ASHA arquitectos
| Título | Borde Vivo |
|---|---|
| Período | 2026-2026 |
| Alumno(s) | Sofia Henriquez, Kristefani Arancibia, Agustina Arredondo, Aylinne Sotomayor, Jose Ibaceta Cornejo |
Consultora Borde Vivo
¿Quiénes Somos?
La Consultora Borde Vivo surge a partir de las observaciones individuales realizadas por cada integrante en torno al borde. A través de distintos croquis y recorridos, fuimos reconociendo que estos espacios no se comportan como un límite fijo, sino como lugares activos, donde ocurren encuentros, cambios de nivel, detenciones y relaciones entre distintas condiciones del entorno.
A partir de estas observaciones, el nombre “Borde Vivo” busca dar cuenta de esa condición dinámica, entendiendo el borde como un espacio que se habita, se recorre y se transforma, más que como una simple línea de separación.
Como equipo, trabajamos desde esa mirada, tomando nuestras propias observaciones como base para desarrollar propuestas que respondan de manera concreta a lo que ocurre en el lugar.
Horizonte de Trabajo
La consultora orienta su horizonte al desarrollo de proyectos de vivienda social que promuevan condiciones habitables adaptables y coherentes con las necesidades de sus usuarios y su contexto. Se proyecta una arquitectura que entienda el habitar como una relación dinámica entre personas, espacio y entorno, capaz de transformarse en el tiempo sin imponer soluciones rígidas. Desde esta perspectiva, se busca consolidar propuestas espaciales que favorezcan la integración contextual y respondan con flexibilidad a las condiciones cambiantes del habitar.
Contrato
Trabajos Individuales
Dibujar Ojos
E1 Fichas de plantas
E2 Curso del Espacio
Trabajo Grupal
Informe de Valparaíso
Contexto Geográfico e Histórico
En sus primeros años coloniales, Valparaíso tuvo un desarrollo modesto. Esta situación comenzó a cambiar desde *1559, cuando se inició la construcción de una capilla en el lugar donde hoy se ubica la **Iglesia La Matriz. A su alrededor surgieron bodegas y viviendas, mientras en el cerro Cordillera se levantó el **Castillo San José*, fortificación destinada a proteger la bahía y la población. Más tarde también se construyeron defensas en los cerros Artillería, Concepción y Barón.
A comienzos del siglo XIX, Valparaíso adquirió gran importancia y se transformó en la ciudad más dinámica del país. Su población casi se triplicó en sesenta años y el puerto pasó a ser el principal centro económico de Chile, además de punto estratégico en las rutas marítimas entre Europa y el Océano Pacífico por el Cabo de Hornos. En *1840*, el camino entre Valparaíso y Santiago era la vía comercial más importante del país.
Durante este período se consolidaron instituciones claves: en *1842* se creó la Provincia de Valparaíso y se construyeron los Almacenes Fiscales; en *1850* se inauguró la Bolsa Comercial y en *1855* surgieron los primeros bancos privados, uno de ellos en la ciudad.
En la segunda mitad del siglo XIX, Valparaíso se convirtió también en un importante centro de inmigración. Llegaron ingleses, alemanes, franceses, italianos, yugoslavos y norteamericanos, muchos de ellos comerciantes y profesionales que impulsaron la economía urbana. La influencia británica fue especialmente visible en barrios, calles y costumbres de la ciudad.
Desde mediados del siglo XIX hasta la primera mitad del XX, Valparaíso fue la capital económica de Chile, concentrando actividad bancaria, compañías navieras, industrias, ferrocarriles, comercio y aseguradoras. Sin embargo, este auge se vio interrumpido por el *terremoto de 1906, que destruyó gran parte de la ciudad, especialmente Almendral. Luego, la apertura del **Canal de Panamá en 1914* redujo el tráfico marítimo del puerto, y la crisis de *1929* provocó la migración de industrias hacia Santiago, iniciando un prolongado período de decadencia económica.
Valparaíso es una de las ciudades más antiguas de Chile y su origen está profundamente ligado a su geografía natural. Se emplaza en una amplia bahía rodeada por cerros y quebradas, lo que dio forma a una ciudad dividida entre el plan costero y las laderas habitadas. Esta relación entre mar, plan y cerros definió desde el inicio su identidad urbana.
Su historia comienza en 1536, cuando durante la expedición de Diego de Almagro hacia Chile, el capitán Juan de Saavedra descubrió la bahía de Alimapu, lugar donde desembocaba el valle de Quintil, actual sector de Plaza Echaurren. Con el tiempo, este punto se transformó en un asentamiento estratégico por sus condiciones naturales para el desembarco y la actividad marítima.
El crecimiento de la ciudad se adaptó a la topografía irregular del terreno, desarrollando construcciones en pendientes, caminos sinuosos y conexiones entre los cerros y el plan. Más tarde, la arquitectura colonial se mezcló con influencias europeas, especialmente británicas y alemanas, que llegaron durante el siglo XIX.
En ese mismo siglo, Valparaíso alcanzó su mayor auge al convertirse en uno de los principales puertos del Pacífico sur, clave en las rutas comerciales que unían Europa con América a través del Cabo de Hornos. Gracias a ello, fue centro económico de Chile y punto de entrada de mercancías, inmigrantes e ideas. Su valor histórico, urbano y geográfico llevó a que en 2003 la UNESCO la declarara Patrimonio de la Humanidad.
Valparaíso está emplazado sobre una antigua playa de arena cubierta por relleno artificial, por lo que gran parte de su expansión urbana se logró ganando terreno al mar. Un caso destacado es el sector Almendral, originalmente una playa que más tarde, tras un proceso de relleno, se consolidó como una parte importante del plan de la ciudad. Del mismo modo, la ocupación urbana avanzó gradualmente sobre quebradas, terrazas marinas y los cerros que rodean la bahía de oeste a este.
Desde el punto de vista físico-geográfico, la ciudad se ubica en una planicie costera con dirección norte-sur, en la costa suroeste de América del Sur, entre los *33°01’ de latitud sur y 71°38’ de longitud oeste, a **118 km al noroeste de Santiago*. Su principal símbolo natural es la bahía rodeada por una cadena montañosa de tipo cordillerano que desciende hasta el mar, configurando un anfiteatro natural orientado hacia el Océano Pacífico.
Históricamente, el componente geográfico siempre ha sido fundamental. En sus orígenes, Valparaíso contaba con una abundante vegetación nativa y un bosque esclerófilo exuberante, recurso clave para el asentamiento humano y fuente energética. Entre las especies autóctonas destacaban *litre, boldo, peumo, patagua, arrayán, quillay* y palmas chilenas (Jubaea chilensis).
En cuanto al clima, posee condiciones templadas de tipo mediterráneo, con lluvias invernales que alcanzan en promedio *480 mm anuales, concentradas entre mayo y octubre. La temperatura media llega a **20 °C en verano* y *15 °C en invierno, con una variación térmica moderada de aproximadamente **5 °C. La humedad relativa en verano alcanza cerca del **65%*. Estas condiciones se explican por la influencia de la corriente fría de Humboldt y la brisa marina, que moderan las temperaturas durante todo el año.
Otro rasgo geográfico característico es el viento predominante del suroeste, que contribuye a alejar la contaminación atmosférica de la ciudad. Además, en quebradas y zonas periféricas aún se conservan restos de la biodiversidad original que caracterizó a Valparaíso desde su fundación.
Valparaíso destaca por la presencia de grandes acantilados ubicados al sector poniente de la ciudad, una formación costera poco común en Sudamérica. Por su importancia ecológica y paisajística, esta zona fue protegida oficialmente como Santuario de la Naturaleza. Hacia el sur, la línea costera cambia y da paso a un territorio marcado por farellones, quebradas y pequeños esteros.
Este espacio natural conserva características relictas, ya que en la costa de Chile central subsisten especies vegetales propias de ambientes más húmedos e incluso de sectores precordilleranos.
Durante el invierno, las condiciones climáticas generan uno de los mayores desafíos para la ciudad. Las lluvias intensas suelen coincidir con marejadas que impactan el borde costero, mientras el agua que desciende por las laderas produce derrumbes y deslizamientos en zonas altas, afectando viviendas y acumulando material en el sector plano.
La forma urbana de Valparaíso está determinada por una topografía única, donde se reconocen tres elementos esenciales: la bahía, el plan y los cerros.
Contexto Social
Para entender la distribución territorial y el crecimiento urbano y demográfico de Valparaíso, es clave partir mirando los datos del INE. La ciudad muestra una fractura clara: hay un estancamiento y hasta pérdida de población en el Plan, frente a una expansión súper fuerte hacia los bordes altos y el sector de Placilla. Esto se traduce en un deterioro físico y comercial evidente en el centro, con hartos vacíos urbanos, mientras los cerros aguantan toda la presión de la gente que busca dónde vivir.
Las necesidades habitacionales acá son críticas. El déficit no es solo la falta de casas, sino que está súper marcado por el hacinamiento y el allegamiento informal. Familias enteras comparten el mismo paño en los cerros porque el mercado formal los deja fuera. Esto le pega directo al carácter barrial; si bien en los cerros la vida de barrio y el tejido social son súper potentes, esa misma identidad se tensa por lo precario del espacio.
A esto hay que sumarle que la movilidad es un problema mayor. La topografía corta la ciudad y hace súper difícil conectar el habitar del cerro con los servicios y el comercio del Plan. Depender de micros que no logran subir a las cotas más altas o de ascensores con funcionamiento intermitente, termina aislando a las poblaciones más vulnerables, encareciendo su costo de vida y limitando caleta su acceso a equipamiento y servicios básicos.
Contexto Cultural
Dinámicas Barriales y Arraigo Territorial
En Valparaíso, las dinámicas barriales se configuran a partir de una estrecha relación entre comunidad, territorio y forma urbana. La condición de anfiteatro natural permite una constante visibilidad entre los cerros, generando no solo reconocimiento del paisaje, sino también del otro. De este modo, el habitar no se limita a la escala inmediata de la calle, sino que se expande hacia una comprensión más amplia del territorio, donde cada cerro forma parte de un sistema mayor de relaciones visuales y sociales.
En este contexto, el arraigo territorial adquiere un carácter profundo, sostenido por la vida cotidiana, la cercanía entre vecinos y el uso compartido del espacio público. Las escaleras, pasajes y miradores se transforman en espacios de encuentro, donde se construyen redes de apoyo y formas de organización comunitaria que fortalecen la identidad barrial.
Este arraigo no es solo cultural, sino también una forma de permanencia frente a condiciones adversas. La población tiende a mantenerse en estos territorios, incluso en contextos de deterioro o riesgo, debido a la consolidación de vínculos sociales, la cercanía a servicios y la posibilidad de sostener economías cotidianas. Así, el barrio se configura como una red de soporte que dificulta el desplazamiento hacia otros sectores de la ciudad.
Formas de Habitar en Relación con el Riesgo y las Quebradas
Las formas de habitar en cerros y quebradas se desarrollan en estrecha relación con las condiciones topográficas del territorio. La ocupación de laderas con fuertes pendientes, junto con la presencia de vegetación y suelos inestables, configura un escenario de vulnerabilidad frente a riesgos como deslizamientos e incendios.
Estos asentamientos surgen a partir de procesos de autoconstrucción y ocupación progresiva, donde las viviendas se adaptan a la pendiente y se consolidan con el tiempo, generando un tejido urbano fragmentado y de difícil acceso. La falta de infraestructura adecuada, sumada a pasajes estrechos y escaleras, dificulta tanto la movilidad cotidiana como la respuesta ante emergencias.
Sin embargo, estas condiciones no solo reflejan vulnerabilidad, sino también una capacidad de adaptación. Los habitantes desarrollan estrategias que les permiten habitar y permanecer en estos territorios, configurando un modo de vida que integra el riesgo como parte de la experiencia cotidiana.
Materialidades, Arraigo Territorial y Deterioro
Las materialidades presentes en los cerros y quebradas responden a procesos de autoconstrucción y a la adaptación al entorno, utilizando principalmente materiales livianos como madera, planchas metálicas y elementos reciclados. Estas decisiones constructivas no solo responden a limitaciones económicas, sino también a la necesidad de ajustarse a la topografía, configurando un paisaje urbano heterogéneo y en constante transformación.
No obstante, estas mismas condiciones, junto con la falta de planificación y mantenimiento, dan lugar a procesos de deterioro urbano y ambiental. La precariedad de las construcciones, la acumulación de residuos en quebradas y la cercanía a áreas forestales incrementan la vulnerabilidad frente a incendios y otros riesgos.
En este sentido, el deterioro no puede entenderse de manera aislada, sino en relación con las formas de habitar, donde la permanencia de los habitantes, sostenida por el arraigo territorial, convive con condiciones de fragilidad y transformación constante.
Normativa
1. Planificación urbana y estructura normativa
La planificación urbana de la ciudad de Valparaíso se enmarca en el sistema de planificación territorial establecido por la legislación chilena, particularmente a través de la Ley General de Urbanismo y Construcciones (LGUC) y su Ordenanza General (OGUC). Estos cuerpos normativos definen la estructura jerárquica de los instrumentos de planificación, estableciendo escalas nacionales, regionales y comunales (MINVU 2023).
A nivel local, el Plan Regulador Comunal (PRC) constituye el principal instrumento de ordenamiento territorial, regulando usos de suelo, condiciones de edificación y vialidad estructurante. Sin embargo, Valparaíso no puede comprenderse únicamente desde esta escala, ya que forma parte de un sistema urbano mayor regulado por el Plan Regulador Metropolitano de Valparaíso (PREMVAL), el cual define directrices de crecimiento urbano, protección ambiental y localización de áreas urbanizables (Gobierno Regional de Valparaíso, 2014). Esta superposición de instrumentos genera una relación compleja entre escalas normativas, donde las decisiones comunales deben ajustarse a criterios regionales.
2. Zonificación y uso de suelo
La zonificación urbana en Valparaíso tiene como objetivo ordenar un territorio complejo, caracterizado por su topografía abrupta y una ocupación histórica progresiva. A través del Plan Regulador Comunal (PRC), se establecen zonas residenciales, mixtas, de equipamiento y productivas, definiendo los usos permitidos y las condiciones de edificación en cada sector.
En términos simples, la zonificación responde a la pregunta ¿qué se puede hacer en cada parte de la ciudad?. En Valparaíso, esta regulación se ve fuertemente condicionada por la escasez de suelo plano y la localización del crecimiento urbano en cerros y laderas. Por esta razón, la normativa incorpora restricciones asociadas a pendientes, accesibilidad y áreas de riesgo, como incendios o remoción en masa.
Como resultado, no todas las zonas residenciales presentan las mismas posibilidades de edificación, aun cuando compartan un mismo uso de suelo, ya que la zonificación busca compatibilizar la habitabilidad con criterios de seguridad y estabilidad del terreno.
3. Resguardo patrimonial
El resguardo patrimonial constituye uno de los ejes centrales de la normativa urbanística en Valparaíso, dada la relevancia histórica, urbana y paisajística de la ciudad. El territorio cuenta con Zonas de Conservación Histórica, inmuebles protegidos por la Ley de Monumentos Nacionales y áreas reconocidas como Patrimonio Mundial, lo que implica regulaciones específicas sobre las intervenciones permitidas (Consejo de Monumentos Nacionales, 2022).
Desde el punto de vista normativo, estas áreas se encuentran sujetas a límites de altura, restricciones de volumetría, control sobre fachadas y materialidades, y a una revisión especial de los proyectos, con el objetivo de resguardar la imagen urbana, la morfología de los cerros y la arquitectura histórica característica de Valparaíso.
Si bien estas disposiciones cumplen un rol fundamental en la preservación del carácter urbano y paisajístico de la ciudad, también generan tensiones en los procesos de renovación urbana y producción habitacional, especialmente en sectores centrales donde la demanda de vivienda es alta y las posibilidades de transformación son limitadas.
4. Densificación urbana
La densificación urbana es promovida por la política pública como una estrategia para optimizar el uso del suelo en ciudades consolidadas y reducir la expansión hacia áreas periféricas o de riesgo (MINVU, 2021). En Valparaíso, esta estrategia se orienta principalmente hacia sectores con mayor conectividad y cercanía a equipamientos urbanos.
No obstante, su implementación enfrenta importantes restricciones derivadas del resguardo patrimonial, la presencia de riesgos naturales y la limitada capacidad de la infraestructura urbana existente. Estas condiciones impiden una densificación homogénea en el territorio y obligan a abordar este proceso con especial cautela.
En este contexto, la densificación en Valparaíso no puede entenderse únicamente como un aumento de la carga edificatoria, sino como un proceso que debe considerar criterios de seguridad, integración con el entorno urbano y calidad del habitar, de modo de compatibilizar el crecimiento urbano con las particularidades físicas y culturales de la ciudad.
5. Relación con el borde costero y el puerto
La relación entre Valparaíso, su borde costero y la actividad portuaria es históricamente compleja debido a constantes superposiciones normativas. Desde lo regulatorio, este territorio está sujeto a instrumentos sectoriales que responden a intereses divergentes, lo que ha derivado en una gestión fragmentada de la costa (Subsecretaría de Desarrollo Regional, 2018).
Por un lado, el puerto opera como una infraestructura estratégica de escala nacional bajo regulaciones que priorizan su función logística y económica. Por otro, la planificación urbana comunal reconoce el borde costero como un espacio de alto valor paisajístico, ambiental y simbólico, buscando resguardar el acceso público, la recreación y la protección del entorno natural.
Esta desarticulación normativa genera una tensión permanente entre la necesidad de expansión portuaria y los objetivos de integración ciudadana. Como resultado, gran parte del borde costero funciona hoy como un espacio desvinculado de la vida urbana cotidiana, evidenciando que superar esta histórica fractura espacial es uno de los principales desafíos de la planificación local.
6. Política habitacional: DS 49 y cooperativas de vivienda
El Decreto Supremo N°49 del Ministerio de Vivienda y Urbanismo constituye uno de los principales instrumentos de política habitacional orientados a sectores vulnerables, promoviendo soluciones habitacionales con apoyo estatal (MINVU, 2019). En Valparaíso, su aplicación se ha visto condicionada por la escasez de suelo disponible, los altos costos de urbanización y las restricciones normativas asociadas al patrimonio y al riesgo.
En este contexto, las cooperativas de vivienda emergen como una alternativa relevante para la producción de vivienda social, al fomentar modelos de gestión colectiva y arraigo territorial. Sin embargo, su desarrollo requiere una mayor articulación con los instrumentos de planificación urbana y un marco institucional que facilite su implementación en un territorio de alta complejidad.
7. Otros instrumentos y consideraciones ambientales
Además del Plan Regulador Comunal y el PREMVAL, la planificación urbana de Valparaíso se encuentra fuertemente condicionada por normativas ambientales y planes de gestión del riesgo, debido a la fragilidad de su entorno natural y a la presencia de amenazas recurrentes. Entre estas regulaciones destacan las asociadas a la protección de áreas de valor natural, quebradas, cursos de agua y el borde costero, así como aquellas derivadas del Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental, que puede exigir estudios o declaraciones ambientales para proyectos de cierta envergadura.
Asimismo, la ciudad cuenta con instrumentos orientados a la prevención y mitigación de riesgos, especialmente frente a incendios forestales, remoción en masa y sismos, los cuales inciden directamente en la localización, densidad y condiciones de edificación. La coexistencia de estos instrumentos ambientales, urbanos y sectoriales refleja la complejidad del territorio porteño y evidencia la necesidad de una mayor coordinación entre escalas normativas e instituciones, para compatibilizar el desarrollo urbano con la protección del medio ambiente y la seguridad de la población.
Situación de Campamentos
La situación de los campamentos en Valparaíso ya superó cualquier margen. Si uno cruza los datos censales con los últimos catastros de campamentos del MINVU y TECHO, la curva de crecimiento es brutal en esta última década. Son miles de familias en la región que, al quedar marginadas, terminan autoconstruyendo en los límites de la ciudad. Casos emblemáticos en la zona como el Campamento Mesana en el Cerro Mariposa, el Campamento Violeta Parra, o la inmensa macrozona del Campamento Manuel Bustos hacia el límite con Viña del Mar, son el reflejo físico de esta crisis.
El mayor conflicto espacial de esto son los riesgos geográficos que impone la misma forma del anfiteatro. Estas tomas se levantan justo en el borde de las quebradas y laderas con pendientes extremas. Esto deja a las familias totalmente expuestas a remociones en masa y aluviones en invierno, y a los incendios de interfaz urbana en verano, como los que arrasaron hace poco.
Pero a pesar de esta vulnerabilidad constante y de no tener acceso a servicios básicos formales, teniendo que colgarse a la luz o depender de camiones aljibe para el agua, hay un arraigo territorial gigante. En lugares como Mesana se ve cómo las mismas familias arman su propia gestión territorial y redes de apoyo para sostener el barrio y transitar hacia la formalidad ante la falta de planificación oficial. Entonces, el desafío no pasa por erradicarlos, sino por pensar cómo, a través de una cooperativa de vivienda, se puede consolidar ese suelo, mitigar el riesgo y mantener vivo ese tejido social que ya existe.