Amereida Etapa V, alfonfo ledesma

De Casiopea



TítuloEnsayo
AsignaturaTaller Amereida 2014
Del CursoTaller Amereida 2014
CarrerasDiseño Industrial
Alumno(s)Alfonso Ledesma

ENSAYO

Escuela de los Pensadores e Identidad Latinoamericana

Uno de los resultados que trajo consigo el siglo ilustrado como innovación fue el ensayo, como una nueva forma de escribir, de transmitir y de expresar una generalidad sobre un tema con una universalidad de posibilidades, admitiendo en su contenido las formas discursivas e integrando elementos literarios y estéticos que le dan al ensayo la característica fundamental de ser único.

El esbozo tiene a relatar, el ensayo es un entramado de ideas, una vorágine de cosas reflexionadas, la narrativa puede ser extensa o corta, la idealidad no es su meta sino lo concreto del pensamiento. América Latina es la analogía del ensayo en su forma panorámica, tiende a la mezcla, a la diversidad, un tumulto de razas que convergen no solo geográficamente sino también culturalmente, una mezcla.

El poeta mexicano Alfonso Reyes lo define como “el centauro de los géneros” y es que sin duda, pertenece a una difícil clasificación por su diversidad de temas, porque es aquel que puede producir cualquier tópico desde cualquier enfoque y utilizando cualquier recurso, su regla básica es: no hay reglas, todo se puede escribir porque todo se puede pensar y hasta la nada tiene un espacio dentro del ensayo. Por esa razón, la mejor opción que tienen los pensadores y escritores en América Latina, para la construcción del pensamiento e identidad latinoamericanos es el ensayo; en él se reflejan las posibilidades de existencia del pensamiento social en el continente americano.

En América Latina el ensayo, utilizado por diversas plumas, ha constituido la base sobre la que se forjan los cimientos de la unidad social y de las razas en cada país.

Durante los periodos históricos y para ser más específicos, en el siglo XIX y XX se dan a conocer diversos escritos que tienden a ser de un modo o de otro, radiografías de la realidad social. Esto, a razón de que la ciencia, la literatura y en general toda creación humana, no se crea en un vació social, sino todo lo contrario; las producciones y expresiones del hombre se ven influenciadas fuertemente por el exterior, el contexto si bien no determina, sí expone una situación y circunstancia determinada. Por eso, es que en América Latina el ensayo fue una radiografía de preocupaciones que existen para el intelectual como actor social. Las preocupaciones en esos momentos fueron varias: búsqueda de la identidad, el glorioso pasado mítico, la denuncia de los conflictos sociales y los problemas acuñados en el momento: pobreza, desigualdad y libertad. Estas fueron las revelaciones de algunos ensayistas que trataron de difundir hacia un marco abierto de la sociedad la conciencia de unidad latinoamericana.

José Martí, uno de los más grandes exponentes y elocuentes ensayistas en América Latina, pone de manifiesto a través de la lírica que se forjó en el exilio, la promesa nunca alcanzada, una promesa que surge de la tierra nuestra, de América. No una América para los americanos, sino de unidad de todos los pueblos que habitan el continente; su elemento distintivo que lo hace revivir en los discursos revolucionarios es su lucha contra el imperialismo, aquel monstruo que eclosiona del mar del norte con su visión opresora, colonizadora y marginadora de pueblos.

América del norte, representa el esquema fundamental de la discriminación, donde se funden más rápido y radicalmente las razas, es donde no debería de existir la exclusión de ningún elemento, ya que para el futuro posible de la construcción de una nación es necesario que aquel prejuicio sea exterminado y extraído de la sociedad naciente. Martí, producto del destierro, concibe el significado y destino de América: la unión de todas las razas para lograr la universalidad del hombre. El idealista más práctico y grande que ha existido dentro de una de las islas más pequeñas y oprimidas de América Latina. Él ha sido el oxímoron de América, un pensamiento tan grande en un país muy pequeño. Las fronteras no son sólo limitantes espaciales, sino también limitantes culturales, el deber de Martí en sus textos es la liberación del hombre de todos los continentes. La educación sin fronteras, la escuela sin paredes. Por eso la concepción de un hombre nuevo, de talante distinguido y de pensamiento correcto, ese es para Martí el sinónimo de hombre nuevo.

Los modelos políticos de otros países no son aplicables a las tierras americanas, por el simple hecho de son otros los individuos y las costumbres, la cultura en general, se contradice con los modelos europeos de construir naciones. Los hombres nuevos, serán los encargados de resolver los asuntos de sus tierras y su organización, aquellos que no solo como Martí, sino también como Bolívar abogan lo mismo, Mariátegui denuncia, regresa. Bolívar propone un modelo ideal, Martí lucha, he ahí en que radica la diferencia de pensamientos y de concepciones sobre la unidad latinoamericana; pero encontramos también similitudes, la libertad, la felicidad y la unidad, son rasgos que sustentan los pensamientos dentro de sus ensayos.

No divergen mucho en el contenido que necesitan saber los pueblos latinoamericanos, solo escriben de manera particular. Por un lado José Carlos Mariátegui denuncia la explotación y expresa el retorno al pasado mítico, Bolívar toca la soberanía de los pueblos en su nervio fundamental: la estabilidad política. Martí es el guía que resuelve con el ejemplo, Mariátegui teoriza con estadísticas, mientras que Bolívar, otorga lecciones morales y éticas hacia los políticos.

Todos coinciden con la certeza de lo que América latina debe representar para todos los demás pueblos: una patria multicultural, donde nada intervenga en darle el abrazo al blanco ni al negro, ni al mestizo ni al mulato, donde el indígena, razón de ser de todos los pueblos, es la piedra angular para la constitución de las naciones.

No sería banal decir que el ensayo en América Latina ha forjado patrias. Este enunciado podría parecer un juicio bastante dudoso visto a través de una reflexiva y concienzuda revisión histórica, pero la oración vale en sí misma para explicar, cómo se forja en cada nación la consciencia de identidad latinoamericana. Los momentos en los que se realiza una radiografía artesanal de mano latinoamericana, están cargados de circunstancias sociopolíticas que obligan al ensayo a dividirse en cuatro constantes o como mejor lo dice el doctor en Sociología, Danilo Martuccelli, las cuatro D’s: desarrollo, dependencia, dictadura y democracia.

El análisis histórico de los diversos exponentes de este género en A.L. se referirá a cualquiera de estas circunstancias.

Las divergencias políticas y económicas siempre estuvieron a flor de piel en tanto la discriminación y el problema general de la desigualdad fueron los puntos básicos a resolver, de distintas maneras en los distintos contextos; sin embargo, el planteamiento que le correspondía a los países latinoamericanos fue, el de la construcción y búsqueda de la identidad de cada uno de sus pueblos a través del ensayo como vehículo principal para la difusión.

El ensayo en el continente latinoamericano ha adquirido una función social, para convertir a la libertad y al reclamo en sus principales ejes, en José Enrique Rodó por ejemplo, la filosofía positiva encuentra el vínculo entre los valores morales, el pensamiento y la razón. Al igual que Martí, el nuevo hombre se presenta como floreciente en medio del utilitarismo estadounidense de terreno seco; donde se necesita no un imaginario histórico que justifique la dialéctica latinoamericana y sus contraindicaciones, sino la solidaridad y la unión de la variedad será el objetivo a alcanzar en el continente. Aquí es donde las cuatro D’s se separan de las preocupaciones de finales del siglo XIX y principios del XX, donde los ejes temáticos se colocan a distancia uno del otro, toman su particular vía de apoyo y su principal atajo para llegar al mismo punto: la identidad. Los momentos históricos que marcan el pensamiento social latinoamericano podrían extenderse a más opciones, pero las cuatro D’s se complementan sabiendo el objetivo principal. En México, a principios del siglo XX aparece un grupo de poetas, escritores, filósofos y pensadores que no reniegan contra un sistema determinado, ni mucho menos se mezclan con los intereses políticos de la nación, sino sus preocupaciones y quehaceres son otros; la emancipación a través de la denuncia les resulto superflua, la acción, el cambio y la trasformación son interiores al pensamiento.

Esta escuela llamada el Ateneo de la Juventud Mexicana, nace como respuesta a la filosofía positiva reinante en las artes y en la ciencia, la preocupación fundamental de esta escuela es la ruptura de la tradición establecida como verdad única e irreductible. El positivismo, como máximo exponente no solo del quehacer científico, sino como canon establecido para la construcción y el progreso de las sociedades, es el modelo reinante; al contrario, los Ateneístas forjan un levantamiento y revolución intelectual en México intentando deslindar a la sociedad de la atadura y el atraso ideológico. Influenciados por la poesía de Amado Nervo, sus precursores constituyen una orientación distinta, en Alfonso Reyes el culto por la filosofía griega y la revolución científica, en José Vasconcelos el espíritu como estética de lo más sublime, y en el dominicano Pedro Enríquez Ureña, formalista que da pauta para que el uso de la razón tenga oídos. La pasión que con escribieron fue fundamental para sacar a México del atraso filosófico y científico, el cristianismo y el hinduismo se unen en Vasconcelos para crear la raza cósmica, Platón y Kant dan como resultado a Alfonso Reyes para ponerle una X en la frente a la sociedad. Ellos fueron los forjadores de la reflexión mexicana, de la crítica ineluctable a través de las letras. Nietzsche y Schopenhauer producen al aforismo de la identidad, no de la política, desenredan el ídolo del positivismo y le encuentran al Estado moderno su punto clave de destrucción en sí mismo. Sin embargo, en México ocurre algo extraordinario en los momentos en que nace y se desarrolla esta escuela, como nos referimos, nada se hace nada en un vacío social; el caso viene a colación, ya que la revolución está en su apogeo cuando estos exponentes del arte y de la cultura mexicana, discrepan sobre la realidad latinoamericana y en su caso especial la sociedad mexicana.

La revolución no fue un parte aguas en el pensamiento ilustrado de Reyes o de Caso, pero si en Vasconcelos, los primeros siguieron con una producción dentro del mismo ámbito de las ideas mientras que Vasconcelos, se ve sumergido en un puesto político que lo llevara al exilio y al destierro, quizás donde cometerá su ensalzamiento y su destrucción. Sin tener rencillas con la política, Caso y Reyes son unos inconformes distantes del aparato gobernante, no apoyan ni critican la lucha armada, son neutrales, también Vasconcelos, con la diferencia de que en el exilio conoce la raza universal-cósmica, digamos que tiene la misma concepción o semejanza con Martí, tal es así, que busca la universalidad de las razas, pero Vasconcelos, por tener un conflicto directo con su identidad, ya que su procedencia le hacía merecedor de un cuestionamiento nuevo y filosófico que los demás no tomaban en cuenta el problema de origen se convirtió en teoría universal. La raza fue para Vasconcelos una idea que lo impulso a declarar la unidad no solo latinoamericana, sino universal. Su visión cargada de crítica social, y filosofía hindú, lo condujo a un estado desde donde se puede admirar y contemplar a la humanidad desde un asiento en primera fila, para exhortarla a entrelazarse y mezclarse cada vez más. Su concepción política a pesar de la distancia que toma, se ve reflejada en ensayos de carácter biográfico que hace de estos textos bastante enriquecedores porque a su vez confiesa su historia y la historia de México.

Vasconcelos al tener una perspectiva completa y general de la humanidad se le ocurre lo mismo que ha Martí en Cuba, la revolución. Pero tuvo un error, se santificó a sí mismo como el héroe y fue su destrucción, quiso ser el reflejo salvador como un cristo mestizo que predicaba la conciencia divina dentro de uno mismo, siguiendo un canon griego de belleza, virtud y conocimiento igual a verdad. Pero no fue así, su revolución y levantamiento jamás triunfaron, su exhortación a través del discurso poético fue un barca hundida en medio de un México que se caía a pedazos en lugar de reconstruirse, a diferencia de Martí, el no muere en la lucha, el muere en la pasividad. Vasconcelos ahora funge como un claro ejemplo del periodo más inestable de la política y el estado mexicano en construcción.

Buscar entre los rescoldos evolutivos una diferenciación de razas es llevar a la racionalidad al declive, creer que somos solo nosotros y nuestro egoísmo es un genocidio a los valores de la humanidad. Pareciera que el mito de América está renaciendo cada vez que pasamos las páginas de los mejores ensayistas, el mito de la raza y la unidad nunca concentrada, se refleja en una realidad fragmentada, donde bajo el yugo del capitalismo y la sociedad tecnificada nos creemos un pueblo libre e igualitario con los individuos de nuestra misma raza, he ahí donde la contradicción no solo es una creencia sino una realidad, lo social demuestra -como un experimento de ruptura- que esas creencias de independencias y libertades solo son falacias masificadas.

América Latina se cuenta entre las partes del continente subdesarrolladas, incluyendo a Cuba libre y Brasil progreso, actualmente la pobreza en el centro y sur de América está bastante expuesta, y esto conforma lo que son las venas abiertas de américa latina. La dependencia no solo se halla reflejada en los estudios sociales y económicos de los especialistas, sino también en la capacidad de adquisición del conocimiento, el pensamiento ilustrado buscando liberar al hombre de su culpable incapacidad (nota), se destruye a sí mismo como la obra egoísta más grande del hombre: el Estado. Para América Latina la promesa se cumple al instituirse la democracia, pero no entendida como un concepto efímero o abstracto que carece de tangibilidad, sino en la acción del pueblo reflejada en las instituciones sociales donde la libertad y la justicia sean el matrimonio inseparable; pero por el momento en todos los países es solo eso una promesa. El ensayo latinoamericano se podría resumir en filosofía latinoamericana, ésta ha sido su vía hacia la transición, ya que dentro del campo de la filosofía es donde podemos ubicar la identidad lejos del yo individual, sino como su contrario, un yo social, no un yo fenomenológico dispuesto a guardar un paso atrás al momento de cruzar el umbral hacia la libertad; sino un conjunto de sí mismos que reclaman el acervo multicultural para concretar la sociedad como lo que es, como un conjunto. En el YO social la consciencia de un conjunto de individuos no puede ser acto fallido al momento de actuar por el bienestar común, el YO social es identidad en sí misma y su símbolo, la cultura de todas las naciones. El estado actual de los latinoamericanos sigue teniendo los mismos problemas sobre los que los estudios han identificado, además de lo que la planeación y los programas de ayuda y apoyo al desarrollo han demostrado a través de su ineficiencia y fracaso. Si bien, las oportunidades de renacer como sociedad están plasmadas en todas partes, en el arte, la ciencia y la cultura latinoamericanas; solo hay que trascribirlas a la realidad social, solo hay que tomarlas para poder trasformar el pensamiento. La educación parte fundamental del desarrollo es la base, pero no la educación entendida como una butaca y un pizarrón, sino entendida como su mayor metáfora, como un intento de desmitificar la identidad, como un ensayo.