Acto del Reflejo

De Casiopea




Diez sepatatas portada web.jpg



TítuloActo del Reflejo
Año1985
AutorVarios Autores
Tipo de PublicaciónCapítulo de Libro
EditorialEscuela de Arquitectura UCV
Edición1a
ColecciónOficio
CiudadValparaíso
Palabras Claveacto, amereida, constel
Código
743.8368 COR
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

10)
Otrora continuo devol-
al - viéndose, al inicio,
pero
su línea de frentes cambiados
su gesticulación
de los pies
a los pies
y tantas que van
con
las manos
y aquellas que traen
los brillos con los atrapados
o devueltos. Pues al suelo
en una sola secuencia cada pues.
Así paso. Un aproximarse ¿dónde?
A tal articulación de pie sin manos, en la
discontinuidad
que fija la palabra, cuando
el rodear
a lo - con referencias y lo. Luego sin ellas
tras el tras la disgregación
y translación en destellos
de rotación
a seña que deja, tanto cuanto en transparencia
este suelo
ya desmembrado. Tú, de origen y él con propio
reconocido (¿a quién cuesta?) de su propio largo,
de sus huellas, de sus celajes.

(11)
Si en; opuestos ritmos
sin brillos, de orientación y desorien-
tación, hasta una marcha
sin rastro donde
atrapar con el brillo
no, no la luminosidad
sino tu cuerpo. Así del
deambular, en el reflejo asimétrico,
por la profundidad distada
al perímetro que se fuga. Pues tú en múltiple y yo en puntos.
Cual a cual diametralmente. Ya nunca
asimétricos.


El día Lunes 7 de Octubre, en el bosque del Camping en Buenos Aires, a las 15 hrs., se oyó por los alto parlantes, la voz de Godofredo Iommi que decía unos pasajes de “Amereida”, con los cuales se abría el juego o “Acto del Reflejo”:

No es preferible un momento resistir con el instinto la nostalgia.
Perdámosnos en pos de nuestros propios pasos.
Detrás de la sobreluz hay siempre un signo.


El Acto del Reflejo consistió en crear una figura conformada por todos los profesores y alumnos portadores de una superficie reflejante. A partir de ella cada uno se desprendía de la figura hasta una dada detención y desde ella leía lo que tenía ante sí (la figura disgregándose y el trazo que su andar había grabado en el suelo). Esos textos respetados en su integridad fueron reunidos por conectivas por Godofredo Iommi al modo de ciertos actos de la "Phalène". Godofredo Iommi estableció a su vez su propia diagramación del texto resultante. Y cada alumno, fundamentándola, hizo la propia.


Esa misma tarde, cuarenta minutos después de iniciado el acto, la misma voz del comienzo decía ahora y siempre "Amereida":

¿Pero cómo hay nombres? Una mañana de 1927 ahora los veo, Alberto, témpanos marinos bajo la página azul asiste inagotable su blancura. Aparecidos, llevan y lejos de sí mismos se disuelven. Cada nombre contiene su desconocido.