que esta tarea llana a cualquier oficio como dije antes, toma características específicas en lo que atañe a la poesía de palabras. Durante muchos siglos, se pensó (y al pensarlo de la poesía de palabras se pensó de las artes mayores también) que podía hacerse un distingo capital para –entre comillas– entender, recepcionar, conmoverse, entrar en diálogo con una obra de arte. Y esas dos categorías fueron la de fondo y forma. En verdad no son sino proposiciones utilitarias que sirven como muletillas lógicas para aproximarse a algo que se escapa. El arte en sí, en general, y específicamente la poesía, podemos decirlo hoy, después de todo lo andado y con mirada retrospectiva, no tuvo nunca, no tiene ni tendrá fondo y forma. Sino que en la tarea de hacer subir a la aparición lo que era inaparente, se vale de los medios que le son propios, en el caso del poema, de las palabras. Y en ese sentido, se puede decir, dándole la significación corriente, no la originaria, que cada poesía que verdaderamente trae lo inaparente a la aparición inventa su modo de decir; que no es forma, sino su modo de decir. Inventa la dicción, lo que equivale a decir que solamente en esa dicción, y no en otra, aquello inaparente se hace aparente.

De un modo general, esto es válido para todas las artes. Esa invención del modo de decir o dicción compromete, es el lenguaje. Porque tampoco se trata de imaginarse que con un lenguaje cualquiera, se trae lo inaparente a lo aparente. Por lo tanto cada invención o modo de decir que trae lo inaparente a lo aparente, conjuga un límite o un confín del habla. Y esto también es válido para todas las artes… un confín del habla. Naturalmente que es esta, siempre, por lo tanto, una situación, en cuanto a la dicción, límite. Como por ejemplo en pintura lo es el blanco sobre blanco de [Kazimir] Malevitch. Lo que yo estoy diciendo es en el horizonte de lo desconocido. Es decir, de la poesía después de la exclamación de Baudelaire. Sin embargo, hace unos años un grupo de escritores abolió la palabra poema y la sustituyó por textos, por producción de textos; donde se pretendía mostrar, precisamente, que esa producción de textos era la que permitía llevar al límite el lenguaje. Pero no sucedió así. Frente a ellos, otro grupo de personas –yo participaba de ellos– se vio obligado a restituir un término, muy peligroso para la poesía, que viene de antiguo; que resuena con una luz especial en la poesía romántica, especialmente la alemana y que de alguna manera, aunque con otro sentido Heidegger, el gran filósofo alemán, también la utiliza con la misma perspectiva. Es decir que la poesía se ocupa de lo sagrado; en palabras de Heidegger ‘nombra’ lo sagrado [C.1]. Y aquí nacen, a su vez, otras grandes conclusiones, según lo que yo pienso. Así como la producción de textos precisamente lo que hacía era eludir el arrojo al límite o confín del habla del poema, so pretexto de describirlo, también lo sagrado se presenta como un grave error. Pero gravísimo…

[se interrumpe la grabación, se pierde parte del discurso]

…de alguna manera le dieron pero, poéticamente, los poetas románticos.

Pues ¿qué es, en definitiva, lo sagrado? Tiene razón un poeta francés Robert Marteau cuando distingue con claridad, y por otra parte François Fedier el filósofo de quien les leí un fragmento, también distingue con claridad la diferencia que hay entre lo sagrado y lo religioso. Lo sagrado es por definición lo intangible, lo inasible, lo propio de lo que uno no es ni puede ser. Es decir, el substratum –mala palabra, digamos el abismo– de lo desconocido. Podríamos hacer una paradoja y es decirles que lo desconocido flota en el abismo de lo sagrado; entendiendo por desconocido la aparición de signos, señales no conocidas, mas señales al fin, que flotan en lo sagrado. De suerte que hay una falsa petición de principio cuando se dice hay que nombrar lo sagrado. Lo sagrado es por definición lo innombrable. Pero ¿cómo se comporta este sagrado donde flota lo desconocido en la palabra? Dante se había planteado este problema y él se hace explicar por Adán, en el Paraíso, cómo fue la primera lengua, para qué fue y por qué cambió. Adán contesta que el don de la palabra es lo que Dios dio, y que la mutación sobreviene por una densidad de placer que en los términos antiguos se identifica con belleza. Un idioma, una lengua, colma su densidad de belleza y muda [C.2]. La palabra, por lo tanto, es el signo que flota en lo sagrado; son las señales y están puestas de tal modo que se nos aparecen desconocidas. Durante muchos siglos se pensó, Dante entre ellos, que lo que había que tomar eran estos signos, estas palabras que aparecían como desconocidas y transformarlas en conocidas. Pero después de Baudelaire y específicamente después de la exclamación de Rimbaud “forme o informe” [C.3] no se requiere eso. Este es un punto muy difícil de ser aceptado por todos en el mundo hoy; poetas, no poetas, filósofos, críticos, gente común, gente no común… punto muy difícil. Pero a mi no me cabe duda. ¿Dónde entonces van a reflejar estos signos si permanecen casi como desconocidos entre las manos de uno, lo sagrado? Y el gran error de filósofos y críticos fue creer que lo que importaba era el significado de los versos que hablaban de lo sagrado. Y entonces consideraban una gran poesía la poesía cuya temática debatía lo sagrado, que como bien digo no es lo religioso. Pero nosotros apuntamos a otra zona y decimos que en la invención interna de la dicción reside el canto a lo sagrado. Así como hace un instante el autor del libro sobre los matemáticos presentía qué cerca de Dios y qué embriaguez de la verdad producía la teoría de los grupos. Es en la invención interna. Y voy a tomar un caso, no polémico sino un poeta del renacimiento español, donde eso es transparente y traslúcido: ¡Es mucho más poeta sagrado Góngora que San Juan de la Cruz!, lo que no quita que San Juan de la Cruz sea un gran poeta, y por supuesto Fray Luis de León. ¿Por qué?, porque en la invención interna de la dicción de Góngora reluce el abismo de lo sagrado a través de las señales que son sus palabras flotando en él.

Este acento fue muy fuertemente marcado a partir de los románticos alemanes recogido vibrantemente por la poesía moderna, debatido, olvidado, criticado, vilipendiado por los poetas puramente significativos; en general los poetas políticos. Pero siguió su norma y siguió su marcha hacia adelante. Ya Mallarmé no vacila en escribir un soneto [C.4] a un elemento completamente banal, que es un puro que está fumando, un cigarrillo que está fumando, a las volutas de humo que se van yendo para decir que si el texto no es vago y alusivo es una mala literatura. Llegar a comprender esta situación es acercarse realmente al foco donde la poesía de las palabras se debate hoy.

Yo no tengo ningún temor en decirle a ustedes, para que tengan escala de esto, algunos ejemplos. Me voy a limitar a Chile para no salir del cuadro conocido. Es muy probable que la Gabriela Mistral, que Neruda, que Pablo de Rohka, que todos los demás, que Nicanor Parra, sean buenos poetas. Es muy probable. A mi no me interesan nada; son todos poetas significativos y ellos se juegan en el significado. Viceversa, me interesan algunos poemas –no todos– de Vicente Huidobro; en el arrojo que tienen al proponer una invención interna. Y en algunos poemas de el comienzo de Eduardo Anguita. Lo que no quiere decir que los otros no sean poetas. Pero las aguas divididas. Podría ser esto mismo con la poesía de habla hispana, pero es inútil; no reportaría mucho; son nombres casi desconocidos.

Si ustedes han alcanzado a entender con lo que yo les quise decir con la poesía no meramente significativa, que lo sagrado se da en la invención interna de la dicción, me basta, me es suficiente para que yo ahora, como hicieron los demás que me precedieron [Concretamente Alberto Cruz, Claudio Girola, cuyas clases fueron recopiladas en el libro editado por el Taller de Investigaciones Gráficas, en 1982], defina mi situación. Yo voy a comenzar por lo siguiente. ¿De dónde, cómo se me produjeron a mi los poemas escritos? En el año ’65, en la Revue de Poesie en Francia yo declaré, en parte, una situación característica. Digamos para entendernos, lo que se le podría preguntar antes a alguien: bueno y ¿cuál es su inspiración? [comienza a leer “Mundo y Realidad” de la Oda Kappa disponible en línea] :

Aunque parezca pretencioso, a propósito de esta carta de parabienes, quiero escribirte acerca de una distracción que tuve hace diez y seis años, y cuyos efectos aún me duran. Seguramente has estado, como tantas otras personas y no pocas veces, medio a medio de una distracción larga e involuntaria que suele ser anuncio de ciertas melancolías. Tú sabes que en esas circunstancias el ánimo anda suelto, disponible y, porque nos mantiene desprovistos, nos deja como quien escucha. Mientras dura, no se produce la cómoda y habitual separación entre pasado, presente y futuro; en cambio, los significados inhabituales comparecen simultáneos y distintos como cuando al entrar al mar, el agua te llega, al mismo tiempo, por todos tus costados. La sensación dominante, si se puede hablar así, es la de un curioso confort para el espíritu suspendido y oyente, confort semejante al de ciertos diálogos que, entre dos desconocidos, fluyen justos y reveladores mostrando, al par que se desarrollan, una paz imprevista. Durante aquella distracción me apareció el modo de hacerse del mundo.

Desde el ’65 al ’78 François Fedier me pregunta innumerables veces en innumerables años ¿qué es la distracción? y yo no respondo. Entonces un día puede responder; he aquí la respuesta:

–Sea un hombre que actúa de tal suerte que él ya no se da más cuenta de sus gestos. Por ejemplo, él está perdido en sus pensamientos y no tiene ninguna relación con lo que hace. Él anda, soñando, razonando, imaginando. Él anda y va a derramar un vaso de agua justo en el momento en que lo comienza a beber. Y en ese momento él se da cuenta que tenía sed. Ese hombre –pregunta él– ¿no actúa en la más pura y simple libertad?

–(La otra persona contesta) Yo no contesto, trataré de soñarlo, pero creo que usted viene de describir la distracción.

– ¿La distracción de Godo?

– Si usted quiere, sí. Pero lo que cuenta en esta distracción es un pensamiento sin relación con los gestos y los movimientos. Ese es el origen de la disyunción, una disyunción, el pensamiento disyuntivo. Pero él está al borde de…

Esta es la justa respuesta del filósofo.

Gran parte –si no toda– de mi obra escrita, brota de ahí. Y de otra forma.

Cuarta Parte. Las lecturas

En el año ’50 yo recogí en otro texto poético el modo de producirse la palabra. Para mí por cierto. [lee “Cuarenta y tres” de Las Purificaciones]:

                    hay una instrucción escon-
dida en las exclamaciones que devuelve a mi
cuerpo su saber este sobresalto lumino-
so da vuelta los sentidos como un trapo
el tacto escribe con jadeo irregular mi pu-
ra ignorancia cuya intensidad ha adormecido
los miedos y terrores en la vista se des-
hace la memoria hasta dejar el ojo al vi-
vo sin objeto tengo el olor fuerte y
neutral de la especie un ruido homogé
neo completa mi oído y el gusto pierde su ór-
gano preciso y se expande en la piel
así los sentidos se me van afuera envolven-
tes como una paternidad con sus límites
imprecisos - sólo presentes en la vida oscu-
ra cruel y sin idea
           llego a un tiempo sin reco-
nocimiento como un campanazo sin aire que lo
descubra la indiferencia abre mi consen-
timiento - un mar del que salen saltan y
se hunden como peces los deseos
               tomando en cuenta los erro-
res de mi propia observación - este acto
que repugna toda voluntad será al aca-
so una pasión desconocida merodeadora en-
tre el enjambre de herencias y facultades ?
           sobre la piel misma li-
gera y rica una penumbra disipa la ciencia

     aquella que aun sin justificarlo re-
vela y confirma el conocimiento que empieza en
toda ruptura
                      yo sabía que el lenguaje ne-
cesita del afecto pues no hay gesto sin cri-
men necesita del llamado o nombre porque
es confidencia - golpes de batientes que sa-
len del viento pero delante de esta luz
    de este sueño sin imágenes de la gran ig-
norancia aplacada en su ignorancia apren-
do que las palabras desde antes vienen
empapadas y que dichas sólo proponen so-
bre los labios una corrección y ellas
   por ser ya palabras resisten la amalga-
ma que las compone con la que surgen en voz
- seducidas - por eso se agarran deses-
peradamente a sus propios vocablos a sus
significados con la misma inquietud sin
tregua de los labios a sus dientes
las palabras quieren parapetarse contra su o-
rigen que las disuelve como la memoria quie-
re siempre fluir y escapar del secreto donde
ella misma flota - el secreto de donde se des-
encadenan las mentiras y el aparato de los pa-
sos porque la posición de pie es to-
davía el peso donde apoyar la culpa la
redención y el reencuentro
      distingo también un olvido

inalcanzable presa de ilusión porque aún
aquí el gusto este gusto diluido en to-
da mi figura es una referencia que me obli-
ga a saberme alguien en medio de esta defec-
ción sorpresiva que ilumina aniquilando
el alma en medio e esta serena esterili-
dad que más parece conservación que muerte
  en la que no existen partes ni valores y
que por el contrario como ola insisten-
te se extiende franca y liberadora por el mun-
do a través de las metamorfosis de unas es-
pecies en otras
              los sentidos se unen y di-
sipan toda respuesta el dolor o moción
no roza ni invade este estupor de ser estúpi-
do que se lame a sí mismo nadie me es-
pía - ni letargo ni amparo la ausen-
cia no tiene enemigos pero como la exis-
tencia continua el gusto mi gusto es
un aparte grosero y generoso como el sudor es-
peso en las paredes internas de mi frente ba-
jo las que no vive siquiera un silencio
       hay sí lo reconozco un vivo comer-
cio de influencias y proposiciones con las
que se predica la realidad concreta de mi vi-
da – el vaso de agua – y cuando can-
to mi estupidez se convierte en cosa con el
ajuste y riesgo de una involuntaria convic-

ción pero el estupor mismo queda ajeno
    ajeno al vigor que articula la conduc-
ta – la real la anterior a toda resolución
o propósito la que es un supuesto como
un país ajeno a las arquitecturas
ajeno a ese punto de estallido que es la abs-
tracción y donde la realidad de un mundo abre
su estado ajeno también a sus pro-
pias modulaciones internas que tratan de pre-
dicarlo en mi voz o en las estampas a fin de
incorporarlo con libertad al rigor del
juego humano
               todas las coordenadas se des-
hacen en manada apenas tocan este estupro sin
márgenes a lo sumo la relación de a-
quellas con éste es una suerte de piedad sin
sentimientos parecida a esas miradas que
sonríen y dejan crecer – distantes – los ar-
tificios
            y ese toque – como un des-
pertador – queda cercado por los recuerdos
que afanosamente se arman y se deshacen y por
el gran recuerdo que no es otra cosa que de-
seo vuelto de revés – la estupidez iner-
me cualquier invención es de afuera co-
mo las lluvias

[D.1. Fragmento no leído] [continuación de la lectura]:

 la atención que consti-
tuye propiamente las intenciones y las arran-

ca a la miasma autógena se vuelve a su
vez abismo entre la indiferencia y la vo-
luntad apenas nacidas el estado se
cierra con la prontitud del agua en las sin-
gladuras renovando su medida inviolable y su
intransferible [intransformable] superficie

[D.2 fragmento no leído] [continuación de la lectura]:

 sea que ella sobrevenga en
la extenuación del resentimiento en la an-
gustia de la libertad en el impulso de ale-
grías sucesivas que se incrustan una en otra
para sobrevivir en la impotencia radical
que a veces uno se regala a sí mismo para i-
niciarse como hombre ante la propia voluntad

o en la desgracia inadvertida que interrumpe
el transcurso de la conciencia – lo cierto es
que entonces el arrepentimiento o el des-
precio la indiferencia o la gana en suma
todo aquello que pulula alrededor de su fuen-
te y con lo que uno es quien es se vuelve
otro otro que apenas vive en los bordes –
cabeza y corazón – en los últimos límites
de esta torpeza invariable y desconocida cu-
ya realidad es sólo éxtasis de presencia

[fin de la lectura]

Esas son las dos vertientes de donde surgen los poemas que yo escribo. Pero yo vivo poéticamente quebrado en dos, cosa que me alegra, porque no me gusta ser uno. Ahora van a ver por qué.

Frente al acto provocación, inventado por los futuristas, exacerbado por Dadá, llevado a término por los surrealistas, recuperado por los jóvenes poetas norteamericanos y plásticos norteamericanos en el happening; frente a eso, en el año ’52 aquí y después en el ‘62, en París junto con todo otro grupo, nos planteamos la pregunta radical ¿qué rol, qué puede hacer un poeta hoy? y entonces se inventó internamente una aparición de la poesía, cuya característica fundamental es que no tenía contradictor, no tenía nada que denunciar, no tenía nada a qué referirse. Todos los actos provocación, hasta el happening, constituyen siempre, de alguna manera, tienen un interlocutor al que denuncian; sea político, sea el sexo, sea la moral, sea lo que fuere.

El acto que se inventó, se inventó al abrigo de todas esas formas, por una razón capital: quien se coloca frente a un interlocutor al que quiere destituir, más que un contradictor es alguien que depende de lo que quiere destituir. En la búsqueda de la libertad absoluta y de la independencia total se inventó esta forma. Y esta forma, tenía por objeto y tiene por objeto, una sola cosa: revelar a cualquier hombre, a cualquier ser humano, en el acto en que se hace, su condición humana. Es decir, su condición poética; su condición poética sobre la tierra. Y por eso se llamó fiesta. Porque si revela el acto humano, es por tal acción que ella llega a ser la fiesta. En verdad el poeta es un hombre de palabras, pero también es mucho más que eso; es el portador de la fiesta, y de la fiesta poética. Esto exigía una vívida libertad de juego. Y se transformó realmente en un juego. Es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la fiesta, y la fiesta es el juego, el supremo rigor de mi libertad [D.3].

Así fue y así se hizo, se recorrieron muchos caminos y hubo muchos e innumerables actos poéticos, en América y en Europa, sin que nunca fueran recogidos más allá de lo que fueron. Por ejemplo no hay un texto, un libro especial que compile todos los actos poéticos y todo lo que se habló y se dijo. “Debemos recogerlo todo, nuestros temores y nuestras esperanzas, nuestros impulsos y nuestros desfallecimientos, y partir por los caminos para crear allí anti-sueños” [Carta del Errante]. Es decir vivir de verdad el juego poético. Hay un texto especial publicado sobre esto, pero la idea fundamental es esta de fiesta. Yo no podría sino que convenir aquí en un punto que me asalta en duda: ¿pueden estos actos poéticos ser pensados como posibilidad para otra cosa que ellos mismos? Yo lo he hecho así también, pero no tengo respuesta. No tengo respuesta cabal y cierta. A lo mejor fenecen en sí mismos, a lo mejor se abren hacia otras aventuras. Y ahí no se escribe nada y se escribe todo. Y lo que se hace ¿qué es, escultura? no, es signo. ¿Es pintura? no, es signo. Y lo que se dice ¿es poesía? sí, es poesía, pero ¿es poema? no, no es poema. Y vuelvo rápidamente a la escritura. Tal como Fedier lo plantea en el análisis de la distracción, el juego, la invención interna, para mi ha sido la disyunción.

Me explico. Así como el viernes pasado yo les hablé de las grandes conjunciones que rematan en la proposición de Lautreamont sobre el paraguas, la máquina de escribir, la mesa de disección, el giro es lo disyuntivo. ¿Cómo sostener lo disyuntivo como tal?, ¿cómo sostenerlo y por qué? Yo puedo decir por qué, pero no por una teoría literaria, sino con otra admiración poética. Por esto: algunos teólogos enseñan que Dios creó el mundo (da lo mismo si hay creyentes o no creyentes, tratémoslo de hipótesis) y lo tuvo que hacer tan plural y múltiple para que diera una lejana imagen de su infinitud. Y tuvo que crear mundos de mundos y universos de universos. Y no dan ni con mucho, no pueden dar, su infinitud. Pero sí la expansión plural al infinito. Se puede realmente pensar así. Otros pueden no pensar así, necesitan una suerte de welten schauen, de mirada unitiva. Para mi no fue necesario. El rodar del mundo y de los mundos me sigue siendo admirable, de suerte que en la disyunción de mi poesía, yo no vengo a hacer otra cosa que mostrar la pluralidad sobresaliendo, emergiendo de su posible fondo de unidad. En ese sentido, es mundana. Pero, a su turno, ininteligible a veces, porque nosotros intelegimos el discurso lógico. Pero sin embargo hay plenitud. Vuelvo al caso de los teólogos, por ejemplo, la plenitud de la gloria ¿cómo se va a cumplir? Como somos muchos, infinitos hombres y seres humanos, y vamos a llegar infinitos a la gloria, cada uno corresponde a un vaso y será colmado hasta el borde en lo que puede contener. Pero hay vasos de distintos tamaños, pero lo que importa, nadie va desear tener más que el otro, o menos, porque está colmado. Pero los teólogos griegos la planteaban de otro modo, naturalmente yo me inclino hacia ellos. Decían; la plenitud va a ser estar inmerso en la infinitud de Dios, de suerte que vamos a estar permanentemente colmados y permanentemente abiertos porque su infinitud es inatrapable. Y el gozo va a ser el gozo de este deseo de desear deseando lo que ya tiene, sin tenerlo.

¿Cuándo entonces hay palabra poética? Evidentemente en el poema, evidentemente en el acto poético, y posiblemente en la palabra poética acerca del poema. Y aquí un pequeño excurso. Los críticos no han existido nunca; yo no conozco –y he leído bastante– a ningún crítico que haya dicho algo interesante de un poema. En cambio sí, hay algunos, que son como catadores de vinos; que tienen un arte especial y encandilan y es una maravilla leerlos, aunque uno pueda no compartir con ellos sus gustos. Como catadores de vinos. Uno de ellos, sin duda el más grande de los últimos tiempos es Curtius [Ernst Robert], un alemán, que escribe sobre literatura.

Esto que yo les vengo diciendo de la disyunción… les voy a leer un texto de un romántico alemán, uno de los más grandes poetas alemanes, ¿qué es la poesía? relatos descocidos, incoherentes que tienen sin embargo asociaciones, como algunos sueños. Poemas simplemente armoniosos y llenos de bellezas verbales pero también sin coherencia y sin sentido alguno, a lo sumo con dos o tres estrofas inteligibles que serán como puros fragmentos de otras y diversas cosas. La poesía, la verdadera, no puede tener sino en grueso un sentido alegórico y un efecto indirecto, como la música, etc. Es así porque la naturaleza es puramente poética, del mismo modo que lo son un gabinete de mago, el laboratorio de un físico, el cuarto de un niño, un cuarto de trastos o un granero a donde se apilan toda suerte de antiguallas. Esto es de Novalis. Y Hölderlin le va a decir a los jóvenes poetas “sobre todo no describan”. En un célebre poema a los jóvenes poetas les va a decir; “sobretodo no describan” [D.4].

Digamos algunos ejemplos. Estos son inéditos.

[Lee de Comentarios y cadencias]:

c)
A vista plena no eran posibles las coincidencias.
Las densas direcciones del condado confiaban en
sus distingos, en los espejos desconocidos. La rue-
da sobrelleva una delicadeza que ningún soldado
soporta y en cualquier parte del rigor abre su ca-
mino. Había que acceder simultáneamente a la
exclamación del hecho con la risa múltiple del
elogio. En la espesura inicia sus sentidos.

h)
Esta jornada resumida en sienes, su frase posa los
dedos y el desplante de un fin en los balcones.
El alma desprende sus arcos, la ciencia veloz del
sueño en la inocencia, el patio entero de una pre-
gunta. Su pelo retiene esta tarde incomprensiva,
una penumbra desliza su caso y la verdad tiembla
en el rango de su pulso. Tu mirada madura los
cuerpos, pero otro mar extraviado en el desprecio
y la tenue distracción del gesto en el suplicio.

k)
Una desapercibida cortesía quita la tarde. Ellos
soltaron sus armas como bordes antojadizos (la
recreación oscura del reino). Es un relato urdi-
do por la carne y los antiguos vendajes del alien-
to – una arquería de brazos en alma cuya blancu-
ra advierte la estación pronta y enigmática. Pero
ella se detuvo incomprensiva. Muda pupila en la
dispersión sin recatos, los oficios del follaje tien-
den el secreto. Ciega, precisa y rica, de pie sobre
el lago. No me toques.

Y una cadencia. Esos son comentarios. Esto es una cadencia:

oP. 1
Tu azul inacabable
del descuido,
guijarros lúcidos
del pudor
que vacila, ambiguo,
adorado en especies,
en la lenta explanada del daño
que sube
a la comisura de los velos.
Una incitación ya afín
por ensueños
y truhanes embellecidos en el golfo.
Otro viso en las mujeres
y errores y bonanzas
pasables-desliz al nombre.
La joya gira cruel
a crestas altas e ilegítimas.
Vuelves rosácea
envuelta de orillas
a una jarra de luz
que impide el rostro
de otras asiladas
en mi cuerpo
bajo consonantes torpes y sagaces.

Uno en otro
bajo el pórtico
     vigías desnudos
revelan sus rocas,
la calidad fraterna del poniente
–prematura aversión
del relato
al émulo familiar.
Ellos no levantarán las barbillas,
ciertos trastos locales,
en la unívoca virtud del paisaje,
en la utilidad in-fraganti
del mar.
A despecho del cuervo
en el leño
la memoria aduce
una invisible artesana
del adviento
oblicuo al río…

No hay pues, en esta línea, poema, sin esta invención interna. En 1781 Kant escribe: “el conocimiento filosófico es el conocimiento racional por conceptos y el conocimiento matemático es un conocimiento racional por construcción de conceptos”. Yo no conozco mejor definición para la poesía moderna.

Después de haber visto lo que hemos visto sobre las distintas artes y la poesía, yo quiero citar al mayor de los filósofos franceses vivientes, Jean Beaufret, para entender a fondo dónde se juega la libertad y el oficio: “Puede ser que nosotros comprendamos un verdadero sentido de la palabra revolución más decisivo y más radical que aquel que los hombres tienen el hábito de pensar en el terror o en el éxtasis. Puede ser que hay mucha más revolución de Heráclito a Aristóteles y de Aristóteles a Decartes que en toda la Revolución Francesa; y aún en la que los marxistas preparan como catástrofe final. Una semejante revolución jamás se produce en el ruido y en el furor. Ella adviene, dice Federico Nietzsche, en silencio, pues es a paso de paloma que se acercan los pensamientos que gobiernan el mundo”.

Eso es todo.

Apuntes

(A.1)

Conferencia L'Esprit nouveau et les Poètes, de Guillaume Apollinaire, el 26 de noviembre de 1917.

(A.2)

¿Qué es lo que declara abiertamente el Manifeste du Futurisme? Fue publicado el 24 de febrero de 1909, en el diario Le Figaro de París. Al tenor de lo que vendrá después en su clase, podría ser que Iommi alude al punto cuatro:

Nosotros afirmamos que la magnificencia del mundo se ha enriquecido con una nueva belleza, la belleza de la velocidad. Un coche de carreras con su capó adornado con gruesos tubos parecidos a serpientes de aliento explosivo... un automóvil rugiente, que parece correr sobre la ráfaga, es más bello que la Victoria de Samotracia.

Aunque a decir verdad, este manifiesto se encuentra desbordado de intenciones y proposiciones ‘nuevas’ que pretenden desbancar todo lo anterior y no solamente crear, como dice Iommi, “una mirada que va mucho más allá de la poesía de las palabras”. En todo caso, en lo estrictamente atingente a la ‘palabra’ leemos: La literatura exaltó, hasta hoy, la inmovilidad pensativa, el éxtasis y el sueño. Nosotros queremos exaltar el movimiento agresivo, el insomnio febril, el paso de corrida, el salto mortal, el cachetazo y el puñetazo.

Es necesario que el poeta se prodigue con ardor, con lujo y con magnificencia para aumentar el entusiástico fervor de los elementos primordiales.

La poesía debe ser concebida como un asalto violento contra las fuerzas desconocidas, para forzarlas a postrarse ante el hombre.

(A.3)

En “Poesía y Poema”, el último capítulo de la Carta del Errante (disponible en línea en la Biblioteca Con§tel), se lee:

Sé bien que hay muchas maneras de ser poeta. Pienso en ciertos escritores. Pienso también en ciertos buscadores de lo desconocido. Pero hablo de poetas de poemas, como lo soy yo y como lo son muchos otros. Me atengo a mis límites y es a mis semejantes a quienes hablo, y a mis semejantes a quienes llamo.

(A.4)

El texto de 1953 referido por Iommi aparece publicado en la Oda Kappa, en 1969 en Viña del Mar y en 1965 por la Revue de Po&sie de París (Biblioteca Con§tel). Bajo el título “La Nueva Guerra” se lee: ¿Recuerdas entre otras cosas el Lotus en una vitrina de Londres y de qué modo, entre una máquina y nosotros, la alegría se posaba como un pájaro inédito? Y gracias a la técnica, la aventura o viaje olvida el valor, esa frontera de la prueba, para darnos el estremecimiento propiamente humano del reconocimiento y con ello las estrellas.

¿Recuerdas la ciencia cuya virilidad enciende la tarea? Ella encuentra hoy su propio secreto y con ello desnuda, no sin asombro, nuestro organismo moral.

Ya no busca entender una naturaleza, sino que desde su arte, tantas veces gratuito, puede reproducirla distanciándonos de su maternidad para dejarnos adultos, con fuero, independientes del sol en nuestra misma tierra. Y me digo en silencio, sin escribirlos, los dulces nombres. Y si, complacientes, no tomas en cuenta las posibles significaciones de las obras –¿no abrieron los autores, en nuestros sentidos, la admirable inexistencia de la sucesión y del espacio para que comparezcan los nacimientos de modo que el propio hacerse de la obra fue la obra? Piensa en tantos pintores, músicos, escultores que desnudaron nuestra mirada.

(A.5)

Descartes. Carta a Beekman del 26 de marzo de 1619:

En fin, para desvelar simplemente el objeto de mi empresa deseo dar al público no ya un Ars Brevis como Lulio, sino una ciencia de fundamentos nuevos que permita resolver todas las cuestiones que se puedan proponer sobre cualquier género de cantidad, continua, discontinua, y cada una de ellas según su naturaleza... La obra en cierto modo infinita, y no puede ser llevada a cabo por uno solo. ¡proyecto increíblemente ambicioso! Pero he vislumbrado no sé qué luz en el caos oscuro de esta ciencia, y estimo que, con la ayuda de esta luz, se podrán disipar las tinieblas mas espesas.

Descartes político. Volumen 51 de Cuestiones de antagonismo. Antonio Negri. Ediciones AKAL, 2008

(A.6)

Iommi dice con gran precisión el principal argumento del paradigma cartesiano. Su programa científico es el que las sociedades industriales han adoptado, a través de una revolución científica primero y tecnológica después, para desarrollar una noción de la realidad. El conocimiento sólo será confiable si es matemático, quedando definitivamente fuera de la explicación del mundo cualquier sabiduría basada en la intuición, la superstición, o la magia. Aunque el mismo Descartes llegó a extremos inconcebibles para su propio método cuando insistió en la demostración de la existencia de Dios. Descartes negaba la continuidad de la conciencia con el cuerpo y hoy sabemos que la misma conciencia es probablemente un proceso biológico. Es necesaria la participación sensual de y con los otros, a un nivel somático que de todas formas no abandona ni por un instante a la razón (es el razonado desarreglo de los sentidos, de Rimbaud).

(A.7)

Los aportes más significativos de Desargues tienen que ver con lo que hoy llamamos geometría proyectiva o descriptiva, que no es otra cosa que una estructura matemática que estudia las incidencias de puntos y rectas sin tener en cuenta la medida. Se trata en el fondo de la sistematización matemática de la perspectiva desarrollada en el renacimiento. Iommi rescata además, la idea, surgida de la geometría, de que el infinito pueda ser parte de la explicación racional del mundo y no sólo un concepto metafísico, relacionado únicamente con lo divino.

La obra referida por Iommi es la que en 1639 Desargues publica muy escuetamente (sólo 50 ejemplares) bajo el nombre de Brouillon project d’une atteinte aux événements des rencontres du cône avec un plan (Borrador de un ensayo que trata de los resultados de los encuentros de un cono con un plano). El libro se perdió hasta que en 1854 el geómetra Chasles encontró una copia manuscrita por uno de los amigos de Desargues, Philippe de La Hyre. En 1950 se encontró un ejemplar original en la Biblioteca Nacional de Francia. Este ejemplar se puede consultar en línea, en facsímiles, en la “Gallica, bibliothèque numérique” (http://gallica.bnf.fr/).

(A.8)

Iommi se refiere a la que se conoce como la Carta testamento. La página primera es como sigue (se puede consultar en línea, incluso facsimilarmente, en Le testament de Galois: http://langevin.univ-tln.fr/notes/Galois/):

Mon cher Ami, J’ai fait en analyse plusieurs choses nouvelles. Les unes concernent la théorie des équations algébriques; les autres, les fonctions intégrales.

Dans la théorie des équations, j’ai recherché dans quels cas les équations étaient résolubles par des radicaux ; ce qui ma donné occasion d’approfondir cette théorie, et de décrire toutes les transformations possibles sur une équation, lors meme qu’elle n’est pas résoluble par radicaux. On pourra faire avec tout cela trois Mémoires.

Le premier est écrit; et, malgré ce qu’en a dit Poisson, je le maintiens avec les corrections que j’y ai faites.

Le second contient des applications assez curieuses de la théorie des équations. Voici le résumé des choses les plus importantes.

1* D’après les propositions II et III du premier Mémoires, on voit une grande différence entre adjoindre à une équation une des racines d’une équation auxiliaire, ou les adjoindre toutes.

Dans les deux cas, le groupe de l’équation se partage par l’adjonction en groupes tels que l’on passe de l’un à l’autre par une meme substitution; mais la condition que ces groupes aient les memes substitutions n’a lieu certainement que dans le second cas. Cela s’appelle la décomposition propre.

En d’autres termes, quand un groupe G en contient un autre H, le groupe G peut se partager en groupes, que l’on obtient chacun en opérant sur les permutations de H une meme substitution ; en sorte que G = H + H S + H S’ + … Et aussi, il peut se décomposer en groupes qui ont toutes les memes substitutions G = H + T H + T’ H + … Ces deux genres de décompositions ne coincident pas ordinairement. Quand elles coincident, la décomposition est dite propre.

Il est aisé de voir que quand le groupe d’une équation n’est susceptible d’aucune décomposition propre, on aura beau transformer cette équation, les groupes des équations transformées auront toujours le meme nombre de permutations.

Au contraire, quand le groupe d’une équation est susceptible d’une décomposition propre, en sorte qu’il se partage en M groupes de N permutations.

(B.1)

A partir de este momento Iommi comienza prácticamente a leer el libro Física y Filosofía de Werner Heisenberg (Buenos Aires: Editorial La Isla, 1959). En la página 18 se lee:

En esa misma época, durante el verano de 1900, Curlbaum y Rubens hicieron en Berlín nuevas mediciones muy exactas del espectro de la radiación térmica. Cuando Planck conoció esos resultados, trató de representarlos mediante fórmulas matemáticas sencillas que resultaran compatibles con sus investigaciones acerca de la relación entre calor y radiación. Un día, Rubens fue a tomar el té a casa de Planck, y ambos compararon las últimas conclusiones de aquél con la nueva fórmula sugerida por Planck. Este fue el descubrimiento de la ley de Planck de radiación calórica.

Al mismo tiempo, éste fue, para Planck el comienzo de un intenso trabajo de investigación teórica. ¿Cuál era la correcta interpretación física de la nueva fórmula? Puesto que a partir de sus primeros trabajos Planck pudo traducir fácilmente su fórmula en una afirmación acerca del átomo radiante (llamado el oscilador), pronto debió haber encontrado que su fórmula parecía indicar que el oscilador sólo podía poseer cantidades 1 discretas de energía. Este resultado era tan diferente de todo lo que se conocía en física clásica, que seguramente él debió haberse rehusado a aceptarlo en un principio. Pero en momentos del trabajo más intenso, durante el mismo verano de 1900, se convenció finalmente de que no había forma de escapar a esta conclusión. Cuenta el hijo de Planck, que en un largo paseo por el Grunewald, parque de las afueras de Berlín, su padre le habló de sus nuevas ideas. Durante el paseo, le explicó que pensaba haber hecho un descubrimiento de gran importancia, comparable, quizá, con los descubrimientos de Newton. De modo que Planck debió haber comprendido, ya en esa época, que su fórmula afectaba los fundamentos de nuestra descripción de la naturaleza, y que estos fundamentos habrían de comenzar, algún día, a moverse de su actual situación tradicional hacia una nueva posición, aún desconocida, de estabilidad. A Planck, que tenía todo el aspecto de un conservador, no le gustaban nada estas consecuencias; pero publicó su hipótesis del cuanto en diciembre de 1900.

(B.2)

página 28:

Recuerdo algunas discusiones con Bohr, que proseguían durante horas, hasta muy avanzada la noche, y que terminaban casi en desesperación; y, cuando salía después a caminar por el parque vecino, me repetía una y otra vez esta pregunta: “¿Es posible que la naturaleza sea tan absurda como se nos aparece a nosotros en estos experimentos atómicos ?

(B.3)

página 65:

Las palabras “posición” y “velocidad” de un electrón, por ejemplo, parecían perfectamente definidas en cuanto a su sentido y sus posibles relaciones, y en realidad eran conceptos claramente definidos dentro del marco matemático de la mecánica de Newton. Pero no estaban verdaderamente bien definidos, como se ve por las relaciones de incertidumbre. Podría decirse que estaban bien definidos de acuerdo con su posición dentro de la mecánica de Newton, pero que no lo estaban en relación con la naturaleza. Esto nos muestra que nunca podemos saber por anticipado cuáles limitaciones se presentarán para la aplicación de ciertos conceptos por la extensión de nuestro conocimiento de las remotas partes de la naturaleza en las que sólo podemos penetrar con las herramientas más perfeccionadas. Por consiguiente, en el proceso de penetración nos vemos a veces obligados a emplear nuestros conceptos en una forma que no está justificada y que no tiene sentido. La insistencia en el postulado de la completa clarificación lógica haría la ciencia imposible. La física moderna nos recuerda aquí la antigua sabiduría de que quién insiste en jamás divulgar un error debe quedarse callado.

(B.3.1)

Matt Ridley en su libro “Qué nos hace humanos” explica que Lorenz, durante la primavera de 1937, fue uno de los inventores de la ciencia de la etología: el estudio de los instintos animales, especialmente la creación de lazos afectivos. En este sentido, la anécdota que relata Iommi tiene que ver con uno de los descubrimientos de Lorenz en el comportamiento de los patos y las ocas: “Lorenz se percató de que las crías de oca que tenían su impronta (y otras aves) no sólo le trataban a él como a una figura parental sino que más tarde también tenían una fijación sexual con él”. La impronta se refiere en este caso a “la idea de que ciertas conductas son innatas en el sentido de que aflorarán aunque el animal se encuentre aislado de su ambiente natural desde el nacimiento”. Lorenz se percató de que una “cría de oca, poco después de salir del cascarón, fija su atención en lo primero que ve en movimiento y lo sigue a todas partes. Normalmente, lo primero que ve en movimiento es su madre, pero ocasionalmente resulta ser un catedrático con perilla.”

(B.4)

Página 79:

En esta reinterpretación, el apriorismo kantiano está indirectamente relacionado con la experiencia, en la medida en que se ha formado a través de la evolución de la inteligencia humana en un pasado muy distante. Siguiendo esta argumentación, el biólogo Lorentz ha comparado una vez los conceptos “a priori” con formas de comportamiento que en los animales se llaman “heredados o esquemas innatos”. Es en realidad muy probable que para ciertos animales primitivos el espacio y el tiempo sean algo distinto de lo que Kant llama nuestra “intuición pura” del espacio y el tiempo. Esto último puede corresponder a la especie “hombre”, pero no al mundo considerado como independiente de los hombres. Pero tal vez, siguiendo este comentario biológico sobre los “a priori”, nos estamos empeñando en una discusión demasiado hipotética. Los hemos mencionado tan sólo como un ejemplo de cómo los términos “verdad relativa” pueden ser interpretados en relación con los “a priori” de Kant.

(B.5)

Página 172:

El escepticismo respecto de los conceptos científicos precisos no significa que deba existir una limitación definida para la aplicación del pensamiento racional. Por el contrario, puede decirse que la capacidad humana para comprender puede ser en cierto sentido ilimitada. Pero los conceptos científicos existentes siempre abarcan sólo una parte limitada de la realidad, y la otra parte que aún no ha sido comprendida es infinita. Siempre que vamos de lo conocido a lo desconocido podemos alentar la esperanza de comprender, pero al mismo tiempo tenemos que aprender un nuevo significado de la palabra “comprensión”. Sabemos que cualquier comprensión tiene que basarse, en último término, en el lenguaje ordinario porque sólo allí es donde podemos estar seguros de tomar contacto con la realidad, y, por consiguiente, debemos ser escépticos con respecto a todo escepticismo que se refiera a este lenguaje ordinario y sus conceptos fundamentales. Debemos, en consecuencia, emplear estos conceptos tal como han sido empleados en todos los tiempos. Quizá de esta manera la física moderna haya abierto la puerta a una perspectiva más amplia de las relaciones entre la inteligencia humana y la realidad.

(B.6)

En una transcripción basada en una entrevista grabada con Werner Heisenberg por Joan Bromberg del 16 de junio de 1970 (Center for History of Physics of the American Institute of Physics. Neils Bohr Archives & Library. Disponible en línea), dice Heisenberg:

–Yes. I would perhaps say that Sommerfeld was not a man like Bohr to urge always for complete clarity. I mean, in some way he felt, "Well, that's difficult, and you don't know how, and perhaps somehow it will go together,” and that kind of thing. And Bohr would never be that way; he would always say,” Well, we have not understood it." So he would be absolutely merciless in such discussions. I once again heard a discussion with Schrödinger which was exactly about the question which came up in the lecture Schrödinger at the invitation of Willy It took place about one or two months later in Copenhagen. Schrödinger was invited to Copenhagen, and Bohr wanted now really to discuss that with Schrödinger. It was almost a pity to see; I mean, Schrödinger had given this talk, and then he was criticized by Bohr. Of course, now Bohr did all the talking, not me. In some way, Schrödinger was so worried; he got ill there; he got a bad cold. He was put in bed and Mrs. Bohr brought him tea, and so on. And Bohr would sit at Schrödinger's bed, and would say, "Now, Schrödinger's, you must see; you must see," you know. I mean, he wouldn't let him go for a single minute in the whole day; he wanted all this push, push, push, you know. So that's Bohr; Bohr wanted complete clarity to the end.

–Sí. Yo tal vez diría que Sommerfeld no era un hombre como Bohr como para urgir siempre por la absoluta claridad. Quiero decir, de alguna manera él [Sommerfeld] sentía: “Bueno, eso es difícil, y tú no sabes cómo, pero tal vez, de alguna manera podría eso ir junto” y ese tipo de cosas. Pero Bohr no era de esa manera; él siempre decía: “Bueno, no lo hemos entendido”. Así que no tenía absolutamente ninguna piedad en estos debates. Volví a escuchar una discusión con Schrödinger que era exactamente sobre la cuestión que se planteó en la conferencia de Schrödinger, por invitación de Willy. Se llevó a cabo uno o dos meses más tarde en Copenhague. Schrödinger fue invitado a Copenhague, y Bohr quería ahora realmente a discutir eso con Schrödinger. Era casi lastimoso de ver, quiero decir, Schrödinger había dado esta charla, y luego fue criticado por Bohr. Por supuesto, ahora fue Bohr el que habló todo el tiempo, no yo. De alguna manera, Schrödinger estaba tan preocupado, que se enfermó, tuvo un fuerte resfriado. Lo pusieron en cama y la señora Bohr le trajo el té, y así sucesivamente. Y Bohr se sentaba en la cama de Schrödinger, y decía: “Ahora, Schrödinger, usted debe ver, debe ver”, ya sabe. Quiero decir, él no lo dejaba ir un solo minuto en todo el día, quería toda esta presión, presión, presión, ya sabe. Así es Bohr; Bohr quería completa claridad hasta el final.

(C.1)

Heidegger anota en el “Epílogo” a ¿Qué es metafísica? (publicado en Revista de Filosofía, Universidad nacional de La Plata, 1964, nº 14, pp. 74-82.,):

El pensar, obediente a la voz del ser, busca para éste la palabra desde la cual se exprese la verdad del ser. Sólo cuando el lenguaje del hombre histórico surge desde la palabra, está en equilibrio (im Lot). Pero si él [el lenguaje] está en equilibrio, entonces la seguridad (Gewähr) de la voz silenciosa de ocultas fuentes, hace señas hacia él. El pensar del ser custodia la palabra y cumple su destino (Bestimmung) en ese custodiar (Behuttsamkeit) Es el cuidado (Sorge) por el uso del lenguaje del silencio largo tiempo custodiado y de la clarificación cuidadosa del ámbito despejado en. él, llega el decir del pensador. De igual procedencia es el nombrar del poeta. Puesto que lo igual sólo es igual en cuanto distinto, y el poetizar (Dichten) y el pensar (Denken) se asemejan del modo más genuino (am reinsten) en el cuidado de la palabra, ambos simultáneamente están separados al máximo en su esencia. El pensador dice el ser. El poeta nombra lo sagrado (das Heilige). No puede resolverse aquí cómo pues, pensando a partir de la esencia del ser, el poetizar (Dichten) y la gratitud (Danken) y el pensar (Denken) remiten uno a otro y están al mismo tiempo separados. Presumiblemente, surgen la gratitud y el poetizar, en distinto modo; antes del pensar inicial que ellos utilizan, sin poder ser por sí un pensar.

En “Hölderlin y la Esencia de la Poesía”, publicada en Martin Heidegger, Arte y Poesía, Buenos Aires, F.C.E, 1992. p. 137:

El poeta nombra a los dioses y a todas las cosas en lo que son.

pp.145-46:

Y he aquí la segunda versión:

. . . En verdad
son buenas las leyendas, si son en memoria
del Altísimo, sin embargo, es preciso
uno que interprete lo sagrado
(IV, 144).

Así, la esencia de la poesía está encajada en el esfuerzo convergente y divergente de la ley de los signos de los dioses y la voz del pueblo. El poeta mismo está entre aquéllos, los dioses, y éste, el pueblo. Es un "proyectado fuera", fuera en aquel entre, entre los dioses y los hombres. Pero sólo en este entre y por primera vez se decide quién es el hombre y dónde se asienta su existencia, “Poéticamente el hombre habita esta tierra”.

Ininterrumpidamente, y cada vez más seguro en medio de la plenitud desbordante de imágenes, Hölderlin ha consagrado su vocabulario poético, con la mayor sencillez, a este reino intermedio. Esto nos fuerza a decir que es el poeta de los poetas.

Al final de la séptima estrofa elegía Pan y Vino canta Hölderlin:

So zu harren und was zu thun indeß und zu sagen,
Weiß ich nicht und wozu Dichter in dürftiger Zeit?
Aber sie sind, sagst du, wie des Weingotts heilige Priester,
Welche von Lande zu Land zogen in heiliger Nacht.
Al esperar así, qué decir o hacer no lo sé
¿Para qué poetas en tiempos aciágos [escasos]?
Pero son, dices tú, del Dios del vino los sagrados sacerdotes
Que erraban de tierra en tierra en la sagrada noche.

(C.2)

Al final del Canto XXVI de la Divina Comedia se lee:

Quieres oír cuánto hace que me puso
Dios en el bello Edén, desde donde ésta
a tan larga subida te dispuso,
y cuánto fue el deleite de mis ojos,
y la cierta razón de la gran ira,
y el idioma que usé y que inventé.
Ahora, hijo mío, no el probar del árbol
fue en sí misma ocasión de tanto exilio,
mas sólo el que infringiese lo ordenado.
Donde tu dama sacara a Virgilio,
cuatro mil y tres cientas y dos vueltas
de sol tuve deseos de este sitio;
y le vi que volvía novecientas
treinta veces a todas las estrellas
de su camino, cuando en tierra estaba.
La lengua que yo hablaba se extinguió
aun antes que a la obra inconsumable
la gente de Nembrot se dedicara:
que nunca los efectos racionales,
por el placer humano que los muda
siguiendo al cielo, duran para siempre.
Es obra natural que el hombre hable;
pero en el cómo la naturaleza
os deja que sigáis el gusto propio.
Antes que yo bajase a los infiernos,
I se llamaba en tierra el bien supremo
de quien viene la dicha que me embarga;
Y Él después se llamó: y así conviene,
que es el humano uso como fronda
en la rama, que cae y que otra brota.
 En el monte que más del mar se alza,
con vida pura y deshonesta estuve,
desde la hora primera a la que sigue
a la sexta en que el sol cambia el cuadrante.

(C.3)

La cita a Baudelaire se refiere a la última estrofa del poema “Le Voyage”, con el que cierra Les Fleurs du mal:

Oh, Muerte, vieja capitana, ¡es la hora!, ¡levemos el ancla!
Nos aburre esta tierra, ¡oh muerte! ¡Aparejemos!
Si el cielo y el mar son negros cual la tinta,
¡nuestros corazones que tú conoces están llenos de rayos!
¡Derrama ya tu veneno y que él nos reconforte!
Hasta tal punto el fuego nuestros cerebros quema,
Que queremos rodar al fondo del abismo, ¿Infierno o Cielo, qué importa?
¡al fondo de lo Desconocido para encontrar lo nuevo!

Esto lo recogerá Rimbaud en su segunda carta a Paul Demeny, fechada en Charleville, el 15 mayo de 1871: Lleva el peso de la humanidad, incluso de los animales; tendrá que conseguir que sus invenciones se sientan, se palpen, se escuchen; si lo que trae de allá abajo tiene forma, él da forma; si es informe, lo que da es informe. Hallar una lengua; –Por lo demás, como toda palabra es idea, ¡vendrá el momento del lenguaje universal! Hay que ser académico,– más muerto que un fósil, – para completar un diccionario, sea del idioma que sea. ¡Hay gente débil que si se pusiera a pensar en la primera letra del alfabeto, acabaría muy pronto por sumirse en la locura!.

(C.4)

El soneto de Stéphane Mallarmé, publicado en 1895:

Toute l’âme résumée
Quand lente nous l’expirons
Dans plusieurs ronds de fumée
Aboli en autres ronds

Atteste quelque cigare
Brûlant savamment pour peu
Que la cendre se sépare
De son clair baiser de feu
Ainsi le chœur des romances
A ta lèvre vole-t-il
Exclus-en si tu commences
Le réel parce que vil
Le sens trop précis rature
Ta vague littérature

Toda el alma resumida
Cuando lenta la exhalamos
En varias volutas de humo
Abolidas en las otras
Atestigua algún cigarro
Quemando sabiamente antes de que
Casi la ceniza se separe
De su claro beso de fuego
Así el coro de cantos
Vuela en el labio
Excluye de él si tú inicias
Lo real porque vil
El sentido muy preciso borra
Tu vaga literatura.

(D.1. fragmento no leído):

 – pero hay indicios de
temor en esta somnolencia ingrávida ? pero –

temor de qué ? en el gusto tan genera-
lizado ya no hay sabor ni sosiego ni
malestar - que son siempre extremos de una
unidad que se compone tampoco estímulo
– gracias al que hay caras el estupor
tiene la quietud de ese huevo oscuro que so-
lemos ver en el interior de una llama
          lo distinto se denuncia por
diferente y eso basta para que resbale y no
se mezcle a la torpeza a esta torpeza
que ni siquiera impide a mis facultades crear
sus servicios habituales sus voces sus
pasiones y los objetos que son siempre la ca-
ridad de la existencia y si a veces
desde su masa impávida aquí o allá sal-
tan algunas intenciones desconocidas con
las que se forma una conciencia apenas se
desprenden pierden su origen como si nunca hu-
bieran pertenecido a ese curso invariante
autosuficiente y torpe una torpeza sin
posibilidad de reflejo – tan necesario para
que el delito o perdón se reconozcan -
pero – aquellas intenciones que así se inau-
guran qué otra cosa son sino deseos y és-
tos qué si no cambios ?

(D.2. Fragmento no leído):

todo orden
es segundo tal vez demasiado preso aún
en el fuero excesivo de las leyes con que nos-
otros mismos nos hacemos uno intento tener
          nombrar mentar indicar aquella tor-
peza para que me incumba la suprema
cobardía de querer ser sí mismo la in-
capacidad universal de perdernos
                 ella no es virgen la
virginidad es intocable porque se retira y ad-
hiere a un haz que se siente tampoco es
distinta porque toda distinción implica rela-
ción ni es inocente porque la inocencia ca-
lifica inintentable movimiento
desde el lenguaje – ya engaño – se complace
a sí misma

(D.3)

En la Carta del Errante, en “La Poesía es Fiesta”, se lee: Me digo: es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la Fiesta. Y la Fiesta es el juego, supremo rigor de mi libertad. Tal es la misión del poeta porque el mundo debe ser siempre reapasionado”.

Este acto al que se refiere Iommi es la phalène, que será tratada in extenso en varios otros textos, por ejemplo en “Segunda Carta Sobre la Phalène”:

Por cierto que puede pensarse la Phalène como extraordinario (fiesta) en cuanto que es esencialmente una Obra distinta de lo denominado ordinario –pensado también lo ordinario como obra obvia, pero no por eso menos obra– pero precisamente, la Phalène es Obra extraordinaria para decir lo extraordinario que es lo ordinario –el uso por el otro–. Así Fiesta quiere decir caer en la cuenta, estar advertido, darse cuenta, que aquello que consideramos ordinario sólo lo es, y así, por lo extraordinario que de ahí nos lo deja ver.

(D.4)

An die Jüngen Dichter
Lieben Brüder! es reift unsere Kunst vieleicht,
Da, dem Jünglinge gleich, lange sie schon gegährt,
Bald zur Stille der Schönheit;
Seid nur fromm, wie der Grieche war!

Liebt die Götter und denkt freundlich der Sterblichen!
Haßt den Rausch, wie den Frost! lehrt und beschreibet nicht!
Wenn der Meister euch ängstigt,
Fragt die große Natur um Rath.

A los Jóvenes Poetas
¡Amados Hermanos! Quizás nuestro arte madurará
Tras un largo fermentar juvenil,
y se dirigirá hacia la quietud de la belleza;
 ¡si son devotos, como los griegos fueron!
¡Amen a los dioses y piensen gentilmente en los mortales!
¡aborrezcan el desenfreno y la frialdad! ¡ no aleccionen ni describan!
Si el maestro los atemoriza
pidan consejo a la natura.