Amereida: Bitácora de la Travesía

De Casiopea
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TítuloAmereida: Bitácora de la Travesía
Año1986
AutorEscuela de Arquitectura UCV
CoautoresClaudio Girola, Godofredo Iommi M
Tipo de PublicaciónCapítulo de Libro
EditorialEscuela de Arquitectura UCV
Edición1a
ColecciónAmereida
CiudadValparaíso
Palabras Clavebitácora, Travesía, América, Amereida, constel
PDFArchivo:AME 1986 Amereida 2 bit.pdf
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

30 de Julio de 1965, Punta Arenas.

Anoche tras la comida, primera reunión. Se afinaron las reglas del juego poético y reajustaron finanzas.

Reglas de juego.

“No juicios”: Todo cuanto ocurra y se construya en los actos es poético.

Libertad de “hacer”: Ejemplo, si Pérez Román quiere pintar cuadro, objeto, muro, etc., a raíz del acto poético pero después de ocurrido, vale.

Obediencia al que se le ocurre el acto: No por mandato sino por disponibilidad.

Transgresiones: La idea es equivocar el equívoco.

Jorge, Michel Edy y Boulting partieron a ver al Padre Salessiano, especialista en la zona. Claudio, Godo y Alberto se entrevistaron con el Intendente; que se llama Martinic y que fundó dos pueblos: Dorotea y Onasin. En Dorotea los pobladores hicieron un cementerio en que no había muertos, uno de ellos trasladó a su hijo de Puerto Natales a Dorotea. El primer muerto.

31 de Julio

Hoy partimos de Punta Arenas a Puerto Natales. [1] Dejamos la mitad de nuestro equipaje en Punta Arenas.

A las 12.30 hrs. Km. del auto 32870.

Salió la noticia en el diario local “10 Profesores Universitarios inician un estudio geo-poético por América Latina”.

En la mañana terminamos de hacer compras: Ollas, lanas, porta-equipaje.

Al partir Boulting, leyó un poema de Keats. (On first looking into chapmans Homer). Edy dijo: el Soneto de Góngora “Descaminado, enfermo y peregrino”.

A las 2,30 hrs. llegamos a Est. Wagner.

Erigimos un monolito de 9 piedras y 5 piedras en forma de estrella.

Godo se puso en Collant por primera vez. Dijo: “El desdichado”. [2]

Godo dijo: “Pálido sol de los bordes y bajo el viento una lenta paciencia de lana”.

Michel dijo: “Les clairiéres du ciel communiquent les grands troupeaux de neige hiverment”.

Boulting dijo: “The snow froze against silence than deepest womb, hotter”

Edy dijo:

“Esta tierra aguarda sus dueños
¿Qué corona nos une?
¿Cómo serán los príncipes?
Sólo las huellas encauzan el viento”.

A 2 Km. de Est. Wagner la camioneta cae a la cuneta repleta de nieve.Otro auto que venía detrás nuestro también queda embarrancado. Pero ellos, dos sus dueños, el tercero es un peón, son prácticos y rápidamente sacan su auto. Nos prestan ayuda, el Sr. Fernández pone todo su empeño durante cuatro horas para sacarnos de allí. El embarrancamiento sucedió a las 3 y salimos a las 7 de la noche. En el camino a Puerto Natales hay 2 cuestas malas. Esta era una de ellas. La cadena de una de las ruedas se rompió.

Hubo varias ráfagas nevadas. La temperatura era de 3º bajo cero. Alberto, Jorge, Michel parten a pie a buscar un tractor de la D. de Vialidad para que nos ayuden, recorremos 1 Km. de ida y otro de vuelta. No hay nadie en el puesto. Después de cientos de maniobras podemos salir. Continuamos muy despacio. Fabio va al volante. Para poder subir la cuesta después de haber puesto el auto nuevamente en el camino, un jeep de la Enap nos remolca. Pero los empleados “no tienen tiempo” al revés del Sr. Fernández que no lo tenía de verdad y se quedó cuatro horas. Unos pocos kilómetros más allá nuevamente nos salimos del camino, [3] Fabio decide arreglar la cadena. La unimos con alambre. Empujamos todos y salimos. [4] Nos dicen que 10 Km. más adelante, Morro Chico, hay un retén y un hotel.

En el retén nos detenemos y Fabio conversa con el Cabo para conseguir alojamiento en el retén. Salen y nos dicen que hay una estancia a 1 Km. (Morro Chico) en que nos pueden dar alojamiento. Vamos con el Carabinero. Efectivamente nos esperan. Un muchacho grande yugoslavo nos recibe y nos entra a una casa de 2 dormitorios, baño, cocina, comedor y vestíbulo. Hay estufas a leña y hay leña. Jorge prende el fuego. Godo prepara la comida. Yo prendo el calentador. Primero comemos y luego nos disponemos a dormir.

1º de Agosto.

Nos despertamos a las 8. Desayunamos y se arregló el porta equipajes.

Otros en tanto lavaron las ollas. Se aseó la casa. Partimos a las 10.30. Nieve en todo el camino. A las 12 llegamos al hotel “Los Robles” en Río Rubens.

Almorzamos allí. Nos encontramos con José Otárola camionero entre Punta Arenas y Puerto Natales. Ayer en la noche nos pasó en el camino.

Hoy nos dio datos sobre la ruta y sobre todo de la manera de conducir en la nieve y por estos caminos. Continuamos viaje después de almuerzo y llegamos a Puerto Natales alrededor de las cuatro de la tarde.

Preguntamos por el camino a Dorotea, por el estado del mismo, y todas las respuestas fueron negativas. “Está muy malo”. “Arriba hay mucha voladera”. Godo insiste buscar caballos, vamos a los carabineros. Por último nos informan que hasta el mismo Dorotea no es posible llegar, pero hasta “abajo” del pueblo sí, lo demás hay que hacerlo a pie. [5] Partimos. A poco de andar por el camino a Dorotea nos cruza un camión que viene bajando. Lo detenemos y le preguntamos. Nos repite lo mismo, pero agrega que se puede llegar hasta la casa de un señor que no entendemos el nombre. Proseguimos. La ventisca y la tormenta de nieve, más la noche que va dando a todo un contorno apretado y denso. El camino desaparece y todo se transforma en un manto con una huella. Divisamos a los 7 Km. una casa, todo oscuro. Godo, Fabio, y Alberto se bajan y van a la casa. Después de un momento de expectativa vemos que se prenden unas luces. Es un alivio esa luz. Hay alguien. Vuelven cuatro. [6] El dueño de la casa. José Lincoyán, chilote, padre del muerto, del único muerto enterrado en el cementerio de Dorotea. De inmediato se prestó a acompañarnos hasta el cementerio, 1 Km. más arriba, a pie. Fuimos todos. Plena noche. Con linternas y faroles. Llegamos. Un gran cuadro cercado y una tumba en el medio. [7] A lo lejos y rodeando el cementerio unas 8 casas. Nos abre el mausoleo. Coronas y Guirnaldas de papeles, pequeños objetos, adornan la tumba. Vamos pasando de a uno. Nos volvemos a la casa. Nos ofrece hospitalidad. La mujer, dos hijas, un niño allegado y el padre. Comienzan a escribir el poema, [8] Godo, Edy, Michel, Fédier, Boulting. Se conversa con los moradores. Nos dan de comer. Primero nosotros, luego ellos. Preparo la plancha de metal. Fabio dibuja los renglones sobre el bronce y Alberto a tinta el poema. En tres idiomas. Se hace una traducción en castellano y Jorge dibuja a tinta el poema en limpio para ellos, con un dibujo. Comienzo a grabar. Esta operación dura cuatro horas. Terminamos a las 12.30. La tormenta afuera adelanta el padre y nos aconseja quedarnos. Sacan dos colchones, unas almohadas. Traemos las mantas. Nos acomodamos como podemos. Dormimos malamente, pero al abrigo. Las salamandras se apagan. Frío intenso.

Jorge a las 3 prende nuevamente el fuego. La noche se va pasando así. Unos se despiertan, luego se vuelven a dormir. La tormenta más fuerte que nunca.

2 de Agosto.

Amanece. Ha nevado toda la noche. Y continúa nevando. Con ráfagas de viento helado. Desayunamos. Nos despedimos y nos vamos. El camino totalmente borrado. Penosamente avanzamos unos 4 Km. El auto queda dos veces trancado en la nieve que en algunas partes llega a 1,50 mts. de altura. A 3 Km. de la ruta principal una hondonada cubierta enteramente de nieve. Imposible avanzar. Se toma una decisión. Abandonamos el auto y marchamos a pie hasta el camino a pedir auxilio. 3 Km. a pie bajo la tormenta. Nos ponemos las capas impermeables que nos prestó el ejército.

De uno en fondo marchamos. Partimos a las 9 de la mañana de la casa, llegamos a la ruta a las 12,30. 3 hrs. y media para hacer 7 Km. Un camión cargado de leña pasa, le pedimos que nos lleve a Puerto Natales. Subimos al camión y formamos una escalera humana de capas. En esos 10 Km. nos dormimos todos. Y estábamos sobre un camión descubierto y sentados sobre troncos partidos. Llegamos a Puerto Natales. Vamos a pedir auxilio a la Dirección de Vialidad.

Llegamos justo cuando la motoniveladora va a partir para abrir la ruta bloqueada a Punta Arenas. Hablamos con el jefe, le explicamos la situación. En un camión que parte detrás de la motoniveladora, con paleadores, se sube Fabio y Michel y parten de inmediato a rescatar el auto. Nosotros vamos a un café a secarnos y tomamos una taza de café. Son las 2 de la tarde. Dos horas después vuelve Fabio, Michel y la camioneta. Gran alegría.

Son las 4. Vamos a almorzar. Hoy tendríamos que estar en Punta Arenas para la charla pública a las 7 hrs. Godo desde Puerto Natales habla con el secretario del Intendente. No hay posibilidad de avión. El camino lo están despejando, pero nunca será posible llegar para la hora. Se pide postergación para el Martes 3. Se concede. A las 6 partimos de Puerto Natales.

Alberto durante el almuerzo pidió hacer algo en Puerto Natales para que no quedara como lugar huérfano. Pero nadie hizo nada. Fabio, Fédier, arreglarán las cadenas y tratarán de conseguir otras. No se pudo encontrar nada. Compramos unas vituallas para comer en el auto. Noche clara, fría y despejada. Michel al volante. Siempre presente la tensión de quedarse pegado en cualquier momento.

Las noticias que tenemos es que hasta Morro Chico, la mitad del camino está abierto, la otra mitad no se sabe. Fatigados grandemente. Llegamos a Morro Chico. Preguntamos en el retén de carabineros si es posible alojar en la estancia a menos de 1 Km. del retén, donde alojamos el Sábado en la noche. Pero no es posible puesto que el kilómetro está cubierto con un metro de nieve. Y de la estancia no habían podido salir. Decisión: seguir adelante.

Las noticias que hay sobre el Cañadón Bombalón son inciertas, pero más que nunca indican mal estado del mismo. Fabio toma el volante, pasado el retén, nos detenemos y comemos en el auto. Proseguimos. La ruta comienza a escarcharse y se hace más peligrosa, en el sentido de que cualquier mínimo descuido se patina y se cae en la vanquina de 1,50 de nieve.

Vamos avanzando. A las 3 de la mañana llegamos a Punta Arenas. Extenuados físicamente. Vigorizados por dentro.

3 de Agosto.

Godo nos pide que vayamos a avisarle al Secretario del Intendente que habíamos llegado para ver si era posible hacer el Acto de Punta Arenas hoy.

Vamos. Conversamos con él. Cree que sí. Quedamos de pasar en la tarde después de almuerzo. Conversamos con Jorge de la posibilidad de hacer un friso en un rollo blanco, él pintaría algo, si Alberto habla le dejamos hueco en blanco para que dibuje, yo también haría algo.

Fabio continúa terminando los trámites aduaneros para salir con el automóvil de Chile.

Nos juntamos a la hora de almuerzo, en el Casino.

El acto se realizará a las 7 de la tarde en la Casa de España.

El Intendente no podrá venir porque había aplazado las audiencias el día Lunes para poder asistir y como se suspendió, ahora tiene el martes ocupado.

A la hora de almuerzo se cambian ideas sobre el acto de la tarde.

Se dispone cierto orden, de temas y personas.

Abre el acto Godo, continúa Michel, que leerá un poema que hizo en Punta Arenas, sigue Edy, luego Boulting, después Fédier, enseguida Alberto y cierra Godo.

Jorge, Fabio y yo en la tarde vamos al salón de la Casa España.

Descolgamos todos los cuadros del salón y Fabio dispone las sillas. En un rollo de 10 mt., Jorge y yo pintamos tres temas dejando hueco en blanco para que Alberto dibuje durante su exposición.

Lo colocamos como telón de fondo sobre el muro. A las 7 comienza a llegar gente. No mucha. La suspensión del día lunes y la coincidencia de que ese día martes había un concierto coral, hace que le reste público al acto.

Asisten unas 20 personas. El Secretario de la Intendencia, Sr. Velasco, una Sra. Braun. La charla dura 1 hora y media.

Terminada la misma, la gente se va y nos quedamos solos. Vamos a comer al Casino y luego a dormir. A esa hora ya sabíamos que el miércoles 4 no podríamos partir de Punta Arenas a Tierra del Fuego, porque todavía faltaban unos papeles, compras, etc. Michel se encuentra bastante inquieto, por este “atraso”. Y se producen breves momentos de malestar. Nos vamos a dormir.

4 de Agosto.

Voy a la Intendencia, ya sabemos que el 6 no vamos a cruzar la frontera, por lo tanto tengo que pedir prórroga de mi salvoconducto. Luego, a la policía. Los demás, salvo Jorge y Alberto, van al Cabo de Hornos a escribir cartas y poesías. Jorge sale a pintar unas acuarelas de Punta Arenas. Alberto propone dejarle a Christos Varnava, dueño de un café en Punta Arenas, chipriota, que está enfermo, moribundo nostálgico, y dentro de pocos días irá a Londres a curarse, y que en un momento se acercó a nosotros y charlando dijo que “él se equivocó” al venir a América y de América a Punta Arenas, ya que su hermano y otros familiares se quedaron en Inglaterra; un dibujo del frente de su negocio y un poema en que se dice que no se equivocó.

En la tarde fueron a entregárselo junto con Edy y Boulting, pero él estaba en cama y se lo dejaron al hijo extrañado.

Se terminan los trámites del auto y de la policía, más la aduana personal. En la noche se va al Club de la Unión donde nos despedimos de Velasco, MacLean y el Cónsul argentino, que en la tarde pasaron a visitar Godo, Edy y Boulting.

Además se dejó arreglado en la Enap nuestro viaje a Tierra del Fuego al Campamento Sombrero.

Nevaba intensamente esa noche. Al término de comer en el Casino nos avisan que de Radio Polar quieren que pasemos por sus estudios.

Vamos pero no hay nadie, es demasiado tarde. Pasamos por el correo y el enviamos un cable a Tronquoy que lo esperamos después del 15 de Agosto, en alguna parte de Argentina. Nos vamos a dormir, hay que levantarse temprano, puesto que hay que estar a las 2 de la tarde en Punta Ángeles, para embarcarse en la barcaza de la Enap para atravesar el estrecho. La estiba del auto se deja para la primera hora de la mañana.

5 de Agosto.

Estibamos el auto bajo una nevada fuerte y continua. Va sobrecargado de maletas, bultos y miles de otras cosas. Partimos de Punta Arenas a las 9.15 de la mañana. 180 Km. para llegar a Punta Ángeles. Se calculan 4 horas aproximadamente de viaje dado el estado del camino. Sin inconvenientes el viaje. En el Km. 80, sobre unos pocos postes dos grandes pájaros. El auto se detiene y retrocede lentamente. Godo quiere bajara y decir algo allí. Pero los pájaros se van. Partimos nuevamente y un poco más allá nos detenemos y sobre el campo formamos una pequeña ronda. Godo lee un fragmento de Las Florecillas de San Francisco y un poema de él. [9] Continuamos el viaje sin incovenientes. Edy dentro del auto lee diversos poemas de Apollinaire, Nerval, Baudelaire, etc. [10]

A las 2 llegamos a P. Ángeles. Allí comemos unos pedazos de queso con galletas. Hay un faro y un pequeño atracadero, para la barcaza. No nieva sino que llueve, no muy fuerte, pero el frío es intensísimo. A las 3 llega la barcaza. Embarcamos. En estos campos, de tanto en tanto, se elevan grandes llamas de válvulas de gas de baja presión. Cerca del embarcadero hay una. Todos menos Godo y yo van a verla de cerca. Y así mismo cuando la barcaza se aleja de la costa y nos deja ver nítido donde comienza el continente, la llama ilumina la bruma, y otra más lejos y otra más lejos, hacen de esto realmente la Tierra del Fuego.

Llegamos a Espora, desembarcadero en Tierra del Fuego, 35 Km. a Sombrero, no nieva, llueve y hace menos frío que en la otra costa. La desolación del campo. Bajas colinas y de tanto en tanto un pozo de petróleo y letreros anunciando Estancias. 8 Km. antes de llegar a Sombrero se cae el tubo de escape. Primera pana del auto. Fabio amarra como puede el tubo y lentamente seguimos el viaje. Llegamos a Sombrero. Nos espera el Sr. Helvio Leiva. Vamos al Casino de la Enap. Tomamos té y nos reparten los cuartos. Comedor calefaccionado. Luego visitamos el gimnasio, el Hospital y la Cooperativa de consumo con el Sr. Helvio Leiva a las 7,30 de la tarde se come. Mañana a las 8,30 de la mañana nos juntamos con el Sr. Helvio y él nos va a contar sobre el petróleo.

6 de Agosto.

Una vez terminada la exposición de Leiva (él ya sabía por las informaciones de la Enap y los diarios, quiénes éramos) nos pide que hagamos una conferencia esta misma tarde. Nos pone en contacto con el Sr. Guerrero (Jefe de Bienestar) y se formaliza el acto. Ellos pensaban en una conferencia sociológica y psicológica sobre ese tipo de comunidad especial que se da en los “campamentos”. Jorge y yo decidimos no ir a Porvenir y en la tarde hacer algo. Parten a las 2. A la hora de almuerzo se produce una conversación sobre el destino a propósito de un problema que plantea Fédier relacionado con la arquitectura, las ciudades, etc.

Jorge se instala en el cine-teatro de Sombrero y yo en el Taller mecánico. Jorge pinta sobre un panel de antiguo decorado un mural de 3 x 3 mt., yo hago una escultura en plancha de bronce. A las 7 de la tarde están de vuelta. No llegaron a Porvenir por falta de tiempo. Alcanzaron a ver el lago de los Flamencos. A las 8 se inicia el acto. Sobre el escenario los nueve. El mural y la escultura, más una pizarra y papel blanco y tinta china para Alberto. Godo comienza haciendo la ecuación de cálculo poético en la pizarra. Sigue Fédier, luego Alberto, Edy, Boulting, Deguy y termina Godo. Dos horas dura el acto. Asisten unas 100 personas. [11]

8 de Agosto.

Cuatro de la mañana. Desayuno y partida. Niebla cerrada. Llegamos a Espora. La barcaza está allí con sus faros prendidos, pero no parte. Un marinero se asoma y dice que hasta las 5 de la tarde, no se puede a causa de la niebla y la marea. Indignación general. Desazón. Alberto le pide a Jorge unas pinturas para pintar una caseta telefónica. Se decide bajar las pinturas.

Se decide no volver a Sombrero, sino esperar allí el cruce. Poco a poco nos vamos integrando todos a la actividad iniciada por Alberto seguido de Jorge. Godo dice, oculto en la noche y la niebla, palabras, frases. Edy y Boulting también. Alberto y Jorge comienzan a pintara una caseta telefónica en la orilla. Yo encuentro más allá unos cables de acero, comienzo a erigirlos. Fédier se pone a pintar la tercera cara de la caseta. Va aclarando. En la niebla el foco de la barcaza produce un halo enorme de luz en el lugar en que estamos. Se bajan más tarde los implementos de cocina, a las 10 de la mañana la actividad está generalizada. Fabio también pinta. Tomamos café con galletas y salame. Jorge comienza a pintar unos tanques de petróleo.

Junto a la caseta se unen cajones, cañas, elementos varios. Se forma un conjunto. Alberto pacientemente sigue pintando su lado. Jorge impacientemente pinta todo lo que encuentra a su paso. Godo más tarde escribe un poema de entrada a Tierra del Fuego, o a la Pampa. Edy escribe la salida de la isla. Fabio encuentra dos grandes círculos de madera de los que se usan como cornetas de cables. Godo pide usar 2 planchas de aluminio espejo y que Alberto con esmalte pinte las letras de los 2 poemas. Se ponen a hacerlo. Con Godo preparamos el almuerzo. Instalamos la cocina dentro de la caseta telefónica. Almorzamos y se continúa pintando las letras. Unos marineros bajan y hablan con nosotros. Comienzan a leer el poema que va apareciendo en la plancha. A la manera de paseo dominical llegan unos estancieros con sus familias. Uno de ellos nos dice que por qué no fuimos a almorzar a su casa. Comienzan a llegar algunos autos y camiones. Comenzamos a guardar nuevamente las cosas. En la mañana antes de almorzar se eligieron los lugares sobre el camino, de los 2 letreros. Se ubicaron los círculos y se los afirmó a la tierra. En la tarde y una vez acabada la escritura se clavó una plancha en cada círculo. La gente iba a leer el poema y lo copiaba. Algunos agradecieron. [12] Llegó la hora de partir. A las 5 la barcaza partió. Dejamos la Tierra del Fuego. [13]


Volvimos a pasar la frontera y continuamos a Río Gallegos. El camino malo y muy pesado y cerca ya de Río Gallegos, el deshielo cortó el camino.

Michel se baja y se adelanta a pie para medir la profundidad del agua que se posa en el camino. Y así, venciendo cada obstáculo a las 2 de la mañana llegamos a Río Gallegos. Algo habíamos merendado en el auto. Pero llegando a Río Gallegos fuimos a un restaurant. Luego al hotel. Todos muy fatigados.

9 de Agosto.

Llega Jorge con su amigo Héctor Dilucio. Vamos a ver al Cónsul chileno. Dejamos el hotel a medio día. Se programa con el Cónsul una entrevista con el Gobernador, una audición radial y un acto en la Casa de la Cultura.

Almorzamos en la casa de Dilucio. Este tiene un vecino que es hijo de un inglés nacido en las Malvinas, viejo poblador de la Patagonia desde principio de siglo. Ahora administra una pequeña estancia de 20.000 hectáreas en Palermo Aike. Dilucio nos presenta al hijo del Sr. Clifton. En la tarde junto con él vamos a la estancia. Se hace un poco tarde. Los caminos están malos, especialmente al entrar a la huella de la estancia, en una pequeña picada nos quedamos pegados en el barro. Las casas están a 3 Km. Clifton hijo parte a pie a buscar un camión. Nosotros intentamos sacar el auto. No lo logramos. Llueve. Nos ponemos las capas y de uno en fondo nos vamos a la estancia. Un Km. antes de llegar viene Clifton padre e hijo con un camión. Nos subimos al camión. Nos dejan en la casa de los peones. Todos chilenos. Ya habían comido. Nos dan de comer. Godo le explica a Clifton padre antes de comer nuestro propósito y la visita. El habla algo promete venir después de comida. Un inglés de 70 años más joven que su propio hijo. Vuelve después de comida. Conversamos hasta las 11.30. Nos cuenta de las faenas del campo. De las ovejas. Del proceso de la lana. Y hace algunos recuerdos de otros tiempos. No muchos. Nos vamos a dormir. Alberto y Fabio hablaron con los peones chilenos. Dormimos en el suelo, en la sala comedor. Tendemos las capotas y nos cubrimos con lo que tenemos. Fabio, Alberto y Godo antes de acostarse salen a dar una vuelta por las inmediaciones. [14]

10 de Agosto.

En la mañana tomamos café. Clifton padre nos viene a buscar. Vamos al esquiladero. Nos muestra las instalaciones y nos va explicando las faenas. A lo lejos se acerca un piño de ovejas arriadas por un ovejero y sus perros. Las traen al corral para carnear dos de ellas. La comida de 2 días. El ovejero lentamente se acerca gritando órdenes a sus perros. Se enoja, insulta, aúlla. Lentamente las va trayendo y las introduce en el esquiladero. Allá vamos nuevamente. Dos carneadores se encargan de la faena. Rápida, precisa. Silenciosa. Degüellan y quiebran la cerviz. Desangran y después carnean.

En 10 minutos acaba la faena. Salimos con Clifton, subimos a una pequeña colina a espalda de las casas. Se domina todo el alrededor. [15] Allí Clifton se abre a los recuerdos. Y los Onas y los Tehuelches, y Puerto Natales y Punta Arenas, y los Menéndez, el inglés Barnel y el inglés Dicks y el inglés... Y todos nosotros alrededor de él. Sobre la colina. Y Godo dice desde ahora Clifton Hill. Y poco a poco descendemos. Y nos vamos acercando a las casas. Y almorzamos. Y después de almuerzo se prepara el camión, el pequeño tractor para ir a sacar el auto. Y Edy propone un acto de despedida antes de subirnos al camión. En la puerta del garaje, Edy dice unas palabras y al comenzar, todos los que estamos cubiertos, incluso Clifton, se descubren y se hace un hueco a la emoción del rito. Y Boulting en inglés (mucho había hablado antes con él y el hijo). [16]

También unas palabras de Alberto y Godo, y Clifton agradece. Subimos al camión y nos vamos. Sacamos el auto, y nos vamos. Para mayor seguridad mandamos el auto vacío por la huella de la estancia hasta la ruta y otra vez uno detrás del otro a campo traviesa. [17] A las 5 de la tarde estamos en Río Gallegos. Vamos a ver al Cónsul. El acto es a las 9.30 de la noche, el saludo al Gobernador a las 7. Allá vamos. Este se demora en recibirnos. Nos repartimos. Jorge, el Cónsul y yo vamos a ver al propietario de la radio y diario de Río Gallegos. Queda concretada una entrevista radial para mañana 11 a las 11 de la mañana. Vamos a la Casa de la Cultura, pero los dirigentes se han ido, siempre con el Cónsul nos vamos al Consulado a esperar a los demás. Allí estaba Edy y Boulting que yendo al correo se habían perdido y habían acertado a llegar al correo. Nos juntamos después con los que estaban con el Gobernador en la casa de Dilucio. Algunos se afeitan y se cambian un poco para el acto. Allí se producen las primeras conversaciones y opiniones a propósito de estos actos. [18] Edy, Boulting y Fédier en forma más ostensible no les gusta. Michel creo que en el fondo tampoco pero se evidencia menos. Partimos todos. No hubo tiempo de ir a ver la sala antes y de hacer algún arreglo. Poca gente. Se acuerda esperar una media hora más. Edy, Michel, Fédier no disimulan cierta intranquilidad con la espera y prolongación de la situación. Llegan un padre Rosso, músico y un matrimonio, el marido ex juez. Hay otras personas. Comienza Edy cantando poéticamente la generación de la Phalène. al promediar su decir, afirma que la poesía francesa no tiene raíces como otras, por ejemplo, la italiana o inglesa. Boulting continúa, dice lo que fue la Phalène en Inglaterra y esta Amereida. El árbol y su verdad, la vieja casa y su verdad. Continúa Fédier, como filósofo, la verdad es otra para él que la verdad poética. Habló de las diferencias que él sentía entre la Phalène y la Amereida. La Amereida como penetración en las entrañas de la tierra presente. Es otra cosa que la Phalène, pero él no lo sabe explicar. Y que tiene que terminar en un libro. (La palabra dicha - la palabra escrita aquí se me escapa el concepto de Fédier).

Continúa Alberto en una corta exhortación. Y luego Fabio, menciona las palabras “programas arquitectónicos” y quiere o piensa situarse en las “nuevas palabras” que sean nuevos programas y éstos los dicen los poetas. Michel desde su asiento y con cierto tono desafiante quiere hacer dos interrogaciones. Una a Edy con respecto a la poesía francesa que no tiene raíces. Y otra a Fédier en cuanto a que el libro está muerto y lo que aparece como contradictorio. Amereida - Libro. Se produce cierto dramatismo desnudo.

Godo termina recogiendo y explicando en el clima del borde abierto que tomó el acto por el giro que la interrogación de Michel trajo al acto. el tema y argumento es el mismo del acto de Punta Arenas y Sombrero, el tono y la hilación la traen las circunstancias presentes. Introduce el tema de Lautréamont. Rimbaud y trae a recuerdo la lectura de las Florecillas de S. Francisco el otro día entre Punta Arenas y Espora. La desnudez. No conferencia. [19]

11 de Agosto.

Desayunamos. [20] Godo, Michel, Edy, Boulting, Jorge van a la audición radial. Esta es a las 11. Fabio y yo nos dedicamos a llevar el auto al garaje. A mediodía nos juntamos en el hotel Comercio. El Cónsul chileno nos ofrece un almuerzo. En la tarde nos vamos a Aerolíneas a despedir a Michel. Pero por el mal tiempo el avión no parte. El rato que esperamos, Alberto comienza a hacer un libro de despedida para Michel. Intervenimos todos.

Página tras página, se va pintando y escribiendo. La gente que espera el avión nos rodea y mira lo que hacemos. A las 5 nos reunimos con el Consejo Agrario de la Provincia. Nos dan algunos datos. Pero el clima es burocrático y politizado. En la noche vamos a comer a un Restaurant del puerto. Durante la comida se inicia una conversación entre Godo, Edy, Michel, Fédier y Boulting. Godo le pregunta a Edy, a propósito de lo que Edy había dicho en el acto, que no comprendía bien lo que Edy entendía por Tradición. La conversación deriva hacia lo que son las fuentes de origen. Grecia a través de los latinos. Fédier sostiene de que si bien es cierto que la tradición latina es la que permite conocer los griegos, una vez conocidos es preferible quedarse con el origen. La cuestión se plantea allí. Si es a través de los latinos ¿éstos son simples instrumentos de peaje? ¿O no será una obstrucción decir que se conoce el origen a través de algunos que lo conservaron y se queda con el origen borrando de una plumada el puente? ¿Pero es que acaso los latinos fueron meros puentes? Y si no lo fueron, ver el origen a través de ellos, es verlo como latinos aún hoy y para nosotros.

Pero más allá de los conceptos mismos de la conversación, toda ella tenía un aire más bello que la dilucidación de tal o cual punto. Tenía el aire del saludo al poeta que partía. Y es noche a través de ella, todos saludamos a Michel.

12 de Agosto.

A las 4 de la tarde aproximadamente vemos un molino cerca de la ruta. Detenemos el auto. Nos dirigimos a él. La pampa es esa región negra. Molino con abrevadero. Nadie en la cercanía. Alberto con piedras, ayudado por Jorge escribe en el suelo AMEREIDA 1965. Fabio con un trozo quebrado del abrevadero, lo erige y con piedras hace una estela. Túmulo. Yo me encaramo al molino y le coloco unas ramas secas y Godo me alcanza unas ramitas con una florecilla o pasto amarillo. Con un alambre del lugar hago un signo y lo coloco en el caño de agua que va del molino al estanque. Fédier saca fotos. Edy dice palabras sobre el lugar. El cielo nublado y la luz detenida en el atardece. [21] Seguimos viaje. Llegamos a Estación Marchand. Cargamos bencina.

140 Km. Un boliche con alojamiento para camioneros o viajeros en dificultades. Típico almacén en la que hay de todo un poco. Seguimos viaje. Fabio al volante. El camino empeora. Se hace huella. Estricta huella en la que salirse de ella equivale quedarse pegado, pero no se sabe cuántas horas o días. El terreno es plano pero de tanto en tanto se producen mesetas, lo que equivale a subidas, curvas y descensos lo que aumenta lo difícil de conducir. La próxima estación se llama Piedrabuena. La tensión que produce las dificultades del camino se nos comunica a todos dentro del auto. Los datos de la gente, camioneros, es que es prácticamente imposible pasar por tres o cuatro puntos. En la noche tipo 11 llegamos a Piedrabuena. A la entrada misma del Caserío el camino ha sido invadido por un gran charco de agua, de regular profundidad. Unos camiones detenidos antes del charco. Conversamos con un camionero y nos dice que con nuestro auto podemos pasar. Otros lo han hecho más temprano. Hay que colocarse sobre la huella y dirigir directamente hacia las huellas que se ven a otro lado de la lagunita. No hacerlo así equivale a irse a la banquina fangosa.

Se bajan todos. La cruzan a pie, se mojan, zapatos, pies, botas, medias. Fabio en el primer intento se asusta un tanto al entrar en la laguna por la profundidad de la misma, retrocede y el auto se desliza un poco, no mucho a la banquina, pero lo suficiente como para quedarse pegado. El estado del barro es el mismo de una espesa sopa de greda. Empujamos, los camioneros nos dan indicaciones. Los charcos continuos de agua hace que las bujías estén constantemente mojadas y el motor pierda potencia, en ese momento se produce un circuito en el sistema eléctrico y se corta la correa del ventilador. Se arreglan los desperfectos y se cruz. En la casa-boliche, se secan las medias, los zapatos y las botas. La realidad del camino va imponiendo su tiempo. A la salida de Río Gallegos se había programado llegar en la noche a San Julián. Pero ya son las 12 de la noche y San Julián está aún más lejos. Se decide continuar. Luego de andar unos kilómetros nos detenemos y hacemos de comer dentro del auto mismo. Se continúa un poco más y nos detenemos a dormir. Lo hacemos dentro del auto.

13 de Agosto.

A las 8 de la mañana seguimos viaje. A las 10 estamos en San Julián. Vamos a un bar. Tomamos café con leche. Nos aseamos un poco. El agente Chevrolet estaba cerrado, no se pudo comprar la correa de repuesto. Godo y Jorge van a hablar con unos Salecianos. San Julián un pueblo-ciudad con más cantidad de postes de luz que casas. Seguimos viaje. Nuestro propósito es llegar a Jaramillo para allí desviarnos de la ruta e internarnos en busca del bosque petrificado. De San Julián a Jaramillo hay aproximadamente 270 Km. a un promedio de 40 Km. por hora, de 7 horas de viaje, si es que no pasa nada. La idea es pernoctar en Jaramillo y muy temprano mañana partir al bosque y acampar dos días allí.

Nos informan que hay un lugar difícil, el Bajo del Río Seco. En que el cauce del agua ha inundado el camino. Llegamos al lugar. Hemos aprendido algunas cosas. Ante una situación difícil se detiene el auto y bajamos a inspeccionar el terreno para ver la mejor forma de pasar. Al llegar al Bajo, un pequeño auto con dos personas está en apuro. Aquí el agua llega casi a la rodilla. Todos se sacan las botas, medias, se levantan los pantalones y empujan el auto. Como se le mojó el motor es con la pura fuerza del empuje que hay que sacarlo del primer cauce. Se logra. Y queda pagada la deuda con el Sr. Fernández que nos ayudó durante 4 horas en el camino entre Punta Arenas y Puerto Natales. La camioneta pasa bien los tres vados. Continuamos. Hay que llegar a la Estación Florida Negra. Ya es de noche. Muchos caminos detenidos en el camino. Unos por decisión del camionero y otros embarrancados. 3 Km. antes de Florida Negra, está la Picada del Quemado, una pequeña cuesta, en que la huella está deshecha por el huellón que producen los camiones pesados. Difícil, en la noche acertar en el entrever de huellas con la verdadera. Nos quedamos pegados. El barro es impresionante. Es un pegalotodo.

Comienza la tarea de sacar el auto. Los nervios, el cansancio y la desesperación comienza a cundir. Son dos horas duras. Muy duras. Fédier logra saca marcha atrás el auto. [22] Un rato pasan los dos señores que habíamos dejado atrás. Pasan a pie, han dejado su auto al pie de la subida. Han roto el embrague y no pueden subir ese caos. Vienen acompañados por un camionero que también tiene su camión empantanado. Nos dicen que Florida Negra está a 3 Km., van a pie a pasar la noche allí.

Nosotros llegamos en auto. Se ha producido entre nosotros una muy alta tensión. Godo se aparta. Hay que tomara una decisión. Todos están de acuerdo en avanzar. Pero quiere la mayoría comer un plato de sopa caliente allí mismo. En medio de los cabildeos, Jorge a propósito de cualquier cosa explota en un arranque de rabia contra Edy y se produce un momento difícil. [23] Comemos la sopa y nos vamos. Fabio y Fédier que le perdió el miedo al barro, se han puesto de acuerdo en conducir durante 30 a 40 Km. cada uno durante la noche y si los dos caen rendidos nos detenemos en el camino como ayer noche.

Alberto con Fédier, primero, ante cualquier obstáculo grave se bajan del auto y exploran el trecho. Después yo suplanto a Alberto. Los demás duermen cuando la dureza del camino lo permite. En un momento dado sólo Fabio y yo quedamos despiertos. Llenamos el estanque con bencina de los bidones suplementarios, revisamos las cadenas. Lavamos de tanto en tanto los focos del auto y el parabrisas. Y así continuamos.

A las 4,30 de la mañana llegamos a un cañadón. Allí nos quedamos en pana de neumático. Comenzamos a cambiarlo. Se bajan todos. Es la primera vez que pisamos tierra sin barro, el lugar es bello y está despejado. Frío y luna. El camino apretado entre cerros. Godo se sube a uno de ellos y dice una profecía sobre la Patagonia. “Sirio”, la estrella, brillaba intensamente. Godo me pide que haga algo. Una pletina de aluminio, la entierro y le coloco piedras para afirmarla lo más posible, le hago unos quiebres y el viento comienza a mecerla. Continuamos.

14 de Agosto.

Godo dice lo que él ha visto en la profecía y que explicará en Comodoro Rivadavia, anula la nostalgia del pasado aún para la Patagonia. Por mayoría se decide continuar hacia Comodoro. En un momento dado la ruta se hace pavimentada. El paisaje es con grandes mesetas y colinas de formas geométricas. De pronto, una gran bahía y se divisa el Atlántico. Jorge pide que nos detengamos. Sobre un montículo Alberto, Jorge y Fédier levantan un árbol y lo pintan. Fédier pinta unas piedras. Yo con una plancha de bronce y un hacha hago un signo. Lo coloco sobre un poste de alambrado al otro lado de la ruta y frente al árbol pintado. Godo escribe unas piedras. Edy y Boulting se suben al cerro alto que está frente donde estamos nosotros y desde allí saludan al mar.

Terminado el árbol y la plancha, saludo al mar, Godo nos invita a jugar con piedras que ha escrito. El juego consiste en formular una pregunta, decirla, escoger dos piedras grandes y una chica, arrojarlas al pavimento y leerlas en el orden de proximidad con respecto al jugador. Se anotan las preguntas y las respuestas que van dando las piedras. [24] Se las coloca junto al árbol. Fédier saca fotos. Nos vamos. Llegamos a Comodoro.

Vamos a un hotel a bañarnos y dormir.

15 de Agosto.

Domingo. Jorge pinta todo el día en su cuaderno. Yo pongo al día el diario. Godo escribe en su pieza. Alberto también. Edy y Boulting también escriben, en el bar del hotel. Fabio va a ver un taller mecánico para el auto. A las 5 de la tarde vendrá el Cónsul chileno. Conversamos con él. Más distante que el de Río Gallegos. En la tarde vamos a andar. Se hace noche. En una pequeña escalinata de la rambla; hablamos de la profecía. La absoluta modernidad de la Patagonia. La conversación prosigue en un restaurante a orillas del mar. Lentamente volvemos al hotel. La fundación de un meridiano en medio de Chubut entrada a la Patagonia. Todos queremos eso. [25]

16 de Agosto.

El auto es llevado a reparar. Se va a ver al Cónsul para conseguir una entrevista con el Gobernador de Chubut y para cambiar dinero. A mediodía nos recibe el Gobernador. Godo habla. Nos ofrecen la televisión. En la tarde se compran materiales para la fundación y vamos al diario El Chubut para ser entrevistados. Luego a la TV para arreglar el programa de mañana. Comemos y vamos a dormir.

17 de Agosto.

Es feriado. Se aprovecha para escribir, dibujar. Se prepara el programa de TV. Va a hablar Alberto, Fédier, y Edy. Se acuerda no ser “entrevistado”. Godo, Fabio, Jorge y yo vemos la TV. en el hotel. Las preguntas del programador son respondidas sin apartarse una línea de lo que cada uno se había propuesto. En ese sentido el programa aparece como “disparatado”. Tardan en volver al hotel. Llegan como a las 9 y media. Cuentan que terminado el programa los invitan a pasar a hablar con los directores de la TV. Y allí pasa lo extraordinario. Según Alberto primero creyó que lo iban a “retar” por el programa estrambótico. A poco de conversar esa gente se abre y como son todos del lugar, de la zona, se arma una verdadera conversación. Lo mismo nos sucedió con el periodista del Chubut. Al comenzar la entrevista se desarrolló en la forma banal y habitual de esas entrevistas, poco a poco, el hombre comienza a ser tocado por lo que se le va diciendo y en un momento dado pregunta ¿Pero quién son Uds.? Claro, desaparece el rostro oficioso de comisión cultural y aparece otra cosa. [26]

18 de Agosto.

Partimos de Comodoro Rivadavia. [27] Boulting conoce a un joven inglés por intermedio del inglés que nos cambió dinero por recomendación del Cónsul. La noche del 17 de Agosto nos viene a ver al hotel. Conversamos con ellos. Uno de ellos dice que es poeta. Trabajan en el Banco de Londres. Nos preguntan cómo hacemos para comunicarnos con la gente. El poeta dice que él es un poco escéptico puesto que quien puede valorar cosas tan íntimas. Nos ponemos de acuerdo para antes de partir ir al pequeño cementerio en una pequeña bahía. [28]

Jorge ya había estado en esos pasajes tomando apuntes. A la vuelta de ese acto pasamos por la Universidad de la Patagonia, y Godo con Alberto dejaron establecidos contactos interuniversitarios.

Esta mañana en viaje a Trellew, hacemos el alto en el cementerio. Allí están los tres jóvenes. Entramos y un hombre está limpiando unas tumbas. Se llama Castanell. Nació en Comodoro, ahora vive en otro lugar, jubilado, pero de tanto en tanto viene a Comodoro a cuidar la tumba de sus padres. Hace recuerdos y anécdotas. Después de conversar con él, salimos y Boulting sobre un pequeño promontorio, se pone la máscara por primera vez y dice un poema. Edy le sigue y pronuncia varias frases. Nos despedimos y seguimos.

Ahora el camino es bueno y viajamos más rápido. Se nos pincha un neumático, se cambia, se prosigue. En un puesto de bencina se carga el estanque y vemos que otro neumático se desinfla. Se cambia. Se prosigue. A 150 Km. de Trellew, en la tarde, conduciendo Fédier explota un neumático trasero. El auto se bambolea peligrosamente durante 150 ó 200 mt. sin control y va a dar a la banquina. Afortunadamente no volcamos. Son las 5 de la tarde. Rápidamente se decide la situación. Fabio es llevado por un diputado provincial hasta Trellew, para comprar un neumático nuevo y traerlo de vuelta. Nosotros acampamos al lado del camino. Se arman las carpas por primera vez. Se cocina. Godo y Alberto van hasta un puesto vecino a 4 Km. a pie en la noche a comprar algunas provisiones.

Vuelven traídos por un camionero. [29] Comemos y nos vamos a dormir. Existe la posibilidad de que Fabio haya alcanzado una micro que parte a las 9 de la noche de Trellew hacia Comodoro. A las 12 de la noche estaría con el neumático aquí. Efectivamente así sucedió.

19 de Agosto.

Repuesto el neumático proseguimos hasta Trellew. Llegamos a mediodía. Hay que esperar hasta las 2 de la tarde. Hay que hacer algunas reparaciones al auto a raíz del bamboleo de ayer. Compra neumáticos y otros implementos. Comprar materiales para la fundación en el Bajo de Santa Rosa. Hablar por teléfono a Buenos Aires para avisarle a Tronquoy donde vamos a estar durante los 4 días siguientes y subsiguientes. Comprar alimentación, etc. Partimos después de comer en un restaurant. Godo conversa en la tarde con un emigrante italiano, dueño del café de la plaza. La gente de Trellew nos rodea, por el aspecto nuestro y del automóvil. Somos un poco “espectáculo”. Viajamos durante toda la noche. [30]

Al llegar a Valcheta tenemos que dormir en el auto a la espera que abra la bomba de bencina. Cargamos bencina, desayunamos en el hotel y pedimos datos para llegar al Bajo de Sta. Rosa. Proseguimos por el camino hasta llegar a una huella de carreta hacia el Bajo de Santa Rosa, centro de la pampa y el otro extremo de Espora.

La zona es levemente montañosa y desolada. Vamos atravesando algunos puestos. En uno de ellos el capataz nos invita a pasar a las casas y tomar unos mates. Se conversa con él. Aparecen durante la conversación el tema del puma. Hay en la zona muchas ovejas, proseguimos, nos van indicando en forma no muy precisa, porque en realidad toda la zona se llama Santa Rosa y nosotros no sabemos preguntar por un muy determinado lugar. Pero de todos modos seguimos avanzando. En el último puesto nos dicen, el camino de la izquierda va al caserío de Santa Rosa, el de la derecha a Choele -Choel. Vamos por el de la izquierda. Efectivamente unas tres leguas más abajo aparece un rancherío. Polvoriento y desolado. Detenemos el auto en la primera casa. Conversamos con una india. Nos da algunos datos. El pueblo que se veía desde lo alto es el de Trapalcó, que da nombre a todo el lugar. [31] Pero no está tan cerca como la vista lo ve. Vamos a ciegas, a campo traviesa. Fédier dice: “allí”. Obedecemos y acampamos. [32]

20-21-22-23-24 de Agosto.

Alberto pide ayuda a Jorge y Edy para cavar cuatro pozos orientados N.S.E.O. y comienza a buscar piedras de cuatro colores. Blancas, negras, verdes y rojizas. En cada pozo va colocando piedras de un color. [33] Yo saco varias pletinas. Y le pregunto a Alberto dónde se colocará la “Atenea Partenos”. Pienso hacer una escultura. Almorzamos. Godo en la mañana escribe dentro del auto. Boulting anda por la pampa y escribe. Edy ayuda a Alberto. En la tarde se prosiguen las mismas tareas. Jorge dentro de la carpa hace pintura. Luego va con Fédier a buscar agua al pueblo. Yo coloco y termino la escultura. A la vuelta del auto, sobre una loma, a lo lejos, ellos divisan la escultura y detienen el coche, desde el techo le sacan fotos. Llegan. Jorge se adelanta, trae malas noticias. La gente no se abre. Trajeron un poco de agua y nada más. Pero todo era una broma. Trajeron bastante agua y además comprometieron a la gente del lugar para que al otro día nos trajeran más agua. Se encontraron en el caserío con dos comerciantes del lugar; que con un camión habían ido a comprarle ganado a la gente del caserío. Allí conversaron también con la “abuela” Vera. Es la jefa del clan. Le explica qué estamos haciendo. Ellos tienen un problema de tierras. Hasta llegar al Bajo Santa Rosa los campos están alambrados. Allí no. Ellos creen, que podemos ser gente que distribuye tierras. Este punto no se va a aclarar bien nunca. Pero sin embargo, vuelven con carne, agua, pan. Hay un momento de euforia. Todo esto misteriosamente nos dice que ese es el lugar. [34] Esa noche comemos asado. Y después del asado, gran fogata y conversación. El día transcurrido, a pesar de las cosas que se han hecho, deja cierto vacío e incertidumbre. Se recuerda lo conversado en Comodoro en cuanto la fundación. Lo que Alberto había hablado de los “catunes” aztecas. [35] Lo que Fabio había hablado del meridiano de Greenwich, se hace un recuento de lo que se va a hacer. Lo que se va a hacer no tiene que formar “rincón”. La pampa es sin “rincón”. Se le pregunta a Alberto dónde se ubican los signos. Alberto dice “aquí” y sale corriendo por el camino. Aparece entonces el no rincón. Y a lo largo del camino se coloca la “estela” con los nombres de los pobladores del Bajo Santa Rosa. La “mesa” que haremos de concreto, donde al otro día se comerá el asado. La escultura en la explanada. El hito con las cuatro inscripciones en bronce. Y el bloque de cemento que guarda el plano de la profecía y que con sus cuatro pletinas señalan la Cruz del Sur, con el hoyo para sentarse y mirarla en la noche. A ocho pasos al norte de la escultura se entierran los poemas escritos en el lugar. Godo ha hecho un viaje hasta las casas y ha conversado con la Vieja. Se ha dispuesto un asado. Regalarán un corderito. Van a venir seis hombres. Ninguna mujer. Hay que ir a buscarlos y llevarlos. Llegan a las 11 de la mañana de 24.

Nosotros habíamos desarmado las carpas. Aseado el lugar. Llegan, van a ver las cosas. El asador rápidamente hace el asado. Regalaron también una gallina y seis huevos. Alberto les pide los nombres, los escribe en la estela. Antes que llegaran se había cerrado el cubo de cemento con la profecía y el plano y también se habían enterrado los poemas. Se almuerza sin mucha conversación. [36] Todo se hace prestamente y prestamente todo acaba. Se los va a dejar.

Vuelve el auto. Cargamos y nos vamos. La senda tortuosa y no sin cierta angustia. No hay ningún letrero. Sólo dos puestos. Se hace la noche, llegamos a la usina sobre el Río Negro. Se acaba la senda comienza el camino. A las nueve llegamos a Choele-Choel. Preguntamos por un hotel con baño. Vamos allá. Lleno de gente comiendo. El aspecto nuestro es bastante impresionante. Barbudos y llenos de tierra. Pedimos alojamiento, una mujer atiende. Tiene un algo de las mujeres de las películas del oeste. Jorge le dice que no se asuste por nuestro aspecto, Godo que no nos podía dejar sin baño. Ella dice que nos puede dar comida y que va a hablar con el dueño por el alojamiento. Viene éste. Nos dan alojamiento. Nos lavamos un poco. Bajamos a comer. En la mitad de la comida se abre la puerta, llega Tronquoy desde París. Esta era la cita. [37] Abrazos. Alegría.

25 de Agosto.

Al cruzar el puente del Río Colorado; Alberto pide detener el auto en medio de él. Descendemos y dice que así como hubo palabras para la Patagonia que allí terminaba, que hubiera palabras para lo que iba a venir. Los poetas exponen al azar la disponibilidad a las múltiples formas que sobrevendrán, así como el agua se amolda a tantos y tantos...

Noche cerrada. Casi la madrugada. No damos con el poblado. Una cosa son los mapas y las administraciones y otra la realidad. Nos perdemos. Volvemos atrás...

Llegamos al puesto de Puelches entramos a tomar un café en el almacén. Un lugareño dicharachero no deja de hablar, haciendo continuas bromas. En el mapa Puelches aparece señalado como un pueblo grande. A la llegada en la noche no había nada. Sólo el almacén. Edificio grande. El dicharachero se llama Bulcarce, y hay otro, el mecánico del pueblo. Poco a poco se dejan las bromas y se comienza a hablar del lugar. El río que no desemboca en ninguna parte está ahí, a pocos pasos. El río Salado. Pero hace pocos años que no tiene una gota de agua. Además no llueve. Sequía completa. No hay napas de agua dulce. Toda es salada. Y va apareciendo así el problema del lugar. La mayoría quiere seguir viaje. Godo excita. No nos pueden dar alojamiento porque el hotel está casi completo. 30 Km. más adelante hay un motel del ACA. Allá vamos y prometemos volver al día siguiente para hablar con la gente y los maestros del pueblo. Dormimos en el motel.

26 de Agosto.

Llegamos a las 10 de la mañana a Puelches. Ahora de día es posible ver el destartalamiento general de esto que llaman pueblo. La Directora de la Escuela es la mujer del dueño del almacén-hotel. Hay 2 maestras más jóvenes. Nos presentan. Con ellas vamos a visitar el poblado. La Escuela funciona en un local absolutamente ruinoso. Le habían construido otra nueva que se vino abajo sola y tenían una prefabricada que no la habían inaugurado esperando la bandera que mandaron a comprar a Buenos Aires. Es la sensación más extraña: por ejemplo, hay destacamento policial, juzgado de paz y Registro Civil, Correo, Campo de aviación, Estación meteorológica, teléfono público y no hay pueblo. 270 habitantes, antes había agua y eran 700. Había una laguna grande con pejerreyes y embarcaciones. Al hacer el dique del Nihuil en Mendoza, se acabó el agua.

Después de ver todo esto, nos reunimos en el mismo almacén. Se dispone lo que se va a hacer.

1° Proyecto de plazoleta.
2° Dos Esculturas.
3° Una pintura mural.
4° Un teatro de títeres, con sus títeres.
5° Se pinta el proyecto de las plazoletas y la historia del pueblo en un muro de la Escuela.
6° Fábula de Godo.
7° Obra de teatro.
8° Improvisación poética.
9° Dos placas con inscripciones de Boulting sobre el puente referente al río.

Nos instalamos en el pueblo, nos dan una casa desocupada. Allí dormimos, comemos en el almacén. Se deciden a inaugurar la Escuela prefabricada el 28 de Agosto. Hacemos todas las obras.

28 de Agosto.

A mediodía se acaban los trabajos.

En la tarde serán todos los actos.

A las 4 de la tarde la inauguración de la Escuela.

1° Himno a la bandera cantan los alumnos
Himno Nacional cantan los alumnos
Discurso de la Directora: mujer del dueño del almacén. Tómas.
Discurso de inauguración de una aula dedicada a Belgrano, por una profesora.
Discurso de inauguración de una aula dedicada a San Martín por una profesora.
Segundo discurso de la Directora en que se nos nombra protectores de la Escuela de Puelches.
Fábula de Puelches: Godo les habla a los niños.

2° Van todos al puente, Boulting lee dos poemas suyos grabados en planchas por Claudio y Tronquoy y colocados en los extremos del puente.

3° Teatro de títeres en el bar comedor del hotel. “El tiempo del Pájaro” de Edy, fue interpretado por Godo, Tronquoy y una profesora (Altamirano).
Despedida de los niños a nosotros. Ronda. Niños profesoras. Nosotros. Boulting se pone máscara.

4° Acto en que hablamos en el siguiente orden:
Fabio - Godo - Alberto - Edy.
Godo le entrega a la directora de la Escuela el manuscrito “La Fábula de Puelches” con dibujo de Alberto.

Edy le entrega a las dos profesoras una lámina con su poema (Oda a Sarmiento).

Nos invitan a comer a la cocina. Corderos. Vino.

Después hacemos sobremesa, sentados, en el comedor. Requiebros entre Balcarcel y la maestra.

Balcarcel cuenta en broma su vida política. La palabra comienza a ser ambigua.

Godo le pregunta de dónde es. Es de Córdoba.

29 de Agosto.

La fiesta en Puelches se generaliza, la gratuidad lo transmuta todo. Pero partimos. Siempre es partir.

Entre 10.30 y 11 AM. nos detenemos en un salitral entre Puelches y General Acha. Avanzamos por el salitral y nos ponemos en el medio de él.

Godo hace “la mise en question” de la travesía, provocada por lo que sucedió en Puelches: La distancia y sus pulsos. La mirada que viene de un cierto amor y que provoca el ritmo. El ritmo provoca el cálculo inmediato para la travesía misma. Puelches fue un colmo de Phalène pero nosotros no obedecimos a nuestro cálculo. Ellos tenían sus muertos, San Martín y Belgrano.

Lo que hicimos fue un mero canto a lo existente –porque sólo sabemos cantar– y no un despliegue del cálculo. Dijo que renunciaba a continuar su poema sobre la Patagonia. [38] La noche antes se había hablado de ir a Buenos Aires pero ahora nuestro fracaso ante una situación compleja como la de Puelches nos indica que debemos reducirnos a nuestros límites. Propone que se siga por el desierto. Nosotros dijimos a los de Puelches que debían quedarse, cuando tal vez deberían irse. Y ahora aparece la verdadera palabra: “irrisorio”. [39]

A las 12 a.m. en General Acha. A Jorge le había comenzado, dos días atrás, un fuerte dolor de muela. Buscamos a la dentista Pibotto, recomendada por los Tómas, en Puelches. La dentista no hace ninguna intervención; diagnostica que es la muela de juicio; receta antibiótico. Jorge adelanta su regreso, que había pensado a la altura de San Luis, modificamos nuestro rumbo –que era el de ir por Victoria– y partimos hacia Santa Rosa de Toay, donde hay autobuses para Buenos Aires, uno a las 6,30 y otro a las 8 p.m.

Hacia la 1 p.m., almuerzo en Ataliva en la plaza, con unos árboles enormes.

Godo pidió que habláramos sobre lo que él había dicho.

Nos pusimos en círculo, en torno a unos sandwiches en el suelo, tomando vino y coca-cola. Edy lee un texto sobre el abismo y sus bordes. Godo dice que es una respuesta precipitada y que él nos habló para que nos compenetráramos de su interrogación. Entonces, de detrás de un arbusto surgió un hombre, un hombre como acabado, que nos preguntó si éramos cazadores. Nosotros respondimos que no éramos cazadores y que veníamos desde el Sur, sin hablarle directamente de Amereida.

El nos habló del pueblo: había 2 grandes terratenientes, Roca y Maura, que venían de Buenos Aires, con vida internacional. Las propiedades se habían ido subdividiendo. Las casas ya no tenían su esplendor con piscinas, faisanes. Pero la zona conservaba un cierto aire de cazadores. [40] Antes de seguir viaje, Fédier, en privado, le dice a Godo que se va con Jorge. Godo nos lo dice a nosotros.

Llegamos a Santa Rosa de Toay entre 2,30 y 3 p.m. Fuimos a ver la moderna casa de gobierno, hecha por un arquitecto y pintor de Buenos Aires, nos quedamos largo rato en los jardines: ante el edificio, que era “nostálgico”, pero como era grande permitía la magnitud en la pampa.

Vamos a un café: volvemos a hablar de una fidelidad al desierto, sin pasar por Buenos Aires. Un policía pide los documentos a Boulting. Godo va a buscarlos al auto, lejos. Un momento de angustia. Vuelve Godo, le muestra los papeles y explica quienes somos. El policía no hace cuestión. Nos planteamos el problema de la pinta e indumentaria y de las dificultades que pueden surgir de aquí en adelante a causa de ello. [41]

A las 5 p.m. nos despedimos de Jorge y Fédier y partimos hacia Realicó, donde comimos y alojamos.

30 de Agosto.

Entre 8 y 8,30 a.m., durante el desayuno, decidimos el rumbo hasta Bolivia por San Luis. Nos reabastecimos de víveres y se cargó el auto. Partimos de Realicó y llegamos a Huinca Renancó donde nos detuvimos en un Garaje.

Se preguntan datos del camino y se compra parafina.

Salimos del pueblo y del camino pavimentado. Nos habían indicado seguir el camino que va paralelo a la vía del tren a uno y a otro lado a causa de la división de los campos.

Constantemente, en cada esquina, el camino tiende a confundírsenos con los caminos de estancia. Los postes telegráficos eran nuestra guía ya que no había señalización.

Un ñandú nos acompaña un trecho, corriendo a nuestro lado, junto al alambrado.

En una pequeña vega, a la derecha del camino, encontramos dos esqueletos de caballos (?). Sacamos fotos. Los esqueletos estaban en extrañas posiciones que patentizaban la soledad, la aridez, la pampa. [42]

Almorzamos en Buena Esperanza.[43]

Un niño antes de entrar al hotel nos pregunta si somos cazadores. Respondemos que no, y le preguntamos si era zona de caza. Nos responde que sí: en la zona existen jabalíes.

En el comedor hay cuadros con motivos de cacería.

Antes de partir cargamos bencina (la bomba era manual). Al bencinero le preguntamos sobre el camino. Conoce sólo hasta Nahuel-Mapá. Hay mucha arena. No puede asegurarnos nada el estado de la “travesía”.

Continuamos viaje. El camino se hace muy arenoso y tiene pequeñas ondulaciones. La soledad ya se hacía pesada, pese a ir siempre junto a la línea del tren.

Tronquoy, buscando una huella más suave, se sale de la huella principal, suavemente nos vamos quedando pegados. Es nuestra primera atascadura en la arena desde la iniciación del viaje.

En Batavia, ante la confusión del trazado del camino nos detenemos a preguntar a unos ferroviarios, que descansaban junto a una puerta de su alojamiento, por la salida del caserío y el estado del camino. Discuten y chacean entre ellos y finalmente sacamos la conclusión de que sabían que era posible continuar hasta dos estaciones más allá.

Alguien de nosotros con el fin de cambiarse de lugar con el que iba en el asiento trasero, abre la puerta posterior. Tal vez porque se ven algunas herramientas y maderas, uno de los obreros nos pregunta si somos albañiles. [44]

Proseguimos, y al llegar a la estación de Coronel Segovia preguntamos una vez más por el estado del camino.

Junto al alambrado que cerraba la estación, había un hombre, un caballo y un niño. Nos dicen que se puede llegar hasta Nahuel-Mapá, pero que, inmediatamente a la salida, en el recodo que cruz la línea, hay un banco de arena muy difícil.

Antes de cruzarlo, todos se bajan, sólo queda Fabio en el volante. A pesar de todo, a los 15 metros, el auto queda atascado. El niño viene corriendo y ofrece caballos para sacarlo. Todos comenzamos a empujar.

En cada envión ganamos un par de metros. Al cabo de diez minutos logramos salir.

Son aproximadamente las 5 de la tarde. Caminamos recto hacia el oeste.

El sol nos da en los ojos.

A la izquierda despliega hasta donde alcanza la vista una pampa negra. Fabio piensa que es un campo arado, después cree que es una nueva vegetación. Por último se descubre que el campo está quemado. ¿Por qué?

¿Para qué? [45]

A las 6 llegamos finalmente a Nahuel-Mapá.

La estación y tres o cuatro casas, junto a la cerca de la casa más próxima dos mujeres. Nos bajamos para preguntar datos y en busca de bencina. Las mujeres no responden al saludo y se retiran. Aparece desde la casa un hombre que se nos acerca. Trata de conseguirnos bencina con un vecino pero no la obtiene. Nos indica que la travesía Puntana se desarrolla casi entera a través de los campos de la estancia “EL RECUERDO”, a 3 leguas del punto donde estamos, por la huella de la derecha, se llega a la casa de la Estancia.

Allí hay que preguntar cuál de las 2 huellas está transitable para llegar a Cerro Varela, poblado en el extremo norte de la travesía y fin de la misma. Para tomar la huella que va a la estancia hay que subir a un banco de arena.

Fabio al volante y todos fuera del auto.

Este toma vuelo y sube al montículo.

Un poco más allá la huella por donde andamos se bifurca. Una mujer nos dice que siempre es la de la derecha.

Ya en el camino firme un perro duerme en medio de él. Boulting que está sentado al lado de Fabio, gesticula y grita en inglés y finalmente trata de dar vuelta el volante. La sola idea de que el perro pudiera ser atropellado lo ha trastornado.

El estupor nos causa cierta indignación y quien más y quien menos trata de explicarle a Boulting que en América los perros se salen del camino. Godo, alterado, cita incluso tres casos similares fatales –que no detalla. [46]

Es la puesta del sol. El cielo está totalmente despejado. La pampa se abre sin límites (asemejándose de alguna manera a la de la Patagonia). El pasto es alto.

Hay grupos distantes y compactos de arbustos bajos como espinos. El camino es una huella, es mejor que el que nos había traído hasta Nahuel-Mapá.

Vemos aparecer una camioneta jeep enfrente, en el camino. Fabio se sale de la huella para dejarle paso. Godo propone hacerles parar para consultar por el estado del camino. Fabio no reacciona, el auto pasa sin detenerse ni saludarnos.

Llegamos al casco de la estancia, no sabemos por dónde se accede a la casa, un ovejero que arrea un piño, nos indica. Detenemos el auto junto a la cerca del jardín posterior al cual da el servicio. Un ñandú domesticado pasa trotando junto al auto. Preguntamos por el dueño o el administrador.

Nos responden que no están seguros de los dos.

Que justamente el dueño llega hoy de Buenos Aires y el administrador lo ha ido a buscar en la camioneta gris a Nahuel-Mapá, con la cual tenemos que habernos cruzado en el camino.

El tren llega a las 19,40 a Nahuel-Mapá y media hora más tarde hasta la Estancia. Todos entramos al auto a fin de tomar una decisión; quedamos de proseguir de inmediato.

Hubo tres opiniones: Fabio es partidario de quedarse a esperar la llegada del dueño para establecer una relación, ya que habíamos visto anteriormente, que a través de la gente, los lugares se abrían y esta vez con la particularidad de que el dueño era un hombre de Buenos Aires.

Claudio es de opinión de quedarse a pasar la noche ahí, porque considera que la travesía hay que “verla”.

Boulting: que apenas entiende el castellano, cree que la decisión tiene en su base el temor a hacer el camino de noche, por lo cual es partidario de continuar inmediatamente.

Alberto en general apoya a Fabio. Godo está dudoso. Decidimos finalmente esperar. Nos quedamos dentro del auto.

En tanto anochecía. [47]

En la casa se veía un intenso trajinar de la cocinera y un mozo-peón. Se ordena, se limpia, se encienden varias lámparas Petromax.

Entretanto Fabio va hacia la cocina y entabla una conversación con la cocinera y el peón. Queríamos sondear el ambiente, ver qué suelo pisábamos. Le dejamos entrever la posibilidad de pasar la noche ahí, para lo cual teníamos el equipo necesario. Se muestran corteses pero distantes. Ahí supimos que el dueño era el señor Coppa, industrial muy conocido en la Argentina, fabricante de ropa para obreros.

El mozo sale a buscar un trozo de carne hacia la bodega. Un poco para hacer hora y un poco en previsión, como para ganar tiempo, le preguntamos por las dos huellas posibles a Cerro Varela. El no sabe, pero nos dice que el que puede saberlo es el tractorista que vive ahí, junto al galpón grande.

Tronquoy y Fabio van a verlo. Cuando vuelven nos dicen saber tanto como antes de estar con él. Se trata del lenguaje de la gente de campo que a nosotros nos resulta ambiguo y casi incomprensible. Nos recomendaba una de las huellas pero a la frase siguiente también la otra. Etc.

Seguimos esperando en el auto. Es ya la hora en que debería llegar el auto desde la estación. Un ruido y unos faros, en el campo muy lejano a nuestra espalda, nos hacen creer que ya llegan.

Unos minutos más tarde, un resplandor, ahora al frente nuestro, nos indica que el auto donde viene el dueño es éste y no el otro.

El auto entra por el otro lado y se detiene frente al corredor principal de la casa oculto a nuestra vista. Nadie se acerca a nosotros ni tampoco nos llaman. Pasan veinte largos minutos y sale el administrador y otro empleado.

No vienen hacia nosotros, sino que entran a una caseta donde hacen partir el motor que produce electricidad para la casa.

Fabio se baja a conversar con ellos. Les explica que se trata de una delegación de una Universidad chilena y que quieren conversar con el dueño. El administrador, visiblemente molesto, dice que el señor ha hecho un largo viaje y está muy cansado; que no cree que a esta hora pueda recibirnos.

Como Fabio insiste, dice de malas ganas, que le consultará, pero que tenemos que esperar porque el señor está arreglando sus cosas.

Seguimos esperando. Vemos a través de la actividad de la cocina que el dueño está comiendo.

Ha pasado cerca de una hora desde que hablamos con el administrador y nadie aparece.

El trato se nos aparece como positivamente descortés y vejatorio. Decidimos partir. Sólo dudamos sobre qué podemos hacer para dejar un testimonio de su actitud y la de la nuestra. Le hacemos llegar una copia de la carta credencial del Rector de la Universidad, que el Cónsul chileno en Río Gallegos había hecho sacar, y partimos rápidamente sin esperar nada.

Pasamos la primera tranquera junto a la bodega, y antes de pasar la siguiente, el auto se pega en la arena del corral. Apresurados, temerosos que nos vean desde la casa, nos bajamos y de un solo empujón sacamos el auto.

Una cuadra más adelante retomamos la huella que rodea las casas de la estancia.

Detenemos el auto porque...

Oímos ruido de motor y vemos unas luces de automóvil que salen de la casa. Saltamos al auto y partimos rápidamente. [48]

El camino arenoso, no malo, pero ya comienza a aparecer el huellón profundo de que nos había hablado tanto el hombre de Nahuel-Mapá, como el tractorista. La vegetación de arbusto comienza a hacerse más densa y a formar de trecho en trecho un verdadero corredor. Al cabo de una legua encontramos la bifurcación del camino interior de la estancia con el camino “principal” que el mapa señala.

El más suave y también el más transitable, es el de la estancia. Tomamos ese. Cien metros más adelante la huella se estrecha y se ve como abandonada. Pensamos que es de noche y que no tiene señalización, tememos perdernos. Retrocedemos ya que era imposible darse vuelta, y tomamos la otra, la que nos habían dicho que el ejército había señalizado.

Los huellones de la huella se han hecho más profundos. A menudo sentimos unos golpes en la parte trasera de la camioneta. No cabe duda que va topando pero hay algo raro. Nos detenemos. Tronquoy y Fabio inspeccionan. Es el estanque de bencina que se ha soltado y está a punto de caer. Tronquoy rápido como una lagartija se tiende debajo; Fabio “arsenalea”. Al cabo de unos minutos está reparado.

Antes de seguir, Godo y Tronquoy miran el cielo y confunden una estrella con Aldebarán.

Para alivianar la parte de atrás, nos sentamos los siete ocupando los dos asientos delanteros. Con este cambio, a su vez, quedamos todos suspendidos en la luz del auto, que se va abriendo paso dificultosamente entre la vegetación que metro a metro se cerraba más. Las ramas chasqueaban contra el auto, más de una vez, en delante, instintivamente, quitábamos la cabeza.

El silencio era completo entre nosotros. Sólo algún aviso cuando alguien descubría entre los matorrales una pequeña señal del ejército, algún tronco en la senda.

La luz del auto no corría sino que rebotaba de inmediato, contra los troncos secos y retorcidos. Estábamos como sumergidos y aprisionados en el fondo florido de un mar. No teníamos otra referencia de que avanzábamos, que el marcador de kilometraje. La aguja del velocímetro difícilmente pasaba los 10 Km. por hora.

En un momento dado aparecen unas pircas en los bordes de la huella. Creemos que son de piedras pero en realidad son de troncos cortados. Estamos en el lugar de explotación de la madera. Leña o carbón tal vez. Hay señales del paso de tractores que profundizan aún más los “huellones”.

Nos resulta casi imposible avanzar en estos trechos.

De vez en cuando vemos unas pequeñas rucas de barro en el borde del camino. Parecen abandonadas. Pero en una de ellas, salen unos perros al paso. Hay algunos tambores de petróleo. Suponemos que allí hay alguien y nos detenemos, nadie se baja, tocamos la bocina. Al cabo de unos minutos un leñador alto y delgado, con camiseta y en calzoncillos largos, sale de la ruca. Le preguntamos si vamos bien y cómo sigue el camino. Nos da indicaciones precisas de leguas y tranqueras. Aún nos falta recorrer 6 leguas para salir de la explotación maderera y por consiguiente del peor camino.

Ahí termina la estancia y hay un “Puesto”. Agradecemos y seguimos.

Sus indicaciones se constatan legua a legua, y las condiciones de la travesía continúan invariables e implacables.

Llegamos al puesto que aparece a nuestra izquierda.

Sin detenernos cruzamos la tranquera que está abierta. Inmediatamente nos encontramos en una situación diferente; el camino se nos desaparece en un claro arenoso que forma unos corrales. Pasamos el auto y nos bajamos con las linternas a inspeccionar. En grupos separados tratamos de reencontrar el camino. Hacia la izquierda topamos con un piño de vacunos dormidos; al frente un enorme talud artificial de tierra, algo como el relleno de una carretera en construcción. Nuestra huella no sigue, por parte alguna. Decidimos volver al puesto. Son las 3 de la mañana.

Prudentemente alejados de la casa tocamos la bocina, enfrentamos los focos a la casa, y prendemos la luz interior del auto. Un perro ladra junto a la casa. No se ve a nadie. Pasan los minutos, Tronquoy y Fabio cuidadosamente se bajan y aproximan un poco hacia la casa y desde allí llaman.

Todos tenemos un especial cuidado en mostrarnos amistosos para evitar ser confundidos. Vemos por una ventana que se prende una luz, y un hombre joven sale de la casa con un farol en mano. [49]

Se entabla una conversación a distancia. Después él se apersona y habla con Tronquoy y Fabio, dándole las indicaciones de cómo continuar. El hombre está en camisa, trasnochado y tiritando de frío. Las indicaciones son tan detalladas como confusas. Vienen los tres hacia el auto como en busca de otros intérpretes.

Por último el hombre decide acompañarnos un trecho, hasta sacarnos de la encrucijada y dejarnos nuevamente en la huella. El va con nosotros en el auto.

El camino pasaba justamente en medio del piño de animales. Los movimientos de tierra, del otro lado, eran de una gran represa en construcción. Retomamos la huella. El hombre nos dice, que luego de un bajo encontraremos el camino abovedado por Perón que nos llevaría hasta San Luis. Se niega a que lo llevemos de vuelta hasta su casa. No quiere recibir propina. Nos despedimos y continuamos viaje.

La huella continúa parecida pero ya no está la explotación de la madera y los huellones hondos que hacen los tractores. La vegetación enrarece y se ve más pasto.

Luego de una, dos o tres leguas el lugar se abre definitivamente. Estamos de nuevo en la pampa como en una meseta ondulada. Por primera vez, después de seis horas, podemos aumentar la velocidad y también es como volver a respirar. Entre palabras, en silencio, Fabio le comenta esto a Godo, que va a su lado. Y éste a su vez le insinúa que detenga el auto. Pero Fabio, buscando lo mejor sigue avanzando. Pero lo mejor no aparece y nuevamente surgen matorrales. Godo molesto le dice a Fabio que en este orden de cosas, no cabe escoger, porque no depende de nosotros. Fabio se defiende e insiste en que esa situación volverá a aparecer.

Unos cientos de metros más allá, cuando las esperanzas se perdían desaparecen de nuevo los matorrales, y Godo dice aquí.

Godo le pide a Tronquoy: quiero que tú hagas algo aquí:

Godo, aún dentro del auto, le dice a Tronquoy, en voz baja: “por qué no me ubicas esa estrella que confundimos con Aldebarán”. Todos nos bajamos del auto, en silencio. Tronquoy abre la puerta trasera, saca algunos materiales y herramientas; le pide a Claudio que le corte seis trozos de pletina de bronce, de unos 10 cm. de largo. El, entretanto cava un hoyo en el suelo y entierra alrededor de un hueco tres estacas altas de madera. Toma las pletinas que Claudio y Fabio han cortado; y levantado una y otra vez la vista hacia las estrellas –como orientándose– algunas las encastra en las ranuras de 2 de las estacas y otras tres las va acostando en el hoyo, en distintas direcciones, dejando entre ellas una delgada capa de tierra.

En la tercera estaca clava una varilla de bronce que dobla en dirección a la estrella. La acción es rápida, ceñida y silenciosa. [50]

Godo le pide a Fabio que saque el auto del camino y alumbre el signo, y se pone en collant.

Señalando el punto en que estamos, apoyándose sobre nuestras cabezas hay cinco grandes nubes ordenadas en una perfecta simetría.

Son oblongas y paralelas; la del centro más grande y voluminosa. Son negras frente al cielo claro por la luz lunar.

Godo permanece en silencio y ese silencio ahí, produce el sobrecogimiento.

Después comienza a hablar, mejor dicho, a exclamar palabras. Cuando termina no se sabe que termina porque se queda en el mismo silencio del comienzo hasta que, girando nos dice vamos.

Edy entonces anuncia que va a decir algo y desde el lugar donde está lo hace.

Proseguimos, y llegamos finalmente al “camino abovedado”. Sin ser bueno, era otra vez un camino. El largo silencio que siguió al acto se fue interrumpiendo paulatinamente por la búsqueda de Cerro Varela, que no aparece. La bencina del estanque está a punto de terminarse y le echamos el bidón de 20 litros de reserva; con ella debemos llegar a San Luis.

El control de los kilómetros y la búsqueda de referencias del lugar se va agudizando. El primer poblado que atravesamos, donde vuelve a aparecer la señalización regular, es Zanjitas, con ello nos damos cuenta que Cerro Varela ha quedado atrás.

Rodamos y rodamos contra la bencina en procura de San Luis. En la pampa lo habíamos visto por primera vez en Río Gallegos, las ciudades se anuncian por sus luces una veintena de kilómetros antes. Pero esta vez no ocurre así. El marcador de bencina hace rato que marca el cero. Tronquoy, que maneja, ya no sabe como sacarle partido al camino, que se mantiene arenoso y va en subida.

Como a la vuelta de un recodo, casi al lado, aparecen unas luces de suburbio. El camino se deshace en una suerte de explanada. Hay un terraplén que va paralelo a nuestra derecha. No sabemos bien como seguir.

Una mujer en bicicleta va delante nuestro. Tratamos de aproximarnos con el auto para preguntarle como se entra a la ciudad. Comienza a notarse los resplandores del alba. La mujer, aparentemente aterrorizada, salta de la bicicleta y huye por el terraplén a pie llevándola a su lado.

Nosotros seguimos por el borde y a poco encontramos una calle. Un hombre está subiendo a un automóvil. Le preguntamos dónde está el centro y qué hora es. Nos muestra el camino y nos dice que son las 6 menos 10. Lo primero que buscamos es una bomba de bencina, donde llenamos el estanque. Preguntamos por el Hotel y por un lugar abierto donde tomar un café con leche.

Es un café de camioneros, frente a la estación del ferrocarril. Se nos acerca un judío que nos mete conversación. Es admirador de Francia y del idioma francés. Nos habla sin cesar una mescolanza de apreciaciones y juicios políticos-culturales.

Enseguida vamos al Hotel Español, dejamos el auto en el patio trasero y nos distribuimos en tres cuartos. Godo nos dice que se quedará todo el día en su pieza, que quiere pensar y escribir, y que nosotros hagamos la Amereida en San Luis.

31 de Agosto.

San Luis: Acto poético. Salir a andar siguiendo la estrella. [51]

1° de Septiembre.

Preparación del acto, discusión de la ruta.

2 de Septiembre.

Búsqueda del lugar de la fundación de San Luis. [52] Búsqueda de la Cruz de Piedra.

Palabras de Edy en el muro de la represa.

3 de Septiembre.

Visita y conversación con los descendientes de Sarmiento.

Acto: hablan Edy, Alberto, Boulting y Godo lee los regalos que se le entregan. Pernoctamos en la sierra.

4 de Septiembre.

Al alba acto poético en el lugar. Claudio hace un signo trabajado con hacha sobre un tronco seco. [53]

Llegada a Córdoba 2,30 AM.

Café con leche y medialunas en el terminal de Buses.

Partida 4 AM.

Dificultades para salir de la ciudad.

Amanece en Rayo Cortado: tratamos de cargar bencina. No hay nadie.

Se discute la posibilidad de alcanzar a llegar al banco antes de las 11 AM. a Santiago del Estero, o renunciar a la tentativa y entrar hacia la cueva de los Incas.

Clima tenso... Se decide seguir a Stgo.

Ojo de Agua: cargamos bencina.

Se concluye el pavimento durante los próximos 100 Km.

En Salina Grande se suelta tubo de escape - Alambres 5 mm.

10,40 AM. llegamos a la entrada.

Correo: Está el aviso de giro de Jorge P. R. desde Buenos Aires.

Los bancos están cerrados los días Sábados.

Edy y Boulting rodeados de niños.

Buscamos hotel. Nos bañamos. Almuerzo en el Hotel.

Tarde: siesta larga.

Los niños vienen a buscar a Edy y Boulting.

Boulting va a “bailar” (fracasa).

Edy va a la Plaza y luego a la librería de Alba en el pasaje.

Conversa con él y concierta cita de Alba con nosotros en el Hotel.

8 PM. Cita con Alba.

Alberto le dice a Alba que no se vaya al día siguiente a Buenos Aires.

Alba acepta y cambia el boleto.

9 PM. Salimos a comer con él y otros dos amigos: Parrillada, conversación, “improvisaciones” de los poetas, juegos en un papel. Se acuerda ir a almorzar al día siguiente a la parcela de Alba.

12 de la noche. Vamos a tomar café a otro lugar: encuentro con el poeta policía.

5 de Septiembre.

Mañana: Nos levantamos y salimos a dar una vuelta a la Plaza. Se hacen tres viajes a la parcela el “Zanjón”, llevando las cosas para el almuerzo, familiares y conocidos de los poetas Santiagueños y nosotros.

Alberto se va a pie.

Almorzamos asado y vino.

El peón curado nos habla de la fiesta de San Esteban e imita el sonido del cuerno largo de la caña.

Alberto pinta la puerta y una ventana de la fachada. Tronquoy hace un bajo relieve en un costado de la casa. Fabio pinta en una plancha de plumavit un poema de Edy. Godo escribe un poema, que Tronquoy graba en una lámina de cobre.

Boulting escribe otro poema que Alberto escribe en una hoja de hilado 9.

Claudio no hace nada. [54]

Ya oscuro:

Se entregan los regalos, pasando uno a uno junto a los lugares en que se han colocado.

Se alumbra con las luces del auto.

Se come: carne nuevamente.

Godo, Edy, Alba y... leen algunos poemas propios.

Unos jóvenes, tocan guitarra y cantan entre medio.

Se hacen 2 viajes de vuelta hasta la ciudad.

Quedamos en que Alba y... nos pasarían a buscar a la mañana siguiente para despedirse. [55]

6 de Septiembre.

El camino es bueno hasta Suncho Corral.

Suncho Corral a Yuchan el camino es de polvo fino, con “pozos” enormes y casi continuos. (Tal vez el peor camino (en cuanto a camino) que cruzamos en todo el viaje de Amereida).

En Yuchan nos detenemos: Fabio toma algunas fotografías de las casas posticadas típicas del campo santiagueño, pero que ahí llegan a su máxima expresión.

Algunos kilómetros más adelante, pedido por Alberto, nos detenemos nuevamente. En dos planchas de plumavit Alberto escribe con verde un corto poema que Godo dicta a instancias de Alberto, y dibuja una mano.

Tronquoy y Fabio lo afianzan a una rejilla que han colocado entre dos árboles señalados por Alberto.

Claudio se adelanta en el camino unos doscientos metros, y pegado al tronco de un árbol hace un signo con una lámina de aluminio.

Es justamente la caída de la tarde.

El camino se empeora aún más, llegando a la apoteosis de los “pozos” llenos de polvo suelto. (hay un camión YPF con el tren delantero quebrado). [56]

A las 8 PM. llegamos a Quimilí, cargamos bencina y entre tanto otros compraban víveres para salir temprano al día siguiente. Vamos a uno de los dos hoteles que hay. Es una “casona de campo” con patios. Es limpio. Embaldosado.

Nos dan abundante comida en el enorme comedor.

Dos policías (uno sin uniforme) preguntan por el conductor del auto: dicen que no nos detuvimos en el control de la entrada al pueblo.

La dureza inicial la volvemos cierta amistad al hablarle del viaje y consultarles por el camino. Anotan los datos del auto.

Alberto propone una vuelta a pie antes de acostarnos. La iniciativa aceptada inicialmente muere sin pena ni gloria.

Nos vamos a nuestros dos cuartos: en uno los que roncan y en el otro los que no.

7 de Septiembre.

Mañana: Partimos muy temprano, sin tomar desayuno, porque la cocina aún no funcionaba.

Fuera del pueblo, a los pocos kilómetros, Edy pide detener el auto y transformarlo en el vehículo de la Amereida.

Como él es el que dijo “alto”, él designa a cada uno lo que debe hacer:

Alberto que pinte el lado izquierdo del auto; Fabio el otro.

Claudio que haga algo en el frente, y Tronquoy en la parte de atrás.

Claudio tiene un reparo: las pinturas que hay son esmaltes y el auto debe venderse al término del viaje.

Por lo cual Alberto y Fabio pintan con tinta china de colores.

Además, Godo debe escribir una frase que se pinta en el parabrisas; y Boulting otra que se pinta al lado de Fabio y Edy otra que se pinta al lado de Alberto.

Claudio con una plancha pequeña de bronce plegada en forma de abanico, hace el signo que se fija en las barras de la parrilla. Tronquoy dice que va hacer un cordel, unos nudos que le enseñó Shila. [57] Se coloca también en la parrilla.

Entretanto pasan dos o tres ciclistas. Uno se cae del auto. Godo corre a auxiliarlo.

También pasa un tren en el mismo sentido nuestro y el maquinista nos saluda.

Y un auto en sentido contrario que nos pregunta si necesitamos auxilio.

Tomamos unas fotografías con el auto detenido y otras en movimiento, y partimos.

En Otumpa nos detenemos a tomar desayuno.

Otumba es una estación de tren. En el caserío reconocemos el lugar donde tomar algo por el anuncio de una bebida gaseosa.

En un espacio bajo y amplio, bastante oscuro. Un mesón y mostrador entrando a la izquierda. Una mesa al medio; y al fondo a la derecha una máquina de coser. Colgado en el muro un diploma de “corte y confección”. Longitudinalmente el local está dividido con una arpillera blanqueada. Godo dice: Van der Rohe. [58]

Mientras preparan el desayuno pasamos al patio interior desde el cual se ve la estación y el tren repartiendo el agua potable, con baldes y tarros, llenan sus tambores.

En el patio hay un loro, y un señor –tal vez el dueño de casa– que se afeita junto a un árbol. Tronquoy y Edy tratan de hablar con el loro.

No hay mantequilla en el desayuno; compramos unas latas de picadillo de carne; pedimos más pan que a duras penas encuentran. Partimos.

Tronquoy había estado viendo, en los autos que cruzábamos la forma de levantarse del polvo fino en las ruedas. Era como el surco que abre la quilla de un barco en el agua.

Propone que intentemos sacar eso en fotografías.

Nos detenemos en un lugar de mucho polvo suelto. El se coloca una centena de metros adelante y desde el borde fotografía nuestra “navegación”.

Pasado las 2 PM. llegamos a Campo Gallo. Una estación de ferrocarril con un “patio” grande, lleno de castillos de madera. Son troncos de quebracho aserrado y partido.

Nos detenemos frente a un almacén. En la puerta hay dos jóvenes, uno vestido más elegantemente que el resto de la gente.

Claudio le pregunta si es posible almorzar algo. El joven le contesta que es demasiado tarde. El otro joven le pregunta si somos una orquesta o una compañía de teatro. Nos ofrecen bebidas frescas. Nosotros, entonces, sacamos provisiones del auto, compradas en Quimilí, y las comemos dentro del almacén con las bebidas que ellos nos vendieron.

De un local contiguo, que era una “mercería”, comunicado interiormente con el almacén, entra un hombre en mangas de camisa. Era el dueño, turco, padre del joven mejor vestido.

A poco de explicarle lo que hacíamos, el turco comienza a vociferar paternalmente: “ustedes van a descubrir América”. Sostenemos larga conversación. Le preguntamos por el lugar, la vida de la gente, la explotación del quelnacho. Nos responde las preguntas a la luz de su vida. Antes era distinto.

Se trabajaba duro por horas. No había pueblo; sólo quebrachos. El hijo –el joven más arreglado– estudió medicina hasta tercer año en la época de Perón, la política lo perdió.

Mientras el padre nos conversaba los jóvenes con otros amigos entraban al almacén, jugaban unas rápidas partidas de naipe y volvían a salir a la puerta.

Benzacar nos invita a ver el aserradero que está en el patio mismo de la estación. Vamos todos.

Entre tanto el mismo tres de antes, repartía el agua.

La madera aserrada grande es para durmientes y va a Buenos Aires y Europa. La trozada chica es para la elaboración del camino.

Al volver para partir, nos muestra su auto. Es de la década del 20. Lo usa para repartir mercaderías a las explotaciones. Anda bien, nunca lo deja botado. Tiene dos neumáticos nuevos, pero hay que cambiarle si los que tiene (a pesar de su aspecto) todavía le responden.

Partimos hacia Monte Quemado. El camino siempre por entre los quebrachales, relegados por la explotación. Sigue el polvo y los “pozos”, aunque no basta el extremo de Quimilí.

Llegamos aproximadamente a las 5 de la tarde. Cargamos bencina y preguntamos dónde toman té. Nos indican una parte y vamos a otra.

Godo y Claudio entretanto compran fruta.

Este pueblo es más grande, mayo aún que Quimilí.

El auto llama la atención de los niños y los grandes, así como nuestro aspecto y en especial el de Boulting por el pelo, la barba, las botas y desgreñamiento en general.

Al terminar de tomar onces un policía uniformado entra al hotel y pregunta por el dueño del auto. Pide la documentación del vehículo, y en seguida la de todas las personas, cuyos datos comienza a anotar uno por uno en una pequeña libreta.

Todo este trámite que se desarrolla en la calle, junto al auto, es muy lento porque le es dificultoso al policía leer y escribir. Un grupo de personas curiosea. Al terminar las anotaciones, un policía de civil que surge en ese momento indica al otro, que es mejor que nos lleve a la comisaría. Le pide a Fabio, que figura como dueño, que le acompañe con el auto.

Alberto se sube para acompañar a Fabio.

Toda la situación tiene algo desagradable y un tanto vejatorio. En la comisaría los hacen esperar abajo, mientras el policía sube a consultar con sus superiores. Al cabo de algunos momentos los hacen pasar arriba. Hay dos policías de civil. Uno más joven sentado al escritorio, otro de más edad de pie.

Revisan uno a uno los pasaportes, leen cuidadosamente las credenciales del ministerio y de la universidad, no piden ninguna disculpa por la detención, pero se muestran conciliadores o afables. Enseguida devuelven la documentación y les dicen que pueden partir. Salen y en el momento de subir al auto, un policía les dice que deben volver. Esperan en la recepción. No se sabe lo que pasa. Finalmente aparece el comisario, el mayor de los que había estado con ellos, y le dice al oficial de guardia que basta con que anote el nombre del jefe de la delegación.

Vuelven al restaurant donde estaban esperando los demás. Partimos de inmediato hacia Salta. Está oscureciendo.

En el auto se va conversando de los incidentes policiales.

Sentimos el peso de la sospecha que se hace manifiesta a nuestro paso.

Ciertas intuiciones sobre el Norte, especialmente de Claudio, se van cumpliendo. De ahí nos surge la convicción de que ha llegado el momento en que se hace necesario modificar nuestro aspecto. La figura de Boulting, la pintura del auto, una chaqueta para Edy desfilan por la imaginación. Su suerte estaba en lo hondo decretada. [59]

El camino tiende a mejorar: se alternan tramos muy malos con otros mejores.

Pasamos el control policial de Taco Pozo, punto limítrofe de tres provincias: Chaco, Salta, Santiago del Estero. No hay ningún inconveniente con el control.

Algunos kilómetros más adelante encontramos el ripiado.

Nunca antes, habíamos sabido, lo que significaba un camino ripiado.

Ahogados por el polvo, desde Quimilí hasta Taco Pozo, encontrarse en el “fondo de un lecho de un río” (el ripiado) era un alivio.

A una velocidad del orden de 70 Km. por hora, corremos ligeramente hacia el Sur, en busca de Metán, donde debemos cargar bencina y tomamos el pavimento que nos llevará a Salta.

Prácticamente desde que entramos a la Provincia de Salta sentimos la presencia del agua. La humedad, los cultivos, los canales.

El camino es ondulado y con curvas. Resplandecen las señalizaciones blancas. Tronquoy conduce muy rápido. Por último, repentinamente, desde lo alto, vemos las luces de Salta.

Luego de un gran parque con eucaliptus, encontramos a las calles antiguas y estrechas del centro. Alguien nos recomienda un hotel bueno pero algo antiguo. Está completo. A dos cuadras está el mejor Hotel. También está lleno, pero por una noche conseguimos alojamiento.

Se discute sobre el aspecto del auto pintado. Tememos que le hagan algo en la noche. Pensamos que tal vez borrando las letras se evitaría la provocación. El resto de la pintura la sacaríamos al día siguiente. Pero, mientras discutimos. Edy y Alberto sacan una garrafa de agua y papel confort, y comienzan rabiosamente a limpiarlo todo. Nos agregamos los demás a la tarea.

Subimos a nuestras elegantes habitaciones a bañarnos y dormir. Tronquoy y Fabio se van a tomar café a la esquina.

8 de Septiembre.

En general nos levantamos tarde. Fabio y Tronquoy más tarde que los otros. Edy lleva a Boulting a una peluquería. Claudio va a la compañía aérea, para averiguar horarios y precios de vuelos de Santa Cruz a Salta para Tronquoy, que tiene problemas de tiempo para su regreso a Buenos Aires. Godo desde la pieza trata de comunicarse con los Cónsules chileno y boliviano.

No hay Cónsul chileno en ese momento en Salta, en el Consulado los atiende una secretaria que va en las tardes.

Más tarde, a pie, Godo, Alberto y Claudio van al Consulado chileno porque el teléfono no contestaba.

De allí, van, entonces, al Consulado Boliviano, Godo le explica brevemente al Cónsul quiénes somos y el viaje que queremos hacer en Bolivia, al mismo tiempo que trata de obtener datos y mapas de los caminos.

Se trataba de averiguar confidencialmente la actitud del Gobierno Boliviano con respecto a los chilenos, dado que las relaciones diplomáticas estaban rotas.

El Cónsul lo trata con toda cordialidad, pero insistía en desviarnos de la ruta a Santa Cruz proyectada por nosotros, para fuéramos por el camino turístico de Orán, Tarija, Potosí, Sucre y Cochabamba. Mapas no hay salvo el propio del Consulado.

No tiene ningún inconveniente en visar de inmediato los pasaportes, que hay que ir a buscarlos al Hotel. Se roza el tema de la situación de los chilenos en Bolivia, y el Cónsul asegura que no hay ningún inconveniente.

A la salida, Fabio y Tronquoy, nos encuentran y se van rápidamente a buscar los pasaportes y se los deja en el Consulado.

De vuelta al hotel pasamos por el correo para saber si había alguna noticia del giro pedido a Buenos Aires, o de nuestras familias.

No hay giro. Hay un telegrama sobre el campus para Alberto, y otro de Jorge para Claudio, en que le anuncia que para el día 16 de Sept. tenía reservada la sala de Conferencias del Teatro San Martín en Buenos Aires, para Acto de Amereida.

En el hotel arreglamos nuestras maletas y desocupamos las piezas.

Vamos a almorzar a un café-restaurante que hay en la esquina. La atención lenta y la comida mala. En verdad era más café que restaurant.

Enseguida vamos al Consulado chileno. La secretaria no nos puede decir nada de lo que le pedimos. Un argentino que está allí, que escucha nuestras preguntas acerca de cruzara a Chile por el norte de Argentina, por Socompa, nos informa que todos los pasos por la cordillera están cerrados, incluso los del norte.

Pasamos al Consulado de Bolivia a retirar los pasaportes. Allí está casualmente el Cónsul boliviano en Orán. Surge nuevamente la conversación sobre el camino a Santa Cruz. El Cónsul de Orán nos dice que es perfectamente transitable el camino por Yacuiba y Villamontes. Que hay incluso un servicio de micros y también ferrocarril. Nos señala, eso sí, que el camino mejor, más socorrido y más hermoso, es el que va por el altiplano. Volvemos por última vez al hotel, cargamos el auto y partimos. En el A.C.A. cargamos bencina. Después pasamos por el correo, donde Godo le envía un telegrama a Jorge diciéndole que seguimos a Santa Cruz y que ni siquiera sabemos si pasaremos por Buenos Aires. Partimos.

A unos 10 Km. de Salta, a la caída del sol habiendo alcanzado la cima, nos detenemos a la vera del camino. Allí reordenamos enteramente el auto y muy especialmente limpiamos el polvo recogido de Suncho-Corral a Taco Pozo que ahora nos ahoga.

Con la última luz del crepúsculo, habiendo dejado los extremos de la sierra, ya en el llano, entramos a la provincia de Jujuy. Nos topamos con cultivos de caña de azúcar.

Cruzamos algunos poblados que tuercen el camino, hay árboles. Pasamos junto a un campo incendiado.

En el camino encontramos muchos camiones cargados de altos de caña de azúcar.

Alrededor de las 8 llegamos a Libertador General San Martín. A la entrada de la ciudad cargamos bencina, en el A.C.A., y decidimos comer allí y dormir en Tartagal para acercarnos lo más posible a la frontera, y atravesarla en la mañana.

Damos una vuelta por el sector de la plaza, buscando un lugar para comer. Unos jóvenes nos señalan un hotel que está a una cuadra de la plaza.

El comedor es una enorme sala rectangular que da a la calle dividida por una alambrada transversal. El comedor propiamente ocupa una mitad. Todo es limpio y generoso.

El hotel tiene también un patio rojo con corredores, embaldosado, con algunas plantas en macetero y una escalera hacia una terraza sobre el techo de un lado.

Durante la comida se produce una conversación en que participamos. [60]

Partimos hacia Tartagal inmediatamente después de comer.

El perímetro se acaba pocos kilómetros después de San Martín, pero el camino, ripiado, no era malo. Corremos junto a la vía férrea, que constantemente cruzamos.

Aproximadamente a la 1 de la mañana llegamos a Tartaga, ciudad del petróleo en el norte Argentino. Damos unas vueltas por el centro de la ciudad en busca de alojamiento.

Nos señalan uno que está frente a la plaza, es el mejor.

No hay habitaciones para todos; solamente para dos, que dejamos reservadas. Ahí mismo nos señalan una residencial que está a la vuelta. Está completa. Vamos a otra donde hay lugar para tres. La tomamos de inmediato para Tronquoy, Edy y Boulting. Tronquoy está afiebrado desde hace ya un día; tal vez gripe.

Frente a la estación hay dos hoteles. Su aspecto es muy modesto. Están cerrados. Golpeamos en uno, que no abre, y luego en el otro. Aquí hay una pieza que ocupan Claudio y Fabio.

Godo y Alberto vuelven al de la plaza.

9 de Septiembre.

Llegamos finalmente a Pocitos, caserío fronterizo argentino.

Con dificultad, luego de idas y venidas, encontramos el puesto de gendarmería. Hay gran tráfico de peatones que cruzan la frontera con bultos, mercaderías, paquetes en las manos. Algunos vehículos destartalados. Todos, gendarmes, aduaneros y civiles, se conocen. Hay un aire de mercado en todo esto.

Nos atienden con rapidez, y cruzamos de inmediato.

A unos 10 metros está el puesto Boliviano, con la barrera baja. Detenemos el auto, nos bajamos todos, nos dirigimos a un local que nos parece ser la aduana, desde donde nos envían a otro local contiguo. Aquí nos indican que todos los trámites de entrada deben hacerse en Yacuiba a dos Km. hacia el interior.

Sin otro trámite nos levantan la barrera y entramos en Bolivia. A continuación del puesto, por espacio de unos doscientos metros, se conforma una calle de pueblo. Estacionadas a su derecha, mirando hacia Argentina, hay una fila de taxis destartalados esperando pasajeros para llevara a Yacuiba.

Nosotros no llevamos dinero boliviano y debemos cambiar, ya que nos han dicho que los pesos argentinos tienen un cambio muy desfavorable en el interior. En la calle la mayoría de los puestos tienen una pequeña pizarra con la cotización escrita con tiza.

Alberto y Tronquoy se bajan a negociar. Entran a una casa y vuelven al cabo de unos minutos sin cambiar. Los sigue el dueño y su mujer. Matrimonio judío, viejos y gordos; él lleva un gorro; la vestimenta es indigente. Es Shylock. A través de la ventanilla del auto insiste y suplica que le cambiemos a él, que no encontraremos mejor cambio. Pero en nosotros se produce una indecisión, que se convierte en un acuerdo tácito, de cambiar en Yacuiba. Tal vez porque Fabio señala que estamos a sólo 2 Km. y en el peor de los casos podemos volver.

Boulting, ante la sorpresiva presencia de este judío prototípico, aquí, se siente tocado. [61]

Proseguimos a Yacuiba. El camino es de tierra y en regular estado. Llegamos alrededor de las 11,30. Yacuiba es un pequeño pueblo. Todo nos aparece de aspecto pobrísimo, sus construcciones, la gente. Desde luego no hay pavimento en las calles, tampoco veredas; y una casa indiferentemente puede ser un lugar para comer, una pequeña tienda, o una oficina pública. No se ven postes de alumbrado, ni líneas eléctricas. Hay, eso sí, gente en la calle.

Nuestra camioneta de modelo reciente, con su gran bulto sobre la parrilla, despierta una inusitada curiosidad. Entramos al “DIC”. Un cuarto con una mesa, sobre ésta una placa pintada a mano con el nombre de oficial; sentado un hombre pobremente vestido. Sobre el muro, a la izquierda, un panel lleno de fotografía de tipo carnet, coronado con un letrero que dice: “Dirección de Investigación Criminal - Galería de Delincuentes”. El oficial registró los pasaportes y hace las anotaciones en su libro.

Terminado esto, tenemos que pasar a la casa del lado, que es Inmigración. Hay dos empleados. La oficina es aún más modesta que la anterior. El trámite es lento por la demora en leer y escribir los documentos.

Ya es medio día, y los oficiales de Tránsito y Aduana, han cerrado. Debemos hacer hora hasta las 3 PM.

Aprovechando este tiempo nos pusimos a indagar en busca de un buen cambio. En un momento dado se nos acerca el empleado de Inmigración y ofrece cambiarnos hasta $ 15.000 argentinos, cosa que aceptamos.

Alberto, Godo y Claudio tratan de ubicara infructuosamente al Cónsul argentino para pedirle algún dato sobre un cambio y en general informaciones sobre el modo de operar en esta parte de Bolivia.

Tronquoy y Fabio, en la calle, parchan provisoriamente el estanque de bencina.

Vienen enseguida largas conversaciones con unos camioneros y gente del pueblo, a propósito de la distancia a Santa Cruz –que nunca hasta entonces habíamos logrado conocer con cierta precisión– y del estado del camino por el llano.

Nos dan una información detallada del itinerario, que vamos anotando cuidadosamente ya que no hay planos camineros, ni señalización alguna. Sin embargo, esta gente insiste a semejanza del Cónsul boliviano en Salta, en que nos vayamos por la cordillera: más socorrida, más hermoso, buen camino. Aunque sea más del doble de largo en kilómetros, la demora va a ser parecida: cuatro días por abajo; cinco por la cordillera, y con seguridad de llegar.

El camino por el llano dicen que está transitable hasta Camiri con seguridad, pero las opiniones se dividen entre ellos al cotejar la camioneta el número de pasajeros y nuestra calidad de extranjeros. En lo que concuerdan es que el arenal del Río Grande solos no lo pasaremos.

Es necesario pedirle ayuda al hombre que tiende yuyos en el camino.

Ante nuestra preferencia por seguir el camino del llano, algunos nos insinúan que si nos vemos muy afligidos en el trayecto, podemos cargar la camioneta sobre un vagón del ferrocarril que une Buenos Aires con Santa Cruz, y que aunque no está inaugurado oficialmente, corre una vez por semana.

Nos hacen eso sí, una advertencia: que si en esos días llegan las lluvias no se puede avanzar ni retroceder un palmo. Sin embargo, pese a que aquel día tiene un cielo amenazante, ellos nos dicen que todavía no debe llover, y que aunque comenzara a llover dado que la lluvia corre de sur a norte, es posible que alcanzáramos a llegar.

Santa Cruz de la Sierra, fundada por Ñuflo de Chávez, la proclamamos capital poética de América.

En ella cesa la pampa y en ella se inicia la selva hasta el caribe, la unión de los dos ritmos del mar interior americano.

Nos internamos en la huella entre arenosa y polvorienta.

La camioneta avanza lentamente. Al llegar a un recodo nos sale a la huella una persona que pide ser llevada hasta el dispensario de salud pública en Villa Montes. Tronquoy conducía. Detuvo la marcha y subió el enfermo que se instaló en el fondo del vehículo en total y absoluto silencio. Nuestro recelo se agudizó y un sordo malestar se produjo por la detención de Tronquoy. Pero el indígena fue muy útil. Unos kilómetros más adelante la huella se bifurca sin ninguna indicación sobre la dirección a seguir. El paisaje es de llanura y sub-tropical. Hay palmeras y otros árboles que forman una zona como boscosa. El hombre enfermo nos indica qué huella seguir para llegar a Villa Montes.

Llegamos al atardecer. Nos detenemos en una de las esquinas de la plaza.

Allí se baja el hombre y casi desaparece sin saludar ni agradecer. Se nos acerca una niña como de doce o trece años, un poco procaz, que pregunta mucho sobre quiénes éramos y a dónde íbamos. Le preguntamos por un alojamiento. Nos indica una destartalada casa, única pensión del poblado. Casa baja con patio y cuartos divididos por finos paneles, muchos de madera, que no llegan hasta el techo. Promiscuidad de ruidos, toses y voces. Nos acomodamos. A las siete de la tarde llega un inmenso y apuesto capitán del Ejército Boliviano que pregunta por nosotros. Y nosotros de inmediato relacionamos la niña de la plaza con la presencia de las fuerzas armadas.

Muy cortés pero un tanto distante nos saluda y nos invita que nos sentemos en una de las mesas que hay en el patio de la casa. Pide vino y comienza a conversar. Un tanto lejano se oían sones militares de una banda que no cesaba de tocar. De la cortesía primera, y a medida que seguíamos conversando y tomando un mal vino, fue apareciendo la confianza y los relatos se extendieron a la guerra del Chaco, entre Bolivia y Paraguay, por el petróleo. Los miles de muertos, la mediación argentina y Saavedra Lamas, Ministro de Relaciones Exteriores de Argentina, premiado con el Novel de la Paz.

Se interrumpió por un momento en sus relatos para invitarnos a ir a la plaza. Fuimos y en la plaza mal iluminada, al centro de ella la banda del Regimiento de Villa Montes sonaba y sonaba. Llegados allí el capitán se acercó a la banda y dio una orden. Cambió el ritmo y comenzó a sonar una “cueca chilena”. Era un homenaje. Volvimos a la pensión y se siguió conversando y bebiendo. Como a medianoche y después de haber convenido con el capitán una serie de actos en la Escuela Pública y en la plaza, para la población, se retiró entusiasmado y eufórico. Nos fuimos a dormir con una sospechosa sensación de que todo había sido demasiado fácil. Este capitán cumplía la función de Alcalde de Villa Montes.

Viernes 10 de Septiembre.

Nos levantamos y desayunamos. Antes de la hora convenida con el capitán, éste aparece y pidiendo disculpas nos comunica que era imposible el acto en la Escuela y la plaza pública. En reemplazo de todo ello nos ofrece una visita al Regimiento, donde nos espera el Coronel que comanda la plaza. Sin mirarnos, todos sentimos la presión fuerte de la sospecha y el término de la libertad. No por sentirnos detenidos o en riesgo de ser acusados vaya a saber de qué, sino de aquella libertad necesaria para una travesía poética. Lo acompañamos al Cuartel. Nuestro aspecto, que en ese momento era el mejor posible después de cincuenta días de viaje, distaba mucho de ser correcto. Pero Boulting, en una suerte de despreocupación entre rebelde y menospreciante, añadía a su desaliño generalizado, un escarbadientes de madera que chupaba y mordía entre sus dientes, no sé si desafiante, a la manera de los cow-boy, o a la manera de los Tres Lanceros de Bengala. Mis codazos para que escupiera el escarbadientes fueron varios, pero inútiles. Llegó el Coronel al amplio hall en que nos habían introducido, con muebles de 1910 que en vez de achicar el espacio del hall lo hacían ver más grande aún, contribuía a esto un desproporcionado fresco mural que mostraba al minero, obrero y campesino boliviano, junto a sus tres fuerzas armadas, señalando el océano Pacífico.

La entrada del Coronel fue acompañada por la de su ayudante taquígrafo. En la manga del uniforme éste tenía una insignia que decía en inglés: “Jungle Expert”. Saludo seco y oficial. Pronuncia un “ustedes dirán” examinador. Breves instantes de embarazoso silencio. Godo toma la palabra y lentamente le comienza a contar la aventura poética y las peripecias del viaje sin omitir nada. Le cuenta la verdad. Nosotros a medida que Godo relata, pensamos que nuestra “verdad” es “locura” para su entendimiento. Por ello comprendimos el gesto que a los treinta minutos de haber comenzado Godo a hablar le hizo a su ayudante. Casi como un “no vale la pena registrar todos esos disparates”. El experto en jungla dejó de escribir.

El momento no dejó de ser una mezcla de sospecha e incredulidad. Todo fue justificado por el incoveniente de la ruptura de las relaciones entre Chile y Bolivia. Debiéramos haber avisado a la Embajada Boliviana de Buenos Aires nuestra llegada y entonces las atenciones estarían todas preparadas. En cambio, la sorpresa los pilló sin poder ofrecerles a “esta interesante embajada cultural y universitaria” toda la atención que nos merecíamos. Algo se podía hacer todavía, por ello fue mandado a llamar un baqueano de la zona para que dictaminase si podíamos llegar a Santa Cruz de la Sierra.

Extrañamente el baqueano apareció con tal prontitud que más parecía que lo tenían preparado detrás de la puerta del enorme hall: “no por Camiri”, puesto que la huella y el río nos impedirán pasar por el tipo de vehículo en que viajamos. La “alternativa” sería Tarija, Sucre, Oruro, La Paz y luego Santa Cruz. Una forma elegante de prohibirnos llegar a Santa Cruz.

(Dos años más tarde, en Octubre de 1967, el verdadero sentido de la prohibición se aclarará. La huella de Villa Montes a Santa Cruz pasa por Camiri y por toda la zona donde el Che Guevara tenía su campamento. Justamente en 1965 los hermanos Peredo habían instalado en esa zona los futuros campamentos para los guerrilleros. Y desde esa época las fuerzas militares bolivianas y el servicio de inteligencia de EE.UU. estaban al tanto de todo ello).

Agradecemos todas las referencias que nos da el baquedano y decidimos, en vista del tiempo que nos resta antes de volver a la Universidad Católica de Valparaíso, pasar por Tarija, donde hay una Universidad, y luego subir al altiplano y retornar a Argentina por Villazón-La Quiaca. El Coronel nos dice que él va a avisar por telégrafo nuestra llegada a Tarija para que la Universidad nos atienda y nos aloje. Una forma de estar controlados. Nos despedimos y esa misma tarda partimos para Tarija.

Entre Villa Montes y Tarija el camino abierto por el “punto IV” de uno de los tantos convenios con EE.UU., sube a la Cordillera de los Andes. Varias veces, tres por lo menos subimos a cuatro mil metros de altura para luego bajar a unos estrechos valles. El camino en su casi totalidad es un peldaño tallado en las laderas de los cerros, con un abundante tráfico de camiones con mercaderías e indígenas, es la única “movilidad” de este país lunar y grandioso. [62]

Alrededor de las ocho de la tarde al bajar a uno de estos valles, la suspensión del auto se rompe y la camioneta queda detenida con su trompa casi enterrada en el suelo. La estrechez del camino nos salva puesto que nuestra detención hace detener todos los camiones que venían detrás nuestro. Un camionero arregla provisoriamente la suspensión y nos dice que más adelante hay un pueblo, de donde es él, que nos detengamos allí a pernoctar y al otro día nos hará un arreglo mejor que el provisorio para que podamos continuar a Tarija. Hacia las once de la noche llegamos a Entre Ríos. Nos alojamos allí. [63]

Sábado 11 de Septiembre.

En la mañana temprano el camionero nos arregla la suspensión y nos advierte que en Tarija debemos buscar un garaje donde puedan hacernos un arreglo definitivo. Nuevamente partimos y nuevamente tenemos que subir y bajar tremendas alturas. No nos detenemos para almorzar. Silencio total entre nosotros. Algo ha sido quebrado y no recuperamos el habla. La llegada a Tarija se produce como a la cuatro de la tarde, calurosa y sin árboles, el sol cae fuerte.

Llegamos a la plaza y vemos que un joven la atraviesa en diagonal, única persona, y se dirige directamente hacia nosotros. “¿Ustedes son los profesores?” Sí, respondemos, mientras pensamos que nos estaban “esperando”. Es el presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Tarija. Nos dice que él nos va a guiar hasta la pensión donde alojaremos.

Godo inventa una extraña historia.

Es necesario ir antes que nada al Consulado Argentino para que Claudio renueve su pasaporte vencido. Nadie entiende nada, pero en forma imperativa somos “arrastrados” por Godo a la casa del Cónsul Argentino, puesto que según el boliviano el Consulado por ser Sábado está cerrado. Llegamos y entramos Godo, Fabio, Claudio y el boliviano. Nos atiende el Cónsul en el living de su casa. Nos ofrece un refresco, se habla de cosas intranscendentes. En un momento dado, Godo le pide al boliviano que acompañe a los que han quedado en la camioneta hasta la pensión para que vayan acomodándose. El boliviano se resiste un poco, pero finalmente obedece la casi “orden” que le da Godo. Al quedarnos solos con el Cónsul, ante la expectación y el asombro de Fabio y el mío, Godo comienza un diálogo en “argentino” con el Cónsul: “Decime, vos no sos Fulano de Tal?” Sí, responde el Cónsul intrigado, mientras aguza su mirada y de pronto estalla en una exclamación: “¡Pelado”! vos sos Iommi, ¿no es cierto?”.

Abrazos efusivos y aclaración de la escena. Hacía veinticinco años atrás el Cónsul Argentino lo era en Santiago de Chile donde conoció a Godo. Ahora se volvían a encontrar en Tarija. Godo explica por qué “echó” al boliviano y el Cónsul confirma nuestras sospechas. Ese joven en las dos últimas semanas había despotricado contra los usurpadores que le habían quitado el mar a Bolivia. El nacionalismo boliviano era de una extrema susceptibilidad por aquellos días y debíamos ser muy prudentes para no encrespar en contra nuestra ningún tipo de sentimiento. Nos ofrece su ayuda por ser Cónsul de un país “neutral”, y cualquier situación difícil quedamos de avisarle. Tomamos contacto, luego, con las autoridades universitarias y en Tarija no hay taller mecánico donde enviar a reparar la camioneta. La Universidad tiene un pequeño taller de reparaciones para sus propios vehículos y nos lo ofrecen. Llevamos allí la camioneta.

La visita al Rector es muy cordial. Le explicamos nuestro viaje. Y nos recomienda realizar el acto en el Club Social y no en el recinto de la Universidad, justamente para evitar toda suspicacia. Organizamos todo para el otro día, domingo, a las cinco de la tarde.

Domingo 12 de Septiembre.

Asistimos por la mañana, mientras reparan el auto, a una procesión religiosa de los indígenas frente a la iglesia catedral. A medio día preparamos el acto. Este tiene lugar en el Club. Asisten profesores y señoras. Al promediar el mismo entra un grupo ciertamente hostil que se enerva un tanto cuando oye hablar del sentido de nuestro viaje por la necesidad de un lenguaje propio, para que pueda existir sin referencias. Al finalizar el acto casi se produce la agresión pero la reacción del Rector y los profesores lo impide. [64]

Lunes 13 de Septiembre.

La travesía de “Amereida” ha terminado. Ahora viajamos pero no en travesía. Alrededor de las tres de la tarde y no habiéndonos detenido en ninguna parte del altiplano llegamos a Villazón, puesto fronterizo boliviano. Allí nos espera el Cónsul Argentino del lugar, avisado por el de Tarija, y con él cruzamos la frontera.

Recuperamos en la noche la camioneta. Nos despedimos de las autoridades universitarias.

Martes 14, Miércoles 15 de Septiembre.

Por las rutas asfaltadas volvemos a Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Córdoba (allí se separan Tronquoy y Girola que van a Buenos Aires) y el jueves 16 llegamos a Mendoza. Por los temporales en la Cordillera es imposible atravesar con la camioneta. Queda guardada en el ACA de Mendoza.

Tomamos el avión para Santiago de Chile.

Notas

  1. Plaza de Punta Arenas. Plaza de la nostalgia con los árboles equidistantes plantados por un fruticultor. En la transformación de la plaza quizá ésta no pueda ser modificada en cuanto a sus árboles, pero se trata de transformarla para que lo inalcanzable sea alcanzado. Lo inalcanzable será entonces, una explanada con su estudio del viento, con su estudio del frió y con un poema que no es reflejo, que no es vaho de tierra de sol que se pone, sino que es sol que retoca una explanada también igual que una plaza más un poema. Un poema a la cruz del sur. El viento no enemigo.
  2. Todo acto poético se inicia siempre con la recitación del poema “El Desdichado” de Gerard de Nerval. Así se iniciaban, se inician y espero que se inicien siempre las Phalènes desde el año 1952.
    El primer verso es el que marca el tono fundamental de la Phalène:
    Yo soy el Tenebroso, - el Viudo, - el Desconsolado,
    El Príncipe de Aquitania, el de la Torre abolida
    Muerta está mi única Estrella, - y mi constelado laúd
    Luce el Sol negro de la Melancolía.
  3. Ya no hay camino, todo es un manto de nieve, y tampoco hay blanco porque nunca el color es un solo color.
  4. Aquí es posible ver, constatar, sentir cómo el tiempo se hace tiempo a sí mismo, y de ese modo, no hay tiempo.
  5. Lo prudente es no continuar, no, no se debe continuar, pero se ha dicho “allí” por Dorotea. La indicación tiene fuerza de musa (así lo recordaremos siempre) y ella lleva consigo su indetenible realidad.
  6. - ¿No hay perros?
    - No.
    - Buscamos un señor que vive por aquí.
    - ¿A quién?
    - Se llama José Lincomán.
    Un momento de silencio y la persona dice: soy yo.
  7. Aquel gran vacío ensimismado, ensimismado de nieve bajo la tormenta y la hilera absurda simplemente para tocar el acto fundante de Lincomán.
  8. René Lincomán

    Contigo deja esta tierra de ser virgen
    y tu primera tumba casa de tal boda
    al sur tu muerte la fecunda
    y como el pan
                       puede ya abrirnos sus herencias
    Bajo la blanca voladera nocturna
    las casas te rodean como estrellas
    El recién llegado trajo su cabeza azul
    y la puso aquí bajo el viento
    Aquí comienza, luna, tu predio y patio
    Tu as pour cela fait deux fois le voyage
    hin und her
    the galaxies press their ear to the earth:
    stirring, a stir:
    he springs from the tomb like a sky
    his deeds shall shelter the child
    Pour que nous demeurions
    dans le plus difficile:
    la joie
    témoins étrangers de I’hospitalité du mort.

    Tal, has hecho tu dos veces el viaje
    saliendo y entrando
    las galaxias pegan su oreja a la tierra:
    temblante, un temblor:
    el surge de su tumba como un cielo
    los hechos albergarán al niño.
    Para que nosotros moremos
    en lo más difícil:
    la alegría
    testigos extranjeros de la hospitalidad del muerto.

  9. Cada acto poético exige siempre y de nuevo atravesar la indecisión por decidirse. toda la experiencia acumulada por haber hecho muchos actos poéticos, no cuenta. Siempre el pantano de la indecisión precede la posibilidad de consumarlo.
  10. La palabra poética sin detenciones atravesándonos continuamente en no importa en cuáles circunstancias o lugares.
  11. Campamento: interiores: electricidad-calefacción. Exteriores: caminos de la pampa. El interior sólo interiores. El interior sólo interior. Es uno, único, entonces.
    Crear un elemento que recorra todas las calles del campamento. Por las veredas. El elemento pórtico. Pórtico: interior y exterior a la vez.

    Interior: interior + pórtico.
    Exterior: exterior + pórtico.

    a: pórtico = vereda: a' = conexión.
    b: jardín entre edificio y pórtico vereda.

    Pórtico que ha de ser estudiado en cuanto:
    Viento. Lluvia. Sol.

    Pórtico del sol, viento, lluvia, amiga.
    Sombrero entero en el sistema de los pórticos.
    Pórticos estudiados como estructuras estandarizadas.
    Desmontables. Paso del campamento a “ciudad”.
  12. En el acto poético, muchas veces lo adverso abre una posibilidad inimaginada, no querida que nos lleva de y hacia una nueva sensualidad.
  13. El largo crepúsculo en Tierra del Fuego. En un momento dado en que la oscuridad ya reina. Pero la luz rojiza por su cercano término, aún establece una línea diurna de horizonte. Entonces en un momento dado el espacio se vuelve signo de lo terrible. O mejor de lo espantoso. Y uno quisiera irse. Disolverse y las ciudades con su luz eléctrica es para evitar cuidadosamente las manifestaciones de la ley de los espantoso.
  14. Todos los chilotes acurrucados en el galpón. Ellos navegan la Patagonia, se mudan de estancia a estancia y no por mejor paga, sino por el gusto mismo del cambio. Es todo un lugar sin mujeres. Una vez al mes –nos dicen– bajan a puerto “a cortar la vela”. El puerto es la ciudad más próxima, como si ellos estuvieran en el medio del mar. La noche y este mero estar sin sentido alguno en medio de ella y apenas un ruido se hace significativo, o el mismo se transforma en orientación o estrella. En ese momento Boulting pasa un poco distante, también él silencioso y llevado por la noche hacia la noche.
  15. El cacique indio –nos dice Clifton– subía a un montículo y desde allí miraba el horizonte circular. Lo que abarcaba su vista constituía los límites del territorio tribal, límites imprecisos pero justos.
  16. Christos Barnabas, moribundo, buscando en vano las orillas perdidas para volver a tocarse a sí mismo. Ese vivo desierto de la aventura y el emigrante que jamás se cancela. Pero Clifton, sin embargo, tiene consigo además un raro temple. ¿Cuál? Todos convendremos más tarde cuando reflexionemos sobre el punto que él lo lleva en la lengua que habla, en el inglés de los imperios que retrae a sus propios sonidos y en sus propios significados todas las lejanías.
  17. Fédier me dice que: el peón chilote que tenía oficio y que no tenía trabajo y que estaba de allegado allí y que no había hecho fortuna como algunos otros compañeros y que dijo que él no la había hecho porque otro era su destino.
    Destino dice Fédier, es sólo posible en el marco del mundo greco-latino.
    Las otras culturas no tienen la concepción de destino. Por tanto, me dice, hablando de una manera aproximativa, si América no hubiera sido descubierta y colonizada por los españoles el chilote no podría hablar de destino. Es dentro del marco de la estancia, de los estancieros, de las ovejas, de la lana, de las ovejas traídas de las Malvinas, de los perfeccionamientos en Australia, etc. Es pues dentro de este cuadro que se da la posibilidad que un chilote se mute en gaucho y ello comparezca como destino. El destino es propio al occidente greco-romano. El destino, el que lleva lo hace, lo tiene que hacer. Es pues ya algo, en un cierto modo previsto. Es así como el europeo conquista a todo el mundo. Y él al hacerlo no se propone nada. Y su obra estará terminada cuando el último bosquímano hable de destino.
  18. Este es un aspecto inquietante. Cómo eludir lo cultural, esta verdadera enfermedad contemporánea, esta verdadera falsificación.
  19. Fragmento de un diálogo entre Fédier y Alberto que todos escuchábamos: Fédier dice: nosotros sólo podemos pensar el cambio como una destrucción de un estado anterior; Alberto responde: el cambio también se puede pensar como la unión del padre y la hija y de la madre y el hijo, las líneas –como decía el criador de ovejas– en el incesto de los diferentes estados.
  20. Por la mañana siguen el diálogo cuyo largo fragmento sostenido en el cuarto donde dormían Fédier y Alberto, no conocemos.
    Dice Fédier: el tiempo es la tendencia a la regularidad y Alberto señala: y el espacio en cada punto en lo distinto. El tiempo –agrega Fédier– cuando nos acercábamos a Pto. Gallegos era uno, y Alberto replica: y las luces cada vez se volvían más grandes en la noche de nuestro viaje, porque el lugar cada vez era entonces distinto, lo uno es lo regular. El tiempo es lo uno, el lugar es la multiplicidad. Y Fédier concluye diciendo: la visión, la representación tal vez eso sea falso, porque el fondo del presente, en el fondo del presente existe también la muerte. Cuando el futuro encuentra al pasado el lugar es presente y el presente tiene lugar.
  21. Deguy admirando y admirándose a sí mismo como sorprendiéndose de estar en ese lugar dice... “Aquoi bon tout ça?” Todos nos sonreímos, todos nos sentimos en la misma situación que él acaba de describir. En el fondo es el mejor verso lleno de alegría y así también lo comenta Fédier.
  22. A cada paso la imposibilidad del paso. Hiela y hiela mucho. Toda tentativa fracasa una y otra vez. Finalmente una resulta y al tratar de irnos el auto vuelve a hundirse entero en el barro helado. A cada paso la imposibilidad del paso. Este momento se vuelve iluminación para entender el fundamento mismo de la métrica poética, la proporción, de la relación de la parte con el todo, o más bien, de la cadencia. Y el anhelo de pensar como salir de toda trampa se hace bajo la luz del lenguaje de Descartes. Pues de ambas cosas entre gritos y órdenes discurrimos todos de Descartes y de la métrica poética.
  23. ¿Cuántas veces el gratuito juego poético podrá sobreponerse al ánimo de una travesía “sin objeto”? Creemos que tal “sin objeto” desvela realmente el continente, su inalcanzable Norte, el que todos llevamos dentro, continente y Norte.
  24. La retahila de respuestas afina y aguza los sentidos. Más que una dirección esos juegos pre-anuncian las nuevas aperturas con que nos encontraremos. Y así tal como en Dorotea ocurre y ocurrirá siempre.
  25. Alguien dice: La nostalgia mata la historia. Las reflexiones continúan. Alguien agrega: Así como ante la miseria de los pobres todos quieren transformarlos en burgueses en vez de exaltar las virtudes de las condiciones en que se encuentra, pues también ellas tienen virtudes, así todos pretenden hacer de la Patagonia un vergel en vez de llevar a forma su “sin límite”, su “horizontalidad” potentes y convocantes.
  26. Ellos, estos hombres de aquí, en el fondo aman cuanto parece adverso, como si lo adverso fuera el modo de esconderse púdicamente. ¿Esconder qué? Esconder la profunda libertad en cuerpo y alma que ellos tienen. Ellos conocen y saben del riesgo y por lo tanto de la generosidad. El saludo es aquel gesto de todas las rutas. Ellos aman no tener fronteras ni países, aman el aire siempre abierto e impalpable que quieran o no es implacable a su vez y que hace al ser humano siempre más sapiente.
  27. Fédier habla en Comodoro Rivadavia.
    De las caves que tienen las casas en Francia, en Europa. La cave. Se habita, entonces, también en la profundidad de la tierra. Esta. No es ya una mera superficie.
    La casa no es una tienda.
    La casa siempre conserva su fundación: la cave: cuando ella después de la guerra se construye.
    Pienso, que aquí, en América –la casa– no es la casa misma sino que la ciudad, el pueblo.
    Es a esta escala que aquí hay que mirar la cave.
  28. Los jóvenes ingleses delante de las tumbas de tantos ingleses pioneros, reciben no sin sorpresa el acto poético que nosotros desencadenamos. Y ellos casi en seguida, casi sin transición con atraídos y entran a él con una súbita emoción que a su turno nos sacude.
  29. A noche entrada nos dispersamos ¿Cómo llegan las palabras gritadas a través de una distancia que las deshace? Hacemos ese acto. Cada uno trata de decir lo que le parece oír que decía el otro. Por momentos el viento ayuda y por momentos el viento lo borra todo. Sí, hay una distancia-tiempo que mide o que traza la palabra y que no mide el metro ni ninguna cifra.
  30. Conversación de todos con Edy a propósito de Trellew.
    Los recolectores. Con trabajo sí. Pero al alcance de la mano. De la mano honesta. Frugal, viril, Edad de Oro.
    Pienso que la Patagonia, a pesar de su oficio de ganadero o minero (petróleo) está impregnado de un aire de recolección. Recolector es una manera de ser. Ellos dice Edy son orgullosos de su botín. El ganadero es un alquimista. Las líneas de las ovejas ( ). La transformación.
    De la nada casi obtener una perfección. Una forma. Así son los poetas. Ellos dicen Gracián definiendo el barroco han de ser oscuros. Ellos no exponen la naturaleza. Sino que traman como Dios la providencia. Esta, es oscura. Luego, los poetas han de ser oscuros. Shakespeare es esto.
  31. Conversación de todos con Edy a propósito de Trellew.
    Cuando vemos la curva ante el ojo. Para incluirse así en el campo visual. Las rectas se ven en la amplitud curvada. Se está en la horizontal. En Palermo Aike conversamos con el administrador inglés pionero de la ovejería. En el cerro sobre las casas. En su cumbre. El nos lleva allí. Dice en un momento. “Los caciques indios tenían por lo que les pertenecía, lo propio, aquello que la vista alcanzaba a ver”. El ver les otorgaba propiedad. Y la tierra vista se volvía lo propio. Así ahora conversar en este cerro comparece lo propio. Allí se está en un ritual lejos de la confidencia. Y a través de él descubrimos lo que es lo propio.
    La confidencia, en cambio, superpone siempre lo impropio. Al otorgarnos una pseudo posesión.
    No aquella de los caciques.
    Cuyo ojo estaba enseñado a ver lo que ha de ser conocido e instaurado como lo propio.
    Los poetas son los que enseñan a ver aquello que nos circunda y que ha de ser lo propio.
    Nuestro propio campo.
    Nuestra heredad.
    La colonia y la conquista española quisieron a través de las leyes reales lograr que las ciudades y sus territorios quedaran en tierras afables al español. Como si sus faenas no fueran a habérselas con toda y cualquiera naturaleza, pues aquello vendría a ser una distracción, para el que venía a habérselas con los hombres constituyendo nuevos reinos. Asuntos entonces de hombres. Negocio de las relaciones y jerarquías entre ellos. Pero ahora se trata de otras relaciones, no se trata que la voracidad por llegar a un punto haga desaparecer la peripecia propia de ese querer llegar. Pues es la propia voracidad –todo esto es interpretación mía– vuelve abstracto, abstracción que se desentiende de las circunstancias propias al recorrido. Y las da por ya hechas. Y en este ya darlas es donde se fracasa. Pues así no se es realmente prudente.
  32. A pesar de que la pampa no es “llana” es sin embargo horizontal. Lejos muy lejos aparece un hombre a caballo y levanta como una amenaza la vertical. Modo extraño de latir tiene este espacio “sin dimensiones”. Se contrae entero por una estrella, por una fogata. Muestra un sol que semeja tener el mismo tamaño durante el día tal cual como el de la luna, tal cual como el de las nubes, no nunca como si el cielo perteneciese a la tierra. Y a la vez el paso y el oído –más allá del ojo– saben del transcurso siempre inacabable. Hay que volver a oír la palabra en ese ritmo para decir un día su poesía, la poesía de la Patagonia que indudablemente es otra que la que conocemos. Ese ritmo para que las artes todas...
  33. No es fácil comprender que la horizontal es a su vez una orientación, una medida y puede dar un tamaño sin requerir de la vertical. A pesar de haberlo hecho ¿cuánto tiempo llevamos para entender realmente lo que habíamos hecho y qué significado aún no dilucidado tenía en esos momentos para la arquitectura?
  34. Campamento Santa Rosa.
    Estamos en presencia constante del cielo y la tierra. Formas distinguidas durante la luz del día y suavemente en transición en la noche oscura con las estrellas en lo alto. La Vía Láctea. Y frente a esta presencia hay que concebir el orden arquitectónico. No como oposición. No como seguimiento. No como combinación. No como transmutación.
  35. Lo durable, durar, pero ¿qué perdura? ¿es esencial que las cosas perduren? No llamemos ciudad a lo que desde Grecia, y tal vez Roma, dejó de serlo. Pero la obra humana, por ejemplo en los aztecas, se podía hacer justamente para ser abandonada. Tal acto lleva consigo un rito inicial que demanda el inicio y no, digamos así, la avara perdurabilidad. Es otro ritmo. Posiblemente hay que volver a mirar con otro tiempo. El nuestro también es ritualmente libre, pues en forma arbitraria es el meridiano que nos refiere y ordena. ¿Es y será posible otro y otros meridianos? Sí. Todos los puntos tal vez tengan validez.
  36. Una enrarecida belleza del mediodía en este semicírculo que formábamos en torno del cortador quien yendo y viniendo de la cruz que tenía la carne sobre las brasas, procedía como a una danza o a un rito carnal. Todos estos hombres solos que éramos en medio de la pampa con el ritual antiguo de la comida. Sí, una rara belleza despojada.
  37. La cita es un duelo de esgrimas, un arte, un apunte. La antigua pregunta ¿de dónde vienes? ¿a dónde vas? Ya no, no. La cita desvanece esas preguntas. La cita “per se” que no tiene otro quehacer sino la de su estoque. Un arte puro, riguroso y suelto a la vez. Todo lo aprendimos así de golpe con la entrada de Tronquoy a quien ya no esperábamos. Pero poco de esto sabrán quienes citan como eruditos para legítimas formas de trabajo o que citan por ejemplo, como citas de amor. Por la mañana regalamos un acto en el comedor. Godo entrega un poema en italiano, el dueño era italiano. Jorge, Claudio, Alberto dibujan en extensos papeles. Edy y Boulting escriben y cuelgan versos por todas partes. Tronquoy modela con una plancha metálica un signo. El desayuno con todos los pasajeros presentes y la bella mujer es una fiesta.
    Este es el poema entregado en italiano:

    stanchi, rozzi ma gentili
    poscia la traversata
    se Notte fia I’animi vili
    la faccia ci sia scusata
    dal vostro riso
    Ch’or
    la bella voglia ascosa,
    incarcerato il cor
    nel corpo che riposa
    osti sarem almen
    del vostro viso.
  38. No se trata de llevar la Patagonia al ritmo nuestro, sino de que las palabras mismas ya no sean sólo significados indicadores, sino que respiren este otro e inalcanzable modo, es decir, palabras cadenciadas con otros pies.
  39. Hay por cierto una modulación propia de lo irrisorio. Es esa una luz decimos entre todos, Patagónica para las artes. Pero cómo abandonarnos a ella para que se vuelva canto y arte.
  40. He aquí la súbita aparición ¿Quién no recuerda en ese momento, el célebre azar objetivo que Breton subrayó en Hegel? Los cazadores. ¿Y no lo somos todos? ¿Pero no atravesamos la propia travesía justamente para no cazar nada? ¿O tal vez, para ser presa de aquello que desierta en el desierto? ¿Andar sin cazara siquiera un instante, un arte, una vida, un continente? Hay que revivir entero otro ritmo de la libertad y con ello calar en la interioridad oculta de la técnica. ¿No fue ese el modo de hablarnos de la musa aparecida allí como mendigo médico y no el lenguaje que queríamos decirnos nosotros a nosotros mismos. Allí se nos dio la respuesta a la inquietud que sobrevino en el salar después de la “maravilla de Puelches”.
  41. La irrupción del acto poético en medio de la vida cotidiana ya desde el año 1952 obligó a considerar el aspecto, el modo de aparecer precisamente para avanzar sobre todos los equívocos que produce la poesía. Es más que problema de indumentaria o de máscara. No hay forma y fondo. Es el modo mismo de aparecer. El rostro, decía Nietzche, es la máscara. Pero para la poesía ha de conformarse la figura propia que le dé cauce.
  42. ¿Pero por qué es esto? En verdad en cualquier momento pueden reaparecer los malones indígenas, las tropas oficiales de Buenos Aires domeñándolos, los animales prehistóricos de Ameghino o las figuras de Guillermo Hudson, las barbaridades de la soledad, etc., etc. Pero nosotros somos hombres que hemos amado el blanco sobre el blanco de Malevitch, y sabemos que ninguna novela, ciencia, arte y metafísica conocida pueden tocar la belleza de un límite inalcanzable. Y así es la pampa.
  43. Hacienda El Recuerdo: entre Buena Esperanza-San Luis. Alejándose en el camino del auto. Noche. Estrellas. Horizonte. Pareciera que a lo largo del círculo de éste una banda de sordos lejanos aullidos de fieras se extendiera lo lejano que limita. Que establece un cierro en redondo. Y que es terrorificante.
  44. ¿Habrá siempre que reducir por semejanzas aquello que no conocemos a cuanto conforman nuestros hábitos? De ese modo hablaban los cronistas del descubrimiento viéndose obligados a describir así lo desconocido por semejanza con lo conocido. Y al oírnos estos ferroviarios aumentan su propia confusión.
  45. Las razones ya no importan convenimos que en instancias como esas tales preguntas no corresponden, no traen a luz lo que se expande, alguien recuerda enseguida el método fenomenológico pero hay en el fondo una sin razón, un gusto por no encontrar razón, un salirse de Leibniz que todos equivocados o no, gozamos.
  46. También el olvido es bello, olvidar, por ejemplo, que el arrojo es la travesía y no la vida de un obstáculo, en este caso, el perro. Pero la hermosura cuenta menos que la ruta y esto sí que es difícil aprenderlo. ¿Qué es la ruta? Es sólo seguir partiendo siempre, es mantener el rumbo abierto. ¿Será un comienzo sin fin, como el amor? Hacer tal ruta, abrir tal rumbo, tal vez de tales cosas, interrogaba Kant a los capitanes de barcos balleneros, aquellos que Melville dijo que buscaban la ballena blanca y tal vez Acab sea el nombre de la musa de toda pura travesía.
  47. La ciudad, desde su altura puede separarse de sí misma para contemplarse. Y pensaba como en la pampa patagónica podría suceder esto mismo. Como ella se mira a sí misma. Y ella se mira a sí misma no desde la altura; sino que desde el estar a ras. Ella es su propia altura. Entonces, los trabajos y la contemplación no se conforman como dos momentos diferentes. Entonces, en medio de los trabajos no es necesario levantar los ojos para llevarlo a la lejanía y así contemplar. Los trabajos y la contemplación un momento. La nostalgia, esa que adviene cuando los ojos así son llevados a la lejanía no surge entonces por obra de la pampa. Tierra sin nostalgia ésta. Tierra moderna -por ello- Pues lo moderno es la no separación de la contemplación de los trabajos. Tierra moderna. No vértice en un último extremo por ende. Sino que extremo en un vértice que instaura. Norte entonces.

    Pampa: área de modernidad
    apta libre sin rincón

    La pampa gira cuando el
    hombre cruza

    The growing bush prays thorns
    an horizon of wings
    heat surrenders to light

    Elle s’etend jusqu’a I’horizon
    et se retrecit autour du feu
    son jour doit obeir a la nuit du ciel.
  48. No tiene importancia que el dueño ya por cansancio o desconfianza o lo que fuere nos negara hospitalidad. ¡Cómo, sin embargo, no recordara Puelches y Lincomán! Alguien recuerda inmediatamente contra todo el apologismo que se hace del campo y la metafísica pampeana de un Martínez Estrada, que hay un resentimiento, una contracción del tiempo en el hombre de campo que se manifiesta precisamente con el gesto contrario, con una pseuda generosidad que contrapone al citadino a quien recibe y con cierta hostilidad cuando con malicia juega a su fingida ignorancia. Hay que releer “Los trabajos y los días” de Hesíodo bajo este tono, para dilucidar mejor la falsa contraposición entre el nómade elevado a peregrino y el sedentario a constructor. No se puede olvidar la luz, hasta las lágrimas, despidiéndose y a la vez reanudándose en la pura aridez de la pampa, ante la que ambos, nómade y sedentario, están como nosotros, a ciegas.
  49. Hay un espesor entre hombre y hombre. La espesura no es la de esta trama inextricable de arbustos, la espesura invencible. El arte de la cortesía, de la convención de los oficios, como santo y seña para ahuyentar el miedo mantiene a todos los humanos y hace que nos atengamos los unos a los otros. Ni el amor basta para atravesarla. No se puede cruzarla por la convención de los caminos. Hay que ir a campo traviesa. Saber, saber, saber, que el camino nunca es el camino. Harto difícil será para todos nosotros comprender esto y eso es lo que hay de todos a todos en medio de la espesura. Hay otra distancia-tiempo que va de voz a voz. En la voz, no en el farol que está en la mano se puede cruzar esa espesura. Ella no tiene sentido, como no tiene sentido la pregunta de ¿quién eres tú? Ya no estamos como “tus”, ninguno en la espesura. En la espesura, y ella está en todas partes, aquí y en las ciudades, sólo podemos entender u oírnos en virtud del rumbo, de los rumbos que nacen de nuestras propias incertidumbres. La incertidumbre de atravesar gratuitamente la mera travesía, lábil, débil, humana, como si los seres humanos fuésemos, todos, unos hermosos desdichados.
  50. Tronquoy entierra finalmente todo su trabajo. El signo está y a su vez está su inapariencia. La apariencia es sólo la estrella. Nadie sabrá de este otro signo y ¿dejará por eso de estar? ¿Qué tiene la estrella que no tenía antes el signo que ya es inaparente? ¿Y qué tiene el signo ya desaparecido que tiene ya también algo de la estrella? ¿No pierde ya sentido, en este acto poético, la pregunta que tanto nos rige? ¿Dónde, dónde...?
  51. Nos decimos tanteando y con ira los unos a los otros, ¿hay un secreto de la ciencia, del arte, de las liturgias que tienen por sí una única vez o su cada vez? Si releyéramos así a Descartes descubriríamos tal vez que el “cogito” no es uno y la “res extensa” lo otro. Que el requerimiento del dios que no puede engañar es a su vez la proposición plena y no provisoria de la duda. Tal vez ya el saber ya no se juega más en las Universidades, ¿quién sabe?
  52. Conversación de todos con Fédier.
    No se pueden usar las palabras sin saber su origen.
    Por ejemplo: es que se puede hablar de ciudades aztecas. La palabra ciudad corresponde a una tradición greco-romana que después se desarrolla en la Edad Media y Renacimiento. A ese contexto alude la palabra ciudad. Si se la usa sin él: la palabra puede designar ya cualquier realidad. La realidad X. Entonces no se puede hablar. Porque las palabras no hablan. Las palabras hablan por sí. Nosotros (en un cierto sentido). Las palabras vienen cargadas de peso. No dependen de nuestra voluntad. No se puede traducir a ( ).
    Ya no podemos llegar a nuestro origen. Y sin embargo, las palabras son fáciles. Lo más fácil es hablar.
  53. ¿Por qué va el signo a la escultura? ¿O bien es esto un primer asomo de rigor que aún no lo parece? Podría ser, por ejemplo, terapéutico, como liberación del buen furor generante o bien una obra sin cálculo o bien una obra inserta en el cálculo de la travesía, cabeza épica, decía Deguy, del tronco repentinamente surgen millones de hormigas. Es un gran, gran hormiguero. Es sólo unos instantes para que los hombres puedan formarse la idea de la forma de esta obra, como una fugitiva ¿no es ni signo ni obra? ¿Estaba un solo e irrepetible estar a pesar de todo? y ¿si estaba ese irrepetible estar no es eso ya verdaderamente una obra en obra?
  54. Donde
    la tierra se desnuda
    en el árbol
    y misma
    y el ala como un barco
    despega sus crepúsculos
    y una vergüenza clara
    expuesta a las distancias
    allí vuelvo
    - también el ávido miedo
    incita al sino -
    junto a las carnes partidas
    de la tarde.

    Subamos amigos al albergue
    para que el alba nos temple
    y la travesía celeste
    de quien abre el campo
    a otros idiomas
    pero guardan el heredado sueño
    en los saludos
    y reconoce el tiempo
    y la tierra severa y masculino
    de los descubridores.

    Que no caiga el día
    sin que en esta casa
    - la íntima lejanía
    - de una piedra sobre tu mesa.
    La muda castidad del plato
    - en tanto el viandante
    descansa en una idea.
    repara
    para este mar oculto
    - los bordes luminosos del océano.

    Porque también surto
    se apaga en la promesa.
  55. El viaje nuestro: Tierra del Fuego - Santiago del Estero. El lugar de esta ciudad está representado por estas puertas pintadas.
    Lo primordial es la puerta. La ventana: vista, luz. No hoyo, el algo ya más elaborado. Santiago del Estero es en el campo, aquí, en Zanjón o base de puertas. Estas puertas quisieron representar en sus superficies las puertas abiertas y cerradas.
    Una puerta es abierta. Una puerta es cerrada.
    (Las casas de campo de sólo puertas macizas, en el día por ello, he de dejarles abiertas, por ello, las casas devienen muy abiertas).
    Ambas puertas entonces permiten ver el plano que entre ellas se extienden. Al Sur está el Norte; que ya no se llama Norte ni Sur. La Cruz del Sur se llama Ancla Polar. El Atlántico aporta su luz. El Pacífico es la aventura. Mientras que el trópico y las Antillas son el origen: entonces 1 ancla, 2 luz, 3 origen, 4 aventura.
    Santiago del Estero: casa de Alberto Alba.
  56. Obras y poemas en medio de la indigencia que es el camino. Las miserias siempre pueden enriquecerse con la limpidez de lo gratuito y traer consigo una extraña e indefinible alegría.
  57. Shila Hicks es una de las pioneras que elevó el tejido a obra de arte moderno.
  58. Pampa sin árboles. Planicie inmensa bajo un cielo completo.
    Pampa sin la ley de la equidistancias.
    Pampa con árboles: planicie inmensa pero limitada por los árboles.
    Pampa: aún sin la ley de la equidistancia.
    Pampa cultivada, plantea la equidistancia de ellos, los elementos.
    Equidistancia = homogeneidad.
    Pampa bajo o con la ley de la equidistancia.
    Equidistancia = posibilidad de densidad
    densidad
    densidad = posibilidad
    concentración
    concentración = ciudad de L.C.
    Ville Radieuse.
    Pensaba en la muerte de Le Corbusier. Y que en San Luis se podría hablarles a los arquitectos. Sobre una posibilidad de ver L.C. con una referencia que se incrusta en lo profundo nuestro. Y que a su vez permite su plan de Buenos Aires.
  59. Casi cíclicamente el mundo se llena de sospechas. Va cerrando los espacios donde es posible jugar libremente. Con razones o sin razones ya casi como si la niñez fuese un delito. No sólo aquí sino en toda la tierra. ¿Habrá que inventar un juego, una suerte de niñez nueva que incluya la sospecha, para poder anularla?
  60. Dulcemente, las más de las veces la travesía pone en duda casi todas las convicciones que tenemos. Antes que nada lleva a la propia arquitectura hacia una abstracción más alta que el número. La arquitectura al tramarse con la palabra poética se abre a ritmos impensados. ¿Qué son muros, por ejemplo? ¿Qué son techos? ¿Hay ya un modo de ser hospedados sin ellos? ¿Pero qué significan semejantes preguntas? La obra humana ya no como simbiosis ni como ruptura con la naturaleza. La historia misma podría no ser rememoración sino la narración de su propio hacerse historia, los actos fundantes, siempre múltiples de otra impensada arquitectura.
  61. Como un leve murmullo Boulting dice a Shakespeare, largamente.
    Si todo se deshace es cierto que nada se deshace. No, no hay arquetipos, la realidad lleva consigo su propia temporalidad distinta a la del transcurso. El milenario mercader judío en medio de la desolación dibuja la más delicada abstracción, que es el ser humano. Luce ante las peores catástrofes de la naturaleza y de los acontecimientos. Las palabras de Shakespeare como una oración, nos sobrecoge. ¿Qué fue de los tiempos, si aquí en un momento, así, de pronto, todo yace intacto?
  62. No sabemos por qué, pero de cumbre a cumbre esta Bolivia es de una belleza lacerante. Con pudoroso entusiasmo vemos maravillosos pasos de cima a cima. Todos caminos aéreos de futuros materiales leves, que permitirían luces y dimensiones colgantes, inauditas. Un país de pájaros. Como los incas lo vieron, tal vez, desde sus puentes leves y colgantes. La gran carencia abre esta visión. Tal vez la buena técnica la ahoga y la gran técnica, cuando aparezca, reabrirá como un canto, este inaudito fulgor de Bolivia. Este destello vale para todo el mar interior de América, todas las Patagonias y las selvas y las cimas, Alberto murmura que la aventura del Pacífico es mucho más que el océano. Todos sabemos ya que el camino no es el camino. Y que difícil va a ser no equivocarnos.
  63. Bajo temores, sospechas, inquinas, el rumbo vuelve a los hombres generosos, espléndidos, en cualquier latitud. En todas las razas, bajo un mismo cielo, pero son como relámpagos en la obscuridad que pesa, absurda, de la vida convertida en permanente obstáculo.
  64. ¡Qué urgente necesidad de un mundo inteligente para América Latina! De otro modo las torpezas terminarán deshaciéndonos.