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De Casiopea



Título( )
AutorGodofredo Iommi
Páginas3
Imágenes3
Ancho 21 cms.
Alto 27 cms.
Fecha1940
ColecciónPoesía
FondoIommi-Amunátegui
ConjuntoCarpeta Celeste
Número de Ingreso006
NotaVersión original mecanografiado. Poema perteneciente al conjunto editado con el título Fuese (Escuela de Arquitectura UCV, Viña del Mar 1984). Al final del poema, se lee manuscrito: «1940».
PDFArchivo:( ).pdf
Código
IOM-POE-IAM-CCE-OTR-940-006
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Otra vez ellas. Las hubiera podido reconocer en alta voz, delatarlas. Había estado en sus propios países. Podía entender el idioma de sus irregularidades vegetales, de sus ramificaciones tortuosas parecidas al sentido de esta luz. Sus líneas tendidas en hábiles curvas, soeces, como una oreja infidente, como fines de alguien que dirige en secreto, al fondo, dentro.

Las largas capas caían sobre la tierra. Porque también me frustraban esas tierras gruesas y verticales, levantadas hacia arriba, desprendidas de alguna nube que por allí pasara antaño –erguidas hacia el recuerdo. Me enfrentaba sin éxito. Una montaña rota. Después tendía mis vigilancias para vencerlas con los ojos, ojos solos. Poco a poco aparecían en sus alturas intermedios que se transformaban en ventanas con luces de «terracota» y algunas escalas.

Seguía una pausa entre sus apariciones y mis pupilas como si alguien respirara en lo invisible.

Hasta que me alcanzaba, medio a medio, luciente, con un pelo moreno. Aparecía rayada, con su mano en la balaustrada que subía desde el suelo hasta partirse, con fragilidad, en dos alas claras que se esfumaban por los lados. Con los hombros desnudos para una primera fiesta. Un pájaro nocturno sin canto, lleno de colores olvidados por la especie. Semejante al ángel de los arbustos. Aparecía como si se iluminara o mudara su oscuridad por otra distinta de la reinante. (Una buena planicie pelada. Uno por uno. La figura entera desasida de los objetos y los hechos igual que la ropa antigua o una soga).

Las ventanas se llenaron. Hablaban con insistencia, con velocidades muy largas, se agitaban. Eran muchas hartas, hartas, muchas. Todas se tornaban hacia una fealdad de gente, feas, feas, eran todas putas, putas, putas, putas salvajes, apretadas contra las ventanas de la montaña rota como un gran pájaro solo.

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Fondo Iommi-Amunátegui / Carpeta Celeste:

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