Benjamín de la Paz

De Casiopea





TítuloPresentación
CarrerasArquitectura

Ensayo 1

La Arquitectura Renacentista como dialogo entre simetria y perspectiva

Un habitar guiado que ubica

El Renacimiento surge como corriente cultural de transición entre el Medioevo y la Edad Moderna, situándose entre los siglos XV XVI, en Florencia, Italia. Formando parte de una nueva concepción del hombre y del mundo, el Renacimiento se manifiesta en las artes, las ciencias, la política y la filosofía, aspirando al Clasicismo, a la naturaleza y con una visión centrada en el hombre. Así mismo, el nuevo movimiento conlleva nuevos cambios para el ámbito arquitectónico de la época: aparecen grandes exponentes que abarcan la arquitectura desde las bases renacentistas: la búsqueda del ideal clásico, la influencia de la naturaleza, la necesidad de simetría, proporción y perspectiva.

Así se presenta entonces la Villa Medici a Fiesole, en el quatrocentto. Michelozzo, arquitecto de esta villa, diseña la partir de ejes simétricos, correspondiendo todas las medidas en horizontal y vertical a una proporción pudiendo incluso llegar a cuadricular la planta. “El solar donde va a construirse el templo divídase en seis partes en cuanto a su longitud, y su anchura tendrá cinco de estas partes.”, aquí bien se alude a la esencia de la construcción arquitectónica renacentista: construir las partes en directa proporción con su longitud mayor, su ancho o su alto, existe una correspondencia matemática entre si. En consecuencia a la proporción nace la simetría, las obras responden un orden de igual a igual, la lectura es clara al ojo, se manifiesta allí un trazo claro y ordenado: lo simétrico que traza un continuo recorrer que se ve guiado por la proporción armónica. La continuidad que obedece a la simetría.

De igual forma la Villa abarca el inicio placentero del contemplar renacentista: el jardín como desborde que trae a presencia lo lejano y lo próximo, la naturaleza como magnitud próxima: colinas, árboles y valles van midiendo lo distante desde lo contemplado, se arma una medida clara al ojo, construyendo entonces la obra en un eje mirador, la villa que se direcciona hacia la ciudad, aparece el sentido de ubicación desde el goce.

Ahora bien la ciudad (tomando Florencia como referencia) denota con mayor fuerza la conjugación de simetría y perspectiva: los edificios (simétricos y en proporción) responden y se ordenan hacia un eje contemplativo que regula el habitar, se está ubicado gracias al vinculo visual que ordena y dirige lo simétrico. Por ende hablamos de Venustas al contemplar una obra que dirige el ojo y lo hace contemplar, ubicarse en relación a un hito que es eje o dirigiendo la mirada por un entrever de la ciudad que enmarca un pórtico, como ocurre en el caso de la Galería Ufizzi.

La belleza de la obra renacentista recae en el dialogo perfecto entre simetría y perspectiva, un orden que continua el contemplar como trazo, trayendo a presencia lo lejano y ubicando el habitar renacentista, un habitar que comienza a construir la relación de lo próximo, construyendo el contexto de ciudad en su sentido de contemplación y ubicación desde la vista que se dirige.

Ensayo 2

Habitar Renacentista, una relación plena del cuerpo y la obra desde el ojo que la contempla

Retomando lo estudiado anteriormente, la simetría y la perspectiva conducen desde la continuidad del orden, la proporción y lo contemplativo el ojo habitante que sigue un eje: se construye la ciudad desde la contemplación, aparece la medida de lo próximo y permite ubicarse, la relación con la ciudad se hace desde los hitos que se proyectan y los entreveres que proponen los edificios. El ojo guiado que nos vincula.

Palladio diseña entonces la Villa Emo, exponiendo en su inicio una fachada que presenta la obra desde los elementos repetibles: columnas y breves vacíos componen una secuencia, un conjunto que se vuelve plano: el ojo que no recae en su detalle, sino que atraviesa de lado a lado, la perspectiva y su contemplar vuelve lo repetible en un trazo que no repara en el número de columnas. La fachada queda permeable en su interior, las columnatas que entreven como logias pero que quedan como secuencia concreta, plana. Ahora bien estas mismas dimensiones que presentan el edificio en su inicio dan cabida al vacío, existe una correlación entre la fachada y la planta: el interior que se construye desde los módulos exteriores que lo anuncian. La obra se vuelve plena desde lo repetible que conforma la longitud total de la forma y antecede al vacío, suponiéndola y entendiéndola.

Aparece a su vez un ritmo del habitante que se encuentra ante la obra desde un paso previo: el habitar renacentista que se da inicio desde el contemplar. Así es como Bramante logra otorgarle plenitud a su obra, el Templete de San Pedro, una forma que se hace cilíndrica en el ritmo que tiene el ojo que la bordea, recayendo en el detalle de cada parte: un bloque inferior, un tambor rematado en la cúpula; los distintos vacíos dan cuenta de la obra en su luz y complejidad, el ojo que entiende lo curvo desde el detalle al total.

De este mismo modo la forma curva que se emplaza en calce: el patio queda pleno pero no lleno, un calce proporcional a la escala humana que la contempla y la vuelve justa, el templete aparece en ancho y alto quedando pleno ante el habitante que lo recorre.

Fachada de San Carlino

Si bien la curva no era innovadora para la época, Francesco Borrimini recurre a ella desde un sentido distinto, dándole inicio al movimiento barroco a través del quiebre que este propone: la curva que construye la iglesia San Carlino otorga una dinámica visual, la obra que se recorre y se quiebra en concavidades, dando cabida a prolongaciones y nuevas profundidades del vacío, así es como ocurre en su fachada, una curva que distribuye un frente que se aproxima al habitante y un detrás que se recoge, haciendo aparecer una observación que se mueve.

La herencia Renacentista que trata del habitar de la obra desde una primera impresión visual, haciéndola plena desde el ojo guiado que la contempla y la recorre, encontrándose con el detalle y la forma que la calzan en el espacio volviéndola justa a la proporción del hombre.

Polígono de Relaciones

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