Acerca de la Cruz del Sur

De Casiopea
Diez sepatatas portada web.jpg


TítuloAcerca de la Cruz del Sur
Año1985
AutorMiguel Eyquem
Tipo de PublicaciónCapítulo de Libro
EditorialEscuela de Arquitectura UCV
Edición1a
ColecciónOficio
CiudadValparaíso
Palabras Clavecruz del sur, amereida, constel, separatas
Código
743.8368 COR
PDFArchivo:OFI 1985 Acerca Cruzdelsur.pdf
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial
NotaDiez separatas del libro no escrito

Amereida termina con una página en blanco diciendo en su centro así:


el camino no es el camino


Esto viene después del dibujo del azaroso mapa recorrido, el cual viene después del análisis de la inversión de los continentes que permitió colocar el mapa invertido.


¿qué es esta América retornada e invertida?
¡es América vista a partir de la tierra!
a partir de lo debajo dicho de otro modo
de donde viene dante y donde están los muertos


Y el poema comienza sí:


¿no fue el hallazgo ajeno
a los descubrimientos

- oh marinos


En las páginas centrales aparece de nuevo de donde viene Dante y el canto a las cuatro estrellas. Igualmente el cronista. Y un poco más adelante:


- regalo o constelación

para encender de nuevo el mapa

bajemos su señal sobre esta hora
introduzcamos sus ejes

en nuestra intimidad

su hélice
en el mar interior de América
tracémosla sobre estos ríos
que la guardan
reflejándola

...
la travesía consigue su cielo
como los ojos

...
bajo su luz
la carencia se muda de riesgo
...
- nuestro apoyo
está en los aires
vasto
como la residencia de los pájaros
así lo desconocido se hace en la pupila
...


De este modo Amereida nos ha señalado desde el principio la cruz y el cielo. Ella ha sido su punto de apoyo para hacer girar el mapa y así transformarla en Cruz del Norte. La ha abatido sobre el suelo de América; la ha trazado sobre los ríos que la guardan, la reflejan. La ha convertido no en símbolo sino en camino y en orientación; aún más le ha conferido poderes, le ha dado a la noche la potencia de iluminar el camino y mostrar sus riesgos. Nos eleva en un sueño que busca el “apoyo en los aires, vasto”.

¿Qué apoyo puede ser éste más sólido que estas estrellas inamovibles entre sí, señalando cada vez nuestro norte?

Sin embargo quedamos sumergidos en el misterio. Habiendo comenzado por un hallazgo el cual comprendía esta cruz, este signo que indica hacia... ya cantado desde Europa, con todo, termina en la mayor desorientación: el camino no es el camino.


Esta frase enigmática que culmina la travesía de Amereida a través del poema, nos quiere señalar en su lectura inmediata que los caminos no están hechos. Los caminos que nos conduzcan no son aquellos trazados y conocidos, los que transitamos habitualmente. Ya no estamos hablando de las rutas que señalan las cartas o que indican las guías. Se trata por supuesto de otros caminos que en adelante debemos encontrar cada vez que nos pongamos en marcha. Tendremos que salir a su encuentro.


Dejando el suelo por el momento, volvemos hacia donde nos señalaba el principio: la travesía descubre su cielo: Como los ojos... bajo su luz... nuestro apoyo está en los aires... Es decir aquello que señalamos hacia arriba, lo que se adelgaza con la altura; esa altura que encontrará su propia luz, aquella del fondo de la noche, la que se acerca al lugar donde las estrellas tienen “el menor giro”.


Amereida entonces, al igual que lo hace con un continente, nos abre el cielo, hacia él iniciamos ahora una aproximación.

Observemos con lentitud hacia este oscuro de la noche. Nos enfrentamos con un “plano negro” con puntos luminosos en una lejanía. Nos enfrentamos con un espacio.

Son los pintores de nuestro tiempo los que han tenido que enfrentarse nuevamente a la definición de las “dimensiones”: en la conversión de unos espacios a otros, en una resta sin disminución de dimensiones.

Malevitch decía: “solamente podemos sentir el espacio cuando nos alejamos de la tierra, cuando desaparece el punto de apoyo. La tela suprematista representa el espacio blanco, no el azul.


Considerando estas dos afirmaciones arrojan lo siguiente:

1. Cuando dice: alejarse de la tierra, perder el punto de apoyo, está hablando claramente de salirse del campo gravitacional, flotar en el vacío. De este modo el espacio no tiene planos preferenciales, no hay vertical ni horizontal.

Todas las direcciones son equivalentes.


Volviendo a la noche estrellada podemos proponernos parcialmente esta experiencia de Malevitch.

Ya que no podemos situarnos en el vacío, la noche nos puede ayudar a perder las referencias habituales.

Si el cuerpo yace boca arriba en el suelo a campo abierto, mirando vertical hacia la noche; en tal posición sólo se ven las estrellas y ninguna dirección de referencia.


2. Nos enfrentamos entonces con el vértigo de ese vacío negro entre los puntos luminosos y ningún otro punto de apoyo para el ojo. Aquí se ha invertido el blanco por el negro. Estamos por tanto dibujando con líneas invisibles entre puntos luminosos inmóviles; el espacio de la pura luz.


Acotemos esta imagen con una cita de Kandinsky: “uno de los primeros pasos en el reino de lo abstracto consiste en excluir la ilusión espacial; se conserva el plano, pero para utilizarlo al mismo tiempo como plano ideal y como espacio; se obliga así al espectador a olvidarse de sí mismo y perderse en el cuadro como uno se interna en una calle que hasta ese momento sólo observó desde una ventana”.

“No en vano he designado como “indefinible” el espacio que surge a raíz de la desnaturalización: su profundidad es en última instancia ilusoria y por lo tanto, no puede ser medida con exactitud”.


Esta definición la podemos aplicar a modo de comprobación, a una zona delimitada del cielo estrellado, este espacio inatrapable, este aire negro donde flotan miles de puntos de luz inmaterializados en la profundidad astronómica. Se nos presenta en su perfecta abstracción. Plano –espacio indefinible–, abierto así a infinitas lecturas de su contenido.


Podemos proponernos ante esta visión remota en su incorporeidad y envolvente a la vez en su amplitud, una reconstrucción. Esta vez ignorando las actuales constelaciones. Otras relaciones, un juego arbitrario cuyas reglas las propondríamos según principios de nuestra invención, que regulen magnitudes, intervalos, proximidad o lejanía. Una nueva lectura del cielo; otras constelaciones para otros caminos a orientar.

Volviéndonos primero hacia el sur, las estrellas de la Cruz y otras vecinas de primera magnitud aparecen como los puntos invariantes donde se fundan construcciones geométricas, figuras virtuales de trazados rectilíneos que revelen el polo, lo hagan aparecer en ese espacio aún vacío donde se halla. Tres construcciones posibles se muestran aquí para ilustrar lo propuesto. Ellas son aproximativas, la aproximación estimada por el ojo. Habrá otras que integren más puntos o sean más claras de descubrir.

(dibujo 01)

Esta construcción del polo posee una potencia inconmensurable en el plano negro de la noche. Ella contiene un punto virtual revelado por la pura geometría. Pero este punto es único, es el centro único fijo, aquel que podemos unir a nuestro suelo con una línea, y esa línea se convierte en eje del mundo. Al mismo tiempo en nuestro ojo, por ese punto se escapa una perspectiva sin fin.

Ese punto se sitúa por tanto en el infinito. Las líneas que convergen sobre él se aceleran al acercarse y se hacen asintóticas a un fondo infinitamente lejano, inalcanzable: El verdadero vacío sin fondo.

(dibujo 02)

Nada hay en la visión de la naturaleza más inmóvil y quieto aparentemente que el cielo estrellado: “se advierte que ha girado nunca se le ve girar”.

Sin embargo, en esta exigencia por encontrar el centro mismo, aquel donde inmovilizamos el mundo en un solo punto donde nada se altera; en esta búsqueda hemos puesto el cielo en movimiento. Los puntos luminosos han sido unidos, han desplazado su luz haciendo un trazo virtual hasta el próximo punto. Son las relaciones exigidas por las construcciones propuestas.

Aquí Kandinsky diría: “el punto muere y surge de él un ente nuevo, que lleva vida nueva, independiente y sometida por lo tanto a leyes propias. Es la línea. La línea geométrica es un ente invisible es la huella del punto móvil... Aquí se verifica el salto de lo estático a lo dinámico”.

Para nosotros esta concepción “dinámica” en el proyecto del cielo es un asunto de percepción.


Nos encontramos en la búsqueda de los caminos del cielo, ante la carencia de una materialización del polo. Esta realidad que ha venido a nuestro encuentro nos ha ofrecido hechos precisos como lo son estas estrellas de primera magnitud. Puntos luminosos inequívocos, entes del espacio seguros.

Estos en su importancia se muestran por sí mismos, se aproximan para el trazado de nuestras construcciones que revelen el polo y fijen de este modo sus giros.

Es un hallazgo que nos permite realizar en la abstracción de la noche, en ese espacio “indefinible” aquel “salto de lo estático a lo dinámico”.

Hemos unido en una única dirección la profundidad con la altura.


Hemos hecho circular líneas invisibles que unen los puntos más luminosos. Estas a su vez se han prolongado según leyes geométricas que hemos propuesto a través del negro-blanco para desvelar aquel punto, lugar geométrico de todo movimiento en el cielo. El único que permanece en sí mismo.

Hemos avanzado desde una periferia cada día diferenciada hacia un centro encontrado.


Debemos interrogar a Amereida frente a estas precisiones ¿Cómo se interpretan los caminos del cielo?

Por el momento estos caminos, esas “cuatro estrellas nunca vistas...” “...gozar parecía el cielo con sus llamas” así cantadas por Dante desde lo debajo, han iluminado nuestra noche para fijar una estaca en el polo.


Nos han señalado también cómo “ver” trazados en el cielo para acercarlo a nuestra comprensión, para “encender de nuevo el mapa” invertido. No ya la sola Cruz sino la Cruz y los trazados que la fijan al punto sin direcciones cardinales.