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De Casiopea



Títulorasgo fundamental de lo apetente
AsignaturaTaller de Diseño Acto y Celebración 2016
CarrerasDiseño Industrial
Alumno(s)Bastián Maluenda

Este deseo por algo reúne los conceptos de color, sensaciones, experiencia y memoria en función a la relación que ellos poseen. Aquella relación inicia cuando la luz captada por el sentido de la visión es expresada en colores, los cuales provocan ciertas sensaciones de atracción. Aquellas sensaciones tienden en su mayor parte a ser agradables y para que esto ocurra, las sensaciones recurren inconscientemente a la experiencia de algo agradable. Finalmente la experiencia es el registro que queda plasmado en la memoria. Apoyando lo anterior, el documento Aplicación del Food Desing como una experiencia sensorial explica que “la luz se manifiesta al sentido de la vista a través de color “. La vista es el primero de los sentidos que entra en juego, mediante la vista identificamos la presentación de los platos, formas, colores, y el producto”, es decir; gracias al sentido visual, podemos percibir los colores. Éstos nos permiten discriminar lo que nos parece apetente. Los colores nos generar ciertas sensaciones en función a experiencias que develan el uso de éstos, y es por esa razón que podemos decir que sentimos colores cálidos o frío, frescura o sequedad, si está en buen o mal estado. . Para este estudio, se eligen las frutas de tonalidades rojas al amarillo. Estos colores destacan sobre el resto por la capacidad de despertar o retener el interés. En función a lo anterior, se da el valor al brillo como el color en su mayor esplendor. Se puede decir que el exterior de una naranja por ejemplo suele tener un brillo mayor que las frutas de color más opaco como el durazno; ya que ésta posee un aceite y textura porosa que realza su luz. Su llamativo color da inicio al apetito. Las cáscaras además de brillo presentan otros valores como las texturas. Hay diferentes tipos, pero daremos enfoque en las densidades, ya que luego de la visión viene el tacto que también evalúa la apetencia. Si se conoce que un fruto es de característica rígida y que al tacto se encuentra lánguida, indica que se encuentra en descomposición o lejos de ser llamativa. Las texturas densas van ligadas a cómo la frutas retienen el agua que está contenida en su interior. Mientras más dura su estructura, mayor consistencia tendrá el agua en su interior, como el caso de la sandía. Si bien se constituye el acto de comer, al ser un gran porcentaje de líquido lo que se ingiere, ese “comer” pasa a ser un “beber” de la fruta. Destacando que la dureza propia de la cáscara da forma al beber como si estuviese contenida en un envase. Resulta apetitoso contemplar la forma comestible del agua. Ahora bien adentrémonos a su interior. Las frutas presentan diferentes consistencias en Con el fin de construir un bocado que sea apetitoso, se realiza un estudio a través de medidas, dimensiones y una serie de cortes longitudinales, transversales sobre una fruta. Con esto nos adentramos en un análisis en donde las texturas, brillos y colores tienden a generar un sentido de apetencia. Este estudio pretende dar cuenta de los rasgos frutales que producen el apetito. Para dar parámetros del concepto de apetencia, se define como el movimiento instintivo que inclina al hombre a desear alguna cosa. Brillo en la superposición de elementos función de contener el agua, y por ser liquido lo que se presenta en mayor cantidad, este interior tiende a cierto grado de traslucidez. A través de cortes realizados vertical y horizontalmente a una uva, se puede notar cómo se mantiene en suspensión las semillas que resguarda. Este juego de develar lo que se encuentra dentro y presentarlo de manera suspendida genera cierta curiosidad, lo que va ligado al interés mismo y tiende a la apetencia. Con todos los rasgos presentados, la propuesta se basa en un bocado que se componga de los colores del rojo al amarillo. En función a la apetencia debe tener un brillo que realce el tono pero sin esta composición aceitosa y porosa de las naranjas. Éste se generará a partir de la textura lisa que se le dará. Ese brillo no solo realzará el color si no que la figura misma, haciendo notar formas que queden expuestas en elevación. Entonces en función de lo mencionado, podríamos decir que la medida de la apetencia para el bocado a construir se rige en estructuras “solidas”, que tiendan a la unidad sin perder la totalidad. Y si a todo esto le sumamos un brillo que atrape al usuario, estamos hablando de una propuesta apetente.