Taller de Amereida 2015

De Casiopea


Asignatura(s)Taller de Amereida
Año2015
Tipo de CursoOtro
TalleresARQ 1º, ARQ 2º, ARQ 3º, ARQ 4º, DIS 1º, DG 2º, DG 3º, DG 4º, DO 2º, DO 3º, DO 4º
ProfesoresJaime Reyes, Carlos Covarrubias, Manuel Sanfuentes
AlumnosDavor Koscina
Palabras Clavepoética, poesía, taller de amereida
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

Primer trimestre

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Álbum Taller de Amereida. 2015. Trimestre 1 en el Archivo de la Palabra en SoundCloud.

Clase 1

Jaime Reyes

Citas preliminares

"volver hay un llegar que es volver aún más todo llegar es un volver así como el alba es un perpetuo volver nosotros vivimos orientados por la palabra volver en la resurrección volvemos a nuestra carne resucitar ella es palabra real palabra de rey aquel que nunca se queda sin palabra por ello mañana partimos para comenzar a recorrer américa para alcanzar a llegar a ella para volver a ella" (varios autores Amereida)

"Así las arenas se nos muestran como el incesante volver a no saber, que no es la ignorancia respecto a una sabiduría. En vez de la estabilidad de cualquier saber adquirido, este mero trance del desaparecimiento nos dice un continuo volver a no saber, que excluye radicarse en un conocimiento adquirido respecto de lo que aún está por saberse y, en consecuencia, no es tampoco un conocimiento a conquistarse" (varios autores Apertura De Los Terrenos).

En el texto De la Utopía al Espejismo se dice, refiriéndose a los terrenos de la Ciudad Abierta: "En buena parte de él su suelo es arena; los actos poéticos dicen que ella no es agua ni tierra, que está a merced del viento, que es en sí misma y que se la tiene por estéril pues nos deja en la intemperie borrando toda huella; la arena nos advierte, así, de no radicarnos en conocimientos adquiridos que vengan a filtrar lo que estemos por conocer, vale decir, nos advierte de esa disponibilidad o continuo, incesante volver a no saber que no es – se entiende – permanecer e ignorancias, sino la postura que oye y rima la palabra poética." (Iommi and Cruz).

La clase

Volver a no saber está íntimamente relacionado con el estudio. Pero no me refiero a las asignaturas o los ramos; no es el estudio de una carrera profesional, porque una carrera profesional se corre, no se estudia. Volver a no saber es el estudio que va tras las preguntas, no hacia las respuestas. Se trata de hacer y hacerse buenas preguntas, esas que conducen sólo a nuevas buenas preguntas. Y en ese camino es donde se pueden hacer buenas obras, en todos los campos y disciplinas y oficios que se quieran. Y es un rumbo incesante, que no acaba ni tiene término, porque supuestamente está arraigado en la condición humana.

Volver a no saber es para ubicarse, ubicarnos nosotros mismos, en el tiempo y el espacio. Es para comprender el papel que nos toca como especie en la historia del universo; nuestro lugar y nuestro tiempo. Y nos vamos a sorprender de vernos a nosotros mismos en un lugar diminuto e insignificante en la vastedad del cosmos; de ver que existimos y existiremos, como especie, durante un momento brevísimo, efímero e insignificante en la vastedad de las edades del universo.

Así, volver a no saber sirve para ser humildes y abandonar la arrogancia que nuestras civilizaciones han mantenido hasta ahora, creyendo que nuestra especie humana ocupa un lugar de privilegio en la creación y que es la culminación de la evolución.

Volver a no saber es para ir tras lo desconocido para encontrar lo nuevo. Para eso son las preguntas; para hallar realidades inverosímiles, inconcebibles y muchas veces dolorosas; porque remueven y socavan y también a veces destruyen las bases supuestamente sólidas sobre las que fundamos la intimidad de nuestra existencia. Acuérdense, por poner un ejemplo clásico, de lo que sucedió hace apenas unos siglos cuando Galileo les pidió a los sabios que mirasen a través de su telescopio hacia la luna o hacia Júpiter, proponiendo que el Sol, y no la Tierra, estaba en el centro del universo. Es nuestro deber hacernos esa clase de preguntas. ¿qué va a pasar, por ejemplo, cuando otros Galileos vayan descifrando los secretos del funcionamiento del cerebro? ¿qué sucederá entonces con el libre albedrío o la conciencia? ¿qué vamos a hacer o a decir cuando podamos crear seres humanos, hechos y derechos, en los laboratorios? o cuando podamos mejorarnos genéticamente… cómo responderemos, qué leyes y reglas morales tendremos que crear, qué nuevas visiones y concepciones de nosotros mismos y del universo tendremos entonces…

Yo pretendo, en este taller y con la ayuda de ustedes, dar un primer paso, uno sencillo, del volver a no saber. Voy a poner en cuestión una premisa un parecer, que nos acompaña desde hace 43 años. En una exposición realizada por la escuela en Santiago, en 1972, se escribieron nuestros fundamentos esenciales en unos pizarrones. Allí dice:

"Nos parece que la condición humana es poética, vale decir que por ella el hombre vive libremente y sin cesar en la vigilia y coraje de hacer un mundo. El coraje de la condición humana, al que también llamaremos virtud, surge necesariamente. Sus apariciones abren un campo del cual se configuran los oficios y las artes humanos. Es el modo, tal vez, como el hombre reconoce que algo es una inclemencia ante la que debe responder".

¿Es cierto esto que nos fue dicho? ¿sobre qué bases y en cuales referencias está apoyado este parecer? Y una vez que las hallemos, ¿han cambiado esas bases, debemos seguir con ellas, o cambiarlas? ¿necesitamos otro parecer? Lo primero entonces, conocer las bases que permitieron proponer o decir ese parecer.

Lo segundo, ¿existe una condición humana? y si existe ¿cómo se modela? o ¿de dónde nos viene aquello que todos tenemos en común? Esto es lo mismo que preguntarnos quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos. Esto es lo que no sabemos y esas son las preguntas poéticas que subyacen en nuestro rumbo y en nuestro obrar.

Bibliografía clase 1

  • Iommi, Godofredo, and Alberto Cruz. "De La Utopía Al Espejismo." REVISTA Universitaria nº9 1983: 17-25.
  • varios autores. Amereida. Santiago: Editorial Cooperativa Lambda, 1967.
  • Apertura De Los Terrenos. Viña del Mar: Ciudad Abierta, 1971.

Clase 2

Jaime Reyes

La clase anterior presenté la premisa, declarada en 1972 en nuestra Escuela: “nos parece que la condición humana es poética” (e[ad] 1972). Una premisa que nos ilumina hasta el día de hoy. Precisamente, como aún hoy la mantenemos y la sostenemos es que se hace necesario preguntarse por ella, ponerla en cuestionamiento, en orden a saber si es pertinente después de tantas décadas para nuestros tiempos, para nuestros estudiantes y para nuestras obras y obrar. Este ejercicio es el volver a no saber. Entonces propuse, en primer término, conocer el origen de esa premisa, cuáles son las referencias que permitieron declararla, para después avanzar sobre sus posibilidades actuales.

Desde un punto de vista histórico, los profesores fundadores de nuestra Escuela, tuvieron una proximidad intelectual, artística y espiritual con ideas de las vanguardias humanistas, artísticas y científicas de comienzos del S. XX. Esa proximidad implica influencia, mas no imitación, pues la Escuela ha procurado desde siempre crear una visión propia, peculiar, original, americana; una visión que nos permita concebir obras nuevas, que se pregunten por su propio origen y por el presente de América.

En la Poesía

La relación entre la poesía y los oficios ha estado siempre presente en nosotros, desde 1952. La forma y el fundamento de esa relación es precisamente el que nos perece que la condición humana es poética. Principalmente Godofredo Iommi nos trajo una relación directa con las vanguardias poéticas de comienzos del S. XX, principalmente con el surrealismo y el futurismo. Poetas como Breton o Apollinaire, recogieron a poetas anteriores, principalmente franceses, tales como Rimbaud, Baudelaire o Lautreamont, quienes habían creado una poética en función del desconocido. Pero los surrealistas derivaron en el comunismo y los futuristas en el fascismo; y esa deriva hizo fracasar el anhelo de cambiar la vida.

Por otra parte Iommi había fundado la Santa Hermandad de la Orquídea, con poetas americanos, y América les reclamaba una voz poética propia. Había que traer la esencia de la poética occidental, a través de la latinidad, para fundirla con la realidad originaria de América. Esto es Amereida. Y por último, cabe mencionar a una poética anterior a la modernidad, cuya voz es el antecedente más directo de la premisa en cuestión. Se trata de Friedrich Hölderlin (el único poeta mencionado explícitamente en Amereida). En un poema extraño y desvinculado del catálogo usual del poeta alemán, titulado “In lieblicher Bläue” (En Adorable Azul), Friedrich Hölderlin dice: “Un grave espíritu surge al interior de lo diverso. Y tan simple sean las imágenes, sagradas son también, que uno teme describirlas. Los Celestes, empero, siempre benignos, tienen todo a la vez como quien es rico, virtud y felicidad. Es válido que el hombre los imite. ¿Es lícito, si la vida es puro cansancio, que un hombre se asome a mirar y diga: así quiero ser también? Sí. Hasta que la gentileza, pura, se conserve en su corazón, el hombre no se mide infelizmente con la divinidad. ¿Es desconocido Dios? ¿Es manifiesto como el cielo? Esto creo, más bien. Del hombre es la medida. Colmado de méritos, pero poéticamente, reside el hombre sobre esta tierra. Pero la sombra de la noche con las estrellas no es más pura, si me es dado decirlo, que el hombre, que imagen de la divinidad es llamado.”

El verso importante en este caso es “Pleno de méritos, más poéticamente habita el hombre sobre esta tierra”. Este verso será recogido luego por Heidegger dentro de los cinco lemas que el filósofo utilizará para definir la esencia de la poesía (Martin Heidegger 1988). Los versos de Hölderlin son además la voz inaugural de la Ciudad Abierta.

Las referencias poéticas incidentes en nuestra tradición son muchísimas más, por ejemplo las voces indígenas de las civilizaciones y pueblos originarios de América, pero debo quedarme ahora aquí.

En el Arte

En el arte nuestra Escuela tiene múltiples influencias. Desde sus inicios declaramos que la arquitectura y el diseño son un arte (e[ad] 1972) : “Ahora bien, ese coraje o virtud, además de extender un campo donde se suscitan los oficios, pide desde lo más propio de sí mismo, ser manifestado con trazo, con virtud o coraje creador. Pide resplandecer como tal. Cuando así resplandece decimos que es un Arte. En consecuencia, creemos que todos los oficios son un Arte cuando hacen resplandecer ese coraje conjuntamente con aquello que les es peculiar (ciencias, técnicas, filosofías, etc.).

Por eso afirmamos que la Arquitectura y el diseño son un Arte.” Y esta declaración es esencial para comprender como oficiamos y hacemos obras. Sin embargo se pueden destacar las vanguardias artísticas del S. XX, la Bauhaus, la escuela de Ulm, la de Stijl, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright, los artistas modernos como Calder, Rodin, el arte concreto argentino traído por Claudio Girola, y un larguísimo etc. Una idea de arte no figurativo, abstracto, que cambia la armonía como objetivo por el desconocido como horizonte. Esto sin desconocer ni olvidar ni descartar al arte griego, o al romano, o al de los pueblos originarios de América. Concebir a la arquitectura y al diseño como un arte tiene implicancias profundas y también debemos preguntarnos si el arte que nuestros fundadores concebían o concibieron desde comienzos de la década del ’50 sigue siendo el mismo, o si bien hoy las formas artísticas y sus medios de producción han cambiado. Pero esta es pregunta para otra clase.

En lo Espiritual

En lo espiritual este grupo de fundadores crea una Escuela y un instituto de arquitectura en una universidad católica; mantiene una herencia cristiana, de carácter progresista, cercana a los postulados de la doctrina social de la iglesia católica, propuesta en el Concilio Vaticano II que culmina en 1963. Pero incluso aquí la escuela se adelanta. Después del terremoto de Valdivia de 1960 a la Escuela se le encarga la reconstrucción de una serie de iglesias y parroquias en el sur de Chile. La Escuela ya había iniciado los que se llaman los “Estudios Litúrgicos” y trabajaba en la construcción de la Iglesia Santa Clara en stgo. En esos estudios, y en la reconstrucción del sur se aplicaron ideas formales -provenientes también del proyecto de Capilla Pajaritos- que después el concilio vino a confirmar.

Cabe mencionar a San Francisco de Asís, nombrado patrono de la Escuela. Aunque hay que decir que si bien el patronato es una figura religiosa, San Francisco está con nosotros por motivos poéticos, no religiosos.

En lo Filosófico

En términos filosóficos el cuadro se completa con el pensamiento de Martin Heidegger a través de algunos de sus discípulos directos como Francois Fedier o Ernesto Grassi. Como ya veíamos es a través de Heidegger que nos llega Hölderlin, la idea de lo abierto. Nos parece que la condición humana es poética porque “pleno de méritos, mas poéticamente habita el hombre sobre esta tierra.

En las ciencias

El comienzo del S. XX observó una revolución en las ciencias, especialmente liderada por la física. La teoría de la relatividad primero y la física cuántica después, modificaron radicalmente el modo como comprendemos el funcionamiento del mundo, y del universo. Luego pudo comenzar una revolución tecnológica que ha permitido a la raza humana crear, en muy poco tiempo, sociedades inimaginables para la mayor parte de los seres humanos que poblaron el planeta durante toda la historia de nuestra especie. Iommi llamó a esos científicos, incluyendo a los matemáticos, los “buscadores de desconocido”, equiparándolos con artistas, poetas y pensadores. Desde entonces para nosotros, para nuestros oficios, la técnica, también debido a Heidegger, es poética y creativa, no un mero instrumento o derivado del conocimiento.

Conclusión

He hecho un compendio brutal. Han transcurrido 43 años desde que se escribió el parecer sobre la condición poética del hombre en unos pizarrones, ¿qué ha sucedido desde entonces en la civilización occidental? ¿qué ha sucedido desde entonces en la poesía, el arte, la filosofía, lo espiritual y las ciencias? Todas estas disciplinas y campos han continuado trabajando y estudiando. Todas han dado con nuevos hallazgos. Esos hallazgos ¿nos permiten seguir sosteniendo nuestro parecer? ¿podemos seguir diciendo que nos parece que la condición humana es poética? Es necesario volver a no saber.

Desde la próxima clase intentaré este ejercicio, trayendo aquí algunos de esos nuevos hallazgos, para aproximarnos a estas preguntas.

Bibliografía clase 2

  • e[ad]. Exposición 20 Años Escuela De Arquitectura Ucv. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.: Universidad Católica de Valparaíso UCV, 1972.
  • Heidegger, Martin. Arte Y Poesía. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 1988.

Clase 3

Jaime Reyes

La clase anterior, por el calor del sol, sólo alcancé a exponer algunos de los antecedentes que permitieron a los profesores fundadores de esta Escuela decir que les parece que la condición humana es poética. Hablé de lo concerniente a la poesía y al arte. Me faltó lo relacionado a lo espiritual, lo filosófico y las ciencias. No voy a exponer eso restante ahora, lo he dejado en la wiki Casiopea. En las conclusiones de esa clase me preguntaba si los hallazgos nuevos de las ciencias y las artes ¿nos permiten seguir sosteniendo nuestro parecer? ¿podemos seguir diciendo que nos parece que la condición humana es poética? Es necesario volver a no saber.

Comienzo entonces con lo primero.

La ruta

Todo el poder que existe no alcanza para desarmar la astucia de la palabra. Hay un juego creado precisamente para la creación, cuyas reglas más simples vienen sólo en la voz de la poesía. ¿Cómo vamos a juzgar si el corazón se llena de ignorancia y de odio? ¿Cómo vamos a dejar que lo otro comparezca libremente si antes no aprendemos a hospedarlo? El duro camino de la construcción de las facultades humanas es una canción. También la oyeron nuestros ancestros y aveces supieron interpretarla; en cada era con los instrumentos disponibles. ¿Cuáles son nuestros instrumentos hoy y aquí? ¿acaso nuestro misterio es menos profundo que el de la civilización que nos precedió? ¿o es el nuestro acaso más terrible? ¿Cuánto puede demorarse una persona con su papel en el mundo? Saber las propias carencias para que en un estado sin esas preocupaciones poder darle espacio a lo sencillo. La única disciplina que se necesita verdaderamente es la de poseer o vislumbrar un horizonte. Porque sólo así se producen medios adecuados que nunca justifican un fin; porque un horizonte precisamente nunca es un fin sino el resplandor de la ruta hacia él. Tener un horizonte valoriza la ruta misma y no justifica nada. Un horizonte no es un objetivo que exija cualquier medio para llegar hasta él; lo que importa no es el llegar sino el estar yendo. Si el fin, que es la muerte, nos encuentra en ese estar yendo, entonces habremos cumplido con nuestra condición. Nuestra poesía es el canto de esa ruta, no el elogio de lo consumado. Por eso estamos fuera de la literatura; nuestra poesía no produce obras literarias, sino indicaciones camineras. Cuando comienzo a pintar un cuadro siempre me digo a mi mismo, que esta vez lo voy a lograr, que esta vez voy a conseguir dar con la clave que solucione mi propia pintura. Pero lo que sucede es que mientras estoy pintando es que si bien surgen pequeñas claves esenciales y conducentes al arreglo final, voy cayendo en la cuenta de que ninguna de estas, ni la suma de ellas, alcanzará para resolver el asunto. Entonces comprendo que deberé comenzar, inexorablemente, un siguiente cuadro si pretendo seguir hacia ese horizonte de resoluciones. Cada cuadro pintado, más allá de sus pequeños aportes, es un fracaso si considero que no logró llegar. Pero es un bello paso, personal, si lo considero así mismo: sólo un paso. La satisfacción por la labor cumplida ocurre si he puesto, en esos pasos, verdadero esfuerzo y sacrificio y estudio. La bella angustia de lo inalcanzable viene junto. La hermosura cuenta menos que la ruta [1] Una Pregunta Voy a hacerles una pregunta: ¿Qué creen ustedes que tenemos en común todas las personas? y ¿qué es aquello que nos diferencia?

Clase 4

Jaime Reyes

Las palabras del taller

Voy a recoger lo que ustedes dijeron la clase pasada. Cuando pregunté qué tenemos en común todas las personas del mundo, todos los seres humanos, ustedes respondieron, y cito textual: “la bondad”, “que todos vivimos acá en este mismo planeta”, “todos nacemos”, “la capacidad de amar”, “el dormir”, “la palabra”, “nosotros siempre estamos buscando lo bueno, la búsqueda”.

Me parece que cada una de esas cosas mencionadas son no sólo correctísimas, sino que cada una da en algún blanco precioso.

Voy a utilizar los argumentos y las pruebas presentadas por Carl Sagan en su libro “Sombras de Antepasados Olvidados” (Sagan, C.; Druyan, A. 1994). La mayor parte de las citas le pertenecen.

“Que todos vivimos acá en este mismo planeta”

Todos “vivimos acá en este mismo planeta” y “todos nacemos”. Estas dos cosas, que supongo nadie podrá poner en duda, no son simples obviedades. Lo que quisiera definir mejor es quiénes somos ese “todos”.

Nadie sabe aún, a ciencia cierta, el momento preciso del comienzo de la vida sobre este planeta. Tampoco conocemos el modo en que se inicia. Aunque buenas pistas tenemos. Calculamos el nacimiento del universo hace 20.000 millones de años, la formación primera de la Tierra hace 4.600 millones y las primeras células eucariotas hace 1.400 millones de años. Desde entonces se ha estado produciendo un fenómeno llamado evolución por selección natural, enunciado inicialmente por Darwin en 1859.

Todos nosotros, toda la vida sobre el planeta es producto de este fenómeno. Las pruebas indican que la selección natural actúa creando complejas interacciones moleculares llamadas mutaciones, y reproducción en respuesta a un entorno o ambiente cambiante (y ese entorno externo cambia muy lentamente, aunque a veces también a través de cataclismos mundiales). Estas interacciones no responden a un plan de largo plazo, no tienen ninguna otra finalidad más que sobrevivir y traspasar la propia herencia a la siguiente generación. Lo mismo si hablamos de una célula, un gen, una araucaria o una gaviota. Es un proceso ciego que es indiferente a cualquier voluntad y a la justicia. Puede parecer, dada la belleza y la complejidad del proceso, que hay una inteligencia superior dirigiendo y conduciendo la vida hacia un fin último y trascendente, pero la verdad es que la vida es modelada por las instrucciones programadas en los paquetes de información que todos los seres vivos hemos heredado. Pero no esto no implica que exista algo como una conciencia colectiva o una energía inmanente que conecte a todos los seres vivos. No hay una suerte de voluntad exterior.

Es necesario considerar que si bien la selección natural pareciera favorecer a ciertas especies por sobre otras, nada garantiza la supervivencia de esa especie favorecida en el largo plazo, especialmente si se produce un cambio ambiental rápido. Basta recordar lo sucedido a los dinosaurios, por mencionar el ejemplo más conocido, aunque aquella no sea la única extinción masiva de la historia de este planeta.

Ni nuestra super inteligencia ni nuestros medios tecnológicos podrán nada si deterioramos lo suficiente el frágil ecosistema que sustenta la vida. Sin embargo, no podemos ser tan arrogantes como para creer que tenemos la capacidad de extinguir la vida de la Tierra. Sólo podemos extinguir nuestra civilización, nuestra especie y a muchas otras de las que nos acompañan actualmente, pero el planeta Tierra tiene otra escala, otro tiempo en el que nosotros somos apenas una mínima fracción.

No sólo todas las personas vivimos en este planeta, sino que cada organismo viviente es pariente lejano de todos los demás. Basta comparar: “cómo actúan todos los organismos de la Tierra, cómo están construidos, de qué están hechos, qué lenguaje genético hablan, y especialmente lo parecidos que son sus planos constructivos y sus órdenes de trabajo moleculares. Toda la vida está emparentada. El tortuoso camino del árbol genealógico del hombre se remonta hasta el comienzo de la vida, hace cuatro mil millones de años. Todos los seres de la Tierra son parientes nuestros, puesto que todos procedemos del mismo punto de partida, pero y precisamente a causa de la evolución, ninguna forma viva de la Tierra actual es un antepasado nuestro. Los organismos de este planeta no sólo son parientes sino que viven en íntimo contacto mutuo saturándose de los residuos de los demás, dependiendo uno de otro para vivir y compartiendo el mismo y frágil estrato superficial. Esta conclusión no es ideología sino realidad. No depende de la autoridad, la fe o los argumentos especiales de sus defensores, sino de la observación y los experimentos repetidos. Descubrimos las afinidades más profundas entre nosotros y las demás formas de vida en la Tierra no por un sentimentalismo carente de sentido crítico, sino después de realizar un escrutinio científico realista”.

Se observa que la diversidad o «riqueza taxonómica» de la vida en la Tierra ha aumentado de modo constante, especialmente en los últimos 100 millones de años. Parece que la diversidad alcanzó su punto culminante cuando el hombre empezó su carrera, y desde entonces ha disminuido notablemente, debido en parte a las recientes eras glaciales y en mayor proporción a la actividad depredadora del hombre, intencionada o accidental. Estamos destruyendo la diversidad de seres y de hábitats de donde surgimos”.

“La Bondad”

En Amereida hay un verso, en la página 84, que dice: “sólo es a pesar suyo que un término cualquiera entra en fusión con cualquier otro término la guerra es el único ardid de la unificación” (varios autores, 1967) Siempre me pareció que, desde un punto de vista histórico social, esa indicación era muy certera. Por ejemplo, lo lábiles que son las fronteras políticas durante los conflictos armados o cómo se funden los vocablos entre diferentes lenguas cuando un pueblo coloniza a otro. Ahora, además, me hace sentido desde un punto de vista biológico.

“Los sentimientos, al menos en los mamíferos, están controlados principalmente por partes inferiores, más antiguas, del cerebro, y el pensamiento por las capas cerebrales exteriores, superiores y de más reciente evolución. Los genes dictan órdenes al mundo exterior de carne y hueso con motivos completamente egoístas, y el verdadero altruismo —sacrificarse por alguien que no es pariente— se considera una ilusión sentimental.

Uno de los ejemplos más impresionantes es el virus de la rabia. Cuando el virus se inyecta en el torrente sanguíneo de un perro plácido, amante de las personas, se dirige directamente al sistema límbico del cerebro del perro, donde residen las teclas de control de la agresión. El perro está furioso, pero sin saber por qué. Se ha convertido en juguete de los virus que lleva dentro y es incapaz de resistir el impulso de atacar. Si el ataque sale bien, los virus de la saliva del perro entran en el torrente sanguíneo de la víctima a través de la herida, y comienzan a apoderarse del nuevo huésped. El proceso sigue su curso. Cuando tenemos una gripe o un resfriado común, la tos y los estornudos no son complementos accidentales de la infección, sino elementos bastante esenciales para la proliferación del virus responsable y que están bajo su control.

Esto, o algo bastante parecido, se ha convertido en la teoría imperante del comportamiento animal (y vegetal), y su capacidad de explicación es considerable.

Por otra parte, creemos que el egoísmo estricto y el altruismo estricto son los extremos mal adaptados de un continuo; la posición intermedia óptima varía con las circunstancias y la selección natural inhibe los extremos. Pero como todos estamos emparentados, estarán justificados algunos sacrificios para salvar a todos los habitantes de la Tierra, y no sólo a los de nuestra propia especie. Aun en sus términos estrictos, la selección de parentesco se extiende mucho más allá de los parientes cercanos.

El altruismo está muy cerca del amor. En algún lugar de estas realidades puede haber una ética en germen.

Por muy profundamente que examinemos nuestros propios sentimientos, no encontraremos ningún propósito previo. El propósito viene después. Todas las justificaciones sociales, políticas y teológicas son intentos de racionalizar a posteriori sentimientos humanos totalmente obvios y profundamente misteriosos a la vez.

Las posibilidades de sobrevivir a un ataque —como individuos y como grupo— son mucho mayores si hacemos causa común con nuestros compañeros. La existencia de enemigos comunes puede actuar como una poderosa fuerza de unificación. Los enemigos comunes mantienen funcionando la maquinaria social. Los grupos que tienden a la paranoia xenofóbica podrían tener una ventaja de cohesión en relación con grupos que inicialmente son más realistas.

La agresión es una estrategia de supervivencia que ha evolucionado para servir a la vida. Coexiste, especialmente en los primates, con la compasión, la bondad, el altruismo, el heroísmo y el tierno y sacrificado amor hacia las crías. También éstas son estrategias de supervivencia. Eliminar la agresión sería una tontería, aparte de un objetivo inalcanzable: es un elemento demasiado profundo de nosotros mismos.

Procedemos de una mezcla turbulenta de inclinaciones contradictorias. Debemos vencer “la tentación de dividir a hombres y a otras especies en un número pequeño de categorías estereotipadas, en lugar de reconocer diferencias y el hecho de juzgar a los individuos uno por uno, sigue estando muy arraigada en nosotros. El racismo, el sexismo y un cóctel tóxico de xenofobias aún influyen poderosamente en la acción y la inacción”.

Cuando oigamos a un demagogo desenfrenado predicar el odio contra otros grupos de hombres ligeramente distintos parémonos por lo menos un momento para intentar comprender el problema. Está atendiendo a una antigua llamada que, por peligrosa, anticuada y mal adaptativa que pueda ser hoy en día, benefició en otras épocas a nuestra especie”.

Lo que no quiere decir que lo aceptemos moralmente; se trata de entender, no de asentir. Y en este sentido tenemos una propuesta poética, que voy a decir más adelante.

“Una sociedad sólo puede tener éxito si se corresponde con la naturaleza y el carácter de los individuos que deben vivir en ella. Pueden producirse desastres si quienes idean las estructuras sociales no tienen en cuenta quiénes son estos individuos, o tienen ideas sentimentales sobre su naturaleza o son unos ingenieros sociales incompetentes”. Así sucedió con las utopías políticas del S. XX, y sucede hoy con los fanáticos religiosos o los extremistas del libre mercado.

En esos mismos versos mencionados, Amereida dice que “la única forma de relación que nunca ha dejado de existir hasta nuestros días en general fueron obreras la violencia la guerra”

Si bien “la agresión es una estrategia de supervivencia que ha evolucionado para servir a la vida”, sabemos que “los monos, simios antropomorfos y otras «bestias salvajes» tienen poderosas inhibiciones contra el derramamiento de sangre, por lo menos dentro del grupo. Los asesinatos en masa –en estas especies– son desconocidos. Las guerras auténticas y desencadenadas no se han observado. Estas son patrimonio humano. “Subvaloramos a nuestros antepasados no humanos cuando les culpamos de nuestras propensiones violentas. Es muy probable que tuvieran inhibiciones ya instaladas que nosotros burlamos. Si los animales que son nuestros parientes más próximos se hubieran dedicado desenfrenadamente al incesto y a los asesinatos en masa se habrían extinguido a sí mismos. Si lo hubieran hecho nuestros antepasados no humanos, no estaríamos nosotros aquí. Sólo podemos culparnos a nosotros mismos y a nuestro arte de gobernar, de las deficiencias de la condición humana, no a las «bestias salvajes» ni a nuestros antepasados lejanos que no pueden defenderse contra nuestras acusaciones interesadas”.

Y es aquí donde calza la propuesta poética, precisamente en este punto. Dice Amereida:

“la guerra es el único ardid de la unificación 
¿cómo cambiar esto? 
donde
– ya sin pertenecernos ni vínculos 	aún pocos seremos 
multitud 	descompuestos 	descarados – 
ronda la fiesta 
su cadencia o frontera impide preveer los movimientos 
tantea – toda ocasión al coraje – el cuerpo desaparece en la figura 
los gestos inhabilitan el baile 
la carne sola en colores porque la fiesta no aflora en contornos 
deja que lo oculto se muestre oculto”

Bibliografía clase 4

  1. Sagan, C., and A. Druyan. Sombras De Antepasados Olvidados: Las Respuestas De la ciencia a quiénes somos, de dónde venimos y cuál puede ser nuestro destino. Círculo de lectores, 1994.
  2. varios autores. Amereida. Santiago: Editorial Cooperativa Lambda, 1967.

Clase 5

Jaime Reyes

Las palabras del taller

Voy a continuar recogiendo las respuestas o las palabras que ustedes dijeron para la pregunta ¿qué tenemos en común todas las personas del mundo, todos los seres humanos? Ustedes respondieron, y cito textual: “la bondad”, “que todos vivimos acá en este mismo planeta”, “todos nacemos”, “la capacidad de amar”, “el dormir”, “la palabra”, “nosotros siempre estamos buscando lo bueno, la búsqueda”. La semana pasada hablé sobre “la bondad” y “que todos vivimos acá en este mismo planeta”. Hoy quiero refererirme a “la palabra” y “nosotros siempre estamos buscando lo bueno, la búsqueda” Voy a utilizar los argumentos y las pruebas presentadas por Carl Sagan en su libro “Sombras de Antepasados Olvidados” (Sagan, C.; Druyan, A. 1994). La mayor parte de las citas le pertenecen.

Un pequeño alcance

Todo este trabajo, estas clases, pretenden inmiscuirse en la condición humana. Les recuerdo que estoy intentado preguntarnos por la condición humana. Primero si existe alguna, y si existe, en qué consiste. Todo para saber si aún podemos seguir diciendo que nos parece que la condición humana es poética. Durante muchos siglos fueron los filósofos los encargados de entrevérselas con esta cuestión. Desde 1859 con Darwin y después desde mediados y finales del Siglo XX la ciencia se inmiscuyó en el asunto. Me refiero principalmente a la biología, que comenzó a ocupar un lugar de privilegio en la constelación de las ciencias, junto a la física y la química. Hoy en día estas ciencias y sus investigaciones en conjunto están en la vanguardia de la búsqueda del desconocido de la naturaleza humana.

“La Palabra”

“Los idiomas español, francés y portugués se deben a su vez a las ambiciones imperiales de los romanos; el inglés sería muy diferente si los sajones y los normandos no se hubieran sentido atraídos por las conquistas de ultramar, y así sucesivamente. La lengua depende de la historia.

Que un planeta del tamaño de la Tierra sea una esfera y no un cubo, que una estrella del tamaño del Sol emita principalmente luz visible, que el agua sea un sólido y un líquido y un gas en cualquier mundo a la temperatura y presión de la superficie de la Tierra son hechos que derivan fácilmente de unos principios simples de la física. No son verdades contingentes. No dependen de una serie determinada de hechos que podía simplemente haber transcurrido de otro modo. La realidad física tiene permanencia y estabilidad, tiene una regularidad obsesiva, mientras que la realidad histórica tiende a ser inconstante y fluida, menos predecible, menos rígidamente determinada por las leyes de la Naturaleza que conocemos. “La ciencia no es solo otro constructor cultural determinado por una época histórica”. Aunque así lo piense una corriente intelectual importante de nuestros días, llamada posmodernismo.

Parece muy probable que somos bastante más inteligentes que los chimpancés porque tenemos un cerebro mucho mayor, aunque el peso del cuerpo es comparable hay una cierta arquitectura cerebral —no mucho, pero algo— que los hombres tienen y los demás primates no, por lo menos en general. Es significativa que parte de ella parece estar relacionada con el habla. Quizá nuestro carácter único no es más que esto, o sólo algo más que esto: un mejoramiento del talento preexistente y ya bien establecido para la invención, la previsión, el lenguaje y la inteligencia general, lo bastante para cruzar un umbral en nuestra capacidad, para comprender y cambiar el mundo.

“Nosotros siempre estamos buscando lo bueno, la búsqueda”

¿Por qué somos tan diferentes? ¿O no lo somos? Una respuesta posible: Es esencial que exista una distinción clara entre hombres y «animales» para poder doblegarlos a nuestra voluntad, conseguir que trabajen para nosotros, llevarlos puestos, comerlos, sin ningún sentimiento inquietante de culpa o de pena. Con nuestras conciencias tranquilas podemos extinguir especies enteras en nombre de un beneficio imaginado a corto plazo, o incluso por simple descuido. Su pérdida tiene poca importancia: estos seres, podemos decir, no son como nosotros. Un abismo insalvable ha desempeñado así una función práctica, a parte de halagar simplemente los egos humanos. La formulación que Darwin dio a esta respuesta fue: «No deseamos considerar iguales a nosotros a unos animales que convertimos en esclavos nuestros.»

Los filósofos de civilizaciones merodeadoras de alta tecnología han asegurado a menudo que los hombres merecen una categoría distinta de los demás animales y superior a ellos. No es suficiente que los hombres tengan un surtido diferente de las cualidades evidentes en los demás animales, con más de algunos rasgos y menos de otros. El hombre necesita, anhela, busca una diferencia radical de tipo y no una diferencia de grado de contornos borrosos.

La mayoría de filósofos considerados grandes en la historia del pensamiento occidental sostuvieron que los hombres son fundamentalmente diferentes de los demás animales. Platón, Aristóteles, Marco Aurelio, Epicteto, Agustín, Tomás de Aquino, Descartes, Spinoza, Pascal, Locke, Leibniz, Rousseau, Kant y Hegel sostuvieron siempre «la idea de que el hombre era de un tipo radicalmente diferente de [todas] las demás cosas»; con excepción de Rousseau, todos ellos consideraron que la distinción esencial humana era «nuestra razón, intelecto, pensamiento o comprensión.

(Casi todos ellos creyeron que nuestra distinción deriva de algo que no está compuesto de materia ni de energía y que reside en los cuerpos de los hombres, pero de ningún otro ser de la Tierra. No se ha suministrado nunca ninguna prueba científica de la existencia de este «algo». ) Sólo unos pocos de los grandes filósofos de Occidente —David Hume, por ejemplo— afirmaron, como hizo Darwin, que las diferencias entre nosotros y las demás especies son únicamente de grado.

Otro aspecto de la vida cultural que se considera a menudo exclusivo del hombre es el arte, la danza y la música. Pero si damos lápices y pintura a un chimpancé creará arte con considerable interés y reflexión, un arte que es exclusivamente no representacional, por lo que sabemos, pero que se considera presentable en algunos círculos.

La conciencia y la conciencia de sí se consideran de modo general en Occidente como la esencia del ser humano (si bien la falta de conciencia de sí se considera un estado de gracia y de perfección en Oriente); el origen de la conciencia se imagina como un misterio insondable o bien como la consecuencia de algo no muy distinto: la introducción de un alma inmaterial en cada ser humano, pero en ningún animal más, en el momento de la concepción.

Huxley pudiera llegar a esta tranquilizadora conclusión: «Nuestra reverencia por la nobleza de la humanidad no disminuirá si sabemos que el hombre, por su sustancia y estructura, es la misma cosa que los animales.» Es sorprendente hasta qué punto los científicos y los filósofos han afirmado rotundamente, a veces con extraordinaria vehemencia, que los simios antropomorfos no pueden utilizar el lenguaje, para luego rechazar las pruebas en contra porque contradecían su hipótesis.

Los chimpancés pueden abstraer.

Una noción convencional de las ciencias sociales es que la cultura presupone el lenguaje y el lenguaje presupone una noción de sí mismo. Tanto si esto es cierto como si no, los chimpancés y los bonobos poseen de modo evidente, por lo menos en forma rudimentaria, los tres elementos: conciencia, lenguaje y cultura.

La causa aproximada del éxito humano debe de tener alguna relación con la combinación de nuestra inteligencia con nuestro talento para fabricar y utilizar herramientas.

Es evidente que no podríamos haber inventado la civilización sin inteligencia y tecnología. Pero sería injusto considerar la civilización como la característica definidora de nuestra especie, o la que determina el nivel de inteligencia y de destreza manual necesario para nuestra definición, especialmente porque el hombre pasó el primer 99% de su vida en la tierra en un estado no civilizado.

El estilo de aprender del gran físico Enrico Fermi era pedir a los colegas que expusieran el problema que acababan de resolver pero sin darle la respuesta. Fermi sólo podía entender el problema si lo resolvía él mismo. En ciencia y en tecnología, como en muchas otras actividades humanas, aprender haciendo es mucho más eficaz que aprender de memoria.

No hay una tecnología determinada que nos haga hombres; como máximo podría ser únicamente la tecnología en general o una propensión a la tecnología. Pero esto lo compartimos con otros.

Filósofos y científicos ofrecen ingenuamente rasgos que suponen exclusivos del hombre y que los simios derriban como si nada acabando con la pretensión de que los hombres constituyen una especie de aristocracia biológica entre los seres de la Tierra.

Si insistimos en diferencias absolutas y no relativas, no descubrimos ninguna característica distintiva de nuestra especie, por lo menos hasta ahora. ¿No cabría esperar que las diferencias fueran de grado y no de índole, especialmente con nuestros parientes más próximos? ¿No es ésta la lección de la evolución?

Si queremos ser los únicos que poseen herramientas, cultura, lenguaje, comercio, arte, danza, música, religión o inteligencia conceptual, no podremos comprender quiénes somos. En cambio, podremos conseguir algunos progresos si estamos dispuestos a admitir que lo que nos distingue de los demás animales es tener más de una propensión y menos de otra. Luego, si así lo deseamos, podremos enorgullecemos de que las aptitudes de los primates hayan florecido de modo más completo en nuestra especie. Cuando reconfiguramos nuestras estructuras sociales, y en los últimos siglos nos hemos dedicado a jugar con ellas como locos, ¿no es mejor y más seguro tener en mente de modo firme la mejor comprensión posible de la naturaleza humana?

Hay un conocimiento que puede equilibrar todas las tendencias peligrosas que percibimos en nosotros mismos: que en nuestros antepasados y parientes próximos la violencia está inhibida, controlada y, por lo menos en los encuentros dentro de la especie, encaminada principalmente a fines simbólicos; que estamos bien dotados para establecer alianzas y hacer amistades, que la política es lo nuestro, que podemos conocernos a nosotros mismos y crear nuevas formas de organización social; y que podemos, mejor que cualquier especie que haya vivido nunca en la Tierra, resolver problemas y construir cosas que no existieron nunca.

Por eso insisto en la proposición de la poesía. Si recuerdan era esa que decía

“la guerra es el único ardid de la unificación 
¿cómo cambiar esto? 
donde
– ya sin pertenecernos 	ni vínculos 	aún pocos seremos 
multitud 	descompuestos 	descarados – 
ronda la fiesta 
su cadencia o frontera impide preveer los movimientos 
tantea – toda ocasión al coraje – el cuerpo desaparece en la figura 
los gestos inhabilitan el baile 
la carne sola en colores porque la fiesta no aflora en contornos 
deja que lo oculto se muestre oculto” 

Luego Amereida continúa:

– ¿juegan? – dices entre ahorros y 
idos 
apenas 
ni forma ni informe   
cuando nada es vulgar extraordinario o referido 
el pan cotidiano – máscara muda –
transluce 
la impropiedad común de la muerte 
don más que guerra 
fiesta ineludible
 
excelentísimo señor ministro de la defensa 
juguemos en figuras 

Es una exhortación directa al modo como tratar nuestra propia naturaleza humana. Al cabo la guerra no es un componente biológico de esa naturaleza. Pensamos que sí lo es la fiesta. Y la poesía insiste la fiesta, el juego, el juego, la fiesta.

Bibliografía

Sagan, C., and A. Druyan. Sombras De Antepasados Olvidados: Las Respuestas De La Ciencia a Quiénes Somos, De Dónde Venimos Y Cuál Puede Ser Nuestro Destino. Círculo de lectores, 1994.

Clase 7

Jaime Reyes

La Condición Humana

Miércoles 29 de Abril

En mis clases anteriores pretendí traer algunas luces sobre la condición poética del ser humano, expuesta como un parecer en los pizarrones de la exposición de los 20 años de nuestra Escuela en 1972, allí donde dice: “nos parece que la condición humana es poética”(e[ad] 1972). Lo creí y lo creo necesario porque ese parecer ha recibido profundos y serios cuestionamientos científicos y académicos durante toda la segunda mitad del S. XX y aún hoy sigue siendo cuestionado.

En primer lugar me pareció necesario volver a no saber. Situarme lo más honestamente posible en lo desconocido.

Entendí la palabra condición como “naturaleza o conjunto de características propias y definitorias de un ser o de un conjunto de seres”, es decir condición humana y naturaleza humana, para el caso de mi pregunta venían a ser lo mismo. Y sigo considerándolo así.

Durante la segunda mitad del siglo pasado surgieron corrientes de pensamiento, principalmente filosóficas, que pusieron en duda la existencia de una naturaleza humana. Si esta no existe, entonces menos puede haber una naturaleza, o condición, humana poética.

Autores como Baudrillard, Lyotard, Vattimo, Deleuze, Lacan, Foucault, Derrida, Lipovetsky, Zizek, Badiou, Durkheim o Bourdieu, tuvieron y tienen dificultades para definir la naturaleza humana; piensan que inevitablemente sólo se la puede “definir en términos tomados en préstamo de nuestra sociedad, nuestra civilización, nuestra cultura” (Chomsky, N.; Foucault, M.; Livchits, L. 2006). Es decir, un producto circunstancial, dependiente del momento histórico. Piensan que “el concepto de naturaleza humana cumplió, ante todo, el rol de un indicador epis­temológico para designar ciertos tipos de discursos vinculados o contrapuestos a la teología, la biología o la historia… y no pueden ver allí un concepto científico”. Entonces las ciencias sociales creyeron, como Nietzsche, que “conocer es simplemente trabajar con la metáfora favorita de uno, porque, como se ha indicado, la construcción de metáforas es el instinto fundamental del hombre.” (Vásquez, 2007). Que “no existe realidad–fundamento anterior al lenguaje que pudiera ser el criterio de verdad para distinguir un lenguaje literal de otro imaginario o retórico”.

Desconfiaban de la ciencia diciendo que: “la verdad de un pensamiento debe interpretarse, y valorarse según las fuerzas o el poder que la determinan a pensar, y a pensar esto en lugar de aquello. Cuando se nos habla de la verdad “a secas”, de lo verdadero tal como es en sí, para sí o incluso para nosotros, debemos preguntar qué fuerzas se ocultan en el pensamiento de esta verdad, es decir, cuál es su sentido y cuál es su valor”. Piensan, por lo tanto, que no es posible acceder a ninguna verdad objetiva, pues siempre toda declaración está fatalmente influenciada por fuerzas perversas y contingentes que tienden al engaño y a la alienación del ser humano.

Esta corriente de pensamiento se ha llamado posmodernismo y nos muestra siempre un “ser individualista, sometido al yugo de la sociedad y controlado por los medios de masas” y que “no hay ya una realidad en sí, sino el resultado de un entrecruzarse de múltiples imágenes, interpretaciones y reconstrucciones que compiten entre sí”. Para ellos “la realidad consiste en una multiplicidad de dialectos de sistemas de valores locales, con una aguda conciencia de la historicidad, contingencia y limitación de todos los sistemas, "empezando por el mío”. “Según los filósofos de esta corriente, el ser humano no posee ningún tipo de esencia que lo distinga de lo demás. Para ellos, el hombre es determinado por el contexto histórico y cultural al que pertenece. Con base en esto, no puede sostenerse que exista una naturaleza humana, pues su naturaleza estará condicionada por los diferentes momentos históricos o por las distintas culturas.” “La naturaleza humana no es más que una invención, un gran relato… que manipula al hombre y a su conducta” (Ojeda, M. 2006).

Pero algunos estudiosos no estuvieron de acuerdo.

Chomsky, por ejemplo, se dio cuenta de que existía la seria posibilidad de hallar una naturaleza humana concreta y objetiva. Llegó a estas conclusiones a través de sus estudios lingüísticos, y sabía que la biología jugaba un papel fundamental. Dice: “si al menos fuéramos capa­ces, por ejemplo, de especificar en términos de redes neuronales las propiedades de la estructura cognitiva humana que le permiten a un niño adquirir estos sis­temas complejos, no dudaría en describir estas propiedades como elementos constitutivos de la naturaleza humana”. Chomsky, en un célebre debate con Foucault hablaba de “mecanismos organizadores inna­tos, o de esquema mental intrínseco”. (Chomsky, N.; Foucault, M.; Livchits, L. 2006). Y no sólo eso, pensaba que “un componente fundamental de la naturaleza humana es la necesidad del trabajo creativo, de la investigación creativa, de la creación libre sin las limitaciones”. Entonces volvamos a oír a Godofredo Iommi en sus clases y sus escritos. Particularmente en una clase en la que habla de los Buscadores de lo Desconocido. En esa clase, de 1983, Godo propone “hay que ser absolutamente moderno” y dice quienes son los Buscadores de lo Desconocido. Y aunque pueda parecer sorprendente estos no son sólo los poetas y pensadores que Godo acostumbraba a leer o a citar, sino principalmente científicos, físicos y matemáticos: Descartes, Desargues, Galois, Heisenberg, Bohr, Planck, Lorentz. Entonces preguntemos que puede decir la ciencia hoy respecto de la condición humana. Guiados por estos mismos científicos, comenzando por ejemplo, por el gran Richard Feynman, hallamos que desde mediados del S. XX una de las principales fronteras o vanguardias del conocimiento científico se trasladó desde la física a la biología, la química, la psicología. Aunque muchos autores de las ciencias sociales también conducen hacia estas vanguardias, por ejemplo historiadores como Hobsbawm o Bloch. Autores como Sagan, Leakey, Darwin, Murray Gell-Man, Schrödinger, Francis Crick, Jay-Gould, Dawkins, el mismo Chomsky, Diamond, Penrose, Turing, Shubin, Singer, Stearns, Pinker y Wilson; han demostrado que todos los individuos de la especie humana tenemos una serie de características comunes, sin importar la raza, la lengua, la educación. Características innatas que compartimos y poseemos no sólo quienes hoy habitamos el planeta, sino que también las tuvieron nuestros ancestros. Rasgos que son propios o peculiares de todas las personas y nos define o distingue de otras especies, pero que al mismo tiempo nos muestran la ruta o evolución de un linaje y así nos ubica dentro de la historia de la vida y en relación íntima a todos los seres que vivieron, viven y vivirán en este planeta.

Muchos de estos autores son premiados y prestigiosos científicos, premios nobel, profesores de reconocidas cátedras y bellísimos buscadores de desconocido. Ellos y sus equipos y colaboradores y muchos que aún ni siquiera conozco, no sólo han confirmado la existencia de la naturaleza humana, contradiciendo con demostraciones y pruebas contundentes las ideas del posmodernismo, sino que han hecho algo mucho mejor; han abierto nuevas puertas que nos llevan a nuevas preguntas. No es que hayan confirmado la existencia de la condición humana en los mismos términos que estaba planteada desde Aristóteles hasta inicios del S. XX, sino que la replantearon llevándola mucho más lejos de lo que estamos a acostumbrados a creer o a pensar. Nos han permitido volver a no saber. Además, muchos de ellos, sino casi todos, claman y reclaman por un conocimiento unificado en que las ciencias naturales no pueden plantear las buenas preguntas sin la participación de otras disciplinas; entre las que destacan las artes. Las verdaderas preguntas sobre la condición humana no están reservadas a las ciencias naturales, a pesar de los inmensos aportes que estas nos han regalado. Se requiere a los artistas y muy especialmente a la poesía. Y ahí nuestra Escuela vuelve a estar situada en la vanguardia, en el corazón mismo de la pregunta por nosotros mismos y nuestro mundo.

Quisiera terminar esta vez, no con Amereida, sino con las palabras de Edward Osborne Wilson, entomólogo y biólogo estadounidense (un especialista en hormigas). Acaba de publicar un pequeño librito que se llama nada menos “The Poetic Species”, la “Especie Poética”. Esa especie somos nosotros, los seres humanos. Allí él dice, conversando con el poeta Robert Hass (Wilson, E.O.; Hass, R.; Briccetti, L. 2014):

“He sugerido muchas veces que las humanidades, y en especial las artes creativas, son la evolución natural del Homo Sapiens. Las descripciones basadas en estas describen la condición humana y la naturaleza humana con un detalle exquisito, una y otra vez en innumerables situaciones. Las artes creativas son la puesta en común de nuestros deseos internos y la lucha de la humanidad. Las humanidades son nuestra forma de entender y gestionar el conflicto entre los dos niveles que crearon al Homo Sapiens (evolución y cultura). El conflicto no puede ser resuelto. Y no hay que esforzarse mucho para llegar a una resolución. Este conflicto define a nuestra especie y es la fuente de nuestra creatividad.

El científico ideal piensa como un poeta y funciona como un tenedor de libros.

¿Una recomendación para poetas ?: ¡colonicen la ciencia!”

“I’ve suggested many times that the humanities, and especially the creative arts, are the natural history of Homo Sapiens. The descriptions based on them describe the human condition and human nature in exquisite detail, over and over again in countless situations. The creative arts are the sharing of our inner desires and humanity’s struggle. The humanities are our way of understanding and managing the conflict between the two levels that created Homo sapiens. The conflict can never be resolved. And we shouldn’t try too hard to reach a resolution. It defines our species and is the fountain of our creativity.

The ideal scientist thinks like a poet and works like a bookkeeper. A recommendation for poets?: Colonize science.


Bibliografía

  • Chomsky, N., M. Foucault, and L. Livchits. La Naturaleza Humana: Justicia Versus Poder : Un Debate. Katz, 2006.
  • e[ad]. Exposición 20 Años Escuela De Arquitectura Ucv. Museo Nacional de Bellas Artes, Santiago, Chile.: Universidad Católica de Valparaíso UCV, 1972.
  • Ojeda, M. Ética: Una Visión Global De La Conducta Humana. Pearson Educación, 2006.
  • Vásquez Rocca, Adolfo. Nietzche y Derridá: de la Voluntad de la ilusión a la mitología blanca. PUCV. Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales. 16, 2007
  • Wilson, E.O., R. Hass, and L. Briccetti. The Poetic Species: A Conversation with Edward O. Wilson and Robert Hass. Bellevue Literary Press, 2014.

Clase 8

Jaime Reyes

La Condición Humana II

Miércoles 6 de mayo.

Este contenido, en su mayor parte, son citas del psicólogo experimental, científico cognitivo, lingüista y escritor canadiense Steven Pinker (libros "El instinto del lenguaje", "La Tabla Rasa" y "Cómo funciona la mente"). Para estos mismos conceptos recomiendo, entre otros, al filósofo Daniel C. Dennett, que analiza estos y otros problemas en "La Conciencia Explicada"; la obra de Chomsky ya inicia estas ideas.

Habiendo establecido que existe una naturaleza o condición humana ahora podemos preguntarnos cómo es que esta puede llegar a ser poética. ¿Qué debe acontecer para que nuestra condición sea poética? o ¿basados en qué cosas podemos afirmar o pensar que esta condición es poética?

La creencia general atribuye al lenguaje la organización del pensamiento. Esto es lo mismo que creer que que las diferencias entre las lenguas son responsables de las diferencias entre las formas de pensar de sus usuarios. Es lo mismo que creer que sólo los esquimales poseen docenas de palabras para nombrar la nieve[2], o que los indios 'hopi' tienen un concepto del tiempo totalmente diferente del nuestro. esto implica que las categorías en las que se asienta la realidad no se encuentran 'en' el mundo, sino que son impuestas por cada cultura (y se pueden por tanto desafiar, lo que tal vez explica el enorme atractivo que tiene esta doctrina para la sensibilidad de los universitarios en todo el mundo).

Pero esta hipótesis está equivocada.

Los seres humanos de cualquier raza y cultura colorean su mundo perceptivo utilizando la misma paleta, y esto condiciona los vocabularios que utilizan para nombrar colores. Es una cuestión fisiológica, no cultural.

Se puede pensar no en palabras sino en imágenes, o en geométrico: Einstein se imaginó a sí mismo montado en un rayo de luz y mirando hacia atrás a un reloj.

Cuando examinamos cómo funciona una Máquina de Turing podemos entender que, al ejecutar operaciones de razonamiento, la mente humana piensa en "mentalés" y no en inglés, ni en francés, ni en español ni en ninguna otra lengua natural.

Pareciera que nuestra mente funciona mediante un procesador que analiza representaciones conceptuales; símbolos que representan conceptos y relaciones entre símbolos para concebir relaciones lógicas. El inglés o el español no están adecuadamente diseñados para servir como medio interno de computación. Una prueba sencilla de esto es que las lenguas poseen ambigüedades. Cualquiera que haya oído o leído los versos de algún poema comprende lo que digo.

Las personas desprovistas de lengua -de habla- seguirán teniendo el "mentalés". Es por ello que conceptos como libertad e igualdad seguirán siendo concebibles por muy innombrables que sean dentro de esta o aquella cultura o tiempo y circunstancia histórica (hay muchos más conceptos que palabras).

Faltan palabras para nombrar la andada, 

dice amereida.

Y en amereida II:

pero la cosa no cesa de cautivar los
signos y el nombre “significante” no es una presa,
ningún hombre jamás lo ha creído, pero las cosas
contadas lo aluden y “aquello” es tomado en la le-
yenda muda de los sitios, en la malla del invisi-
ble “simpático” que sostiene en secreto como un
padre fiel la fantasía de los contornos, el poder
del invisible menos concluido que todo trabajo,
la excesiva promesa de los nombres, el innombrado
de las especies aún escondidas que esperan a su
vez subir al claro de los hombres

Segundo Trimestre

Registro de Audios: álbum Taller de Amereida. 2015. Trimestre 2

Tercer Trimestre

Encargo final para el tercer trimestre

El encargo consiste en la construcción de piezas para un juego que se realizará entre todos el último día del taller. Cada alumno debe construir tres piezas para el juego. La construcción consiste en cortes y aplicación de colores. Estos cortes y colores serán un fragmento de la obra de travesía de cada cual. El modo en que el fragmento de la obra es interpretado en las piezas es libre.

  • Tres cuadrados de 30x30x03 cm de MDF (trupan). En un cuarto de cada cuadrado se

hace un corte. El trazo del corte es libre.

  • En cada cuadrado se realizan dos pares de ranuras de 7 cm de largo y 0,3 de espesor. En al menos uno de los cuadrados las ranuras deben estar en ángulo de 45º. Las ranuras son para ensamblar las piezas entre sí (al modo del juego del acto de San Francisco de este año).
  • En cada cuadrado se aplica el o los colores de acuerdo al fragmento de la obra de travesía. Debe aplicarse por ambas caras del cuadrado.
  • Archivo PDF con instrucciones y ejemplos

Clase del martes 10 de noviembre

Jaime Reyes

En travesía siempre he tenido, como quien va a cargo de la poesía, serias dudas respecto de lo útil que resulta llevar de travesía a alguien a cargo de la poesía. Siempre concluyo que resulta nada útil, o bien poco. Esta travesía no fue diferente. Pero voy siempre, de todos modos, y voy a contarles una pequeña conversación sucedida en esta travesía de Vodudahue, en el fiordo Comau, en Aysén del Mar Nuevo, que vino a iluminar la utilidad de la poesía en este atravesar América.

En nuestra travesía iba un estudiante de intercambio; él nunca había ido a una travesía. De hecho nunca había estado antes en Chile; ni siquiera en América. De hecho apenas habla castellano. Casi al final de la travesía, sentados sobre un tronco cualquiera le pregunté coloquialmente pues qué le parecía todo el asunto, o qué de todo el asunto era lo que le parecía más más. Me dio una respuesta breve, acorde tal vez con sus posibilidades idiomáticas, o porque quiso responder a flor de labios.

-ufff… todo, todo lo hecho en común…

Ni el paisaje, ni el viaje, ni la obra, ni la arquitectura o el diseño o la escultura, ni ningún detalle en particular, sino que todo lo hacemos en común. Para alguien como yo, que lleva veintisiete años de ir e ir e ir de travesía ocupado de la poesía, esto fue extraordinario. Por supuesto no caí en la cuenta en ese momento, sino ahora, ya después del volver.

Creo que hoy es esta una indicación poética fundamental, demasiado simple y al mismo tiempo demasiado extensa y potente. Y me alegro que la indicación se carnalice, se haga cuerpo y carne, y que sus alcances se presenten y cobren forma entre nosotros. Lo digo no por todo lo que ha pasado o sucedido al respecto en 50 años de travesía o 60 años de Escuela o 40 años de Ciudad Abierta. No lo digo por la historia, sino por ustedes, por el presente y el porvenir.

Hoy más que nunca necesitamos lo en común, y necesitamos que ustedes lo esparzan por el mundo. Creo que es una de la pocas cosas que puede abrir una nueva realidad.

El mundo nos propone:

el extremo de la individualidad
tomar partido en favor de lo de uno en lugar de lo múltiple
la apología del crecimiento económico sin contar con las consecuencias
la ganancia y el beneficio a toda costa
el fin justifica los medios
la política y el dinero asociados mafiosamente para ganar a toda costa
la rentabilidad por sobre la sabiduría
las maravillas naturales y el esplendor humano como recursos
la creatividad como capital humano
la propiedad privada como sagrada
la imbecilidad de lo gratuito o gratitud como regalo

Y en este país un grupo de aprovechados del poder de las armas toman por asalto lo de todos y mediante el engaño, la amenaza y el robo pretenden hacernos creer no solo que la naturaleza humana será feliz en la acumulación de riqueza, sino además y peor, que esa acumulación puede ser ad infinitum, que progreso y desarrollo dependen de tener más de más y que la libre competencia -que ellos mismos luego traicionan sin asco- es mejor que la libre cooperación. Entonces todo debate es amenaza, toda participación un estorbo. Pretenden que la libre empresa o emprendimiento dependen exclusivamente del esfuerzo individual, lo que significa que los pobres son pobres porque son flojos y que los ricos son ricos por mérito propio. Ante todo esto nosotros cantamos la maravilla de lo en común. Cada cual en su rol, en su papel, en su oficio. Lo importante no es ganar a cualquier precio, sino la forma de jugar. La ruta importa más que la hermosura. Nosotros cantamos que:

la poesía debe ser hecha por todos, no por uno
la construcción en ronda
lo colectivo por barrios y campos y pueblos y ciudades
el libre comercio, cultural y material, que van siempre juntos
la libertad de estudio
la no acumulación de bienes ni riquezas
la no propiedad privada
el movimiento makers
la economía compartida
el código abierto, o mejor dicho las fuentes mismas abiertas,
la información democratizadora
el conocimiento disponible y la disponibilización de contenidos
el libre transito a través de fronteras y lugares
la naturaleza y la humanidad reunidas en lo abierto
la hospitalidad
el respeto cultural y la interconexión de las culturas a nivel global
el no progreso en el arte
el ser absolutamente modernos
el amor por lo desconocido
la conciliencia entre arte, ciencia y humanidades
la paz creativa
la metáfora poética y la nominación por cuenta de cada recién llegado
el gobierno por consentimiento y no por la mayoría sobre la minoría
el vuelo quebrado y anhelante
la condición poética de la humanidad

y sí, la poesía hecha por todos.

Clase del martes 17 de noviembre

Jaime Reyes

Sobre la poesía (Carta del Errante):

“Su apertura recuerda el hombre, sumergido en sus sufrimientos y sus alegrías concertadas, el alma perpetua de su origen. He aquí su ascesis. Ella es el acto humano que se relaciona con el fundamento de toda realidad. Y por eso ella se hace terriblemente consoladora."

Ya hacia el final de la travesía de Vodudahue, la última noche, nos reunimos todos en nuestra obra; la Cubícula Cardinal. En el interior dispusimos decenas de pequeñas velas y unos regalos de papel preparados por los estudiantes. Yo me quedé adentro y uno a uno, en silencio, fueron entrando para recoger los regalos de papel y para recibir una palabra susurrara al oído. Era una pregunta. La misma pregunta que yo recibí susurra al oído por un poeta, en 1989, en el Acto de la Demora, en la Ciudad Abierta cuando yo era un estudiante de la misma edad de ustedes: ¿cuál es el alba perpetua de tu origen?

Una vez que todos la hubieron recibido nos reunimos en silencio alrededor del fuego, en el fogón del atrio de la Cubícula. Y la dijimos tres veces, al unísono ¿cuál es el alba perpetua de tu origen? Y en medio del silencio profundo que sobrevino, Herbert Spencer tomó la palabra. Le habló a la travesía, a los diseñadores de travesía. El podrá explicar mejor lo que dijo, pero yo me quedé con lo siguiente.

El mundo, la realidad del mundo, es enteramente susceptible de ser construida. Todo podemos hacerlo. Nuestra obra de travesía era una prueba: en medio de la naturaleza poderosa del archipiélago habíamos erigido una obra desde cero. Nos dijo que como constructores de mundo podíamos hacerlo todo. Absolutamente todo. Pero lo más importante es que podíamos, nosotros mismos y cada uno, convertirnos en lo que quisiéramos. Que no importa donde nacimos, cuáles fueron las circunstancias en las que crecimos, el colegio al que fuimos, el apellido que llevamos, la raza, el idioma que hablamos. Y eso es lo que nos pregunta la poesía al decir ¿cuál es el alma perpetua de tu origen? Quiere decir que el origen de cada cual no está en el pasado, sino en el presente y es susceptible de ser recomenzado, cada vez, con cada obra, con cada nuevo intento. Para siempre.

Notas y citas

  1. Nota 45. También el olvido es bello, olvidar, por ejemplo, que el arrojo es la travesía y no la vida de un obstáculo, en este caso, el perro. Pero la hermosura cuenta menos que la ruta y esto sí que es difícil aprenderlo. ¿Qué es la ruta? Es sólo seguir partiendo siempre, es mantener el rumbo abierto. ¿Será un comienzo sin fin, como el amor? Hacer tal ruta, abrir tal rumbo, tal vez de tales cosas, interrogaba Kant a los capitanes de barcos balleneros, aquellos que Melville dijo que buscaban la ballena blanca y tal vez Acab sea el nombre de la musa de toda pura travesía. varios autores. Amereida Volumen II. Valparaíso: Taller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura y Diseño, PUCV, 1986.
  2. En español también existen muchas palabras para este concepto: nieve, aguanieve, ventisca, avalancha, nevada, nevazo, nevera, alud, granizo, nevisca…