Voto al Senado Académico, de 1973

De Casiopea



TítuloVoto al Senado Académico, de 1973
Año1973
AutorEscuela de Arquitectura y Diseño PUCV
CoautoresMovimiento M15
Tipo de PublicaciónInédito, Otro
EditorialArchivo Histórico José Vial Armstrong
Edicióninédito
CiudadValparaíso
Páginas10
Palabras Clavereforma, estudio, M15, política, doc
PDFArchivo:DOC sen 73 - Voto al Senado Académico, de 1973.pdf
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial, Náutico y Marítimo, Ciudad y Territorio

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VOTO DE LA ESCUELA DE ARQUITECTURA Y DEL MOVIMIENTO 15 DE JUNIO PRESENTADO AL SENADO ACADÉMICO EL DIA 28 DE JUNIO DE 1973

Prólogo del Editor

Dentro de los estudios e investigaciones documentales que se llevan en el Archivo Histórico, los concernientes a la Reforma Universitaria de 1967 son un acápite importante. Se acaban de cumplir 45 años desde entonces. En la Biblioteca Con§tel se encuentran publicados dos de los documentos esenciales y protagonistas de aquellos sucesos; el Manifiesto del 15 de Junio 1967 y el Voto Propuesto al Senado Académico 1969. Además allí se puede leer el artículo“De la Reforma” de Godofredo Iommi, publicado originalmente en la revista “Anales de la Universidad de Chile N.150″.

El Archivo Histórico, en virtud de la celebración del 15 de junio, presenta este documento que hasta ahora se encontraba inédito. El documento original está en papel tamaño oficio y mecanografiado. Esta copia ha mantenido la diagramación y la puntuación del original, corrigiendo sólo algunos errores ortográficos menores. El documento de 10 páginas está dividido en dos partes: Libertad y Universidad y luego Análisis Político, que tiene a su vez nueve subcapítulos. El título del presente artículo -Libertad y Política en la Universidad- hace referencia a esta división dentro del documento y se ha utilizado en esta publicación sólo para diferenciarlo y evitar confusiones con el Voto de 1969

LIBERTAD Y UNIVERSIDAD

La libertad sitúa en un abismo y en ella son el hombre y el mundo. Ella se extiende como el día para que la realidad nos constituya. Por ello decimos, la libertad sin opción. Y de esa libertad de fondo nace la necesidad de las libertades cotidianas para vivir como ciudadanos y no como esclavos – más acá, durante y más allá de cualesquiera decisiones circunstanciales.

Así en la libertad se juega nuestro destino, aún en la acepción de “fatalidades” que a veces se le da a este término. Y porque en ella y sólo en ella el hombre y el mundo pueden ser, se dice que hay historia.

Pues gracias a esa libertad se constituyen mundo y hombre en la naturaleza, de uno y otro modo, una y otra vez, cada vez. Y porque ese abismo de libertad es el alma que fecunda la historia, la relación de la libertad con los poderes siempre fue, y es aún hoy, crítica y conflictiva cuando no usualmente dispa- [sic] y trágica. Esa libertad no se comercia, no se transa, no se adultera, no se acalla, no se vence ni se elimina jamás. Nada ni nadie, sea cuales fueren sus peores enemigos, la pueden destruir. El hombre y el mundo son, y en ella, con ella, y gracias a ella, lucen en la plenitud de su riesgo, en la muerte misma. Una de sus manifestaciones, si no la más lúcida, es la que comparece precisamente en el estudio.

La libertad del estudio es el fundamento mismo de éste. Ella da lugar al estudio y el estudio permite la aparición y el quehacer del mundo.

La ley de dicha libertad en nuestro mundo occidental es una constante lección y, por ello, una auténtica tradición. Ella nos dice de su consistencia y también de su tragedia inherente; pues todo poder constituido que nace y surge plenamente de ella, una vez constituido, ha tratado de tal o cual modo de acallarla, manipularla, instrumentalizarla, adulterarla o extirparla siempre en nombre de una urgencia o de una “razón superior”. Urgencias que si apenas enmascaran la justificación de permanencia que quiere todo poder. Y para esto, la explotación del hombre por el hombre, la miseria forzada, el crimen, la mala guerra, las astucias, los recursos desesperados del instinto, del intelecto, han sido siempre usados. Pero, de hecho, contra la libertad de estudio nada pudieron ni pueden los poderes constituidos.

Los frutos del estudio terminan siempre, forzosamente, por modificar las fuerzas y las intenciones que se le oponen. Por eso es que no se puede confundir el nivel de esta libertad en juego con las llamadas “libertades políticas” y menos aún creer que aquella vive supeditada a esta, aunque así lo parezca.

Los frutos de la libertad de estudio, frutos técnicos, científicos, que configuran la realidad, obligan a Nixon, a Mao Tsé Tung y Brezhnev a entenderse, más allá de sus intenciones, programas y principios. Todos sabemos hoy, sin excepción que no hay una física materialista dialéctica y otra física idealista burguesa.

Esa libertad profunda es la que le hizo decir a Sócrates aceptando la muerte antes que el exilio que “una vida sin examen no merece ser vivida”. Esa libertad es la que aún la Atenas espléndida de Grecia, en vano negó – tal como con tanta claridad Beaufret nos recuerda, diciendo: “es desde las riberas de Jonia como desde las de Italia que ella (la Filosofía) nació un día, mediterránea, para llegar hacia el atardecer del mundo griego a habitar el Ática a donde ella no fue tan bien recibida a juzgar al menos por el destierro de Anáxagoras, primer legado de Jonia a Atenas, y que tuvo que marcharse a pesar de la amistad de Pericles y, un poco más tarde, por la muerte de Sócrates, que él si tuvo un exilio más radical. Es que los atenienses no amaban mucho la filosofía. Ellos más bien tenían, como se dice, la ‘mentalidad de veteranos’ de guerras médicas y de otras. Es por eso que Sócrates fue acusado de corromper a los jóvenes, es decir, a los futuros veteranos de guerra. Los atenienses no tuvieron, por otra parte, tiempo para habituarse a la cosa, pues en Grecia -decía Schelling- ‘todo anda con una rapidez increíble’. ”

Es esa misma libertad la que obligó a la iglesia católica a desdecirse, con algunos siglos de retardo de su condena a Galileo. Es la misma que hizo vana la persecusión de Paracelso; es la misma que hace y hará vanas las persecuciones, se a un Oppenheimer o a un Solestighyn. Es la misma a la que se refiere el eminente físico soviético Sakharov cuando dice:

“La segunda de nuestras tesis base, es que la libertad intelectual es indispensable para el futuro del género humano. Ella supone tres aspectos fundamentales: la libertad de recoger y transmitir la información; el derecho de discutir a corazón abierto y sin temor de sanción; el fin de las coacciones impuestas, sea por la autoridad establecida, sea por los prejuicios. Sólo el respeto de esta libertad evitará al mundo el ser contaminado por los mitos de masas que, manejadas por hipócritas y demagogos, corren el riesgo de someterla a una dictadura sangrienta. La libertad de pensamiento constituye en efecto el sólo medio de abrodar los problemas políticos, económicos y culturales en una óptica científica y democrática.”

Esa libertad -más allá de su aplicación en profesiones- es el fundamento mismo del quehacer del mundo. Por ello es irreductiblemente autónoma y en ella, éxitos, fracasos, dudas, hipótesis, errores, audacias y sobre todo la calma y la contemplación (no aludimos a la religiosa) son sus faces connaturales y propias; sin otra rendición de cuentas profunda que la que es exigida por su propio fundamento.

La Reforma Universitaria que si bien existía de modo latente desde antes, floreció el 15 de Junio de 1967 en la Escuela de Arquitectura para extenderse luego a esta Universidad y más tarde al país entero, se fundó y se funda incesantemente en aquella libertad. Por esto trató de quebrar el esquema profesionalizante que dominó y aún ahora domina a la Universidad, instaurando un lugar principal para el libre ejercicio de la filosofía, las artes y la ciencia. Pues estas disciplinas conllevan el germen vivo de aquella libertad y quiebran a la corta o a la larga cualquier imposición.

La Reforma Universitaria creó, donde pudo, instituciones de gobierno universitario según ese canon o patrón de medida para que desde entonces, y públicamente, esa libertad tuviera vigencia universitaria a modo de “tábanos sobre la ciudad para picarla y mantenerla despierta” desde sus propias disciplinas, es decir, con una peculiar relación entre libertad de estudio y utilidad.

“¿La meta de la ciencia es la utilidad?” De ninguna manera. La ciencia es una función social y no individual. Desde el punto de vista histórico social, la ciencia es utilitaria. Pero esto o significa en absoluto que cada hombre de ciencia aborde los problemas de investigación desde un punto de vista utilitario. ¡No! Las más de las veces los estudiosos son impulsados por su pasión de conocer y mientras más significativo es el descubrimiento de un hombre, menos puede prever, por regla general, con antelación sus posibles aplicaciones prácticas” (Ciencia Utilitaria, Ciencia Pura / (Trotzky).

El 15 de Junio de 1967 dijimos que una ola de cobardía recorría América.

Decimos ahora, a 6 años de la Reforma, que bajo múltiples caras con designaciones de equívocas urgencias, con falsas independencias administradas según estrategias ajenas a la propia disciplina, se cierne una resaca sobre la Universidad.

Con un trasfondo de escepticismo propio del resentimiento, se ataca hoy el derecho a la “contemplación” de donde brota a la vista y llega a las manos lo que verdaderamente llamamos realidad.

La Universidad no puede uncirse en el carro de ningún partido político, como no puede transformarse en dependencia técnica de ningún ministerio de gobierno ni puede suscribirse a priori a favor de ningún régimen constituido. Su tarea se da en la violencia real, en el coraje lúcido (y no en la bravuconada o violencia física). propios de la audacia que exige la admiración en el abismo de la libertad fecunda y creadora.

Si la Universidad no es eso, tanto peor para ella. El estudio emigrará y seguirá implacable en el fondo mismo de cualquier catacumba. Entonces, como tantas veces antaño, habrá que decir sin reparo: la Universidad ha muerto, el estudio continúa. Ese es el fundamento real de la Autonomía Universitaria, cuando hay universidad, más allá de cualquier juridicismo y, por ello, es irrenunciable.

Por esa libertad y por esa autonomía nos declaramos pluralistas y no por vanos eclecticismos. Plural significa apertura de fundamentos y no liberalismo de ideas variadas. Plural implica el riesgo de la libertad y no como enseñaba Kant “encontrar doquier sus propias mañas”, pues “un ecléctico es un navío que quisiera andar con los cuatro vientos”.

Afirmamos, pues, que por la propia naturaleza de la libertad de estudio no se confundirán nunca sus niveles con los niveles de las libertades políticas. Por esta razón, cuando esta Universidad pensó que debían suspenderse los estudios por tiempo indefinido porque ya no existían las libertades ciudadanas en el país, se propuso -y así se aceptó- lo que a nuestro juicio correspondía: la consulta y conformación de opiniones con quienes son los responsables de velar, efectiva y eficazmente por esas libertades, es decir, las autoridades de los tres poderes constitucionales chilenos, las autoridades espirituales y los jefes de agrupaciones políticas que ejercen y se disputan naturalmente con esas libertades.

Los informes reunidos demuestran claramente que si bien existen amenazas graves a dichas libertades, ellas distan aún de haber desaparecido de nuestro país. Sólo una actitud irresponsable – y la responsabilidad es no perder de vista el fundamento aún en medio de las peores vicisitudes- como la que aquí se ha cumplido es digna de la Universidad. Porque el juego de las pasiones no puede ser, en el mejor de los casos, quien rija la posición y las posiciones de la Universidad.


ANÁLISIS POLÍTICO

ACLARACIÓN PREVIA

Hecha la clara y nítida salvedad entre lo que va, desde la libertad de estudio al ejercicio de las libertades políticas, no rehuiremos de manera alguna expresar también públicamente las consideraciones estrictamente políticas que merece la situación actual del país.

Pero antes, aclararemos un punto.

Con respecto a lo que es la misión de la Universidad, se ha confundido y se confunde lo que es el estudio de la llamada “realidad nacional” con lo que vendría a ser una asesoría profesional a los ministerios encargados de administrarla.

La misión propia de la Universidad es descubrir y poner de manifiesto aquello que se va a llamar realidad, trabajo esencial de la filosofía, el arte y la ciencia. En esto, para la Universidad, no debe caber equívoco alguno.


1. RECONOCIMIENTO DE UNA TENSIÓN QUE AMENAZA UN ENFRENTAMIENTO

Aclarado esto, es necesario reconocer que el país está sometido a una tensión extrema que lo tiene paralizado y en crisis.

Aquí mismo en la Universidad la inquietud política -porque es político su verdadero trasfondo y no académico- movilizó al alumnado a una huelga que se inició como reclamo en contra de la ENU, siguió como protesta por el Decreto de Democratización, pasó a paro indefinido por haber sido sobrepasado el estado derecho, desembocó en una neo-reforma y finalmente en forma fluida derivó en una vuelta a clases.

Consideramos que este desmán que ha paralizado a la Universidad por más de 40 días, es un índice de la tensión evidente en que el país vive sumergido.

Esta Tensión extrema existe, se padece día a día y amenaza permanentemente con desembocar en cualquier enfrentamiento.

De los testimonios recogidos entre quienes tienen bajo su responsabilidad poderes públicos, dirección espiritual de las iglesias y la conducción política de los partidos, pudo constatarse la unánime preocupación por la radical división en dos grupos antagónicos de la ciudadanía, caracterizada por la violencia, la agresión moral y la carencia de todo diálogo en la vida política. Esto ha llegado a erosionar formas primordiales de la vida institucional del país.


==2. EL ENFRENTAMIENTO CONDUCE A LA DICTADURA LA DICTADURA PUEDE SOBREVENIR POR DOS CAMINOS: LA DICTADURA DEL PROLETARIADO (STALIN) O LA CONTRA-DICTADURA==

El enfrentamiento tiende a desembocar en cualquier dictadura, en cualquier crisis que, fueren las que fueren, lejos de favorecer perjudicaría gravísimamente la propia existencia del país.

La radicalización de esta tensión se ha dado al plantearse en el horizonte político chileno el posible advenimiento de una dictadura del proletariado entendida al modo staliniano y su perpetuación en el poder. Esto conlleva la automática respuesta de la contradictadura que generalmente desemboca en otra forma de totalitarismo.

Este juego de espejos inversos son los extremos de la tensión que el país incuestionablemente padece.


3. LA ELECCIÓN MUESTRA QUE CHILE NO QUIERE UNA DICTADURA

Pero, a pesar de esta situación que presenta a la opinión pública dividida y aparentemente irreconciliable, el resultado de las últimas elecciones señala que la franca mayoría del país no quiere ninguna clase de dictaduras.

Hay, sin embargo -y esto nadie lo puede desconocer- una importante minoría que acepta con mayor o menor lucidez la proposición marxista.


==4. ALTERNATIVAS MARXISTAS FRENTE A LA CRISIS: DICTADURA DEL PROLETARIADO O RE-INTERPRETACIÓN TEÓRICA==

Intentando interpretar la situación más allá del mero juego de mayorías y minorías, analicemos en primer lugar la proposición marxista.

Para realizar esta proposición es necesario previamente reconocer la presencia de dos hechos nuevos fundamentales:

El primero, de orden planetario:

El mundo hoy no es el mismo que el de la “Comuna de París”, ni el mismo de 1917, año de la revolución rusa, ni tampoco el del año de la revolución cubana. La fuerza indetenible de la libertad de estudio ha configurado una política planetaria dentro de la cual la guerra, como ha sido entendida tradicionalmente, es -por ahora- imposible.

Esto obliga a un entendimiento.

El segundo hecho, nos concierne a todos como chilenos:

Por primera vez en el marco de una construcción liberal democrática, y por disposición de sus normas, llega a la presidencia de la república, electo, un ciudadano que profesa pública y sostenidamente la proposición marxista.

Estos hechos pueden ser asumidos de dos modos distintos, desde el punto de vista marxista: o como accidente favorable dentro de una pura estrategia de guerra; o como desafío teórico a propósito de hechos nuevos.

Según el primer modo, los hechos aparecerían como un accidente fortuito, una oportunidad favorable dentro de una estrategia de guerra de clases, cuyo paso decisivo es la instauración de la dictadura del proletariado, para alcanzar más tarde -como meta lejana- la abolición total de las clases y, en consecuencia, del Estado.

Mientras se considere de este modo los hechos sin tomar en cuenta el nuevo contexto mundial, no cabe duda que es legítima, desde el punto de vista marxista, la impaciencia y el sentimiento de frustración de quienes sienten, porque saben, que ningún resquicio legar por sibilina que sea su interpretación, será suficiente para conducir por sí solo a dicha dictadura. En tal caso, la guerra de clases es un imperativo ineludible al cual habría que acondicionar todas las facultades y recursos de poder de que dispone le Gobierno. Es indudable que en tal caso -como lo fue en la historia- las Fuerzas Armadas y los poderes de la administración “burguesa” serían el impedimento para instaurar una dictadura del proletariado de tipo staliniano.

Según el segundo modo, el hecho del nuevo contexto internacional planetario que nos revela un acuerdo antes nunca alcanzado, y el de la elección de Allende por la vía constitucional, puede considerarse profundamente ligados entre sí. A la luz de los más actuales desarrollos teóricos del pensamiento marxista, cabe plantearse si en vez del concepto “guerra de clases” no cabría un “gobierno” proletario en el marco de la “lucha de clases” y no de la guerra.

Para desgracia nuestra y de América toda, la falta de una auténtica libertad de estudio pone de manifiesto, una vez más, la carencia total de teóricos marxistas capaces de recoger esta situación e iluminarla con coherencia. Pero sin esta dilucidación teórica, sólo quedaría como posible para el marxismo la instauración de una dictadura de tipo staliniano, que ha sido rechazada por la mayoría del país y que por ende dicha proposición no ofrece ninguna posibilidad para superar la crisis actual.



5. ALTERNATIVAS NO MARXISTAS FRENTE A LA CRISIS

Como ya se dijo, la concepción de una estrategia de guerra de clases exige como camino la dictadura, provoca y engendra automáticamente -porque la mayoría del país no la acepta- una caída en la contra dictadura que puede desembocar en el fascismo, también les cuadra lo ya dicho: desde Mussolini a José Antonio Primo de Rivera, no se conoce ninguna indagación teórica que asuma la circunstancia presente del país y del mundo. Sólo se sabe de repeticiones descoloridas y retóricas.

Por otra parte, dentro de las mayorías que en la última elección se declararon no marxistas, hay a su vez una mayoría que no tiene reparos en aceptar cambios en la propiedad y sistemas sociales. Sin embargo, es preciso reconocer que falta en ellas -más allá de tales o cuales programas de gobierno- un vigor tal en sus proposiciones teóricas, que generan una alternativa a escala de una respuesta. Porque el hecho adicional que deben encarar estas corrientes es que el marxismo está en el poder y, por tanto, están sometidos al imperio de constituirse en respuesta a un poder que ejercitan otros.


6. EN LA CONFRONTACIÓN DE ESTAS ALTERNATIVAS, LA CRISIS PUEDE SER OCULTADA O ENCARADA

Debemos concluir entonces que ni las alternativas marxistas ni no marxistas, ofrecen una perspectiva de resolución real y coherente a la crisis que vive el país. Y, por tanto, ella se radicaliza sin un horizonte nítido dentro del cual caben dos graves desviaciones políticas:

Una, la que dicta la desesperación, que acepta cualquier clase de dictadura.

Otra, que pretende ocultar la crisis aceptando los falsos entendimientos y componendas que ayudan a paliar la tensión pero que dejan empeorar los motivos, como una herida que cierra en falso.

Pero, si en esta crisis se manifiestan en su forma más aguda nuestros males y carencias, puede ser ella, sin embargo -como debe ser toda crisis- la ocasión para intentar desde su análisis más radical, reconocer las condiciones en que deben plantearse las tareas que demanda la hora presente.


==7. ENCARAR LA CRISIS IMPLICA UN RECONOCIMIENTO DESCARNADO: QUE PAÍS SOMOS: Y CONSTATAR LA MISERIA FÍSICA E INTELECTUAL QUE CARACTERIZA AL PRESENTE A NUESTRA NACIÓN.

Y RECONOCER, AL MISMO TIEMPO, QUE SU RESOLUCIÓN NO DEPENDE DE ESTAS CARENCIAS SINO DE LA CAPACIDAD DE ASUMIR UN DESTINO==

En la amenaza del enfrentamiento, de suyo absolutamente negativo, podemos, sin embargo, ver algunos valores positivos, en la medida que seamos capaces de transformar dicho enfrentamiento en un auténtico reconocimiento de la realidad que nos concierne, aceptándola como en la actualidad ella se nos manifiesta a todos.

Para ello, hay que mirar de frente a la crisis.

Reconocer implica -a nuestro juicio- aceptar primeramente como trasfondo de nuestra crisis nuestra real miseria intelectual y física, “construida” por nosotros mismos, y no sólo ahora sino durante por lo menos medio siglo.

Desde Andrés Bello en la gramática, Barros Arana en la ciencia histórica, el doctor Noé en las ciencias biológicas, que alcanzan un inestimable nivel en sus propias materias -y descontando un normal nivel en las tradicionales profesiones liberales de la medicina, la ingeniería y las leyes- Chile no tiene matemáticas, ni física, ni química, ni geografía, etc. ¡En las artes sólo hay aisladas expresiones individuales de nivel real!

Por otra parte, la miseria física a la que se vieron forzados los chilenos desde el primer cuarto de siglo en adelante, es un mal endémico que nadie puede negar y cuyo deterioro, lejos de disminuir, ha ido siempre en aumento.

Al menos, en estos últimos 50 años, fuera del magnífico esfuerzo de la Corfo y los ingenieros que va desde los ferrocarriles a Rapel -y más allá del crecimiento vegetativo obligado por el mundo y las circunstancias -la infraestructura de Chile se reconoce como la de un país que tiene un solo camino (aún inconcluso), un avión sobre su proyección geográfica (a Tahiti), un barco (a Nueva Zelandia) y prácticamente un tercio de su territorio no incorporado plenamente a la vida nacional.

La imagen de que sólo produciendo más habrá más, es apenas una tautología, pues la producción por la producción misma no daría más que una mera acumulación de capital. La producción se abre y florece cuando un campo o teatro de desarrollo que implican las fuerzas morales del país se descubre, extiende y constituye.

A este descubrimiento y a esta constitución nosotros le llamamos destino y ocasión.

A mediados del siglo pasado Chile se dio como fundamento la agricultura y con ella se asentó y se perfiló el Estado y el territorio nacional, con Portales.

Aún cuando el valor de todo lo producido, no hubiera compensado el costo de transformar las tierras de rulo del valle central en tierras de riego, el verdadero resultado obtenido, inestimable y orgullo de nuestra herencia, fue la construcción de un Estado que nos salvó de la anarquía en que vivía sumida América y dio base a nuestra tradición institucional.

Señalamos este ejemplo para subrayar que lo que importa es la capacidad para asumir un destino aún a partir de las mayores carencias, como lo hizo Portales, que fundó un Estado sobre la agricultura incipiente. Y señalar, además, que esta capacidad de destino involucra el auténtico desarrollo, pero nunca a la inversa.

Más tarde, Chile -y esto ya es historia nuestra- se convierte en un país principalmente minero. de la riqueza minera vivimos todos. Si el Presidente llamó al cobre el “sueldo de Chile” dijo la más dolorosa verdad. Dolorosa porque la minería, lejos de perfilar destino, nos sirvió a todos los chilenos para sobrevivir y eludirlo.

Chile no es ni puede ser ya principalmente agrícola, ni tampoco principalmente minero.


8. LA CRISIS ES DE DESTINO Y, EN CONSECUENCIA, COMPROMETE LA NACIONALIDAD. EL INDICADOR ELOCUENTE DE ESTA SITUACIÓN ES SU REPERCUSIÓN SOBRE LAS FUERZAS ARMADAS, POR CUANTO POR FUNDAMENTO, A ELLAS LES ATAÑE FINALMENTE LA PATRIA

La amenaza de enfrentamiento y la secuela de transgresiones que conlleva, revisten un peligro y una gravedad que pueden detectarse al comprender en cuanto ellas afectan a nuestras Fuerzas Armadas.

La diferencia fundamental entre las Fuerzas Armadas de una Nación y un ejército de mercenarios no consiste solamente en la capacidad y entrenamiento de sus oficiales y soldados, como tampoco en la potencia de su armamento, ni en el apoyo logístico que éstos pudieran tener.

Lo que diferencia radicalmente a las Fuerzas Armadas de un bien entrenado, equipado y bien apoyado ejército mercenario, es nada menos que una diferencia de fundamento: las Fuerzas Armadas son tales, porque les es inherente una Patria.

Quienes quisieran vencer a las Fuerzas Armadas tienen tres caminos posibles para ello:

El ataque frontal, cuando se dispone de fuerzas semejantes o superiores.

La corrupción, cuando las Fuerzas Armadas son permeables a ello.

Y hay un tercer camino, no frontal, que es el quiebre de la Patria.

Ante esto último, las Fuerzas Armadas pueden dividirse, lo que conduciría a una Guerra Civil. Y si se mantienen unidas y se agrava el quiebre, pueden ser llevadas a implantar una dictadura militar para -salvándose ellas mismas- pretender salvar a la patria.

Por estas razones, creemos que las tensiones de un enfrentamiento, cargadas de amenazas, pero poniendo al desnudo sin trampas ni astucias nuestra descarnada realidad, deben ser anudadas en un reconocimiento mutuo. Y desde este reconocimiento, surgir unidos y vigorosos como chilenos y como nación, dentro del concierto mundial y americano, para vivir nuestro destino.


9. PERSPECTIVAS PARA UNA PROBABLE SALIDA DE LA CRISIS

Se ha dicho una y otra vez, con indiscutible autoridad, que la hora contemporánea es la hora del Océano Pacífico. Creemos que por voluntad real de la inmensa mayoría, sean marxistas o no marxistas, de los chilenos, expresada en la última elección, no se rehuye un modo de vida distinto y más generoso que el tradicional siempre y cuando la libertad de fondo y también las libertades cotidianas, con su normal margen de deficiencias, sean posibles y vigentes.

Esta transformación de la vida social de hecho implica un modo distinto al tradicional de la relación con la propiedad, otro modo de ejercer socialmente las habitualmente llamadas “profesiones liberales”, y el régimen corriente de relaciones mundanas. Pero esta transformación no tiene ningún valor en sí ni tampoco adquiere valor por el señuelo de un mundo mejor, futuro e idílico.

Esta transformación tendrá lugar con plenitud y unidad si es la condición -como parece hoy día- necesaria para construir un Chile moderno, es decir, el Chile del Océano Pacífico.


La Universidad, su libre estudio, las capacidades profesionales y de trabajo del país, concordando así con la auténtica contemporaneidad, se abrirían a un horizonte fecundo con renovadas energías.

La política, tanto interna como externa, se sumaría según una meta precisa:

construir, abriendo opciones desde nuestro mar el actual destino del país en el concierto actual del mundo. La transformación social de Chile, que la gran mayoría, en cierto modo, acepta, cobraría solamente realidad a la luz de este salto cualitativo: un Chile para el Océano Pacífico.

Desde siempre, nuestra Marina de Guerra -que de suyo piensa el Pacífico- y ahora tras el vuelo trans-pacífico realizado por la Escuela de Aviación Capitán Ávalos, y una concepción más afinada del valor intocable de nuestra fronteras terrestres a fin de cumplir mejor nuestra misión en América -misión propia y principal de nuestro Ejército- nos está indicando el modo real de anudar el destino a la transformación social.

Solamente un programa concreto establecido en este horizonte, desechando la guerra de clases, desechando también todo género de dictadura contra las dictaduras, estaremos en condiciones de salir de la crisis, constituyendo la Patria, que es consubstancial a nuestra Fuerzas Armadas.

Las autoridades espirituales, constitucionales y políticas del país, pueden elaborar un programa que anude propósitos y no ahonde diferencias en vistas al cumplimiento de esta hora del Pacífico sólo posible con las transformaciones sociales y económicas adecuadas y en la vigilia del ejercicio de la libertad.

Con un programa semejante, este enfrentamiento, transformado en reconocimiento, debiera concluir en la constitución de un gabinete de unidad nacional respaldado por la inmensa mayoría de los chilenos. Así, entre otros, lo comprendió De Gaulle al término de la última guerra en Francia y De Gasperi en Italia.

No hemos rehuido decir nuestra palabra en materia de política contingente, a causa de las tensiones que vivimos. Pero somos conscientes que la Universidad forma parte de un ámbito autónomo de libre estudio que ninguna política puede destruir.

Y desde esa convicción, sabemos también que no nos corresponde, ni nos corresponderá jamás a nosotros como universitarios y desde la Universidad (que otra cosa es como ciudadanos y militantes), llamar a este tipo de acción, pues los depositarios de ellos son, por propio oficio, los hombres que disputan y tienen el poder.