Taller de Amereida 2013

De Casiopea



Asignatura(s)Taller de Amereida
Año2013
Tipo de CursoOtro
TalleresARQ 2º, ARQ 3º, ARQ 4º, DG 2º, DG 3º, DO 2º, DO 3º
ProfesoresCarlos Covarrubias, Jaime Reyes, Alberto Cruz
Palabras Clavepoética, poesía, ciudad abierta, taller de amereida
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio, Formación y Oficio, Doctorado en A&D

Primer Trimestre

Audios, Vídeos

  1. Audios del primer trimestre
  2. Vídeos del primer trimestre

Cuaderno del Taller

Este año, así como el año pasado, la poesía cantó el tiempo nombrándolo, llamándolo “tiempo de celebración”, y en tal tiempo, en travesía, recorrimos el continente americano en ambos sentidos, celebrando: de la Ciudad Abierta a I Park, y luego, de la Ciudad Abierta a Sao Paulo, casi casi, esta última, llevada a cabo con toda la Escuela. Sí, celebrando los sesenta años precisamente del encuentro fortuito, un buen día, de la poesía con el oficio y del oficio con la poesía: relación recíproca que nos habla del amor a lo distinto, de los opuestos, de nosotros y los otros, tiempo que se hace vigente en esta Amereida nuestra, esta Eneida de América que cada año nos llama a volver a intentarla a pesar de cualquier pesar, que nos espante o nos asuste, prefigurándonos desaciertos o errores. Es que hay cierto quehacer, cierta labor, que por naturaleza no está destinada al éxito o al fracaso, sino sencillamente a ser vividas.

Bién, este año, la poesía nos ha señalado que estamos, que nos toca estar, en un tiempo de obra. Tres palabras sencillas, sin prestigio, tal vez gastadas por el mismo paso del tiempo...

Carlos Covarrubias

marzo 6. Jaime Reyes / Alberto Cruz

Jaime Reyes

El Taller de Amereida tiene una antigua tradición en nuestra Escuela; iniciado hace ya muchos años por Alberto Cruz y Godofredo Iommi. Desde sus inicios hasta ahora en este taller intentamos elucidar la proposición de que existe una relación entre la poesía y los oficios. Esa relación es el horizonte de todo el quehacer de nuestra Escuela en todos los ámbitos en los que se involucra. Por ello es importante que conozcamos y comprendamos sus alcances, sus implicancias, su belleza.

Este año quisiéramos adentrarnos en esa relación a partir de lo que llamamos la obra. En esta Escuela la relación poesía–oficio provoca la obra. Así ha sido desde el primer día; aun antes de la reforma, antes de la primera travesía y las que siguieron, aun antes de la Ciudad Abierta o del poema Amereida. Desde el primer día esta es una Escuela que obra. Todas las preguntas a este respecto son las que quisiéramos que surjan durante este curso.

Desde hace ya dos años lo hemos traído a la Ciudad Abierta, específicamente a sus arenas. Este lugar donde nos sentamos hoy día, en medio de esta duna, quedará enteramente dibujado por nuestras huellas. En una o dos semanas el viento surweste que viene del Océano Pacífico borrará todas estas marcas y las arenas volverán a quedar vírgenes de huella, disponibles a que podamos reunirnos una vez más como si fuera la primera vez en este lugar. A esa posibilidad le llamamos volver a no saber; un estado (Iommi, Ciudad Abierta: De la utopía al espejismo):

En buena parte su suelo es arena; los actos poéticos dicen que ella no es agua ni tierra, que está a merced del viento, que es en sí misma y que se la tiene por estéril pues nos deja en la intemperie borrando toda huella; la arena nos advierte, así, de no radicarnos en conocimientos adquiridos que vengan a filtrar lo que estemos por conocer, vale decir, nos advierte de esa disponibilidad o continuo, incesante volver a no saber que no es –se entiende– permanecer e ignorancias, sino la postura que oye y rima la palabra poética.

Así nosotros quisiéramos atender a la palabra de la poesía para poder aproximarnos a la obra. Cada oficio posee un secreto propio y cuando alguien se acerca a ese enigma del oficio, se asoma al abismo de la libertad. Por eso hacemos el taller con los pies en las arenas, para habérnoslas con el destello fulgurante del abismo de la libertad. Este es el riesgo que quisiéramos acometer; internarnos en la relación de la poesía con el oficio para estar yendo a lo desconocido. Seremos buscadores de desconocido, pero nunca lo hallaremos, nunca lo tendremos completo y desvelado. Se trata de permanecer yendo hacia el desconocido, es un horizonte, una voluntad. En el fondo se trata de un modo de vida; nos aproximamos a la obra no tanto en cuanto un modo de hacer, sino en cuanto a un modo de ser.

Hay que permanecer vigilantes para cumplir con este modo. Podría ser cierto que la mayor plenitud del ser se da en la obra, porque al cabo toda obra se trata del paso del no ser al ser.

Alberto Cruz

Ustedes y nosotros tenemos todos una condición: estamos en la educación superior, luego estamos en lo superior. Hay que ver qué es esto. Si a cualquiera de ustedes le preguntan, ustedes pueden decir que están en lo superior.

A lo superior se aspira. Ese aspirar también es parte de nuestra condición y se relaciona con lo superior. Luego vamos a pensar, para la próxima vez, algo que tenga estas dos palabras que nos repetimos una y otra vez: el aspirar y lo superior.

Porque el poeta, que les acaba de hablar, no necesita repetirse las palabras; él les ha hablado para que ustedes caigan en la cuenta de algo como diciéndoles miren, ¿no se dan cuenta…? Y porque ustedes sí se dan cuenta es que luego pueden dar cuenta.

Vamos a dar cuenta de lo superior y del aspirar.

Marzo 13. José Balcells

a la realidad poética de América

La pregunta por la escultura actual en América nos lleva a considerar, en una visión histórica, como ha sido desde su origen hasta ahora. La civilización de la cual somos herederos relacionó la escultura con lo vertical. Imagino que esta realidad tiene que ver con la condición humana. El hombre erguido. Así, las primeras manifestaciones de escultura de gran tamaño, los menhires, piedras largas erguidas con gran esfuerzo colectivo por comunidades que comparten algún tipo de identidad. Este erguirse de la escultura se practicó en occidente hasta nuestros días. Solamente en el siglo XX y ahora, han aparecido iniciativas que ponen en cuestión esta realidad. El plinto o base es un elemento omnipresente y es la confirmación de la vocación vertical de la escultura occidental. Al parecer este erguirse de algún modo se relaciona con la muerte y la trascendencia. Europa, un continente antiguo y poblado creció hacia arriba; su aire es allá arriba, su liberación arriba, con todas las connotaciones que tal declaración denota.

Entre los escultores del siglo XX, Brancusi es quien mejor que nadie da testimonio de la verticalidad del anhelo europeo. Este extraordinario artista en 1938 realiza la pieza Columna Sin Fin, en la que esta obra de carácter modular se eleva desde el suelo hasta una altura considerable sin variación. Esta obra plantea con claridad un inicio en la tierra y un extenderse al cielo todo lo que la tecnología del momento permita.

De algún modo es la declaración tajante de que la aventura europea es de suelo a cielo.

Otro escultor, Arístides Maillol, contemporáneo del anterior le hace una seña a nuestra modernidad con una obra extraordinaria en la que su musa Pomona quien representa El Río yace tendida como sumergida en él con la cabeza por debajo del plinto que la sostiene.

Tomo estas señales para volver a América y reparar que dos veces al año un río aéreo pasa sobre mi hogar en un vuelo inmenso tanto en tamaño como en distancia. Se trata de la Gaviota de Franklin, ave migratoria que año a año, de polo a polo, y de ida y vuelta, abarca este supercontinente en su totalidad.

Cuando finalmente Europa accede a América se encuentra con la extensión y la ejerce libremente por primera vez. Es esa posibilidad de extenderse sin límites que seduce al descubridor, conquistador, colonizador.

Por ello atendiendo a las señas que la observación nos depara ofrecemos esta escultura a la actualidad americana con tres propiedades singulares. Lo modular: la escultura está compuesta por módulos iguales ensamblados armando un todo que privilegia lo unidireccional.

Lo sinfín: la escultura no propone ni comienzo ni término; en el hecho podría extenderse indefinidamente.

Lo aéreo: la escultura que se extiende como el horizonte no se vincula directamente con el suelo. Plantea una independencia o dislocación de la base. Así pretendemos contestar la pregunta primera.

Marzo 20. Jaime Reyes / Carlos Covarrubias / Alberto Cruz

Jaime Reyes

Voy a intentar reunir dos campos aparentemente disímiles, pero que en el fondo no lo son. Los voy a tratar de reunir para que exista la posibilidad de la relación entre la poesía y los oficios. Pero antes que todo hay que decir lo siguiente: Nos parece aquí, en la Ciudad Abierta y en la Escuela, que “la condición del hombre es poética”. A otros les parece que la condición del hombre es de otra naturaleza, y aun más, a otros les parece que no existe la condición del hombre; que todo se aprende, que todo está en el ambiente, que los hombres y mujeres aquí reunidos no tenemos nada en común, connatural, por el sólo hecho de ser humanos. A nosotros nos parece que sí existe y que esa condición es poética.

Hace muchos años cuando yo era estudiante como ustedes, un profesor en una clase nos dijo que quien no sabía física vivía en las tinieblas. Recuerdo que yo no quería vivir en las tinieblas, y la física no era una cosa que se me diera muy fácilmente. Y a partir de ahí se abrió un campo nuevo, para mí al menos. El mundo comenzó a ser y a hacerse un mundo más coherente, en donde las cosas y los hechos existen y suceden de acuerdo a ciertos motivos que eran cada vez, y que aún son cada vez, más maravillosos. Mientras más estudiaba o estudio (intento que todavía seguir estudiando) se revela una realidad, como maravilla.

También en ese entonces y al mismo tiempo se iniciaba para mí la poesía, y se abría otro campo, y más todavía se ensanchaba el espesor del mundo. Pero mientras la ciencia (la física en este caso, o cualquier ciencia) observa el mundo para obtener la verdad sobre él, la poesía no. La maravilla de la ciencia es que nos dice, o intenta decirnos, la verdad pura y simple sobre las cosas, sobre lo que somos, de dónde venimos o dónde estamos. La ciencia intenta ir hacia la verdad, y es el suyo un camino inacabable; un horizonte, nunca va a acabar. Cada vez que nos acercamos el horizonte se aleja un poco más. Es una andada perenne hacia los horizontes de lo desconocido, en busca de la verdad. Pero la poesía no sigue ni persigue un fin didáctico. Ya nos lo dijeron Edgar Allan Poe, Godo y tantos otros. Poe lo llamaba “la herejía de lo didáctico”: la creencia de que un poema ha de inculcar alguna clase de moral, o alguna clase de acción política, o de responsabilidad social. Él proponía un poema “en sí mismo”, nada más. Escrito exclusivamente para el bien del poema. Sabía Poe, porque era aficionado a la ciencia, que para la verdad hay que ser precisos, simples, concisos, mantener “una fría y desapasionada calma”. Decía que no eran conciliables los aceites de la verdad y las aguas de la poesía. Pero también hablaba de una sed de belleza; la sed de belleza era la condición humana. La “sed inextinguible”, la llamaba él, es el deseo de la mariposa nocturna hacia la luz de la estrella, aun sabiendo que la luz de la estrella la va a convertir en cenizas. Y pensaba que sólo se podían vislumbrar brevemente a través del poema unas divinas alegrías.

Pero entonces yo digo que ciencia y poesía sí tienen algo en común. Ambas son rumbos hacia lo desconocido. Ambas pretenden estar yendo hacia la maravilla. Un modo de ser y hacer el mundo. Ya no pueden ignorarse ciencia y poesía, y hay una instancia en la que se van a reunir para construir el mundo. Esa instancia es la obra. El oficio se hace oyendo. Nosotros creemos que se hace oyendo la llamada de la palabra poética y ejerciendo las labores de la verdad. La llamada, la voz de la poesía, dura un fulgor, un esplendente rayo en la memoria. La labor del oficio, en cambio, sucede en la demora. La obra –la obra de arte y cualquier obra– es acaso el testimonio de esa relación, entre el fulgor efímero que colma, y el ejercicio paciente y dedicado de cualquier quehacer material. Esa relación entre poesía y oficio esplende especialmente en la obra. La relación se juega ahí su “todo por el todo”. ¿De qué forma?, ¿cómo sucede? Porque la poesía canta para que exista su fiesta, la fiesta de la condición humana. Esa es la celebración de la poesía. Esa condición humana que nosotros llamamos “la vigilia y coraje permanente de hacer un mundo”. La celebración, el rito mediante el cual damos cuenta de lo que somos ante nosotros mismos y acaso también ante lo divino. Ese dar cuenta sólo puede ocurrir o realizarse en función del obrar. Me parece que no hay testimonio o testigo de aquello profundo y común que todos llevamos dentro por igual, si no hay obra. Y entonces no hay nada que celebrar. ¿Puede haber obra sin poesía explícita? Sí, puede. Pero en el fondo, los oficios obran, dan testimonio de la maravillosa creación del mundo, aunque no lo sepan explícitamente. Están dando cumplimiento a la condición poética del hombre, porque esa condición es la que induce justamente hacia la creación o hacia la creatividad, hacia lo nuevo, hacia la novedad, y dirigido hacia eso es que vive el hombre y la mujer en la vigilia y coraje de hacer un mundo.

Carlos Covarrubias

Si ustedes reparan, y reparan con el oído, habrán registrado el sonido emitido por Jaime, de una palabra corta de cuatro letras que se pronuncia más o menos así: ¡Obra!

Fueron siete veces que Jaime nombra la palabra “obra”, y remata esta palabra como la posibilidad real de tener celebración. No hay celebración sin obra. No sé si al revés también funciona: No hay obra sin celebración. Es una pregunta al taller.

Isabel Margarita Reyes –igual que Jaime Reyes, diálogo de Reyes– en la reunión de profesores decía, con respecto al tiempo, que un taller no es posible sin la absoluta y lúcida relación de este total. Es por eso que me atrevo con toda legitimidad a ofrecerles la pregunta ¿es posible obra sin celebración?, a los alumnos de cursos superiores de la Escuela de Arquitectura y Diseño de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

Y como estamos hablando de la obra, chilexpress nos manda a nombre de la Corporación Cultural Amereida una placa que dice lo siguiente: “En el año de la conmemoración de los doscientos años de vida republicana, la Comisión Bicentenario y el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, otorgan el reconocimiento:

Premio Obra 2009 a la Ciudad Abierta de Ritoque, Universidad Católica de Valparaíso, años 1969-1970, por su significativo aporte y contribución al desarrollo urbano de la segunda mitad del siglo XX.

Período 1960-2008, diciembre 2010, Premio Obra 2009, Bicentenario Chile 2010”.

El oficio, le pide a la poesía, que hagan acto poético, entre todos, para ubicar esta placa, lo haremos, pero lo haremos en taller. Los poetas ponen una parte y el oficio pone la otra y corremos tal aventura. Obras.

Recuerden que el primer día del taller dijimos que estamos en un tiempo de obra, así que nos queda a la perfección. Y aventuramos, avanzamos, que para realmente poder recorrer el camino que va de la celebración a la obra y de la obra a la celebración, hay que tener la condición de un héroe. La Eneida no habría sido posible sin el héroe Eneas. Y ojo aquí: Este coraje de vivir lo que hay que vivir, es compartido a la perfección por el héroe, por el santo, San Francisco si quieren, y por Buda. Ese modo de recorrer el camino de la vida, cara a cara con el coraje de decir las cosas por su nombre.

Ahora con gusto enorme, le dejo la palabra a Alberto, que lleva 96 años recorriendo el camino que se hace paso a paso, de la celebración a la obra, de la obra a la celebración.

Alberto Cruz

Comenzamos. Es el momento del nosotros, cada quince días. Hacemos memoria de lo dicho hace quince días. De la educación superior, de lo superior. De aspirar a lo superior, de ser un aspirante a lo superior que se da cuenta de ello. Porque se dan cuenta en su aspirar a lo superior, es que ahora hablamos de la gratitud. La gratitud por lo que ustedes reciben. Todos ustedes, en gratitud, por lo que reciben. ¿Y cómo van a constituirse en gratitud? mediante lo gratuito, una gratitud gratuita, no obligada. ¿Qué puede, cada cual de ustedes, hacer como gratitud gratuita? Puede comenzar a pensar en una obra, cada cual, en una obra, ¿en qué obra? En la obra de la senda en que se viene aquí y la senda en que se va. La obra dirá si es una sola obra la que le da forma al venir y al volverse, o si son dos formas o si se da una tercera forma; la del permanecer aquí. Cada cual para sí mismo, con sí mismo, por sí mismo, pero sabiendo que son muchos los que lo hacen al mismo tiempo. El que sean muchos que lo hacen al mismo tiempo ampara el hacer, es un hacer amparado, no es un hacer desamparado. Amparados en una obra que sea de gratitud gratuita, y que la van a pensar a lo largo de los años de estudios, cada cual dentro de sí. Y después cuando se salga de la Escuela, como exalumno pueden volver aquí a continuarla, a agregarle o discurrirle, que se yo, y pueden venir con otros exalumnos, etc. Es decir, no tiene un tiempo determinado, sino que un tiempo indeterminado. Una gratitud de tiempo indeterminado en su decirse; eso es lo que todos ustedes pueden hacer y deben hacer si aspiran a estar en lo superior.

Y como es gratuito no hay aquí ningún momento en que se va a decir: ahora veamos qué están haciendo. Como si lleváramos un control. No. No, el control de ustedes es el amparar de todos. Todos se amparan a ustedes mismos. ¿Cuánto después de haber salido de la universidad se requiere de ser amparado? Cuánto, cuánto, cuánto. Encontrarse con un exalumno es oírle previamente como habla de su desamparo, y como lucha heroicamente. Pero aquí, lo nuestro no es en un tiempo de lucha heroica, sino que está regalado el amparado. El regalado amparado. El poeta… cuando se abrió la Ciudad Abierta; las arenas estériles; en las arenas estériles están los que se amparan.

Cabe pensarlo, con todas estas cosas adentro. Para ustedes, con ustedes; pensarán en la obra de venida o de ida o de estancia.

Como así mismo yo cada vez tengo que pensar en este hablarle a ustedes, que las arenas estériles me hacen gritar y decir las cosas tres veces. Casi lo que hago es decir y remarcar las cosas tres veces. Pero esto de decir las cosas tres veces, hay que llevarlo a lo siguiente: que en las travesías, y en las travesías a la ciudad de Sao Paulo, la ciudad de los millones de habitantes, para que la ciudad de Sao Paulo viera y oyera lo que se dice, se hicieron unas láminas, que en lugar de ser planas como es una lámina, tenían profundidad. Hablen, cada cual, con los que fueron a esa travesía.

Bueno esto es. Guárdenlo para los quince días venideros y va a ir naciendo esta memoria en ustedes.

Ya, hasta los próximos quince días.

Marzo 27. Carlos Covarrubias

En breve, la estructura de este año del Taller de Amereida será la siguiente: Cada quince días, viene Alberto Cruz, que les trae ese ya connotado “nosotros”. Él tiene toda la autoridad necesaria, suficiente, para hablar de nosotros, es por eso que viene, y viene por el oficio, concretamente por el oficio, que es lo que permite la obra. Cada quince días viene también, Jaime Reyes, poeta, a aportarle a Amereida, la poética de Amereida. Y estoy yo. La semana siguiente ya no viene ni Jaime ni Alberto, y ocurre esto: el Diseño aporta a este instante lo que hemos llamado “el ágape”. La vez anterior decíamos que no hay celebración sin obra. Aparentemente no hay nada que celebrar si no está la obra, y nos preguntábamos ¿habrá entonces obra sin celebración?, pregunta que quedó en el taller. Una semana entonces, como ésta, está conformada por el ágape que tiene una obra constitutiva, tiene un elemento que está hecho y que es de diseño. Está la poesía y está también el oficio que la vez anterior, lo interpretó o representó José Balcells a través de la escultura y el diseño gráfico, ese va a ser el ritmo de Amereida. Pero es un ritmo que tenemos que cuidar y de verdad que tenemos que cuidar. Requiere de una asistencia suficiente, tiene que construirse un quórum de la Escuela, un quórum que nosotros podamos reconocer como el quórum y el cuerpo de la Escuela. Si yo miro aquí un quórum de cincuenta personas, a sabiendas que la Escuela está conformada por doscientas, algo no se concreta, algo, no sé, algo no aparece, ¿de acuerdo?

Les decíamos nosotros, desde un comienzo, que todo taller es una construcción y esa construcción está formada por dos caras, igual que una moneda. Una moneda tiene dos caras, si no, no es moneda, no existen las monedas de una cara, no existen, es una falacia. Para construir un taller se necesitan dos caras, esta cara: los que enseñan, los que muestran, los que abren, y esta otra cara: los que reciben y que crecen en ese recibir.

Mi obligación, es darles una lección de cuarenta y cinco minutos, y la de ustedes es recibirla, en primera instancia y luego recogerla en otros dos tiempos de cuarenta y cinco minutos. De manera que una cosa es recibir: en el acto y en el momento, y otra es recoger ese momento en dos tiempos posteriores, eso es estar en el taller.

Lo otro tiene otra forma, otros caminos, espléndidos también pero son difíciles. Yo voy a cumplir con los 27 minutos que me faltan, leyéndoles algunos capítulos del Tao que recibí de Godofredo Iommi, hace unos treinta años atrás. Como alumno de esta Escuela, Godo un buen día nos trajo la presencia del Tao Te Ching. Y yo quiero que ustedes, vivan conmigo, con mi voz, abriendo bellamente esos pabellones que el Señor les dio, para que lo reciban y lo guarden y retumbe dentro de ustedes. Al final vamos a celebrar la lectura del Tao Te Ching. [Se dirige a alguien de la audiencia]: Escójale a sus co-alumnos la más bella página del Tao Te Ching.

[Primera lectura]: La gran virtud no es otra cosa que seguir el Tao, el Tao es elusivo e intangible, intangible y elusivo, y sin embargo contiene todas las imágenes, elusivo e intangible y sin embargo contiene todas las formas. Profundo y oscuro encierra la esencia, esa esencia es lo más verdadero que la fuente de toda la confianza. Desde los tiempos más remotos hasta hoy su nombre se ha conservado y ha dado origen a todas las cosas. ¿Cómo podemos saber qué es la fuente de todas las cosas? Lo sabemos porque es el Tao. [Se dirige a alguien de la audiencia]: Escójale a sus co-alumnos –¿existe la palabra “co-alumnos”?– el más bello poema del Tao, bien, oigan bien:

[Segunda lectura]: Conocer la ignorancia es un gran bien, ignorar el conocimiento es un mal, si uno sufre ese mal entonces no lo padece. El sabio no está enfermo, precisamente porque lo padece, eso le hace inmune a él.

Lo leo de nuevo, no es fácil de pescar: Conocer la ignorancia es un gran bien, ignorar el conocimiento es un mal, si uno sufre ese mal entonces no lo padece. El sabio no está enfermo, precisamente porque lo padece, eso le hace inmune a él.

Verán ustedes que si después no retumban en este verso dos veces en vuestra casa no lo van a entender para nada, ¡para nada!

[Tercera lectura]: Conocer a los demás es sabiduría, conocerse a sí mismo es iluminación. Vencer a los demás requiere fuerza pero vencerse a sí mismo requiere fortaleza. Quien consigue sus propósitos es voluntarioso, quien sabe contentarse es rico, quien no abandona su puesto perdura, quien vive el eterno presente no muere.

[Cuarta lectura]: El que practica el estudio incrementa cada día sus conocimientos, quien practica el Tao lo ve disminuir cada día. Disminuye y disminuye hasta llegar a la no acción, y como no hace nada, nada queda sin hacer. La realización sólo puede alcanzarse cuando se está libre de toda actividad. Las personas atareadas se apartan de su propio centro.

Esto hay que leerlo tres veces más en su casa para entenderlo, tres por lo menos, si no, no van a entender absolutamente nada, lo leo de nuevo: El que practica el estudio incrementa cada día sus conocimientos, quien practica el Tao lo ve disminuir cada día. Disminuye y disminuye hasta llegar a la no acción, y como no hace nada, nada queda sin hacer. La realización sólo puede alcanzarse cuando se está libre de toda actividad. Las personas atareadas se apartan de su propio centro.

Y el último, lo voy a dejar en la Escuela, para que escojan los textos ustedes, le saquen fotocopias, fotos, lo que quieran, y lo reconozcan, lo va a tener Karen en la Escuela y ella después me lo va a devolver a mí. Oigan esto:

[Quinta lectura]: Con un gobierno ligero, el pueblo se vuelve sencillo, con un gobierno severo, el pueblo se torna malicioso. La felicidad se apoya en la desdicha, la desdicha se oculta en la felicidad, lo supremo es no dar órdenes, pero ¿quién se da cuenta de ello? De otro modo el orden se convierte en arbitrariedad, la bondad se convierte en malignidad, y la obcecación comienza a reinar en la vida humana, por eso el sabio tiene un espíritu afilado, pero no corta, es agudo, pero no pincha, corrige pero no refrena, es brillante pero no deslumbra a los demás.

Una más: Con un gobierno ligero, el pueblo se vuelve sencillo, con un gobierno severo, el pueblo se torna malicioso, la felicidad se apoya en la desdicha, la desdicha se oculta en la felicidad, lo supremo es no dar órdenes, pero ¿Quién se da cuenta de ello? De otro modo el orden se convierte en arbitrariedad, la bondad se convierte en malignidad, y la obcecación comienza a reinar en la vida humana, por eso el sabio tiene un espíritu afilado, pero no coarta, es agudo, pero pincha, corrige pero no refrena, es brillante pero no deslumbra a los demás.

Están cordialmente invitados a celebrar el Tao, con este ágape de diseño para ustedes.

Abril 3. Jaime Reyes / Carlos Covarrubias

Jaime Reyes

En 1972 se celebró una exposición en el Museo Nacional de Bellas Artes en Santiago, donde se colocaron unos pizarrones manuscritos (a propósito de los 20 años de la Escuela). En el pizarrón número tres estaba escrita esta premisa:


"Nos parece que la condición humana es poética, vale decir, 
que por ella el hombre vive libremente y sin cesar 
en la vigilia y coraje de hacer un mundo..."

Dos cosas al respecto:

El coraje referido ahí es el oficio y cuando ese coraje resplandece hay arte, es un arte.

Lo propio de la condición humana es que es libre.

Desde ese entonces esa premisa ha sufrido múltiples ataques. No sólo se ha puesto en cuestión que la condición humana sea poética, sino que se ha intentado abolir la probabilidad misma de que el ser humano tenga una condición.

Durante el siglo XX (la mitad final del siglo), las ciencias sociales intentaron probar que el ser humano es lo que es en virtud de sus aprendizajes, siendo un producto del medio ambiente: nace, vive y se desarrolla.

Imitaron la metodología de las ciencias exactas, pretendiendo que nuestras acciones eran determinadas por la sociedad, por aquello externo que nos rodea. Por supuesto que es de toda lógica y del sentido común caer en la cuenta de las incontables influencias que el entorno, la sociedad o la naturaleza, ejercen sobre cada uno en el transcurso de la vida.

¿Alguien ha leído aquí un libro que se llama El señor de las Moscas?, ¿usted?, ¿nadie más?, ¿y alguien ha visto la película?

Bueno, ese libro no es ciencia, pero cualquiera que lo haya leído o haya visto la película comprenderá que esto que yo acabo de decir no es cierto.

La psicología creyó que cada una de nuestras emociones estaba causada por traumas infantiles; que la personalidad era un producto de un inconsciente modelado por la acción del mundo exterior sobre los instintos. Entonces, los educadores creyeron que los niños son como unos papeles en blanco sobre los cuales se puede escribir el guión completo de un destino. Y las madres y los padres creyeron, o fueron obligados a creerse responsables por el comportamiento de los niños: “no le di suficiente cariño”, o al revés: “lo mimé demasiado, por eso el niño es como es” o “fuimos incapaces de enderezarlo”. Hay un refrán de Willie Colón, músico caribeño: “No se puede corregir a la naturaleza, palo que nace doblado jamás su tronco endereza”. Lo voy a tomar como una premisa poética en estos momentos.

Esto no sería tan dramático si además no hubiesen existido –y existen todavía– ciertos ilusos, o ignorantes, o sádicos, llenos de poder y de dinero que creyeron que ya no sólo los niños podrían ser educados desde cero –la tabla rasa– sino que pueblos enteros podrían serlo. Las naciones podían ser reeducadas, porque el ser humano era un producto del aprendizaje.

Con esa ideología, pueblos enteros fueron masacrados y sojuzgados por tiranías que pretendían la creación de sociedades perfectas, igualitarias, ciudadanos excelentes e inmejorables, seculares o religiosos. Esas ideologías propusieron como agente del cambio del mundo a la política y a la guerra.

Filósofos y artistas postmodernos intentaron hacernos creer que tenían la llave para construir un hombre y/o una mujer siempre justo, ecuánime e insuperable, y siguen actuando de esa manera. Han convertido a la educación, también a la universidad, en un reducto de la burocracia que ha perfeccionado la tentativa de interpretar y de construir la realidad a través de instrumentos estadísticos, indicadores, mapeos, diagnósticos. Pero extravían tantos detalles y pequeñas cosas de lo local, de lo misterioso, de la maravilla.

Esa burocracia cree que sabe cómo es la realidad y propone una metodología para arreglarla, siempre a través de grandiosas soluciones; grandes planes y que son, por supuesto, siempre mañana y por supuesto serán siempre otros a los que les va a tocar llevarlas a cabo. Esa es la promesa de toda ideología, es la promesa del futuro.

Pero la verdadera ciencia –como lo hace siempre, por lo demás– hoy ha venido en nuestra ayuda, aboliendo todas estas tesis.

La biología y la genética hoy día, creen que, después de todo, sí hay algo inherente a todos los seres humanos.

Podríamos pasarnos largamente en este tema, pero yo no soy biólogo ni científico ni genetista, así que voy a dar un solo ejemplo: Cuando se estudió a gemelos idénticos univitelinos que habían sido criados en ambientes y ámbitos completamente distintos, se observó que frente a ciertos estímulos, respondían y se comportaban exactamente de la misma forma. Quiere decir que hay algo en las personas que las hace ser lo que son, además de lo aprendido y más allá del entorno. Significa que sí hay una condición humana.

Esa revelación es la ruina de las ideologías que pretenden crear sociedades ideales y es la ruina de la historia de las ciencias sociales del siglo XX. Y yo creo que es una abertura, o más bien dicho, una reabertura, porque a nosotros nos parece que la condición humana es poética y que tenemos como agente de cambio del mundo al coraje y a la vigilia que actúan a través de una sola cosa: la obra.

No la gran obra transformadora de la perfección de la humanidad; sino una a una, una tras otra. El obrar de los oficios, la obra de los oficios, es la manifestación de la condición poética del ser humano. La obra delicada, pequeña, única, silenciosa y realizada por amor al oficio.

Carlos Covarrubias

"Delicada, silenciosa, y por amor, por amor, por amor al oficio".

Si uno recuerda los diez mandamientos, creo que nueve parten con un no, y si uno recorre las normas que conforman la Ciudad Abierta, yo creo que nueve también parten con un no. Pero hay un “sí”, un precioso “sí”. Ese “sí”, se llama la hospitalidad.

La hospitalidad es “oír al otro” [dice J.C. Jeldes], oír al otro, es dar cabida, es abrir, es permitir que lo distante entre en uno, es recibir lo nuevo. Cuando comenzamos con Juan Purcell, que está ahí, con su pelo blanco, más blanco que el mío, comenzamos en estas arenas y teníamos varias artes entre nosotros, teníamos la escultura con Claudio, la pintura con Francisco, la arquitectura con Juan, Alberto y otros, la poesía con Godo*. Y faltaba algo, faltaba algo entre nosotros y ese algo tenía que ver con el oír. Ese algo era la música. La música, musa, museo. Y como no teníamos músicos, construimos la Sala de Música. Y la Sala de Música se transformó en nuestra gran oreja artificial para recibir y oír la música.

Hoy en la mañana me llama Alberto Cruz, para contarme que no puede venir, por la edad, por el clima, y por tantas cosas. Me regaló su tiempo, y el tiempo de Alberto yo se lo voy a ofrecer a dos músicos, para que nos ofrendan la opción de hospitalidad.

[Johannes Haase interpreta a Bach y luego improvisa con Sebastián de Larraechea]**.

  • Claudio Girola, Francisco Méndez, Juan Purcell, Alberto Cruz, profesores de la PUCV y fundadores de la Ciudad Abierta.
    • Johannes Haase, músico, violinista alemán invitado a la Ciudad Abierta, que ofreció un concierto en la Sala de Música. Sebastián de Larraechea, músico, ciudadano abierto

Abril 10. David Jolly / Alberto Cruz

David Jolly

Ante estos pizarrones:

El primer dibujo es el continente invertido, que Amereida inauguró como el modo de presentarnos su extensión para ser pensada, no es información ni comunicación, sino formulación. En este dibujo se ha trazado el recorrido hecho hasta Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, ciudad que fue proclamada Capital Poética de América en la primera travesía.

Ante la interrogante de la Capital de América nos hacemos a la obra en la ciudad de Ovalle en el norte de Chile, ahí surgen los primeros pormenores, el que se muestra en el segundo dibujo. Ellos quieren traer a presencia las grandes lejanías que manifiesta la Capital Poética, contenidas en las pequeñas dimensiones de una construcción abstracta que se encuentra finiquitada, que no requiere de un ulterior acabamiento. Así surge el concepto del Pormenor.

Luego en el siguiente dibujo aparece el Cubo de Santa Cruz. Una forma que surgió en la peripecia creativa de esta primera travesía a la Capital Poética donde se propuso un proyecto para la Plaza Callejas.

Este cubo de 4,72 m de arista tiene la virtud de ser la menor dimensión de un tamaño holgado.

En el segundo pizarrón tenemos un nuevo plano de Amereida, esta vez surgido en la travesía a Norte América, realizada en el 2012. Aquí se presenta el continente americano, el único que toca los dos polos; aparecen en él las dos ubicaciones desde donde partimos en Valparaíso y la de I-Park en Connecticut USA, donde realizamos la obra que está representada en el dibujo siguiente. Este es el Cubo Leve de I-Park, que es un espacio dedicado a la escena, es un escenario rodeado por una mesa para un quórum discreto de unas cuarenta personas.

En el tercer pizarrón tenemos una cavilación acerca de lo hecho. El primer dibujo es una planta del Pormenor de Ovalle, donde podemos reparar que se trata de un volumen irregular constituido por las piedras con su figura natural, que está construido con unos conectores de trazado y figura regulares. El siguiente dibujo muestra una planta del Cubo Leve de I-Park, donde se puede ver que su planta está constituida por un trazado irregular.

El último dibujo muestra una de las caras del Cubo Leve, donde aparece la construcción regular de ella, conformada en base a cuadrados que son un reconocimiento a las ventanas de los edificios de Nueva York donde la travesía se detuvo una semana a realizar actos poéticos.

Todo este recorrido desde al primera travesía iniciada con la indicación de la Capital Poética se abre a una reflexión que se pregunta si todas las travesías lo serán de la Capital Poética o solamente las que expresamente lo declaren. La Capital Poética lo es de todo punto de América, así estar más cerca de ella no constituye un privilegio poético u de otro orden. ¿Por qué? Porque no es una capital política o administrativa, su carácter es poético, de esta manera la extensión del continente no se ordena por importancia respecto de su capital. La Capital Poética abre a la posibilidad de la plenitud de todo punto de América, y la plenitud lo es en relación a su ser presente, a su ahora y aquí y a su donación. De este modo todas las travesías lo son de la Capital Poética en cuanto a que cada una se dirige a construir la plenitud del lugar.

Toda esta experiencia de obra en la arquitectura ha sido la construcción de una relación con la palabra poética que se orienta en torno a la palabra fidelidad.

Alberto Cruz

Bien. Como cada quince días un instante del nosotros; en que nos situamos ante el mundo.

El mundo en este siglo XXI, heredero del siglo XX, va en “lo posible”. Él va en “lo posible”. O sea se van a encontrar todos ustedes con lo posible por aquí y por allá, pero nosotros no estamos advertidos de esto –lo posible– y con todos ustedes, convinimos en que cada cual iba a pensar ante sí para sí y por sí, una posibilidad. Una posibilidad que adquiere forma y esa forma es un proyecto y ese proyecto es pensar en unos hitos que se podrían construir a la venida para oír lo que se dice aquí, o unos hitos a la ida después de haber oído lo que se dice aquí. El aquí como noticia, como nutriente de lo posible en nosotros. Entonces ustedes y cada cual está haciendo eso; está germinando su posible, llevándolo a cabo ¿en qué? en su intimidad, por eso es bajo la propia responsabilidad de cada cual.

En eso nos encontramos situados, ante lo posible. Así diciendo lo posible realmente se entiende, se oye, se recibe, se acoge, se recoge lo que se dice; de lo que estamos hablando. Entonces tenemos esta experiencia de lo posible, entonces nosotros aquí en este rincón, estamos elaborando la experiencia de lo posible y cada cual, en su propia intimidad, en todas las intimidades se amparan –dijimos la última vez– se amparan. Amparar algo para que todos realicen este posible dentro de su propia intimidad. Quedamos entonces con algo y a la vuelta cada cual pensará si los hitos de la ida son semejantes a los hitos de la vuelta o son muy distintos. En estos momentos, fermentando dentro de cada cual, lo posible. En este momento los dejo en el hervor, como se dice de las teteras, en el hervor del posible en cada cual. O sea ninguno de ustedes me puede decir no tengo la experiencia de lo posible, porque la tiene. Entonces se van con la experiencia de lo posible.

Abril 17. Jaime Reyes / Carlos Covarrubias

Jaime Reyes

Hay en el poema de Amereida unos versos que desde mi punto de vista son una de las claves para comprender o para poder hablar de esto que hemos estado hablando: de la obra, de la relación entre la poesía y los oficios.

También me preguntaba cuál es el afán nuestro, en particular de Carlos, o mío y de Manuel y de la poesía. Nosotros tratamos de insistir en está relación. Insistir en que existe la relación entre la poesía y los oficios. ¿Por qué no dejar a la arquitectura y al diseño en paz de una vez por todas? Que hagan lo que tengan que hacer. ¿Y por qué no dejar a la poesía en lo suyo sin mezclarse y sin estar interrumpiéndose o jugando entre ellas?

Una respuesta puede estar en estos versos de Amereida [página 78] que dicen así:


¿ entonces ?
acaso la obra hic et nunc      digamos improvisada     lo cual quiere 
decir hecha allí mismo y no sin preparación ni preparativo y con 
todo el tiempo que se quiera      puede casar a la tierra con el nombre.

La obra hic et nunc quiere decir hecha aquí y ahora. Puede casar a la tierra con el nombre.


la poesía      el acto poético       matrimonio de la mar con el dogo      
 la poesía semejante a      aquellos franciscanos joaquinitas que partieron a
bautizar a todos los hombres para que el mundo y su historia tuvieran      acabamiento
para apresurar así el fin del mundo       la poesía como acto parte a 
celebrar las bodas del lugar y de la fórmula  –operación difícil 
como un sermón que reconoce lo singular      nombrándolo      opera- 
ción dos veces infinita      pues es tarea inacabable finalizar el 
mundo      y puesto que todo recién llegado ( sobreviviente ) 
ha de recomenzar la nominación por cuenta de su propia vida

¿Por qué les traje este pasaje? Porque me parece que enfrentamos un peligro, una contrariedad. No la primera ni la última que vamos a enfrentar ni que van a enfrentar ustedes tampoco. Pero no es que la enfrentemos nosotros, sino la obra. La sociedad actual, el mundo actual, la universidad actual, cree cada vez más en una forma de enfrentarse con la construcción de la realidad. A la universidad se le exige que forme profesionales competentes. Ustedes; profesionales competentes. Y las competencias obligadas están destinadas a evaluar la realidad. Ustedes van a tener que ser competentes en evaluar la realidad. Y estimarán a la realidad a través de instrumentos como mediciones, encuestas, diagnósticos, mapeos. Instrumentos que están destinados a caracterizar ciertas variables, a establecer cadenas de valor, que les llaman. A establecer perspectivas, a levantar información. Luego serán expertos en la recolección y tratamiento de la información. En fuentes primarias, secundarias, terciarias, últimas, anteriores, etc. Van a ser expertos en la organización, tabulación y análisis de datos, en tablas, gráficos. En resumen nos piden que seamos expertos en la creación de indicadores –recuerden esa palabra– y la pretensión es que esos indicadores, efectivamente, mientras más sean y mientras más precisos sean, mejor van a caracterizar a la realidad. Y aunque me parece que eso no es así voy a suponer por un instante, por un momento, que así es. Vamos a concederle a los indicadores la probabilidad de ser fieles reflejos de la existencia.

El drama, es que ese reflejo no es la realidad y esa caracterización no es el mundo. Una buena excusa para trabajar en esto es que esos indicadores son los que le van a permitir al gobierno o a la autoridad diseñar políticas públicas o políticas que orienten la inversión, el gasto. Al final, que nos lleven hacia el desarrollo.

Pero suponiendo que esto sea así; que los indicadores sirven, son adecuados: ¿Quién va a hacer la realidad? Si ya tengo toda la información ¿quién va a construir el mundo? Y además ya no en pos del desarrollo, sino en virtud del canto de cada lugar, y aquí vuelvo al poema hic et nunc; aquí y ahora. No para que después otros vengan a hacer lo que hay que hacer. Quiero decir que la construcción del mundo exige un coraje especial. Además es el afán por una aventura incierta, plena de una incertidumbre maravillosa que nosotros hemos llamado “desconocido”, aquello que nunca podrá ser avalado por los indicadores, porque los indicadores no pueden penetrar en el desconocido, justamente porque han sido concebidos por la planificación, y la planificación le tiene pavor al desconocido, porque es lo único que justamente puede desarmar lo planificado.

La obra, el amor por el oficio, la maravilla de una vida en el presente ayudados, por cierto, por la ciencia; las ciencias que develan los secretos del universo y saber que es tarea inacabable finalizar el mundo. Y puesto que todo recién llegado (esto es cada uno de ustedes, cada uno de nosotros) estamos llamados a la obra, que no es otra cosa que recomenzar la nominación por cuenta de la vida propia, es decir, recomenzar la relación entre la poesía y el oficio para la construcción del mundo.

Carlos Covarrubias

Retenemos lo dicho por Jaime y aceptamos esta pareja inventada por nosotros. La verdad es que si hay algo singular de esta Escuela es la invención de la pareja poesía y oficio. No estaba antes en otras escuelas o en otros modos de pensar. No estaba antes, es sencillamente la visión de un poeta al encontrarse con la mano de un arquitecto, por así decirlo. A eso es a lo que hemos sido nosotros fieles hasta el día de hoy. Por eso es que esta palabra, la “obra”, nos resulta tan próxima, tan íntima, en el sentido que pensamos que este paréntesis, que tiene que ver casi con el abrazo que uno da a lo que quiere, es capaz de contener la obra, aquel desconocido que se da cuando la condición humana está dispuesta a dar la cara más franca de su intimidad. Es por eso que la poesía se coloca a un lado y toca, como si fuera un instrumento musical, todo aquello que pertenece al tiempo. Se coloca... ¿A qué lado prefieren?, ¿izquierdo o derecho? Se coloca al lado izquierdo para darle el derecho, el diestro, al oficio, a la mano diestra, al espacio. Se coloca, dicho por ustedes, a la izquierda para decir el tiempo. Este año hemos dicho que es tiempo de obra. Los poetas, con ese instrumento llamado poesía, hemos dicho que es tiempo de obra; que estamos en un tiempo de obra. Por lo tanto, es la mitad del abrazo que la obra necesita para ser lo que es, y es la invitación a la otra mano que permite abrazar; que es el oficio. La poesía formalmente ha invitado este año al oficio a participar, a co-generar un tiempo de obra, en la cual su núcleo, su médula, su más profunda intimidad o más profunda publicidad sea la obra. ¿Cómo hacerlo? Es la tarea del taller. Una pequeña indicación, modesta indicación tomada de un libro, de esta obra que es un libro. Voy a ver si resulta:

  • —¿Qué es lo que es esto? [muestra la página 186 de Amereida, contiene un mapa de la primera travesía] cualquiera, diga… no saben. ¿No saben lo que es esto?, ¿Boris?
  • —Alumnos: La cordillera
  • —Carlos: ¿Saben qué libro es este o no?, ¿este nombre lo conocen o no? (da poco crédito o por eso que no lo conocen) A-M-E-R-E-I-D-A. Y en Amereida está este dibujo, ¿qué es lo que es? Dios mío qué bien, está bien, tú ves la cordillera, y ¿qué ves tú?
  • —Alumno: La travesía
  • —Carlos: La travesía, y ¿qué ves tú?
  • —Alumno: mmm un río.
  • —Carlos: ¡Un río!, ¿y qué ves tú que eres nuevo?, rostro nuevo, distinto.
  • —Nuevo: No sé [casi en francés].
  • —Carlos: “nu” sabe.
  • —Carlos: ¿Boris?
  • —Boris: La travesía de Amereida.

Es la travesía de Amereida. Es la primera travesía de Amereida; que cuando el oficio tiene que graficarla, tiene que hablar de ella, después de hecha, tiene que escoger entre tantas opciones cómo hacerla aparecer. Y la hace aparecer así. Ahora bien, esta es la primera travesía de Amereida; la primera de las tantas; cientos, ¿son ciento cuantas travesías las ya hechas?, son más de doscientas. La primera. Pero ojo: este dibujo de la primera travesía de Amereida es seguro que fue hecho por un hombre de oficio. Puede haber sido hecha por Alberto Cruz, Fabio Cruz, por alguno de aquellos que hicieron esa primera travesía. Es seguro. Es el paréntesis diestro de este lado que constituye el núcleo de una obra. Y luego en la página siguiente, hay otra cosa. Son las dos últimas hojas de la Amereida; la Amereida termina ahí. ¿Qué dice ahí?

“El camino no es el camino”.

Aquí dice, “el camino no es el camino”. Al parecer de ustedes, ese decir corresponde a ¿un arquitecto?, ¿un diseñador?, ¿un escultor?

  • —Alumno: Un poeta.

Un poeta, así es. Lo dice un poeta, puesto en la izquierda, en la siniestra del abrazo que toda obra necesita, dice “el camino no es el camino”. Y un arquitecto-diseñador-escultor puesto en la derecha, en la otra parte del abrazo, hace este dibujo tal como lo hace. Y la obra se alimenta, se nutre como si fueran los dos senos que alimentan a un niño, uno poético y el otro de oficio. La obra se alimenta de ese encuentro entre esto tal como está, y esto, tal como se dice.

Recién ahí es que podemos decir con toda certeza y toda fuerza ¡manos a la obra!, ¡manos a la obra!, ¡manos a la obra! Las dos, por supuesto...

mayo 15. Jaime Reyes / Carlos Covarrubias

Última clase del primer trimestre, con ágape a cargo del taller de diseño de objetos de Ricardo Lang.

Jaime Reyes

Introducción

Es esta la última clase del primer trimestre.

Quisiera finalizar compartiendo una lección que recibí hace muchos años atrás y que hace muy poco volvió a encenderse. La recibí de un astrónomo hoy fallecido, que se llamaba Carl Sagan.

Voy a contarles una historia, breve, antigua, cuyos alcances me parece que esclarecen los temas que hemos estado tratando en este Taller y nuestro presente. Es una historia que recibí de un astrónomo, ya fallecido. Es un pequeño atajo para intentar no sólo comprender la importancia de la obra, aquí y ahora, entre nosotros, en esta Escuela, en esta Ciudad Abierta, en Chile y en América. Pero no se trata de comprender la repercusión que la obra pueda tener en la formación de arquitectos y diseñadores; lo que quiero es sostener la tesis de que la obra es el fundamento de la construcción de la realidad, y por ende concerniente a todos los oficios.

La naturaleza misteriosa

Desde que nuestra raza comenzó sobre el planeta, hace ya unos 6 millones de años, hemos intentado explicarnos la naturaleza. Durante toda la existencia los pueblos de la tierra hemos sido asombrados por las maravillas que el mundo siempre ofrece y hemos debido arreglarnos para la supervivencia. Hemos hecho muchas veces las mismas preguntas acerca de las fuerzas que provocan los fenómenos naturales; los mortíferos y los benéficos.

Algunos pueblos antiguos consiguieron elaborar elegantes ideas y bellas metáforas que les explicaban los movimientos celestes, las variaciones climáticas o la conducta de las plantas.

Sin embargo la casi todas esas ideas fueron prontamente sustituidas, en la mayoría de las culturas humanas, por otra idea: los seres poderosos del cielo fueron promovidos a la categoría de dioses. Desde entonces hubo un dios para cada preocupación humana. Si los dioses eran felices habría cosechas abundantes, pero el más leve desaire de un hombre o de una mujer bastaría para enojarlos y desatar su furia catastrófica sobre la superficie terrenal; sequías, erupciones, cataclismos. Los dioses eran veleidosos y volubles, nadie podía estar seguro de lo que irían a hacer. El universo actuaba como una marioneta de las deidades y los pueblos vivían bajo la opresión de la oscuridad. La naturaleza era un misterio; no se podía conocer el mundo.

El florecimiento de Jonia

Así fueron las edades del mundo, desde que la evolción biológica nos separó de los chimpancés hace unos 6 millones de años. Pero todo cambió de pronto, en el 600 AC, en la isla de Samos, en Jonia, muy cerca de las costas de la actual Turquía. Allí aparecieron personas que creyeron que todo estaba hecho de átomos, que los seres humanos y los demás animales procedíamos de formas más simples, que las enfermedades no eran maldiciones causadas por demonios ni por dioses, que la Tierra no era más que un pequeño planeta girando alrededor del Sol y que las estrellas estaban muy lejos de nosotros.

Entonces, aboliendo el Caos, nació el Cosmos. Ahora el universo se podía conocer, porque encontraron un orden interno y regularidades que revelaban los secretos de la naturaleza; hallaron reglas que incluso ella debía obedecer.

Hay varias explicaciones de por qué estas ideas no surgieron también en otras civilizaciones fabulosas: mayas y aztecas, el antiguo Egipto, en las milenarias India y China. Por cuestiones de tiempo escogeré una.

Jonia tuvo una ventaja. Es un archipiélago. El aislamiento generó diversidad; fue una multitud de islas con gran variedad de sistemas políticos y de panteones. La imposibilidad de concentrar el poder político o religioso en un sólo lugar consiguió que no pudiera imponerse una hegemonía social e intelectual en todas las islas. Esto hace posible y provoca el libre examen y la aparición de la razón crítica.

Se juntaron allí los dioses de todos, en la multitud de lenguas y costumbres. Si tu dios es igual al mío, entonces son el mismo, o bien no hay ninguno. El poder político estaba en manos de los mercaderes, que promovieron activamente las tecnologías que creaban la prosperidad.

Excurso: Igual ha de suceder con todas las culturas marítimas o fluviales que tienen en la navegación una fuente inagotable de libertad. Cuánto sentido tiene entonces el lamento poético de Ignacio Balcells, cuando preguntaba ¿cuándo se dará cuenta Chile que es un archipiélago? Esa cuenta es la que intentamos elucidar en nuestro magister náutico y marítimo.

La mano

Una de las claves de esta revolución fue la mano. Sí, la mano. Muchos de los mejores pensadores jonios fueron hijos de marineros, campesinos, artesanos, tejedores. Al contrario de los clérigos y escribas de otras naciones criados en el lujo y que no estaban dispuestos a ensuciarse las manos. Pero la ciencia requiere el trabajo de las manos. No importa si Tales de Mileto, uno de los primeros pensadores jonios, dio las respuestas correctas, sino el método que utilizó para intentar esas respuestas: el mundo fue hecho por fuerzas materiales en interacción dentro de la naturaleza.

Los jonios realizaron obras hidráulicas mayores, puentes, canales. Inventaron herramientas de construcción como la llave mecánica, la regla, la escuadra, el nivel, el plomo, la fundición del bronce. Hipócrates inició la medicina basada en el entendimiento y no en la superstición; el método experimental se expandió a Grecia, Italia, Sicilia. Personajes como Empédocles, Arquímides o Demócrito observaron, midieron, calcularon y construyeron modelos. Experimentaron. Los teóricos y los prácticos eran los mismos.

Los genios de la filosofía

Luego aparecen en el firmamento de los genios nombres como los de Sócrates, Platón, Aristóteles, Pitágoras. No me voy a referir a los grandes aportes que sus talentos hicieron a la conciencia de la humanidad, sino a la lamentable herencia que nos dejaron y que nos pesa incluso hasta el día de hoy.

Sabios como Pitágoras enseñaron que las leyes de la naturaleza podían deducirse con el puro pensamiento; místicos convencidos que practicaron una rigidez ortodoxa que les impedía confrontar ideas libremente. Promovieron un desdén por lo práctico que inundó el mundo antiguo. Platón pidió a los astrónomos que pensaran en los cielos, pero sin perder el tiempo observándolos. Plutarco y Jenofonte despreciaron la mano que obraba en las artes mecánicas porque esas manos, en aquella época, eran las manos de los esclavos. Estas artes mecánicas fueron deshonradas en las ciudades griegas y el método experimental de los jonios fue abandonado durante 2.000 años. 20 siglos debieron transcurrir hasta que otro hombre volviese a ponerlo en práctica: Galileo Galiei. Ahora sabemos que sin experimentación no hay ciencia que avance.

El trabajo manual

La misma tradición mercantil que provocó la ciencia jónica desembocó en una economía de esclavos. La posesión de esclavos conducía a la riqueza y al poder. La Atenas de Pericles, Aristóteles, Platón, tenía una vasta población de esclavos. La democracia era sólo para los privilegiados (cualquier parecido con la contingencia nacional actual es pura coincidencia).

La tarea característica de los esclavos es el trabajo manual. Pero la experimentación científica es trabajo manual. Los propietarios de esclavos prefieren alejarse del trabajo manual, pero acaso son los únicos que tienen tiempo libre y disponen del ocio necesario para dedicarse a la ciencia. Aumenta así la rigidez de las elites, de modo que las personas educadas se sienten menos inclinadas a sentir curiosidad por las técnicas, y menos dispuestas a valorar a la ciencia como una actividad digna.

Las clases educadas tienden a ser los hijos de los más ricos, interesados en mantener el status quo, o bien no acostumbrados a trabajar con sus manos. Por esto no tenemos ni ciencia ni arte. ¿Qué vamos a hacer en un país como este, con huestes inmensas de profesionales universitarios que nunca han participado de un trabajo manual?

El arte también es trabajo manual y en la sociedad actual su prestigio, como modo de hacer una vida digna, es aún menor que el de la ciencia. Pero nosotros, en esta Escuela, proponemos que la arquitectura y el diseño son un arte. Y sabemos desde hace mucho que los buscadores de lo desconocido no sólo están en la poesía, sino que también abundan en el ámbito de las ciencias.

Manos a la obra

Hay algo que reúne a la ciencia con el arte, a la técnica con la filosofía, a la palabra con el oficio. Eso es la obra. La reunión de la praxis con el fundamento en una construcción material y concreta. Y puede reunir todo esto porque también la obra es trabajo manual. Nuestras travesías y nuestra Ciudad Abierta, la aparición de los diseños en la Escuela, han sido el testimonio de esa reunión. Para que con mayor y mejor dedicación comparezca el trabajo de las manos. Ya nos lo advirtió Rimbaud: “Vale lo mismo la mano que ara que la mano que escribe” y esa premisa de igualdad intrínseca de todos los oficios nos ha guiado por largos años.

Porque nuestras sociedades actuales también promueven que unos oficios valen más que otros. Muy especialmente el mundo actual, gobernado por la mercantilización de las relaciones, desdeña el trabajo manual. Por eso nadie quiere ser carpintero y todos quieren ser abogados, ingenieros, arquitectos. Querer ser un artesano equivale a condenarse social y financieramente.

Pero nosotros sabemos que más allá del sueño no se despierta nunca y que la construcción del mundo se realiza, es decir cobra su realidad, cuando el oficio acomete una obra, cualquier oficio y toda clase de obra.

Por eso quisiera quedarme con una indicación que contiene todo el sentido y arroja, en dos palabras, toda la poética que hemos intentado ofrecer en este Taller. Es un dicho que como todas las cuestiones profundamente poéticas, no se puede traducir literalmente a otras lenguas, y tenemos la suerte de poder oírla en castellano. La trajo Carlos hace algunas semanas; se dice ¡manos a la obra!, ¡manos a la obra!

Colofón

Los 350 ejemplares del presente cuaderno se terminaron de imprimir en los talleres de Litografía Garín en el mes de mayo.

El cuidado de la edición estuvo a cargo del Taller de Investigaciones Gráficas de la Escuela de Arquitectura y Diseño PUCV. Para la composición tipográfica se usó la fuente Fedra Serif B Pro en sus distintas variantes. Las páginas interiores se imprimieron en papel Bond ahuesado de 80 gr.

Los textos que conforman este cuaderno corresponden a las clases del Taller de Amereida impartidas durante el primer trimestre, marzo y abril de 2013, en los terrenos de la Ciudad Abierta de Ritoque.

La transcripción de las clases estuvo a cargo de los alumnos del taller de segundo año de Diseño Gráfico y la edición final, a manos de Jaime Reyes. Los archivos de audio están disponibles para ser oídos en: álbum de audios en SoundCloud y en SC Libre

Mayo 2013

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Segundo Trimestre

Audios

Audios del segundo trimestre

Clases

2º Clase

miércoles 26 de junio de 2013

Jaime Reyes

El Regalo en Amereida

La obra como regalo puede entenderse desde varios puntos de vista. Lo primero, en nosotros, es intentar comprender la proposición que hace el poema Amereida al respecto: América es un regalo (varios autores 1967).


mero
	el regalo
			surge 
contrariando intentos
				ajeno a la esperanza
trae consigo
			su donación
					sus términos
		
                                                	sus bordes
   – herida o abertura donde emerge – una aventura involuntaria

------

presentimiento y descubrimiento 
						van
por conquista y esperanza 							
						traen
invención o revelación
					pero un regalo
es presente
			mero que por mero
van traen
vuelve todo presente
							filial

Los descubrimientos suponen una búsqueda, una acción que se ejerce en pos de un tesoro oculto o por la promesa de una recompensa. Son como los presentimientos; esa sensación de que algo va suceder; la intuición que se tiene de un posible suceso producida por ciertas señales o indicios. Los descubrimientos tienen asociada la esperanza de encontrar lo que se busca. Pero América no cumplió así su aparición.

En el poema Amereida la palabra regalo aparece relacionada con América; es la proposición de considerar al continente entero no como un descubrimiento sino como un hallazgo. ¿Qué es un hallazgo? Voy a proponer dos definiciones (que por lo demás son del diccionario).

  1. Un hallazgo es dar con algo no buscado. Y fíjense en la definición que acabo de traer. Tiene la palabra dar. Es curioso el castellano en este punto, porque podríamos decir que un hallazgo es recibir algo no buscado, sin embargo la palabra es dar. Significa que para que un hallazgo nos acontezca no podemos estar pasivos, sino hay que dar con este; implica una donación. Pero no es una donación que el hallazgo otorga a un beneficiario pasivo, sino un donar que ejecuta aquel que halla. Los hallazgos no vienen hacia uno, es uno el que debe dar con ellos. Y eso exactamente fue lo que le sucedió a Colón con América; los mismo a los que vinieron detrás de él y lo mismo que nos sigue sucediendo a nosotros hoy día con América. Eso es lo que hacemos con el continente; no esperamos quietos a que nos venga o que nos sea revelado sino que partimos a recorrer América.
  2. Hallar es estar presente. Esta definición es aún más extraña y sugerente. No se puede hallar nada sin estar presente. Hallar y estar presente son sinónimos. Significa que siempre que logremos estar presentes hallaremos cosas. Es magnífico, un principio poético: sabremos que estamos viviendo en el pleno presente cuando demos con un hallazgo. Para dar con el hallazgo de América hay que estar presentes en ella. Y nosotros tenemos un modo de estar presentes en América: lo llamamos travesía.

En la primera travesía, Fabio Cruz escribió (varios autores 1986):

"Pero ¿cuándo he vivido la libertad que ahora tengo? ¿Cuándo tan absoluta gratuidad? Comprendo algo, tal vez con otros matices, que al Regalo se le llame también Presente".  He aquí las claves. Al presente se le llama también regalo. Estar presente es estar regalado. Vivir en el presente es vivir en un regalo constante: ¿qué mejor? Ahora ¿Cómo lo hacemos para estar presentes en la realidad? Se requiere algo que proviene justamente del regalo mismo: la libertad. Vivir libremente en la vigilia y coraje de hacer un mundo; esta es la consigna de nuestro quehacer. O sea que además, vivir en el presente es estar y ser siempre regalados con la libertad (aún los presos –pregúntenle a Mandela–). Es una proposición inmejorable. Por eso nosotros hacemos travesías: 


desvelar
		rasgar el velo
				a través

 -la voz nos dice -
travesía
		que no descubrimiento o invento
							consentir
que el mar propio y gratuito nos atraviese 
							levante
en gratitud
		o reconocimiento
					nuestra propia libertad

En travesía hay que desvelar, rasgar el velo, para que el mar propio –esto es nuestro íntimo desconocido– nos atraviese y así, gratuitamente, podamos reconocer nuestra propia libertad. ¿Cómo desvelamos y rasgamos el velo? Para conseguir esto hay algunos que hacen planes y promesas que los demás deberán cumplir, otros que proponen al futuro como el horizonte donde ocurrirá el bienestar y las soluciones, otros que exigen que los demás cambien o que los demás se rindan ante sus visiones, otros que preconizan la posesión inequívoca de la verdad. ¿Y nosotros, en tanto, qué?

En nuestro recorrer, hacemos algo muy especial para dar con el hallazgo, para estar presentes, para ser libres: nosotros hacemos obras.

La obra como regalo

Las obras de arquitectura y de diseño deben erigirse obedeciendo a una serie de requerimientos materiales insalvabables, absolutamente necesarios para cumplir con una eficiente y feliz construcción del mundo. Para hacer una buena obra se necesita esfuerzo, trabajo, dedicación, conocimientos, eficiencia, recursos, estudios. Deben servir y ser útiles, tienen la obligación de funcionar correctamente y cumplir con lo que ofrecen y prometen. Hay que hacer las obras bien hechas. Cualquiera de nosotros podría quedar muy conforme si esto se cumple, con toda justicia. Pero creemos que no basta, que para dar testimonio de la condición humana hay que ir más allá.

Una obra de arte no se juega en la mera utilidad. Ella es un regalo. Esto quiere decir que está dedicada a la fiesta, que ella “surge así y no de otro modo” (Pieper 1998). En el mundo totalitario de la utilidad todo espacio y todo tiempo deben aprovecharse. El mundo laboral (en donde las profesiones son carreras) es mezquino porque nada sobra; hay que utilizarlo todo para obtener el máximo provecho posible. Y así, aunque estemos rebalsados de bienes materiales, no habrá verdadera riqueza ni real abundancia. La pausa en el trabajo no es una fiesta porque nace justamente del trabajo y no en virtud de ella misma. Y los juegos que interrumpen las jornadas laborales obedecen también al ritmo de la producción penosa y limitada. La fiesta no nace de ahí. Se parece al culto; es un rito (sólo del culto nace la cultura, la participación cultural (Pieper 2010). Y un rito sólo puede suceder pleno de gratuidad, cuya única función no es otra que hacer libres a los hombres y mujeres. De hecho, esa fiesta, ese rito es el máximo ejercicio de la libertad. Se comprueba cuando observamos que incluso en caso de extrema pobreza material hay margen para la sobreabundancia y la riqueza, porque el centro del rito es el sacrificio. Hacer sacro el oficio, ofrenda de un obsequio voluntario: el extremo opuesto de la mera utilidad. La fiesta consoladora de la humanidad no puede estar sujeta al cálculo. En la plena sobreabundancia que no se agota en los fines utilitarios hay una verdadera riqueza: el tiempo dedicado a la fiesta. Esa es la obra que nosotros proponemos y construimos.

Bibliografía

  • Pieper, J. (1998). El Ocio y la Vida Intelectual. Madrid, Rialp
  • Pieper, J. (2010). Las Virtudes Fundamentales. Madrid, Ediciones Rialp SA.
  • varios autores (1967). Amereida. Santiago, Editorial Cooperativa Lambda.
  • varios autores (1986). Amereida volumen II. Valparaíso, Taller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura y Diseño, PUCV.