Taller de Amereida 2004

De Casiopea



Asignatura(s)Taller de Amereida
Año2004
TalleresARQ 1º, ARQ 2º, ARQ 3º, ARQ 4º, ARQ 5º, DIS 1º, DG 2º, DG 3º, DG 4º, DO 2º, DO 3º, DO 4º
ProfesoresAlberto Cruz, Jaime Reyes, Manuel Sanfuentes, Andrés Garcés
Palabras Clavearquitectura, poesía, diseño, taller de amereida, poética
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

Fotografías

Taller de Amereida - CL ame 04

Clases de Jaime Reyes

Trimestre 1

Clase 1

Fábula

Primera clase del 16 de marzo de 2004.

Antes de que el mundo fuese el mundo, antes de la creación de todas las cosas, existía un panteón de dioses que habitaban en Caos. Entre seres y no seres, dioses y entes y fuerzas oscuras se libraban feroces batallas que duraban eternidades inconmensurables. No había calma ni silencio ni paz ni descanso. Luego, en un instante feroz, el dios Cronos dio muerte a Caos, acaso su padre, y se convirtió en rey y dio inicio al tiempo. Instauró las eras, los transcursos, el devenir, pero mantuvo el desorden y gobernó cruelmente el pasado, el presente y el futuro. Él era todos los tiempos, todos los augurios, todas las herencias, todas las suertes. Cronos, el rey de los dioses y del tiempo, sufría el horror al final, al término, a que el anuncio del cumplimiento fatal de su propia vida fuese igual a la de su padre. Entonces mataba y devoraba a sus hijos para mantener el poder y la gloria. Así eliminaba el futuro sacrificando el presente. Edificó el reino estático, invariable, donde los hechos transcurrían eternamente del mismo modo y a la misma velocidad. La realidad se consumía sobre su figura y su trono derramándose como sangre y oscuridad. Hasta que fue engañado por su esposa. Hera salvó a uno de sus hijos del homicidio, lo ocultó y lo crió hasta que estuvo fuerte para enfrentarse al padre y así cumplir una vez más con la forma del tiempo. Fue Zeus, quien finalmente mató a Cronos y restableció el modo del tiempo griego; uno en que padres e hijos combaten y se dan muerte unos a otros para gobernar. Es el sino que gobierna desde la voz de los oráculos, cuyas divinaciones habrán de realizarse sin excepciones; el futuro, trágico o benéfico, está desde antes de antes establecido.

Zeus es ahora el rey de los dioses, y hereda también el temor a que sus hijos lo maten algún día. Decide entonces no tener hijos-dioses. Pero para ello hace falta otro universo distinto, uno en que existan otros seres y en que por ejemplo tenga sentido la historia, es decir, uno en el que el pasado, el presente y el futuro sean momentos radicales y soberanos. Zeus se aboca a la Creación, y crea el universo y todas las cosas y al hombre y a la mujer. Cuando ha terminado llama a todos los dioses para que contemplen la labor. Sobreviene un gran silencio de admiración frente a la belleza de la creación. Zeus les pregunta si hace falta algo y los dioses consienten en que sí falta algo. Falta la palabra, porque sólo la palabra elogia la belleza de la creación. Entonces Zeus crea las musas. Entonces los poetas pueden cantar cuando las musas se acercan a ellos.

Mnemosine, la madre de las musas, se convierte en la memoria y envía a Clío, la que ofrece la gloria, a danzar con algunos elegidos y así la historia nace para que el tiempo sea. Sin embargo, el tiempo griego es poderoso y todavía el destino está sujeto a la voluntad profunda de las fuerzas superiores que dominan incluso a los anhelos de los dioses mismos. Nadie puede escapar a lo que le ha sido designado y entregado.

Durante miles de años los hombres deben obedecer y toda rebelión es inútil. Y esta tradición pasa de generación en generación y de templo en templo por todos los confines de occidente. Hasta que un hombre -hijo de un dios- instaura un nuevo modo del tiempo, que ya no implica matar a su padre para heredar el reino. Fue Cristo quien propuso la libertad para hacer cada cual su propia vida y para que todos, sin excepción puedan heredar el reino.

Desde entonces es posible que cada acción sea una decisión libre y fundamental que sirva para construir el presente y el futuro e incluso el pasado. Desde entonces la historia cobra sentido porque el tiempo compuesto por pasado, presente y futuro ha sido instaurado como trinidad y ya no como un ente unitario intransformable que domina sanguinariamente sobre los otros. Desde entonces Clío vuelve y vuelve sobre la tierra para que los hombres conozcan su origen y así tengan el poder de construir su propio destino.

Y nuestro primer origen es Cronos. Y los hombres consagrados al primer origen harán crónicas. Y sólo desde ellas es que podremos preguntarnos y respondernos hacia el destino.

Por eso amereida recoge a los cronistas de América como voz poética fundamental y fundadora y durante este trimestre nosotros prestaremos oidos a esa extraordinaria canción.

Clase 2

Martes 23 de marzo de 2004. 

(se leen fragmentos de la Bitácora de Huinay, de la Travesía de San Ignacio de Huinay del invierno de 1994)


prólogo 
tener y hacer una bitácora es referirse inevitablemente a la 
aventura a los viajes de todas las especies hacia infinitos 
lugares expediciones y empresas de épicas magníficas  
 gestas de hombres y pueblos travesías de gloria y de muerte 
de riqueza y de ruina de salvación y de aniquilamiento  
 muchos hombres de las más diversas razas y épocas han 
registrado estos acontecimientos    registro que vale para dar 
fe de tales afanes    nosotros un afán tenemos en la aventura  
 la nuestra es una aventura poética y por ello hemos de cuidar 
el decir y contar de todo cuanto nos ocurre y nos ocupa 
es una aventura poética porque hemos venido a fundar un mar 
nuevo    a dar el marco el primer golpe el de la puesta en 
marcha    y para que nuestro esfuerzo permanezca imborrable 
a través de las generaciones    en la memoria de la noche de 
los tiempos    es preciso oír a la poesía    oírla pues en su voz 
está cifrado el origen -su secreto- que nos impulsa y nos 
ilumina    en sus indicaciones adviene misteriosa y bellamente 
la revelación que nos permite obrar con maravilla y justicia 
con humanidad y consuelo con divinidad y dolor  
 poéticamente habitamos los mares de aysén y si somos fieles 
a esa condición habremos de llevar a cabo el más alto destino 
al que un hombre puede ser llamado    dar glorioso testimonio 
de lo celestial y divino que somos y hacemos     ese ha de ser 
el rumbo inviolable de nuestro oficio por el cual nombramos 
y construimos el mundo 
esta bitácora entonces cuidará todo lo que hacemos    nuestras 
faenas y labores nuestras reflexiones y pensamientos nuestras 
alegrías y nuestros fracasos     cuidar implica el cultivo 
delicado y fino    admirado    sin juicios personales    libre de 
formas pre-establecidas de emociones particulares    ajeno a 
la historia    esto es un juego y un juego hecho por todos    los 
que la escriben han de recibir este encargo con solemnidad y 
abertura han de situarse disponibles y así hospedarán en sus 
páginas este presente que nos estremece y nos regala

martes diecinueve de julio 
ha llovido toda la noche 
hemos ido adelantando la hora del desayuno para intentar 
aprovechar mejor las horas de luz    el cuerpo debe 
acostumbrarse de a poco a un nuevo horario    se almuerza a 
las doce y media y se cena a las diecinueve    es ese el horario 
de los colonos 
un grupo se traslada a las faenas del baño del aula espora  
 comienza el hoyo de la plataforma y su nivelación    en sala 
apollinaire se instala el bidón de docientos litros y continúa la 
instalación del alcantarillado y sus conexiones    al parecer ha 
nevado en las cumbres sobre nosotros pues hace un poco más 
de frío    el generador ha vuelto ha fallar    no tenemos energía 
eléctrica    esto implica no sólo la luz sino el taladro    nos 
vemos en la necesidad de reemplazar las perforaciones por 
otras soluciones    en apollinaire se hacen canaletas en las 
vigas y cesan la mayoría de las goteras    se está más cómodo 
a la espera de una solución definitiva    hoy vimos el sol    la 
visión ha durado exactamente medio minuto    apareció 
también un fragmento del arco iris    la nieve se acerca    está 
a unos cien metros sobre nosotros y en todas las cumbres del 
fiordo    sigue lloviendo aunque más levemente 
algo que decir    llevamos aquí casi una semana    si uno se 
queda sin hacer nada    simplemente perece    hay que 
abocarse casi ciegamente al trabajo    a cualquier labor    el 
sólo hecho de detenerse y quedar con la mente en blanco 
implica el riesgo de caer en un estado de naufragio sin 
remedio    como un extraviado en el desierto o en el caos  
 pero es necesario guardar un cuidado porque el trabajo por sí 
solo y en sí mismo no redime    debe haber algo anterior algo 
primigenio    es necesario y justo volver a la poesía    pues 
son sus indicaciones las que nos han traído y nos seguirán 
trayendo hasta estos mares 

miércoles veinte de julio 
ha llovido casi toda la noche    amanece con frío 
continúan las faenas iniciadas ayer    la nivelación del baño 
dos y el alcantarillado del baño uno    llega al aula espora el 
grupo que instala los bidones de docientos litros    penosa 
faena    nos encontramos con una roca inamovible  hay que 
desviar la tubería    se pulen limpian y pintan las estructuras 
del baño dos    en el baño uno siguen las conexiones  
 pareciera ser que la lluvia se detiene    volvemos a ver 
brevemente al sol    pero luego sigue el agua    caemos en la 
cuenta que cada faena que realizamos en tierra resulta 
infructuosa difícil    la selva no debe ser subestimada    esta 
tierra entrampa y engaña    y eso lo sabemos de sobra  
 resulta paradógico saberlo y aún así no asimilarlo del todo  
 la extrañeza reside en este mar que mudamente es testigo de 
nuestros esfuerzos    hacia él queremos llegar    en él ha de ser 
nuestra fundación    un barco para trapananda    único modo 
de accederla e iluminarla    y nosotros hombres de la ciudad y 
los campos casi no podemos abstenernos de realizar obras en 
la tierra    sobretodo si creemos que así llegaremos a construir 
nuestra embarcación    sabemos también o es menester saber 
el precio a pagar por tales costumbres    hoy continuamos sin 
el generador y continuamos revisándolo y sobretodo 
aprendiéndolo    es una máquina vieja que ha tenido mucho 
uso y desgaste    la cena es con velas    la noche es muy clara 
y fría    entre las nubes de pronto aparece la luna    está casi 
llena    sigue lloviendo    hemos leído a baudelaire    pasajes 
de amereida    a octavio paz    luego de la cena largas 

martes veintiséis de julio 
como siempre    ha llovido en la noche    hoy amanece 
lloviendo 
luego de nuestro acostumbrado desayuno comienzan las 
faenas    primero y conforme a lo de todos los días se corta 
leña    se lava limpia y entrega la cocina al siguiente turno y 
se realiza el aseo general que es ordenar el interior de la sala  
 barrer y botar la basura limpiar lámparas pañol etc    luego el 
trabajo del día    se construye un toldo con los andamios y 
plástico de la antigua membrana    hay que limpiar las piezas 
de la nueva carpa ya que el día del oleaje las llenó de barro y 
óxido    continúan desarmando las torres    hay que cortar los 
pernos    no tenemos el dado preciso    se hace un inventario 
de cables bridas y grilletes    en apollinaire se arreglan las 
muchas goteras y filtraciones del baño    está prácticamente 
listo para ser pintado    se inaugura el uso del w c    en espora 
se está conectando el agua a la red del baño además de los 
fittings    ha llovido todo el día    el generador no funciona  
 ahora está bien el sistema eléctrico y falla el carburador  
 viene la cena    respecto de nuestros alimentos hay que decir  
 como somos el primer grupo hemos constatado las fallas de 
esa planificación    hay algunas cosas que se nos hacen pocas 
   el café la mermelada el aceite las verduras y las frutas duran 
poco el tocino está incomestible    de otras cosas hay mucho 
avena azúcar quaker huevos    pero en general nos hemos 
alimentado muy bien 
después de comer conversamos    tapia habla 
como estamos en el día quince desde nuestra partida    cabe 
una reflexión aún cuando resulte larga para el ámbito de esta 
bitácora    han pasado dos semanas desde nuestra llegada  
 estamos a mitad de nuestra estancia    ha llovido casi todos 
los días y las noches    ya sabemos el rigor de un trabajo    de 
los tiempos y engaños de esta tierra    de la mudez    de un 
mar que aún nos resulta lejano y adverso    vinimos a 
construir una embarcación para habitar el mar de aysen    el 
nuevo mar    sin embargo aún nos encontramos entrampados 
en su selva y ella nos cobra rudamente nuestros modos y 
costumbres    la risa a pesar de todo no nos abandona    todos 
los rostros se han transformado    también las almas    también 
las almas    poco a poco vamos siendo el mismo    el único  
 el insobornable cuerpo múltiple que todo lo hace y todo lo es 
como el vuelo de la gran mariposa hacia la luz de su estrella  
 la luz que nos hará cenizas    el vuelo quebrado que nos 
enraíza con el anhelo original    aquí se es un nuevo pueblo  
 casi sin remedio    no sabemos del mundo    no tenemos 
noticias    y sin embargo estos mares nos regalan una realidad 
a la que prácticamente no le cabe más libertad    aquí es el 
verdadero mundo    el que no sólo amenaza    sino cumple 
rigurosamente    el vértigo de un tiempo de abismo    vértigo 
como el terror de toda musa    que anula incluso toda voluntad 
de arrojo    es sin opción    estamos ya en un fondo 
inconfesado de los jardines intocables de la creación    aquí 
no hay responsables    sólo paseantes profundos que danzan y 
danzan infinitas formas interminables    dioses y magníficas 
voluptuosidades    aquí no han de reinar los juicios    sólo las 
labores irrepetibles    irrenunciables    así el testimonio de la 
belleza    el atestiguarse como la humanidad    es cierto    hoy 
hablamos siendo todos los hombres    aún en el desvío    aún 
en los sueños    ese deber se nos encarga y nuestra espalda 
como el surco espantoso donde florecen y germinan todas las 
cosas    aquí dependemos de saber la hermosura de los errores 
   su hendidura feroz en la gentileza de las manos 
la vida entera aquí es dependiendo ya no de la constancia ni 
de los apegos    ya no de la esperanza ni de la soledad    más 
bien    este vivir le cobra íntimo sentido a la fidelidad con 
nuestro origen    con sus signos y con su incesante pregunta  
 con el misterio inviolable de su melancolía y toda la oscura y 
bella tiniebla que siempre nos espera    siempre    allí    donde 
ha estado la residencia de muchas soluciones    allí donde 
hemos cantado y cantaremos    en verdad decimos que en 
estos mares todo es posible de repensarse    de rehacerse    de 
revivirse    aquí nuestra orientación es volver    volver a no 
saber    aquí pasado y futuro no significan nada    todos los 
elementos conocidos y los por conocer    todas las relaciones  
 comparecen al unísono    mostrándose y ocultándose  
 apareciendo y desapareciendo en las sombras y fulgores de 
un mismo instante    todo lo que nace y lo que muere    las 
carencias y los desprendimientos    los opuestos y los iguales  
 la salvación y el aniquilamiento    aquí emergen y se 
sumergen simultáneamente    aquí somos la fiesta    el gran 
acto y gesto de otro modo del tiempo    un presente puro  
 cuya dimensión es apenas pensable - como la de los ángeles  
 que no existe -    cuyos dones no pueden ser demostrados 
racionalmente    porque es ésta la fiesta de lo inalcanzable  
 de las fronteras que atravesamos y nos atraviesan    a pesar 
de su evidente distancia la fiesta consoladora de una venida 
que es siempre venida    sin llegar jamás    de esa única 
presencia que es misterio y ausencia    comprender esto  
 vivirlo    sin importar dónde cómo o con quiénes    es 
acercarse a la santidad que nos ha elegido con su llamado y 
bajo cuyo estigma saludable habremos de fundar una gloria 
que nos convierta y nos resucite 
martes nueve de agosto 
ha llovido durante la noche y amanece lloviendo    con mucho 
frío    más que ningún otro día 
mañana es el día oficial del inicio de la embarcación por lo 
que la carpa debe estar lista    se aceleran estas faenas    todas 
las manos a coser la malla se aseguran con cable y bridas las 
unidas en que hay cadenas    y se construye la red exterior de 
cordel y alambre    el frío es fuerte    las manos no responden  
 y los pies no se sienten    además llueve    sin embargo ha 
quedado todo prácticamente listo para levantar las membranas 
al día siguiente    en los baños se sigue con la pintura de los 
terciados y la instalación de un lavatorio interior 
en la noche continúa el frío    toda nuestra leña está muy 
mojada por lo que cuesta encenderla    ahora con la 
motosierra tenemos mucha leña    pero toda mojada 
después de la cena volvemos a la tradición de nuestras 
conversaciones y es boris quien habla 
miércoles diez de agosto 
amanece lloviendo    aunque durante la mañana tiende a 
disminuir - no a cesar - la intensidad de la lluvia

se unen los conos y el manto central de malla rachel y se 
coloca sobre la estructura    en esto hemos demorado toda la 
mañana    después de almuerzo se une la otra malla y la 
colocamos después de la membrana intermedia de polietileno 
   esta faena es lenta    deben subirse varios a los arcos y 
ayudar a deslizarla sobre ellos    además de los cordeles con 
que se trata desde el otro costado 
luego viene la colocación de la red exterior de cordel y cable 
que la asegurará contra las fuerzas de succión    esta faena 
resulta ser la más lenta y complicada de todas    pero 
finalmente acaba    es casi de noche    estamos cansados  
 pero la carpa ha sido levantada    está prácticamente lista  
 muy tensa y muy asegurada    nos vamos a cenar con alegría  
 después será gonzález r  quien hable 

jueves once de agosto 
dejarse atravesar    atravesar    este día nos comenzamos a dar 
cuenta que aún no somos oficiantes en el tema de las carpas y 
mantos    ser oficiantes implica el dejarse atravesar y atrapar 
en sí el rigor que nos propone en este caso la naturaleza    el 
viento    hoy comenzamos a oficiar y la abertura no la damos 
nosotros la abertura la dio un signo 
hoy se cumple un mes desde que salimos de viña    amanece 
lloviendo    
durante la madrugada han soplado algunas ráfagas de fuerte 
viento    antes de ir a desayunar algunos de espora van a ver 
cómo va la carpa 
lo que vimos y sentimos casi no tiene palabras    dos de los 
arcos están en el suelo    la carpa se ha caído    ha durado una 
sola noche    el arco central y las cumbreras de un arco-cono 
están completamente retorcidos    como si fueran del más 
delgado de los alambres    los cables no se han movido de sus 
posiciones    la membrana de plástico está intacta y el viento 
la azota con violencia 
en ese momento cede la cumbrera del otro arco-cono y 
amenaza con desplomarse    el espectáculo es desolador  
 nada que hacer    simplemente irse a desayunar 
la noticia es recibida con asombro y consternación 
decidimos que lo primero es encastillar las maderas    una vez 
en la playa se decide que la embarcación será construida al 
lado del taller de don checho    y ahí se comienza a encastillar 
en la mañana las tablas se transportan caminando y al hombro 
   son pesadísimas y hay que andar sobre piedras resbalosas y 
atravesar un río    en la tarde trasladamos la quilla 
aprovechando la marea alta    luego la roda    y luego se 
inventa un sistema de correa sin fin para pasar las tablas de a 
una y por el agua    el rendimiento aumenta 
espectacularmente 
pasamos casi una por minuto    al final del día estamos muy 
cansados    pero hay algo que finalmente nos sostiene 

dejarse atravesar    dejarse atravesar    es la durísima consiga 
que      en nuestros oídos    pero esa voz    esa música    nos 
mantiene con coraje y vida    cosas como las que sucedieron 
hoy son la verdadera prueba que una travesía regala    el dolor 
y sacrificio    la fidelidad a toda prueba para mudar lo adverso 
en favorable    la caída de la carpa habrá de tornarse 
invariablemente en una bendición    no hay otra posibilidad  
no hay otra alternativa 

¿por qué fue importante haber hecho estas crónicas? ¿por qué es importante leerlas hoy? ¿a quién está dirigido el relato de lo que sucediera, en un rincón perdido del archipiélago más bello del mundo, hace ya 10 años?

Por un lado sabemos que la historia quisiera ocuparse de los hechos, de los personajes, de los sistemas y situaciones que existieron a través de todas las épocas. Y así puede enseñarnos y educarnos y hasta hacernos mejores hombres y mejores mujeres. Pero la historia no puede contar algo que no ha oído jamás y que tampoco llegará a oir nunca. Me refiero al origen. El origen no es una cuestión que verdaderamente le incumba a la historia porque lo originario no existe ni como hechos ni como personajes ni como sistemas. Lo originario no existe para ser enseñado ni para inculcarle educación a nadie. Tampoco se preocupa de las épocas ni de los períodos ni de ninguna de las estructuras formales que utilizan los hombres para separar y reordenar sus asuntos a favor de la comprensión y del conocimiento. Lo original depende de la creatividad, de lo creativo, de lo siempre nuevo y desconocido. De ahí que ser original –tener origen- implica al regalo del presente. Volvemos al origen porque allí está la residencia eterna de las claves secretas que ya habíamos olvidado; aquellas voces que nos indican hacer que lo estamos haciendo hoy: Eso que hacemos simplemente y sin reparar en ello. Y que lo hacemos sin saber por qué lo hacemos. Esas claves musicales que en cuanto voces tienen la forma de murmullos apenas audibles, apenas perceptibles, y que, querámoslo o no, se han introducido en nuestra más profunda intimidad para guiarnos en el proyecto entero del ser. Lo que cada uno de nosotros es, ese ser que siempre al final es sólo puro anhelo del ser, proviene de aquel jardín secreto que tantas veces hemos entrevisto a mitad del recorrido entre la vigilia y el sueño. Y para ser conducidos hasta allí oimos a la poesía cuando nos cuenta y nos canta todas las leyendas.

Clase 3

Tercera clase del 30 de marzo de 2004

Carta


Sabrá usted, que aquello comenzó a diez y siete dias del mes de Junio de mil y quinientos y veintisiete, cuando partimos del Puerto de San Lúcar de Barrameda, mandados de vuestra majestad para conquistar y gobernar el cabo de la Florida. Con la armada de cnco navíos llevábamos seiscientos hombres, yo Cabeza de Vaca, por tesorero y alguacil mayor.

Toda la aventura por Gloria de nuestro Señor resultó extraña si usted quiere, por toda la peripecia acaecida. Todo el mundo sabe que naufragamos y que los pocos y desperdigados sobrevivientes anduvimos extraviados muchos meses, hasta que estuve solo sin cristiana compañía. Sufrí hambrunas que no se pueden volver a contar, caminé dieciochomil kilómetros desnudo ya no en busca ni del oro ni de la gloria, sino sólo apenas intentando hallar algún signo de neustro Señor Salvador. Fui esclavo de indios paganos que apenas me vestían o me daban porquerías para comer. Durante mucho tiempo no pude escapar dellos porque no podía valerme de mi siquiera para comer en aquellas ciénagas, selvas y desiertos. Pero luego me convertí en médico y anduve curando a los enfermos de los poblados y las tribus. Y fui personaje muy respetado. Pero todas las atenciones bárbaras y paganas no disminuyeron la soledad que tantas veces me empujó hacia la locura. Sólo la eterna misericordia de nuestro Señor pudo tenerme despierto aún cuando ya no existían las esperanzas. Nunca vi otro oro más que aquel soñado malamente en noches de fiebres mortales ni tuve otra familia que esos amos del infierno. Tampoco conquisté tierra alguna y, lo que es lo peor de todo, no pude convertir a ningún salvaje a ver la luz divina de Dios. En todo ese tiempo hallé tantas lenguas que que no aprendí más comunicación que unas cuantas palabras ni pude tampoco hacerme entender más allá que los elementales signos que apenas reconocería un hombre civilizado.

Diez años transcurrieron desde el naufragio hasta que hallé cristianos otra vez. Diez años que yo no sabía cuántos eran hasta que el capitán dellos me dio la fecha feliz.

Pero ya ve usted, me volví a embarcar en capitulación de su Majestad Carlos V como gobernador, adelantado y capitán general del Río de la Plata…

Dejo ahora una pregunta. ¿Por qué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca volvió a embarcarse después de todo esto?

Capítulo treinta y tres.

Cómo vimos rastro de christianos.

Después que vimos rastro claro de christianos y entendimos que tan cerca estávamos dellos, dimos muchas gracias a Dios Nuestro Señor por querernos sacar de tan triste y miserables cautiverio, y el plazer que desto sentimos júzguelo cada uno cuando pensare el tiempo que en aquella tierra estuvimos y los peligros y trabajos por que passamos. Aquella noche yo rogué a uno de mis compañeros que fuesse tras los christianos, que ivan por donde nosotros dexávamos la tierra assegurada, y avía tres días de camino. A ellos se les hizo de mal esto, escusándose por el cansancio y trabajo, y aunque cada uno dellos lo pudiera hazer mejor que yo, por ser mas rezios y mas moços, mas, vista su voluntad, otro día por la mañana tomé conmigo al negro y onze indios, y por el rastro que hallava siguiendo a los chistianos passé por tres lugares donde avían dormido, y este día andava diez leguas. Y otro día de mañana alcancé cuatro chistianos de cavallo que rescibieron gran alteración de verme tan estrañadamente vestido y en compañía de indios. Estuviéronme mirando mucho espacio de tiempo, tan atónitos que ni me hablavan ni acertavan a preguntarme nada. Yo les dixe que me llevassen adonde estava su capitán, y assí fuimos media legua de allí donde estava Diego de Alcaraz, que era el capitán, y después de averlo hablado me dixo que estava muy perdido allí porque avía muchos días que no avía podido tomar indios y que no avía por donde ir, porque entre ellos començava a aver necessidad y hambre. Yo le dixe cómo atrás quedavan Dorantes y Castillo, que estavan diez leguas de allí, con muchas gentes que nos avían traído. Y el embió luego tres de cavallo y cincuenta indios de los que ellos traían y el negro volvió con ellos para guiarlos, e yo quedé allí y pedí que me diessen por testimonio el año y el mes y día que allí avía llegado y la manera en que venía, y ansí lo hizieron. Deste río hasta el pueblo de los christianos, que se llama Sant Miguel113, que es de la gobernación de la provincia que dizen la Nueva Galicia, ay treinta leguas.

113 Culiacán, fundada por Nuño de Guzmán en 1530 con el nombre de San Miguel. El territorio de Nueva Galicia comprendía las tierras de los mixtecas, Michoacán, Ycanarit, Jalisco y Sinaloa. Su capital fue primero Compostela y más tarde, ene 1533, Guadalajara, fundada por Juan de Oñate.

Clase 4

Martes 6 de abril de 2004.


La vez anterior terminé con una pregunta: ¿Por qué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca volvió a embarcarse después de haber pasado inenarrables penurias durante diez años de naufragio en la Florida?

Propongo una respuesta: Lo hizo simplemente por la Aventura.

No quiero definir esta palabra, prefiero indagar sencillamente en ella para vislumbrar aquello en que nos toca y que viene al caso para el tema de este taller.

Alvar Nuñez escribió todo lo que le sucedió en esos diez años. Hizo las crónicas en un libro que se llama Naufragios. La proposición entonces es que toda crónica es el relato de una aventura.

Por otro lado, nosotros tenemos una estrella nombrada y posada sobre el océano pacífico; a una de las cuatro estrellas de la cruz del sur la hemos llamado aventura y es en virtud de ese nombre que llamamos mar interior a toda la vasta extensión del continente americano. De alguna forma, para nosotros, América es sinónimo de mar. Y por lo tanto sinónimo de aventura. El por qué asociamos al mar con esta palabra es una cuestión que trataré en otra ocasión.

Ahora bien, para vivir una aventura se requieren en verdad pocas cosas. Casi basta con imaginar –ni creer ni pensar- que todo cuanto sucede a nuestro alrededor es susceptible de convertirse en una.

Una aventura no es sólo la maravilla de la peripecia desenacadenada a cada instante, mostrándose por doquier incansablemente, renovando el espíritu humano.

No es sólo el ansia de conocimiento, la búsqueda insaciable del la verdad del universo o la demostración de un mundo que, en tanto naturaleza, se extiende y se abre ofreciendo sus dones.

No es sólo la tensión del peligro constante, desbocada a flor de piel abrazándonos como una droga, plena de necesidad, que nos impulsa a intentar alcanzar extremos cada vez más extraños.

No es sólo el anhelo de la soledad que nos quita de la realidad como una fiebre para conducirnos hacia los lugares ignotos y lejanos donde no hay huella humana que nos testimonie en la dulzura de la compañía.

No es sólo el amor profundo a lo desconocido cuando nos invita, soplando un viento frío y libre sobre el rostro, a decir siempre “adelante”, a partir por partir en todo momento tras horizontes siempre inalcanzables que van convirtiéndose, uno tras otro, en el destino.

Ni siquiera basta comprender ni amar la sed que alimenta el vuelo de la mariposa hacia la luz de la estrella.

Alvar Nuñez volvió a embarcarse porque en la aventura se halla y se posee el reino de los cielos (y no importa aquí de cual religión o credo). No se trata de ser aventurero sino bienaventurado.

Clase 5

Quinta clase del 20 de abril de 2004.


Esta vez una nota breve a propósito del Acto de Recepción del Primer Año.


Muchas veces, en este taller, nos hemos referido a amereida. Y hemos dicho que es un poema, una travesía, un libro, etc. propongo considerarla hoy como una visión. Amereida es la visión de la Escuela. Y es una visión propia y original.

Tener una visión propia significa muchas cosas; un estado especial que influye en la vida, en el trabajo, en los estudios. Pensemos por un momento que es como un horizonte hacia el cual estamos siempre mirando y hacia el cual nos dirigimos intentando llegar. Nunca se llega a él, pero sus luces y voces nos iluminan y llaman y orientan en todos los quehaceres, en todas las tareas e incluso en todos los anhelos. Pero tener un horizonte propio no quiere decir sostener una dirección única, no significa andar sobre un camino exclusivo ni postular un rumbo absoluto. La vida es demasiado plena de posibilidades y probabilidades como para pretender la arrogancia de establecer que sólo algunas de éstas son válidas. De hecho es justamente al revés: poseer una visión propia, un horizonte original, permite precisamente esa abertura de las posibilidades y probabilidades. En la claridad de lo peculiar se acepta la diversidad y el ir hacia ese horizonte con la justa medida de cada cual.

Esta escuela ha permanecido fiel a su visión y con y desde ella anda y camina hacia el tal horizonte desde hace más de cincuenta años. Ustedes, los alumnos, cuando egresen, deberán encontrar su propia posición en el mundo. Una posición desde la cual puedan llevar adelante sus propios intentos. Suyos y propios, no los de esta Escuela. Por supuesto que no se trata de olvidar lo aprendido ni de renegar de la formación recibida, pero es que esa formación quisiéramos que justa y necesariamente los impulsara, a todos y cada uno, a hallar una posición propia desde la cual acometer la construcción del mundo. Es más; esta Escuela es también todas vuestras posiciones; esta Escuela es también todos sus ex alumnos y ellos son testimonio de la visión. Seríamos un completo fracaso si todos ustedes, al egresar, quisieran seguir en la escuela en vez de ir a por el mundo.

Pues bien. El día lunes pasado realizamos un acto en Valparaíso; recibimos a los alumnos de primer año. Aquella fiesta no fue un acto de iniciación, porque ni ustedes ni los ex alumnos ni nosotros los profesores somos iniciados en amereida. Una iniciación implica determinar, de antemano, conductas y modos de ser y de responder a los requerimientos que el mundo propone. Los iniciados en algo se entregan a una dirección definida y consagran su tiempo a cumplir con preceptos obligatorios. Esto no es ni menor, pero la poesía jamás va a tener iniciados. Su canto seduce a la libertad sin opción, a la primigenia. Seduce al instante o momento en el cual ustedes deben hacerse cargo de hallar, desde el más hondo e íntimo fuero personal, el llamado del propio destino. La poesía le canta el dios a cada cual. Que de ahí puedan ustedes juntarse y reunirse con otros y otras para construir el mundo, en hora buena, pero esto es ya un segundo paso (esto es por ejemplo la Ciudad Abierta).

Tampoco hicimos un acto al modo de un bautismo. La poesía no bautiza a nadie; los poetas no son profetas que anuncien la salvación ni que anden ungiendo elegidos. Amereida no es salvífica porque no va a salvar a nadie de nada. Amereida no es la promesa de un mundo mejor ni resguarda el secreto de la bondad o de la esperanza. Nadie en esta Escuela ha sido ni será bautizado en amereida, o en la observación, o en el arte moderno. Nadie en esta escuela es nombrado con un nombre ajeno a sí mismo o con una palabra que no le corresponde. Amereida no canta en el nombre de la arquitectura o del diseño o de cualquier otro oficio.

¿Qué hicimos entonces el lunes al aterdecer en Valparaíso? No hicimos un mero acto por trámite para cumplir con una tradición (por lo demás las tradiciones vacías no existen porque nada alcanza a convertirse en tradición si no celebra algo profundo y real). Recibimos al primer año con acto de saludo. Es el saludo de amereida., así, el saludo de un pueblo. En ese acto se juega la composición de un pueblo. No importa por ahora si se trata de un pueblo de palomas o uno de estorninos, porque ambas metáforas de las aves quieren indicar una configuración acerca de cómo ese pueblo avanza y se mueve, no tanto sobre cómo se compone. Baste entonces decir que han sido recibidos en el seno de un pueblo y que gozan con toda la libertad para atender al horizonte y a un destino. Es este un destino abierto donde todos, absolutamente todos, pueden jugar (tal vez sólo se queda afuera del juego aquel que Claudio Girola llamaba el “aguafiestas”, aunque esto ya es otro asunto). Jugar en el acto del saludo, de esto se trata, aunque lo verdaderamente importante es comprender por qué es fundamental este acto. Un saludo, lo que hace, es provocar la aparición del LUGAR; un Lugar de encuentro. Toda construcción del mundo está basada en la comprensión de la Tierra en cuanto y como Lugar. Por esto amereida es la poesía del Ha-Lugar.

Clase 6

Crónicas Marcianas 27 de abril de 2004


LOS COLONOS 
Los hombres de la Tierra llegaron a Marte. 
Llegaron porque tenían miedo o porque no lo tenían, porque eran felices o desdichados, porque se sentían como los Peregrinos, 
o porque no se sentían como los Peregrinos. Cada uno de ellos tenía una razón diferente. Abandonaban mujeres odiosas, trabajos 
odiosos o ciudades odiosas; venían para encontrar algo, dejar algo o conseguir algo; para desenterrar algo, enterrar algo o alejarse 
de algo. Venían con sueños ridículos, con sueños nobles o sin sueños. El dedo del gobierno señalaba desde letreros a cuatro 
colores, en innumerables ciudades: HAY TRABAJO PARA USTED EN EL CIELO. ¡VISITE MARTE! Y los hombres se 
lanzaban al espacio. Al principio sólo unos pocos, unas docenas, porque casi todos se sentían enfermos aun antes que el cohete 
dejara la Tierra. Y a esta enfermedad la llamaban la soledad, porque cuando uno ve que su casa se reduce hasta tener el tamaño de 
un puño, de una nuez, de una cabeza de alfiler, y luego desaparece detrás de una estela de fuego, uno siente que nunca ha nacido, 
que no hay ciudades, que uno no está en ninguna parte, y sólo hay espacio alrededor, sin nada familiar, sólo otros hombres 
extraños. Y cuando los estados de Illinois, lowa, Missouri o Montana desaparecen en un mar de nubes, y más aún, cuando los 
Estados Unidos son sólo una isla envuelta en nieblas y todo el planeta parece una pelota embarrada lanzada a lo lejos, entonces uno 
se siente verdaderamente solo, errando por las llanuras del espacio, en busca de un mundo que es imposible imaginar. 
No era raro, por lo tanto, que los primeros hombres fueran pocos. Crecieron y crecieron en número hasta superar a los hombres 
que ya se encontraban en Marte. Los números eran alentadores. 
Pero los primeros solitarios no tuvieron ese consuelo. 
F I N 

INTERMEDIO 
Trajeron cinco mil metros cúbicos de madera de pino de Oregón para construir la décima ciudad, y veinticinco mil metros de 
abeto de California y levantaron a martillazos un pueblo limpio y claro, a orillas de los canales de piedra. En las noches de los 
domingos se iluminaban los vidrios rojos, azules y verdes de las iglesias, y desde la calle se oían los himnos numerados. 
«Cantaremos ahora el 79.» «Cantaremos ahora el 94». Y en ciertas casas se oía el duro repiqueteo de una máquina de escribir: el 
novelista estaba trabajando; o no se oía ningún ruido: el ex vagabundo estaba trabajando. Parecía a veces que un enorme terremoto 
hubiera arrancado de raíz una ciudad de lowa, y en un abrir y cerrar de ojos u ciclón fabuloso se hubiera llevado a Marte toda la 
ciudad, y la hubiera puesto allí sin una sacudida. 
F I N 

LAS LANGOSTAS 
Los cohetes incendiaron las rocosas praderas, transformaron la piedra en lava, la pradera en carbón, el agua en vapor, la arena y 
la sílice en un vidrio verde que reflejaba y multiplicaba la invasión, como espejos hechos trizas. Los cohetes vinieron como 
langostas y se posaron como enjambres envueltos en rosadas flores de humo. Y de los cohetes salieron de prisa los hombres 
armados de martillos, con las bocas orladas de clavos como animales feroces de dientes de acero, y dispuestos a dar a aquel mundo 
extraño una forma familiar, dispuestos a derribar todo lo insólito, escupieron los clavos en las manos activas, levantaron a
martillazos las casas de madera, clavaron rápidamente los techos que suprimirían el imponente cielo estrellado e instalaron unas 
persianas verdes que ocultarían la noche. Y cuando los carpinteros terminaron su trabajo, llegaron las mujeres con tiestos de flores 
y telas de algodón y cacerolas, y el ruido de las vajillas, cubrió el silencio de Marte, que esperaba detrás de puertas y ventanas. 
En seis meses surgieron doce pueblos en el planeta desierto, con una luminosa algarabía de tubos de neón y amarillos bulbos 
eléctricos. En total, unas noventa mil personas llegaron a Marte, y otras más en la Tierra preparaban las maletas... 
F I N 

LA MAÑANA VERDE 
Cuando el sol se puso, el hombre se acuclilló junto al sendero y preparó una cena frugal y escuchó el crepitar de las llamas 
mientras se llevaba la comida a la boca y masticaba con aire pensativo. Había sido un día no muy distinto de otros treinta, con 
muchos hoyos cuidadosamente cavados en las horas del alba, semillas echadas en los hoyos, y agua traída de los brillantes canales. 
Ahora, con un cansancio de hierro en el cuerpo delgado, yacía de espaldas y observaba cómo el color del cielo pasaba de una 
oscuridad a otra. 
Se llamaba Benjamin Driscoll, tenía treinta y un años, y quería que Marte creciera verde y alto con árboles y follajes, 
produciendo aire, mucho aire, aire que aumentaría en cada temporada. Los árboles refrescarían las ciudades abrasadas por el 
verano, los árboles pararían los vientos del invierno. Un árbol podía hacer muchas cosas: dar color, dar sombra, fruta, o convertirse 
en paraíso para los niños; un universo aéreo de escalas y columpios, una arquitectura de alimento y de placer, eso era un árbol. 
Pero los árboles, ante todo, destilaban un aire helado para los pulmones y un gentil susurro para los oídos, cuando uno está 
acostado de noche en lechos de nieve y el sonido invita dulcemente a dormir. 
Benjamin Driscoll escuchaba cómo la tierra oscura se recogía en sí misma, en espera del sol y las lluvias que aún no habían 
llegado. Acercaba la oreja al suelo y escuchaba a lo lejos las pisadas de los años e imaginaba los verdes brotes de las semillas 
sembradas ese día; los brotes buscaban apoyo en el cielo, y echaban rama tras rama hasta que Marte era un bosque vespertino, un 
huerto brillante. 
En las primeras horas de la mañana, cuando el pálido sol se elevase débilmente entre las apretadas colinas, Benjamin Driscoll se 
levantaría y acabaría en unos pocos minutos con un desayuno ahumado, aplastaría las cenizas de la hoguera y empezaría a trabajar 
con los sacos a la espalda, probando, cavando, sembrando semillas y bulbos, apisonando levemente la tierra, regando, siguiendo 
adelante, silbando, mirando el cielo claro cada vez más brillante a medida que pasaba la mañana. 
—Necesitas aire —le dijo al fuego nocturno. 
El fuego era un rubicundo y vivaz compañero que respondía con un chasquido, y en la noche helada dormía allí cerca, 
entornando los ojos, sonrosados, soñolientos y tibios. 
—Todos necesitamos aire. Hay aire enrarecido aquí en Marte. Se cansa uno tan pronto... Es como vivir en la cima de los Andes. 
Uno aspira y no consigue nada. No satisface. 
Se palpó la caja del tórax. En treinta días, cómo había crecido. Para que entrara más aire había que desarrollar los pulmones o 
plantar más árboles. 
—Para eso estoy aquí —se dijo. El fuego le respondió con un chasquido—. En las escuelas nos contaban la historia de Johnny 
Appleseed, que anduvo por toda América plantando semillas de manzanos. Bueno, pues yo hago más. Yo planto robles, olmos, 
arces y toda clase de árboles; álamos, cedros y castaños. No pienso sólo en alimentar el estómago con fruta, fabrico aire para los 
pulmones. Cuando estos árboles crezcan algunos de estos años, ¡cuánto oxígeno darán! 
Recordó su llegada a Marte. Como otros mil paseó los ojos por la apacible mañana y se dijo: 
—¿Qué haré yo en este mundo? ¿Habrá trabajo para mí? 
Luego se había desmayado. 
Volvió en sí, tosiendo. Alguien le apretaba contra la nariz un frasco de amoníaco. 
—Se sentirá bien en seguida —dijo el médico. 
—¿Qué me ha pasado? 
—El aire enrarecido. Algunos no pueden adaptarse. Me parece que tendrá que volver a la Tierra. 
—¡No! 
Se sentó y casi inmediatamente se le oscurecieron los ojos y Marte giró dos veces debajo de él. Respiró con fuerza y obligó a los 
pulmones a que bebieran en el profundo vacío. 
—Ya me estoy acostumbrando. ¡Tengo que quedarme! 
Le dejaron allí, acostado, boqueando horriblemente, como un pez. «Aire, aire, aire —pensaba—. Me mandan de vuelta a causa 
del aire.» Y volvió la cabeza hacia los campos y colinas marcianos, y cuando se le aclararon los ojos vio en seguida que no había 
árboles, ningún árbol, ni cerca ni lejos. Era una tierra desnuda, negra, desolada, sin ni siquiera hierbas. Aire, pensó, mientras una 
sustancia enrarecida le silbaba en la nariz. Aire, aire. Y en la cima de las colinas, en la sombra de las laderas y aun a orillas de los
arroyos, ni un árbol, ni una solitaria brizna de hierba. ¡Por supuesto! Sintió que la respuesta no le venía del cerebro, sino de los 
pulmones y la garganta. Y el pensamiento fue como una repentina ráfaga de oxígeno puro, y lo puso de pie. Hierba y árboles. Se 
miró las manos, el dorso, las palmas. Sembraría hierba y árboles. Ésa sería su tarea, luchar contra la cosa que le impedía quedarse 
en Marte. Libraría una privada guerra hortícola contra Marte. Ahí estaba el viejo suelo, y las plantas que habían crecido en él eran 
tan antiguas que al fin habían desaparecido. Pero ¿y si trajera nuevas especies? Árboles terrestres, grandes mimosas, sauces 
llorones, magnolias, majestuosos eucaliptos. ¿Qué ocurriría entonces? Quién sabe qué riqueza mineral no ocultaba el suelo, y que 
no asomaba a la superficie porque los helechos, las flores, los arbustos y los árboles viejos habían muerto de cansancio. 
—¡Permítanme levantarme! —gritó—. ¡Quiero ver al coordinador! 
Habló con el coordinador de cosas que crecían y eran verdes, toda una mañana. Pasarían meses, o años, antes de que se 
organizasen las plantaciones. Hasta ahora, los alimentos se traían congelados desde la Tierra, en carámbanos volantes, y unos 
pocos jardines públicos verdeaban en instalaciones hidropónicas. 
—Entretanto, ésta será su tarea —dijo el coordinador—. Le entregaremos todas nuestras semillas; no son muchas. No sobra 
espacio en los cohetes por ahora. Además, estas primeras ciudades son colectividades mineras, y me temo que sus plantaciones no 
contarán con muchas simpatías. 
—¿Pero me dejarán trabajar? 
Lo dejaron. En una simple motocicleta, con la caja llena de semillas y retoños, llegó a este valle solitario, y echó pie a tierra. 
Eso había ocurrido hacía treinta días, y nunca había mirado atrás. Mirar atrás hubiera sido descorazonarse para siempre. El 
tiempo era excesivamente seco, parecía poco probable que las semillas hubiesen germinado. Quizá toda su campaña, esas cuatro 
semanas en que había cavado encorvado sobre la tierra, estaba perdida. Clavaba los ojos adelante, avanzando poco a poco por el 
inmenso valle soleado, alejándose de la primera ciudad, aguardando la llegada de las lluvias. 
Mientras se cubría los hombros con la manta, vio que las nubes se acumulaban sobre las montañas secas. Todo en Marte era tan 
imprevisible como el curso del tiempo. Sintió alrededor las calcinadas colinas, que la escarcha de la noche iba empapando, y pensó 
en la tierra del valle, negra como la tinta, tan negra y lustrosa que parecía arrastrarse y vivir en el hueco de la mano, una tierra 
fecunda en donde podrían brotar unas habas de larguísimos tallos, de donde caerían quizás unos gigantes de voz enorme, dándose 
unos golpes que le sacudirían los huesos. 
El fuego tembló sobre las cenizas soñolientas. El distante rodar de un carro estremeció el aire tranquilo. Un trueno. Y en seguida 
un olor a agua. 
«Esta noche —pensó—. Y extendió la mano para sentir la lluvia. Esta noche.» 
Lo despertó un golpe muy leve en la frente. 
El agua le corrió por la nariz hasta los labios. Una gota le cayó en un ojo, nublándolo. Otra le estalló en la barbilla. 
La lluvia. 
Fresca, dulce y tranquila, caía desde lo alto del cielo como un elixir mágico que sabía a encantamientos, estrellas y aire, 
arrastraba un polvo de especias, y se le movía en la lengua como raro jerez liviano. 
Se incorporó. Dejó caer la manta y la camisa azul. La lluvia arreciaba en gotas más sólidas. Un animal invisible danzó sobre el 
fuego y lo pisoteó hasta convertirlo en un humo airado. Caía la lluvia. La gran tapa negra del cielo se dividió en seis trozos de azul 
pulverizado, como un agrietado y maravilloso esmalte y se precipitó a tierra. Diez billones de diamantes titubearon un momento y 
la descarga eléctrica se adelantó a fotografiarlos. Luego oscuridad y agua. 
Calado hasta los huesos, Benjamin Driscoll se reía y se reía mientras el agua le golpeaba los párpados. Aplaudió, y se incorporó, 
y dio una vuelta por el pequeño campamento, y era la una de la mañana. 
Llovió sin cesar durante dos horas. Luego aparecieron las estrellas, recién lavadas y más brillantes que nunca. 
El señor Benjamin Driscoll sacó una muda de ropa de una bolsa de celofán, se cambió, y se durmió con una sonrisa en los 
labios. 
El sol asomó lentamente entre las colinas. Se extendió pacíficamente sobre la tierra y despertó al señor Driscoll. 
No se levantó en seguida. Había esperado ese momento durante todo un interminable y caluroso mes de trabajo, y ahora al fin se 
incorporó y miró hacia atrás. 
Era una mañana verde. 
Los árboles se erguían contra el cielo, uno tras otro, hasta el horizonte. No un árbol, ni dos, ni una docena, sino todos los que 
había plantado en semillas y retoños. Y no árboles pequeños, no, ni brotes tiernos, sino árboles grandes, enormes y altos como diez 
hombres, verdes y verdes, vigorosos y redondos y macizos, árboles de resplandecientes hojas metálicas, árboles susurrantes, 
árboles alineados sobre las colinas, limoneros, tilos, pinos, mimosas, robles, olmos, álamos, cerezos, arces, fresnos, manzanos, 
naranjos, eucaliptos, estimulados por la lluvia tumultuosa, alimentados por el suelo mágico y extraño, árboles que ante sus propios 
ojos echaban nuevas ramas, nuevos brotes. 
—¡Imposible! —exclamó el señor Driscoll. 
Pero el valle y la mañana eran verdes. 
¿Y el aire? 
De todas partes, como una corriente móvil, como un río de las montañas, llegaba el aire nuevo, el oxígeno que brotaba de los 
árboles verdes. Se lo podía ver, brillando en las alturas, en oleadas de cristal. El oxígeno, fresco, puro y verde, el oxígeno frío que 
transformaba el valle en un delta frondoso. Un instante después las puertas de las casas se abrirían de par en par y la gente se 
precipitaría en el milagro nuevo del oxígeno, aspirándolo en bocanadas, con mejillas rojas, narices frías, pulmones revividos, 
corazones agitados, y cuerpos rendidos animados ahora en pasos de baile. 
Benjamin Driscoll aspiró profundamente una bocanada de aire verde y húmedo, y se desmayó.
Antes que despertara de nuevo, otros cinco mil árboles habían subido hacia el sol amarillo. 
F I N 

NOCHE DE VERANO 
La gente se agrupaba en las galerías de piedra o se movía entre las sombras, por las colinas azules. Las lejanas estrellas y las 
mellizas y luminosas lunas de Marte derramaban una pálida luz de atardecer. Más allá del anfiteatro de mármol, en la oscuridad y 
la lejanía, se levantaban las aldeas y las quintas. El agua plateada yacía inmóvil en los charcos, y los canales relucían de horizonte 
a horizonte. Era una noche de verano en el templado y apacible planeta Marte. Las embarcaciones, delicadas como flores de 
bronce, se entrecruzaban en los canales de vino verde, y en las largas, interminables viviendas que se curvaban como serpientes 
tranquilas entre las lomas, murmuraban perezosamente los amantes, tendidos en los frescos lechos de la noche. Algunos niños 
corrían aún por las avenidas, a la luz de las antorchas, y con las arañas de oro que llevaban en la mano lanzaban al aire finos hilos 
de seda. Aquí Y allá, en las mesas donde burbujeaba la lava de plata, se preparaba alguna cena tardía. En un centenar de pueblos 
del hemisferio oscuro del planeta, los marcianos, seres morenos, de ojos rasgados y amarillos, se congregaban indolentemente en 
los anfiteatros. Desde los escenarios una música serena se elevaba en el aire tranquilo, como el aroma de una flor. 
En uno de los escenarios cantó una mujer. 
El público se sobresaltó. 
La mujer dejó de cantar. Se llevó una mano a la garganta. Inclinó la cabeza mirando a los músicos, y comenzaron otra vez. 
Los músicos tocaron y la mujer cantó, y esta vez el público suspiró y se inclinó hacia delante en los asientos; unos pocos se 
pusieron de pie, sorprendidos, y una ráfaga helada atravesó el anfiteatro. La mujer cantaba una canción terrible y extraña. Trataba 
de impedir que las palabras le brotaran de la boca pero éstas eran las palabras: 
Avanza envuelta en belleza, como la noche 
de regiones sin nubes y cielos estrellados; 
y todo lo mejor de lo oscuro y lo brillante 
se une en su rostro y en sus ojos.... 
La cantante se tapó la boca con las manos, y así permaneció unos instantes, inmóvil, perpleja. 
—¿Qué significan esas palabras? —preguntaron los músicos. 
—¿De dónde viene esa canción? 
—¿Qué idioma es ése? 
Y cuando los músicos soplaron en los cuernos dorados, la extraña melodía pasó otra vez lentamente por encima del público que 
ahora estaba de pie y hablaba en voz alta. 
—¿Qué te pasa? —se preguntaron los músicos. 
—¿Por qué tocabas esa música? 
—Y tú, ¿qué tocabas? 
La mujer se echo a llorar y huyó del escenario. El público abandonó el anfiteatro. Y en todos los trastornados pueblos marcianos 
ocurrió algo semejante. Una ola de frío cayó sobre ellos, como una nieve blanca. 
En las avenidas sombrías, bajo las antorchas, los niños cantaban: 
... y cuando ella llegó, el aparador estaba vacío, 
y su pobre perro no tuvo nada... 
—¡Niños! —gritaron los adultos—. ¿Qué canción es ésa? ¿Dónde la aprendisteis? 
—Se nos ha ocurrido de pronto. Son sólo palabras, palabras que no se entienden. 
Las puertas se cerraron. Las calles quedaron desiertas. Sobre las colinas azules se elevó una estrella verde. 
En el hemisferio nocturno de Marte los amantes despertaron y escucharon a sus amadas, que cantaban en la oscuridad. 
—¿Qué canción es ésa? 
Y en mil casas, en medio de la noche, las mujeres se despertaron gritando. Las lágrimas les rodaban por las mejillas y los 
hombres trataban de calmarlas. 
—Vamos, vamos. Duerme. ¿Qué te pasa? ¿Alguna pesadilla? 
—Algo terrible va a ocurrir por la mañana. 
—Nada puede ocurrir. Todo está muy bien. 
Un sollozo histérico: 
—¡Se acerca, se acerca! ¡Se acerca cada vez más! 
—Nada puede sucedernos. ¿Qué podría sucedernos? Vamos, duerme, duerme. 
El alba de Marte fue tranquila, tan tranquila como un pozo fresco y negro, con estrellas que brillaban en las aguas de los canales,
y respirando en todos los cuartos, niños que dormían encogidos con arañas en las manos cerradas, y amantes abrazados, y un cielo 
sin lunas, y antorchas frías, y desiertos anfiteatros de piedra. 
Sólo rompió el silencio, poco antes de amanecer, un sereno que caminaba por una calle distante, solitaria y oscura, entonando 
una canción muy extraña. 
FIN

Clase 8

11 de mayo de 2004


La clase anterior hice una linea que comenzaba con el teatro griego y la mimesis continuando con la cámara oscura del renacimiento y teatro de nuestros dias, pasando por el cine, la televisión y finalizando con lo que llamamos interfaz.

Hoy me referiré a este último concepto, que también se conoce como interfaz gráfica de usuario. En los comienzos de la computación se consideró innecesario (además de ser extremadamente caro) dedicar potencia de computación a las personas en cuanto usuarios. Se dedicaba entonces todas las capacidades al problema sobre el cual estaba trabajando una máquina. Hce treinta años manejar un computador requería una especialización equivalente a la que posee hoy dia un piloto de naves espaciales; maquinas sin lenguaje operadas desde consolas llenas de lucecitas y botones mudos. La creencia, casi filosófica, de que el manejo de un computador debía estar restringido a unos pocos iniciados resultó y aún hoy lo es, enormemente perjudicial para los usuarios corrientes. Incluso si se consideran razones comerciales o de seguridad nacional.

La interfaz de usuario comenzó a mejorar en laboratorios especializados a partir de la década del ’70 en lugares como el MIT. Mejoras que se treadujeron en un nivel comercial y popular cuando en 1984 Steve Jobs introdujo en el mercado el primer macintosh. La invención de ventanas en la pantalla, con íconos fáciles y una interacción a través de nuevos elementos como el mouse fue un gran paso en el desarrollo de la interfaz y, en comparación con ese avance, en los últimos 20 años no ha sucedido nada realmente importante. Copiar el Mac demoró más de 5 años a otras compañías y en la mayoría de los casos los resultados, aún hoy, son inferiores.

En general el esfuerzo humano para con el uso de sus máquinas se dirige hacia optimizar la percepción de los puntos de contacto y el desarrollo de mejores diseños físicos. La interfaz sigue siendo tratada como un problema de diseño industrial tradicional, es decir, como la manipular esta máquina sin que se caliente, sin que emita ruidos excecivos, sin que dañe las manos u otras partes del cuerpo, etc. Es el mismo tratamiento que se le puede dar a la problemática de una plancha o una tetera eléctrica. Por ejemplo: el funcionamiento de los actuales controles remotos (con que manejamos toda clase de artefactos electrónicos como televisores, equipos de música e incluso camas especiales) está basado en la pulsación de botones; su diseño depende de algo físico. Recuerdo el primer Sony Trinitron en colores que llegó a Chile; su control remoto tenía 5 botones (dos para el volumen de audio, dos para cambiar canales y uno para el encendido-apagado). Hoy dia un televisor de la misma compañía puede tener más de 40 botones. Se le han agregado cientos de funciones, la mayoría de las cuales no se utilizan nunca ni sirven para el objetivo básico: ver televisión. El problema consiste en que diseñar una TV basándose en la ergonomía, en el modo en que el cuerpo humano utiliza sensores para trabajar con herramientas no produce una interfaz adecuada ni correcta ni satisfactoria para ver televisión. Apostar todo al desarrollo de aparatos cada vez más sofisticados, con pantallas gigantes de altísima resolución, con sistemas de audio de alta fidelidad, etc, no aporta en nada al problema principal: en decenas de canales –entregados como paquetes por empresas de tv cable u otros- no hay nada que ver. Esto se demuestra fácilmente preguntando ¿Para qué alguien compra un sistema carísimo de home-theater? Para ver videos o DVD que arrendó o compró en alguna tienda especializada, es decir, no para ver al locutor de noticias ni al animador de turno. Así debiese comportarse una televisión inteligente; permitiéndome ver aquello que yo quiera en el momento en que yo quiera.

Otro ejemplo: los teléfonos celulares. Estos pequeños aparatos deben ser los objetos más sobre diseñados de la actualidad, se parecen más a comandos de naves espaciales que a intercomunicadores normales. Al igual que en el ejemplo del contro remoto, estos teléfonos son muchísimo más dificiles de usar que los antiguos mamotretos negros con disco redondo de marcado. Hay tantas funciones hacinadas en dispositivo que produce más mareo que satisfacción. Aquí tampoco se comprende el problema principal: nadie quiere un teléfono celular para apretar botones, sino para hablar con otras personas.

El desarrollo del hardware computacional tiende a seguir estas mismas lógicas equivocadas; pantallas planas gigantes de alta resolución, procesadores cada vez más potentes, memorias con capacidades que hace 5 años no se soñaban, teclados ergonómicos ultrasensibles, parlantes de alta fidelidad, etc. Y además, todo esto portátil. Sin embargo no hemos avanzado un ápice en interactividad real. Un ejemplo: un perro, una mascota doméstica cualquiera reconoce a su dueño a una cuadra de distancia por la forma de caminar o el olfato. Mi computador de última generación no tiene la menor idea que yo estoy sentado al frente a 40 centímetros de distancia. Toda la interactividad actual se basa en la persona que maneja la maáquina, por eso algo tan elemental como imprimir un simple archivo puede convertirse en un ejercicio extenuante y estresante. Por esto es que muchos adultos se niegan a alfabetizarse digitalmente: son muy pocas las satisfacciones de acuerdo al esfuerzo entregado.

Doy otro ejemplo: Mis clases, tareas y lecturas del curso de Presentación al Diseño se encuentran en forma de archivos digitales, en formato PDF (portable document format) en un sitio en la red internet. Para obtener y trabajar estos documentos los alumnos deben instalarse frente a un computador equipado con conexión a internet (para este caso el ancho de banda de la conexión no es relevante), deben abrir un primer programa navegador y llegar hasta mi sitio, luego bajar los archivos. Si su sistema no tiene los lectores de este formato deberá navegar hasta otro sitio, descargar dichos lectores, instalarlos y reiniciar el sistema. Entonces podrá leerlos, para luego configurar su impresora con los formatos adecuados para la impresión, tener papel y tinta y sólo entonces, si todo resulta bien, imprimir los documentos para recién ahora comenzar a trabajar o estudiar con ellos. Pero puede hacer otra cosa; ir hasta la fotocopiadora de Elsa y pedirle las copias. Ella ya las tendrá preparadas porque yo hablé previamente con ella. Todavía no puedo hablar con vuestros computadores personales. No quiero decir, en absoluto, que una opción sea mejor que la otra, solamente quiero indicar que ciertas opciones que se nos ofrecen hoy dia como obligatorias para estar dentro del mundo deben ser constantemente revisadas.

Señalé más arriba que el desarrollo tecnológico extraordinario del hardware y del software no le han aportado nada a la interfaz. Doy un nuevo ejemplo: Supongamos a un general en el centro de comando de sus fuerzas durante una guerra. El general está parado frente a un enorme mapa, a todo color, de cielo a suelo y de muro a muro, que representa su escenario de operaciones. Mientras sobre el mapa va moviendo figuritas de colores que representan a sus tropas, camina, gesticula, y habla con sus oficiales. Mientras esto ocurre un soldado va introduciendo en algún sistema digital la información que el general produce sobre el mapa. La pregunta es ¿Por qué el general no introduce personalmente estos datos? ¿Por qué prefiere el mapa? ¿porque es de la “vieja guardia”? ¿porque es más rápido o más eficiente? El general está cómodo con el mapa porque se contacta con él a través de todo su cuerpo. En el fondo sigue siendo la vieja mimesis griega.

Los computadores actuales poseen una interfaz restrictiva con opciones excluyentes y todo su funcionamiento está basado en sus dispositivos materiales y configuraciones físicas. Pero incluso si llegásemos a acordar que esto es bueno ¿qué es mejor, el mouse, el lápiz óptico sobre una pantalla sensible, teclear órdenes en lenguaje DOS? La respuesta es que depende: cada persona tiene sus propios y particulares requerimientos y precisa entonces de una solución única y específica.

Por lo tanto: una interfaz moderna es aquella que desaparece. Así de simple y paradójico. Una que sea capaz de reconocer gestos, miradas, conversaciones, la riqueza del habla. Esto es multimedia, no el intercambio básico de información. La interactividad real es una por la cual los trabajos digitales con un computador se parezcan más a una conversación cara a cara, al mapa del general, al reconocimiento de la mascota.

Clase 9

18 de mayo de 2004


En los comienzos de la revolución industrial se produce, en Inglaterra, un cambio radical en los modelos y sistemas de educación. Hasta mediados del S. XIX, la educación era una instancia reservada para un segmento reducido de la población. No existían ni los colegios ni las escuelas y las universidades eran lugares pequeños, elitistas y clericales –además repartidos y diseminados- que se dedicaban a la elucubración filosófica, a las bellas artes. La ciencia no tenía el lugar privilegiado con que cuenta hoy día. Entonces el estado inglés se da cuenta de que los nuevos métodos de producción requieren de una mano de obra semi especializada que socialmente se adapte y se conforme de acuerdo a estas nuevas necesidades. Una fuerza de trabajo entrenada para las fábricas, para las cadenas de montaje, para la producción en serie. Es más, esta nueva forma de producción se sostiene sólo si existe un nuevo orden social y cultural capaz de consumir sus productos, clases y estamentos aptos, educados para que necesiten estos productos. La reforma educacional entonces consiste en:

la asistencia de todos a las aulas, ahora ubicadas y cenralizadas en un mismo edificio en los centros urbanos y en el campo.

La instrucción universal y homogenea en diversas materias como matemáticas, ciencias, filosofía, lenguas, historia, etc.

La creación de planes y programas de estudio medibles y evaluables objetivamente, que ya no dependan de la habilidad o carisma de tal o cual profesor, sino de un contenido que se repite año tras año. Son planes y programas basados en la idea positivista de la progresión del conocimiento.

El conocimiento se hace evaluable a través de puntuaciones y escalas universales y objetivas.

La aplicación de una férrea disciplina que inculca sistemas de comportamiento social, religioso y cultural. Alumnos de uniforme, horarios acotados estrictamente –por el sonido de una campana- para el estudio, el recreo, la concentración, etc.

Trimestre 2

Clase 3

la lectura

Bien. Vamos a intentar leer, como si la lectura fuese el ejercicio que por excelencia nos corresponde. Al respecto una cita de Godo del texto “Eneida-Amereida”:


“Variadas y legítimas son las formas de leer. Sea con tedio entrecortando la lectura por fatiga o ensueño, sea por distracción suspendiéndonos. Otras por real gusto que es el surco de la cultura con la que maduramos, o por ilustración a fin de lucirnos en los reflejos del recuerdo. A veces, las menos frecuentes, la lectura nos toca, nos despierta, nos advierte o nos llama. No importa el modo como sucede, pero se nos transforma en un toque, en un llamado. Puede decirse entonces que la lectura nos acaece como una experiencia. Heidegger decía para definir la experiencia que la mejor expresión para comprenderla es la expresión popular “se me cayó la casa encima” o “se me cayó el mundo encima”. Cuando algo a uno se le cae encima hay experiencia. Ella abre, provoca una pregunta, al par que trae o insinúa respuestas al modo como una herida alerta y revela el cuerpo. Vamos a tratar de una lectura de esta especie”.

He traido una lectura en virtud del encargo –tal vez como ejemplo- que tienen ustedes para aprobar esta asignatura. Una lectura que ha sido y sigue siendo trascendente, al menos para nosotros en la Escuela, por varios motivos. Se trata de “The Rime of the Ancient Mariner” de Samuel Taylos Colerdige. Un poema escrito hace más de doscientos años y es una parte esencial del fundamento poético moderno de los mares del mundo. Sobretodo para quienes hablan inglés, por eso le he pedido a una compañera de ustedes que inicie leyendo el poema en este idioma. De alguna forma este poema convirtió a los océanos, especialmente al Pacífico, en un destino occidental; en un campo abierto y disponible para cumplir la condición humana. Los océanos son, para el castellano, sinónimo de “inmundo”, de carencia y de ausencias. América no sabe de sus mares y por esto es que la lectura de poemas como este puede traernos luz y aberturas. Quisiera que el libro de la poesía universal que ustedes escojan tuviese al menos el tono o los aromas de este.

Clase 4

Se está celebrando en todo el mundo el centenario del nacimiento de Neruda. Grandes acontecimientos, actos, reuniones, artículos, reediciones, recitales, etc. Quisiera explicar brevemente por qué esta fecha nos particularmente sentida ni significativa en nuestra Escuela.

Antes de continuar pretendo aclarar la falta de soberbia y la absoluta tranquilidad para tratar temas sensibles como éste, pero insistir firmemente en ciertas cuestiones que son caras y fundamentales para nosotros.

En primer lugar el natalicio de una determinada persona no significa nada en términos constructivos en cuanto no se celebra ni agradece una obra sino el hecho de una persona. Si bien se trata de una buena excusa para repasar obras y actuaciones y demases, en el fondo no deja de ser eso: una excusa. Por otra parte hay natalicios cuyas celebraciones sobrepasan al hecho mismo de una persona, como es el que celebran todos los años, cada 25 de diciembre, los cristianos. Porque en el fondo se trata de la llegada al mundo de una buena nueva que comienza en el instante mismo del nacimiento de Cristo. Pero eso es harina de otro costal y ambos casos no pueden compararse.

En segundo lugar Neruda, que puede ser considerado como el más grande y mejor poeta de América de todos los tiempos, no hizo una obra que permita que América sea lo que debe ser. Este es el punto central y el más importante. Insisto: no me interesan aquí las consideraciones políticas ni estéticas ni voy a ser condescendiente; las cosas claras con toda libertad.

No vamos a tener la desfachatez de decir que la poesía de Neruda es mala o que no sabía escribir. No estamos haciendo crítica. Por el contrario; sabemos y admiramos la belleza de los poemas de Neruda, pero el asunto es que esa poesía no conduce hacia la verdadera construcción de América. Y por sobre todo nosotros creemos que la poesía debe ser y es la palabra que construye. Neruda recibió el nobel de literatura y eso está muy bien y es muy justo; su poesía es parte esencial de la más alta y extraordinaria literatura. La cuestión es que nostros consideramos a la litertura como un arte. Y en este sentido creemos que todos los oficios pueden llegar a ser un arte en la medida que logren crear algo que antes no estaba, algo nuevo. He aquí entonces la cuestión: para nostros la poesía no es un arte. Tampoco un oficio. La poesía es anterior a la literatura y anterior a los oficios. Su juego esencial se ubica y acontece en un tiempo y un lugar previos al desarrollo de los oficios. De hecho es la poesía la que abre la realidad misma para que en ella exista la posibilidad de las artes y de los oficios. Todos los oficios trabajan con una materia a través de un lenguaje, pero la poesía no posee ni materia ni lenguaje. Ella trabaja a partir de y con la lengua, es decir, lo anterior a cualquier forma de lenguaje.

Esta es la épica capaz de construir verdaderamente el mundo y así América. En esta faena podemos ser malos o buenos o regulares o mediocres; podemos fracasar o tener éxito, pero no es esto lo que importa. La cuestión es que en esta escuela estamos en este intento desde hace más de cincuenta años sin que pretendamos acordarlo o predicarlo. A este intento nos debemos enteramente y en él nos jugamos la vida, el trabajo y el estudio. Es por cierto un camino difícil, acaso el que más, pero es el que escogimos y nuestra fidelidad se funda en estos preceptos.

De Godo leo fragmentos de Hoy me voy a Ocupar de mi Cólera:

¿Qué nos pasa en América? En primer lugar, todos somos unos copiones, esa es la primera medida. Y hay que tener el coraje y la libertad de decirlo y promulgarlo. Somos copiones para adelante y para atrás, si no queremos ser copiones europeos, somos copiones indigenistas, somos todos copiones, que vamos corriendo como mendigos enloquecidos buscando algo que se llama el “proceso de identidad”. ¿Quiénes somos? Yo creo que lo más propio de los americanos, es preguntarse quiénes somos; no se le pasa por la cabeza a un francés preguntarse quién es. Lo sabe de más.
Y entonces qué hacemos. Juntamos todos los problemas, unos lo ven desde aquí, otros desde aquí, como ustedes prefieran; unos de arriba y abajo, centro, derecha, izquierda, los metemos en la maravillosa coctelera de las técnicas llamadas modernas y producimos obras. Y nos dan Premios Nobel, y nos lo creemos. Esta es la maravilla. Había una antigua fórmula, típica de Sudamérica: fulano de tal ¿lo conoces? No. – Triunfó en París. - ¡Ah! – Pero lo contrario era peor: ¿Conoces a fulano de tal? – Sí - ¡Ese nunca fue a París! ... ¡Ah!
¿Qué es lo que sucede? Nosotros tenemos que optar, no tenemos alternativa, nosotros ya hemos optado, hemos muchas veces olvidado estas cosas, nadie es puro aquí. O retomamos permanentemente y queremos renacer como el ave Fénix sobre las cenizas de nuestras propias derrotas en la línea inviolable de lo que nosotros llamamos específicamente la creatividad – entiéndanme bien – al alcance de cualquiera en su propia medida o nos inclinamos insensiblemente – y esto vale para la vida cotidiana – para las relaciones de amor, para los matrimonios, para los pololeos, para las tonterías y para las no tonterías también, o nos dejamos inclinar suavemente y dulcemente vestidos con poncho boliviano o a la moderna; al mundo de los problemas significantes. Entonces nos sentimos muy cómodos, muy bien, y muy justificados sobre esta tierra, y el camino de la intransigencia, por la palabra que construye, es duro, es implacable, es difícil, pero no porque sea difícil en sí sino por el lastre que llevamos adentro. Todos. El otro es más favorable, y por supuesto, muy existista.
Entonces yo me reitero diciendo: me arrepiento de haber predicado todo lo que prediqué contra mi propia voluntad y me vuelvo violentamente, contra mí mismo, a la postura, al origen de la palabra que construye y me vuelvo a jugar entero por el algoritmo. Y repito, no me interesa más que rime; celebro, lo canto, lo encuentro divino el cuadro, pero no me interesa más. Espero que otro sea capaz de traer a luz algo como trajo él cuando hizo el Guérnica, después de esto, Picasso, dejó de pintar, todo lo que hizo después es pura destreza. Como Klee también, como Miró, después es pura destreza, tal vez me toque a mí también, puede ser un problema de la edad.
Pero la batalla está situada en otro punto y es donde realmente es preferible ser reducido a cenizas que tener un Premio Nobel significativo. Frente a este cuadro, la pregunta se reinicia. Bueno y nosotros qué: ¿cómo podemos construir América? Yo recuerdo muy bien, y esto es bueno que lo sepan todos, porque a media que pasan las generaciones estas cosas desaparecen. El proyecto grande de Amereida, el proyecto concreto, fuera de instaurar la Ciudad Abierta, que es una realidad, es un hecho que está ahí, era: cómo podíamos unir el Cabo de Hornos con Caracas. ¡Ah, es fácil, se hace un camino, se toma un avión, no hay ningún problema; problema de dinero.
¡No! Entonces, cuando Alberto Cruz – en aquella ocasión – junto con todos los artistas que estábamos en pleno viaje y debate, dramático, por otra parte; pues una de las cosas deliciosas de América es que sin estar en guerra se viaja como si se estuviera en una guerra apocalíptica, increíble, es más fácil viajar en una guerra entre Alemania y Francia y cruzar la frontera que cruzar la frontera de aquí a Bolivia; en medio de ese debate, Alberto planteó una cosa que hasta hoy sigue como una estrella cuya luz aún no ha llegado a la tierra. “No es un camino lo que nosotros llamamos camino”. La pregunta, entonces, surge fácil, ¿qué es? ¡Ah, si yo lo supiera! ¿¡Pero, cuántos están dispuestos a dar la vida por él!? Porque aquí no se trata de decir; “yo tengo una buena idea”. Yo voy a contestar: en dieciocho años, nadie.
cuando ya se tiene destreza, inspiración, se puede llegar a ciertos momentos de arte, como los tiene Neruda, pero no tiene ningún interés eso desde el punto de vista de la palabra que construye, eso no tiene la menor diferencia con el buen periodismo. Y si nosotros pensamos que vamos a construir América por esa vía no vamos a construir nada, ¡jamás!, a lo sumo, la vamos a comentar, como si yo dijera del mar ¡qué bonito está el mar! ¿¡Qué sucede!? Nosotros lo hemos predicado muchas veces, porque parece que lo predicamos. Yo hoy quiero despredicarme; quiero que todos los poetas americanos por más buenos que sean, serán siempre inferiores a esa genial obra de arte, (señala “Guérnica”) no hay ninguno, ustedes comprenderán que Machu Pichu al lado de eso, ni siquiera es un balbuceo. Cada uno en su nivel, lo que plantea Machu Pichu no aporta nada a la lengua española, esto a la pintura, ¡Dios mío lo que aporta!
En esa línea, todos los americanos que trabajan para rematar en esa línea, no me interesan nada; los respeto profundamente, los canto y los celebro, en la vereda del frente.

Clase 5

martes 13 de julio

La clase anterior hice una serie de aseveraciones respecto a la poesía; concretamente refiriéndome a aquella poesía que hemos recogido en esta escuela durante cincuenta años y que es aquella por la cual creemos y pensamos es posible construir América y acaso también el mundo. Me pareció, la semana pasada, que existen muchos vacíos entre nosotros respecto de la comprensión de esta poesía, lo cual es bien probable puesto que los profesores sostenemos nuestros discursos sobre la base de una serie de supuestos que ustedes no tienen por qué conocer. Me propongo entonces avanzar sobre lo que llamaremos –por ahora- la poética de amereida, que no es otra cosa que el fundamento esencial de nuestra relación con la palabra poética. Esta tarea no es fácil, no se resuelve en una sola clase y avanzaremos sobre ella con cuidado y lentamente. Existen una serie de textos, sobre todo de Godofredo Iommi, que ahondan sobre estos temas; yo recomiendo que los lean, están todos en la biblioteca. Estamos trabajando con ellos para editar un libro que hemos llamado la “Prosa Fundamental” de Godo. La clase anterior les leí fragmentos de Hoy me voy a Ocupar de mi Cólera y hoy vamos a repasar el texto que aparece en segundo lugar en este libro: Hay que ser Absolutamente Moderno. Esta frase con que Godo titula su texto es en verdad un verso. Aparece en el poema “Adiós” y es el último del libro “una tempora en el infierno” de A. Rimbaud. Con este poema Rimbaud cierra su estancia en los terrenos malditos, se despide de ellos y luego va a a escribir sus iluminaciones.

En Hay que ser Absolutamente Moderno Godo hace varias proposiciones que nosotros hemos recogido y desarrollado como ideas esenciales en la relación poesía – oficios, durante todos estos años. Al comienzo hay una proposición o hipótesis de trabajo tajante que dice: "Trataremos de mostrar el paso de la armonía como objetivo a lo desconocido como horizonte". Este paso, que proviene desde mediados del siglo XIX y que finalmente se impone a comienzos del siglo XX, va ser desicivo en todas las manifestaciones de las artes hasta nuestros dias. Y es la poesía la que va a proponerlo y a llevarlo adelante a través de ciertos poetas cuyas propuestas ya revisaremos. Antes de ver cómo es la poesía la que se adelanta aquí, vamos a revisar el concepto de armonía. Por eso lo primero es la pregunta que aparece en el texto:

¿Cuál es la relación de palabra y armonía? Para discernirla es necesario recapitular la función de la palabra en el mundo griego que origina poéticamente nuestro lenguaje. Walter Otto recoge el siguiente relato acerca del origen de la palabra en su función primordial: “Zeus termina la construcción de un mundo. Todos los dioses están presentes. Sobreviene un admirable silencio, estupor ante la belleza de lo construido. Entonces Zeus pregunta a los dioses si falta algo para que la construcción sea perfecta. Los dioses convienen que algo falta. ¿Qué? Falta la palabra, pues sólo la palabra elogia. Y entonces Zeus crea las Musas.

Este relato lo he contado muchas veces y es el mito sobre el cual se sostiene la idea de armonía. Esto es: la armonía es el fundamento de la belleza y la poesía es el canto de esa belleza. Luego continua:

Dice Alberti en “De Re Aedificatoria”: “Definiremos la belleza como armonía, la armonía de todas las partes entre sí ... de tal modo que no se pueda aumentar, disminuir o cambiar sino para peor .... Es el resultado de este gran valor y casi divino para obtener el cual, es necesario empeñar todo el ingenio y toda la habilidad técnica de la que uno está provisto.
¿Pero, qué quiere decir “armonía de las partes entre sí?
Alberti aclara: “Es una cualidad resultante de la conexión y unión de los elementos y en ella resplandece toda la forma de la belleza y que nosotros llamamos “conccinnitas” – agrega – “Es deber y tarea de la “conccinnitas” ordenar según las leyes precisas las partes que por su propia naturaleza serían distintas entre sí, de modo que su aspecto presente una recíproca concordancia”. Dice Alberti que la “conccinnitas” se nutre de la gracia y decoro – decoro en latín quiere decir esplendor.
Pero ¿por qué es posible la “conccinnitas”? ¿De dónde procede? Alberti anota “En cualquier cosa que percibamos por vía auditiva, visual o de otro género enseguida advertimos lo que corresponde a la “conccinnitas”. Por instinto natural aspiramos a lo mejor, a lo óptimo y con voluptuosidad adherimos.
La “conccinnitas” se manifiesta en el organismo entero ..... Abraza la vida entera del hombre y sus leyes, preside toda la naturaleza” – Alberti tomó el término de Cicerón que lo aplicaba al discurso. Pero su transfondo es la palabra griega “kalokagadzia”.

La belleza es entonces una construcción armónica. Se sabe cuando algo es bello porque nada en esto se puede modificar sino para peor. Es la ley de las partes y del todo, en donde cada cosa se “compone” de partes. Digamos que esta concepción es lógica y coherente con la idea mecánica de la naturaleza que comenzó y reinó precisamente a partir del renacimiento. Pero Rimbaud sentó a la belleza en sus rodillas y la encontró amarga. Lo que en verdad encontró amargo fue esa idea de belleza y por eso propuso otra cosa. Pero no nos adelantemos.

El primero en vislumbrar los nuevos horizontes de la poesía fue el norteamericano Edgar Alan Poe:

Edgar Allan Poe, reaccionando contra un supuesto fin didáctico que se exigía del poema, escribió: “La poesía no tiene ningún fin didáctico, ni tiene una relación específica con la verdad”.

Poe considera a la poesía como una cuestión en sí misma que ya no es para cantar las armonías del mundo. Pretende que la poesía se quite de encima todos los significados porque ella está antes de la verdad. Es decir, que cuando yo digo la palabra “árbol” no necesariamente estoy queriendo significar un objeto grande, verde y sostenido por una vertical de color café. De hecho Poe se dijo en un momento: voy a escribir un poema universalmente bello, que va ser del gusto de todas las personas (El Cuervo). Y dice por ejemplo, debe tener no más de cien versos (le quedó de 108) para que su lectura sea de una sola sentada, sin que la interrumpan los asuntos del mundo y así se logre plenamente el efecto poético y para que ese efecto sea el más extraordinario voy a utilizar aquel sentimiento más emocionante del ser humano y ennumera y escoge finalmante la melancolía. De ahí se pregunta cuál es la palabra más melancólica de todas y escoge “never more” y se inventa un cuervo que sólo sabe decir y repetir, a lo largo del poema, “never more” cuando le habla el desesperado amante que perdió a su amada Eleonore. Y Poe declara que utilizó un método de composición casi “científico-matemático” para escribir este poema. Es decir lo más lejano a la inspiración de las musas. Claro que él dice que escribió su famoso “método de composición” antes de escribir el poema, y muchos sospechamos que en verdad vino primero el poema y luego el método. No importa, lo esencial es que Poe propone una nueva manera de hacer poesía y aún cuando es una puerta cerrada (nadie puede ahora escribir un poema utilizando ese método: es como si después de Malevich y su “blanco sobre blanco” alguien quisiera pintar el negro sobre el negro o el verde sobre el verde) vale porque después de treinta siglos la poesía se ubica ya en otra parte que tras la armonía.

El poeta francés Charles Baudelaire se encontró con Poe y quedó admirado, tradujo toda su obra al francés. Entonces escribió un libro apuntando todo hacia este nuevo horizonte. El último poema de “las flores del mal” se llama “el viaje” y su última estrofa dice:


“Oh, Muerte, vieja capitana, ¡es la hora!, ¡levemos el ancla! 
Cuanto nos pesa este país, ¡oh muerte! ¡Aparejemos! 
Si el cielo y el mar son negros cual la tinta, 
¡nuestros corazones tú sabes que están llenos de rayos! 
¡Derrámanos ya tu veneno y que nos reconforte! 
Hasta tal punto el fuego nuestros cerebros quema, 
Que queremos rodar al fondo del abismo, ¿Qué importa Infierno o Cielo? 
¡al fondo de lo Desconocido para encontrar la novedad!” 

Ahora es definitivo: ya no más la armonía sino el desconocido y su novedad.

Rimbaud, después de leer a Baudelaire y considerarlo casi un dios, agregará en una carta a Paul Demeny conocida como la “carta del vidente”:

No sólo desconocido sino sea esto con forma o informe. Hay que entrar hasta el fondo para arrebatar a cada época su cuota de desconocido y traerla en la mano, como Prometeo tenía la luz.

No importa lo que suceda. Puedo fracasar, puedo morir en la batalla. Otros horribles trabajadores vendrán…

Entonces ya no sólo el desconocido, sino que sea este con forma o informe, y esto sí que está en contundente contradicción con los ideales de la armonía. Rimbaud, en esa misma carta sostuvo que la palabra y la acción habían rimado desde Grecia. Es decir primero sucede la acción y después viene la poesía: como una guerra y que el poeta canta en “La Ilíada”, sucede un viaje y luego el poeta lo canta en “La Odisea”. Primero la acción y luego la palabra que la canta bellamente a todo el mundo. Esa rima Rimbaud la declara obsoleta y propone que ahora la palabra irá delante de la acción. Por eso el poeta se hace “vidente”. Godo nos dice:

Bajo el trazo de tal razón hay que cambiar la vida, pues la búsqueda o hallazgo de lo desconocido se construye con otro fundamento que el adecuado a la armonía. La constatación que exige ese cambio es la imposible coincidencia entre palabra y acción, dirá Rimbaud. Unicamente, agrega, palabra y acción rimaron en Grecia (ágora y estadio). Y en adelante no volverán a rimar sino que la palabra irá delante, fronteriza, alejada, solitaria. Es esta una hondonada abierta desde donde se expande la modernidad.

Luego hay dos poetas de los que nos ocuparemos un instante, pues ellos van a expandir esta idea de modernidad hacia límites hasta hoy vigentes, y de paso explicarnos qué es o cómo es ese desconocido: Stéphane Mallarmé e Isidore Ducasse (Comte de Lautreamont).

Mallarmé escribió un poema que se llama “un golpe de dados jamás abolirá el azar”. Es un libro que pretende ser interminable; su última palabra se conecta con la primera, mezcla tipografías y tamaños de letras, de suerte que se puede leer considerando las palabras que están escritas con la misma tipografía o las que son del mismo tamaño o leerse en el sentido tradicional u otras combinaciones. Además agregó mucho blanco en las páginas, proponiendo que ese blanco también “consuena” musicalmente y está calculado al milímetro (esto sirvió, por ejemplo, para que todos los diarios del mundo se atrevieran a combinar tipografías y colores y tamaños en sus portadas). Así también está escrito amereida. Godo nos dice:

Mallarmé, ese oscuro profesor de inglés en los liceos franceses, cala una de las fuertes aventuras poéticas con que aún vivimos. Se sumerge hasta palpar lo “nada”, una rara transparencia que refleja. Misterio del espejo pues lo que está en él no es pero está allí y si soy yo es otro. Borde continuo del naufragio, al borde de ... Mallarmé construye ese hecho poético con palabras. Las quiebra, las disloca en la escritura y las orienta para la voz, al mismo tiempo. Cae el mero significado lineal de las frases que se hilan necesariamente. El mismo declara que toda su obra es una tentativa, un conato de la que quiere hacer. Un verdadero libro encantado, órfico, que reúna la pura posibilidad que hace del cosmos cosmos. Componer un libro cuyas palabras, las disposiciones de las mismas en las páginas, el modo de ojearlo – de ida o de vuelta o en cualquier página como comienzo o fin, el modo mismo de constituirse en volumen, construyen la cifra completa e inacabable del mundo. Murió sin alcanzarlo.

Luego tenemos al conde de Lautreamont. Escribió sólo dos libros en su vida y se supone que ambos los hizo al mismo tiempo; en el segundo libro reniega enteramente del primero. El ejercicio de Lautreamont fue escribir “Los Cantos de Maldoror”, el libro más maldito de todos, el mal insuperable. Maldoror ni siquiera ha podido ser llevado al cine debido a lo impresionante de sus imágenes y escenas. Maldoror es un ser parecido a un hombre al comienzo del libro, pero va mutando en distintos tipos de aberraciones y demonios; come y viola infantes, goza en la tortura más desconcertante, etc. Un libro que no recomiendo leer, sobre todo porque Ducasse lo hizo para que nunca más ningún poeta se dedicara al mal ni a los infiernos (aunque bien sabemos que tanto Baudelaire como Rimbaud no estában invocando al diablo, sino todo lo contrario). Ahora la poesía se ha de dedicar a la luz, a la bondad, a la Esperanza. Mientras escribía “los cantos…” Lautreamont escribía también sus “poesias”; un libro hecho en base a sentencias como la de Rimbaud que da título al texto de Godo. Máximas que son casi órdenes, por ejemplo: “La poesía debe ser hecha por todos. No por uno”. Esta frase fue recogida por Godo como un mandato extraordinario y así nacen los actos poéticos y la phàlene. Cuenta la leyenda que Godo estaba buscando un nombre propio para los actos poéticos estando en París, entonces abrió un diccionario en cualquier página, bajó con el dedo índice y al azar se detuvo sobre una palabra: “phàlene”. En castellano significa mariposa nocturna, más conocida como polilla. Así es; una silvestre y común polilla. Sin embargo el nombre es increíblemente preciso, ¿por qué? La respuesta la da el mismísimo E. A. Poe, indicando además un horizonte distinto al de la armonía:

La poesía es perfecta y no tiene otro fin que el de describir el vuelo de la mariposa enceguecida por la estrella. Va hacia la estrella sabiendo que la luz de la estrella la va a convertir en cenizas. Pero no puede hacerlo de otra manera y no es más que esa trayectoria. Y nosotros estamos en condiciones de comprenderla, de amarla y estremecernos porque llevamos con nosotros esa misma sed.

Luego Godo agrega:

Lautreamont murió adolescente. Desconocido absoluto para sus contemporáneos. Sus pasos son de una intensidad todavía por cumplirse. Ducasse no sólo propone la quiebra lineal de la frase, sino un estado múltiple de una función completa. La poesía se compara al vuelo de los estorninos. La bandada de pájaros vuela conformando y deformando una esfera.
Dentro de ella los pájaros la cruzan en todos su diámetros, sin cesar, al punto que mirando un pájaro se pudiera pensar que nadie avanza y sin embargo, dentro de esa multiplicidad de trazos la esfera se desplaza.
Tal complejidad no ha sido conquistada. Lautreamont señaló vigorosamente la radical in-significancia de la poesía. No se juega ella en los significados – no es poesía porque se ocupa de religión, moral, ideas, política, matrimonios, muertes, nacimientos, etc. – Además nos dice que la poesía no debe ser hecha por uno sino que debe ser hecha por todos (no para todos sino por todos). Y acuña la fórmula más aguda que cierne la poesía moderna: “Una cosa es bella cuando se parece al encuentro fortuito de un paraguas y de una máquina de coser sobre una mesa de operaciones”. Cuando estas tres cosas fuertemente dispares azarosamente se encuentran se revela una región desconocida”.

He aquí finalmente el axioma por el cual es posible construir o desvelar lo desconocido. Ahora la belleza se aparece y manifiesta a través de construcciones y abstracciones de esta naturaleza y no a través de la concordancia de las partes entre sí. Quiere decir esto la permanente búsqueda de una creatividad. Pero ¿cómo se aplica esta suerte de metáfora en la vida diaria, en las obras cotidianas, en el trabajo de la arquitectura y de los diseños? Bueno, lamento decirles que eso no es cuestión ni preocupación de la poesía. Es asunto de los oficios. Y éstos, en su relación íntima con la poesía, habrán de descubrilo y de intentarlo. El ejercicio de ese encuentro fortuito es lo que ustedes hacen en los talleres todo el tiempo. Esa es la sencilla luz que aprenderán a recibir durante sus años en esta Escuela.

Finalmente Godo finaliza su Hay que ser Absolutamente Moderno con la transcripción de una entrevista radial, en épocas de la segunda guerra mundial, al poeta alemán Godfried Benn:

En una entrevista radial le inquieren “¿Pueden los poetas cambiar el mundo?” Responde: “¿Desearía usted que yo escriba que el poeta tiene que interesarse específicamente en el parlamento, en los asuntos municipales, en la venta de los terrenos, en la crisis de las industrias o en la ascensión del Quinto Poder que es el periodismo? ¿Cuáles temas me propone? – “Bueno – dice el periodista – pero hay un linaje de escritores que no aceptan jamás este rechazo suyo, ellos trabajan con una idea de la historia” – “Claro – dice Benn – siempre se puede describir un porvenir, un porvenir por supuesto mejor; siempre habrá cuentistas de utopías como Julio Verne o Swift, por ejemplo. Y en lo que concierne al gran giro de la historia, he hecho muchas búsquedas al respecto y me preocupo mucho de que la historia cambie sin cesar”.
Sí, pero Ud. se mantiene fuera de la participación, ¿Qué considera Ud. la participación?
- ¿Yo?, dice Benn, “puro amateurismo, eso es para aficionados. Escribir contra o a favor de la pena de muerte, firmar manifiestos, cosa de aficionados”.
¿Quién cambia el mundo? – pregunta categórica –
Respuesta: “Los técnicos y los guerreros. La poesía posee por principio una suerte de experiencias radicalmente diferentes a la de los técnicos y los guerreros y exige otras conclusiones que la de la mera eficacidad práctica o que del servicio al progreso”.
Pero la entrevista culmina con el análisis crudo pulveriza el fantasma de la esperanza – “Yo me pregunto, dice Benn, si no es más que la fuerza de un hombre vigoroso el que sea capaz de enseñarle a la Humanidad lo siguiente: tú eres así y no serás jamás otra. Así tú vives, así tú has vivido; así vivirás siempre. El que tiene dinero tendrá salud. El que tiene poder será el que diga el juramento justo. El que tiene la fuerza hará el derecho. Esta es la historia hecha historia. He aquí el hoy, presente, tómalo, míralo y ámalo. Esta enseñanza me parece mucho más radical, porque tiene un conocimiento más profundo, una continuidad mucho más honda y más rica de promesas que todas las esperanzas de felicidad que propagan los partidos políticos.

Clase 6

Martes 20 de Julio


La vez anterior hicimos una suerte de recorrido a saltos entremedio de lo que hemos lamado la teoría poética de nuestra escuela. Si uno relee ahora esos apuntes y se refiere exclusivamente al texto que cité entonces, se encuentra con un pensamiento lógico y un paso-a-paso coherente. Sin embargo la tradición poética de nuestra escuela es riquísima y para suerte nuestra no depende de una sola arista; está repleta de direcciones, de llamados y de iluminaciones. Quisiera continuar explicando nuestra poética, para que se muestre la poesía misma, la poesía que es la palabra que construye el mundo y no la poesía de la literatura. Para ello escojo ahora dos palabras Eneida-Amereida, que es el título de un texto de Godo, de esos que les dije que estaban en la bilblioteca y que debiesen ustedes leer. Y voy a extenderme sobre esto en dos partes o capítulos; uno hoy día y luego el segundo para la siguiente clase.

Si todo lo expuesto la vez anterior nos remontó unos 150 años sobre Francia y Boston, ahora volvemos unos 1000 años y de ahí hasta Grecia varios miles más. Es curioso pero este ir hacia atrás es también, oh paradoja, ir hacia delante. Me explico comenzando por Godo: “es necesario aclarar qué entendemos por tradición. Por dos razones. Uno para saber cómo la tradición abre lo nuevo. Dos, cómo ella soporta y escurre en las obras que la renuevan con las lenguas y con las existencias. Es habitual presentar como casi opuestos los términos de tradición y novedad, como suelen decir algunos, tradición y aventura”. Recordemos brevemente lo dicho la clase pasada respecto de la novedad: que está ubicada allí en el fondo del desconocido, que es a su vez el horizonte moderno. Quisiéramos demostrar entonces la no incompatibilidad entre nuestro horizonte de absoluta modernidad con los hechos de la tradición, ¿cuál tradición? Cualquiera desde un punto de vista de su estructura misma, pero una muy particular desde el puinto de vista de su direccionamiento, de hacia donde nos lanza y relanza. La definición que propone Godo para lo que es la tradición es sencilla y en extremo bella:

“partamos de cierto obvio, por ejemplo el obvio, de que la tradición se hereda. A menudo se dice con ello que la tradición se mantiene repitiendo lo propio del pasado de suerte que en los cambios temporales no se adultere. Pero, se pueden pensar la tradición y la herencia de otra manera. Por ejemplo; la herencia como algo que alumbre, que venga a luz que se de a luz como una mujer que da a luz y que con ello señale, indique o mejor dicho abra un campo existencial.
Más que atenerse o conservar axiomas. La herencia surge y brota creativamente. La tradición incita en la herencia que la trae a luz de tal modo que es como la vida, y estaría pues siempre presente, doquier y por lo tanto siempre inmediata. Pero, ésta, su inmediatez, la esconde, como la inmediatez de la superficie no deja reconocer el muro. La herencia, en este caso, heredar sería traer a luz la tradición es decir, escuchar –su llamado– para desocultarla. La tradición o real historia en su esencia temporal, sería este esconder y manifestarse, este ascender o bajar como las mareas según las invisibles atracciones, como por ejemplo la luna, sería con ello, el ritmo mismo de nuestro vivir.
Así, quizás, lo esencial de la tradición no es tanto lo que se infiere de un postulado primero, sino llamado propio que irrumpe, que se obedece o no se obedece, que se cumple o no se cumple, y se oculta hasta volver a reaparecer”.

En esta suerte de sístole y diástole constante nos encontramos con la Eneida. Y voy a hacer una pequeña confesión. Yo había leído la Eneida hasta dos veces antes de llegar a la escuela, y no me había parecido distinta a cualquiera de los clásicos griegos –a pesar de tener algunos miles de años de distancia-, por lo que su “herencia” no se me había hecho presente. Es más, la volví a leer cuando era alumno de diseño y no tuvo mayores efectos. Creo además que ningún libro merece más lecturas que esas si no aporta demasiado más allá de una mera “culturización general” o de tecnicismos académicos. Sin embargo una melodía extraña surgió definitivamente desde sus páginas, pero a través de otro libro; amereida. ¿Por qué, cómo? Godo continúa:

“De este modo, tal vez así se construyen las culturas. La tradición por la herencia es una invitación a recrearla, como si su emergencia fuese su mismo ser. Por el modo peculiar que tales o tales hombres oyen ese llamado se constituyen los pueblos en pueblos diferentes, quizás. Pareciera que la historia de un pueblo es la melodía (altura y bajura de notas) que diseña el modo como en él se re-crea esa tradición. Más que una tradición establecida de una vez para siempre, que tienda a mantenerse, hay una pulsación que ora da a luz uno de sus perfiles, manifestándola, ora, tras ser nuevamente oída, revela un lado, o bien otra cara inédita. Y así sucesivamente, descubre ese diamante siempre escondido y que nos llama – si lo oímos – para, renovadamente, hacerlo esplender. ¿Dónde está, pues, siempre tan inmediata, y tan escondida? ¿En el sueño de un futuro, en el recuerdo de un pasado? En occidente al menos ella vive en ciertos modos de la existencia cotidiana, pero en lo más inmediato del hombre; en la palabra; en el lenguaje.
Cuando por algún quiebre, alguna ruptura de lo obvio, de lo que es tan inmediato en el lenguaje, cuando se quiebra el lenguaje y se la escucha, por esa fisura, por esa rotura ella sobreviene como moción del alma o como luz furtiva en el pensamiento, o como resonancia del eco, o cual mente abstraída, sueño o vaga inclinación, pero ya nunca más nos abandona.
Así hay lecturas que tocan la existencia más allá del hecho, sicológico como si el propio lenguaje se oyese a sí mismo como cuando niños se oía en la caracola el ruido del mar, y se oye en el lenguaje lo que ocultamente tiene de más propio: su innumerable diamante. La tradición siempre renovada aflora y construye el lenguaje desde la Poesía, para las ciencias y oficios, hasta para la terapéutica y el habla.
Por otra parte, a la luz de este ritmo de la tradición y la herencia, de suerte que una va en la otra como en la aventura va la tradición misma, nosotros comprendemos lo que impropiamente se llama en las historias; influencias.”

¿Cuáles influencias?

Los héroes, a través de las eras, han sido tratados desde diferentes perspectivas en orden a construir alrededor de ellos toda clase de justificaciones territoriales, políticas, sociales, etc. Los mismos héroes que para determinada cultura representan ciertos valores, a la vuelta de los años son reinterpretados y ubicados desde nuevos puntos de vista favoreciendo o aborreciendo pensamientos, ideas, vocaciones, etc. Existen ciertos héroes mitológicos cuya personalidad y acciones tienen una característica o impronta ética indeleble a través de los siglos, pero cada tiempo ha interpretado su forma física, sus cualidades y hasta su historia para adecuarlos a un modelo de comportamiento moral y de justicia que se adapte a las circunstancias. Los héroes son personajes que de un modo u otro han vivido en los límites de lo corriente o lo establecido, llevando su accionar hacia la frontera entre lo imposible y lo increíble. Siempre movidos por el anhelo de un mundo mejor, combatiendo la injusticia y la maldad, construyendo mundo allí donde reina el desorden, reforzando o manteniendo con vigor los fundamentos de la civilización. Ellos son representantes no sólo de las fuerzas benéficas que combaten contra la maldad y la perdición en un cosmos imaginario no terrenal, sino que además representan la lucha del hombre consigo mismo, con sus propias pasiones. Es por esto que la poesía y las artes se han ocupado de ellos tan intensamente.

Eneas, el personaje principal de la Eneida de Virgilio, ha sido estudiado profusamente no sólo desde la literatura, sino que desde múltiples disciplinas. No se trata de averiguar si él realmente existió o si Virgilio nos dejó velados y misteriosos secretos en su poema. No se trata de conocer sicológica ni moral ni simbólicamente a Eneas. Al hablar de identidad se hace referencia a una igualdad que –en Eneas y en la Eneida- se pueda verificar siempre, sea cual sea el momento y en lugar en que se llevan a cabo las interpretaciones. Muchas veces esta identidad deviene por medio de la comparación; cuando igualamos esto con aquello decimos es “idéntico”. La comparación, bellamente realizada, es una metáfora y el arte a lo largo de las épocas se ha valido de ella para expresar valores y sentidos de todo orden. Al ir un poco más lejos podemos pretender que esta metáfora identificatoria nos ubique en alguna verdad acerca de quien es –aún hoy y aquí- Eneas.

La poesía es tal precisamente porque cuando dice o canta, al mismo tiempo calla y es eso que calla acaso lo que deviene como la poesía misma. Junto al decir se da el callar y cualquier interpretación que se adentre en ese campo tiene pocas posibilidades de ser exitosa o coherente. Sí podemos buscar reflejos, consecuencias y coincidencias en lo que el poeta escribió, pero de ahí a obtener sus verdaderas y profundas motivaciones y a decir con responsabilidad lo que el poeta quiso decir cuando dijo esto o aquello hay un abismo. Además, quisiéramos sostener que no existen dos o más clases de poesía; sólo hay una y cuando llamamos “poema épico” a la Eneida estamos segregándola hacia un terreno que tal vez nos permite estar más tranquilos a la hora del estudio y del análisis, pero que en cuanto al poema no avanza para nada. Es posible decir que Virgilio se adentró en el mundo histórico y mítico porque su contexto, en ese momento, lo permitieron y hasta lo exigieron, pero el resultado es infinitamente mayor que la causa. No esta la ocasión para descubrir la trascendencia que la obra virgiliana tiene para la civilización occidental, pero pensamos en Eneas precisamente porque es alguien completamente diferente a cualquiera otro de los héroes que la poesía y la literatura han producido jamás. Nosotros, los latinos, hemos heredado a Eneas no sólo como un personaje que nos represente en cuanto a valores ni como modelo de acción o vocación. Eneas no es un semidiós que nos establezca modos o ejemplos ni de comportamiento ni de valentía. Ni siquiera es un reflejo de las complejidades del alma humana aún cuando sus dudas, sus pecados, sus fracasos y sus logros sean un magnífico espejo de cuanto el hombre es. Nosotros lo heredamos no como un capital –poético, cultural, etc.- del que disponemos para progresar. Heredamos a Eneas para que él nos de a luz una tradición que, si bien permanece callada en el poema, se oye de todas formas después de todos estos siglos. Si un camino ha sido abierto por la Eneida, precisamos que algún otro haya sido cerrado. En verdad son todos los caminos anteriores los que, más que cerrarse, han quedado incorporados en un nuevo tiempo.

Cuando Virgilio decide escribir un poema épico, es evidente que tiene en cuenta a la Ilíada y a la Odisea. Pero este tener en cuenta no es, en ningún caso, repetir lo que fueron estos poemas griegos. Por el contrario, ellos son la luz necesaria, lo que se requiere para reestablecer o remirar aquello que conforma la más profunda esencia de un pueblo: su leyenda. La Eneida es la leyenda de la fundación de Roma en el sentido de ser su fundamento más primigenio; allí donde está el más hondo modo del ser romano. La Eneida, más que interpretar ese ser, lo crea. Eneas era un mito como muchos otros que tenía el mundo romano, pero Virgilio lo lleva más allá del mito y lo convierte en la leyenda fundamental. Pareciera ser que los pueblos, las razas, las grandes naciones, requieren de un leyenda o epopeya fundamental para ser eso que son. No se trata simplemente de una identidad cultural o de la historia de independencias o las guerras de los padres de la patria, no hablo aquí de construcciones de ciudades o conquista de territorios. Me refiero a la creación íntegra de esa patria, desde el cero hasta la máxima grandeza. Ese acto de creación, que sólo lo puede la poesía, es lo que regala el origen y por lo tanto el destino a una nación y también a un imperio. Virgilio le regala a Roma su origen y al mismo tiempo le dicta su destino. No en términos de vaticinios ni predicciones como hacía el oráculo griego, sino en el sentido de sentido. Es decir, le da sentido al modo romano. Más aún, le da sentido al ser latino, a la latinidad toda. No es un sentido único y es más bien complejo, porque decíamos que en la poesía junto con el cantar se da el callar, ésto aún cuando sea tremendamente explícito el dictamen en la Eneida: en el canto VI, Anquises le dice a su hijo: “creo también que habrá otros que tendrán la habilidad para dar al bronce el soplo de la vida y sacarán del mármol rostros vivos, defenderán el derecho con más elocuencia, describirán con el compás el movimiento del cielo y la salida de los astros; tú, romano, regirás a los pueblos con tu imperio. Tu oficio, recuérdalo bien, será imponer el hábito de la paz, perdonar a los vencidos y dominar a los soberbios.” Éste puede ser interpretado una y otra vez. Sin embargo es éste un mandato de destino y muy extraordinario por lo demás, pues es la primera vez que una nación poderosa tiene como destino u oficio “imponer el hábito de la paz y perdonar a los vencidos. La latinidad es este modo y aún cuando se argumente que Roma ya había comprendido que su forma de ser imperio estuviese basada, entre otras cosas, en “urbanizar” al resto del mundo, aquí aparece con toda nitidez esta vocación. El mismísimo Dante va a decir que Roma cumplió con esto y que sólo bajo la pax romana pudo nacer Cristo.

La Eneida es la historia de un buscador de patria, de un errante. Eneas no es un guerrero y si bien debe librar una guerra siempre será “Eneas el piadoso”. Incluso en el momento cúlmine del poema, cuando va a matar a Turno, detiene su brazo y vacila un momento. Semejante vacilación no es una cuestión menor, no ha sido puesta allí para enternecernos ni para darle suspenso al desenlace. Esa vacilación es el tono de Eneas; es la expresión de lo que ha sido su peripecia; siempre llena de “piedad”.

Clase 7

Martes 27 de Julio

Bien, la clase anterior dije que estábamos revisando lo que llamamos la tradición poética de la Escuela, o la teoría poética de amereida. En aquella ocasión comenzamos a tratar la relación entre la Eneida y América, presentando un poco los antecedentes del libro “La Eneida”. Quedó pendiente tratar acerca del contenido mismo de la eneida y el por qué ese libro en particular, esa historia, ese relato, es tan significativo para nosotros. Sin embargo, el taller de amereida está abocado a tratar el presente de la escuela (por eso y no por otra cosa tratamos con los hechos de nuestra tradición) y el dia viernes pasado estuvo aquí el señor Eric Goles haciendo una clase. Me voy a referir a lo expuesto por el señor Goles. Obviamente no voy a hacer matemáticas ni nada de eso, sino a considerar su exposición desde o hacia lo que he estado haciendo en este trimestre.

Goles definió el tiempo como un río: es un flujo constante o contínuo y no los saltos de discreciones. Uno ve que el agua de un río es un flujo constante y que además corre siempre a una misma velocidad. El rio no se ve como emisiones entrecortadas de agua. Goles contaba que en algún momento de la historia –no importa ahora cuando- comenzó el hombre a capturar (más bien medir) el tiempo ya no como un fluido (al modo como lo hace un reloj de arena o uno de sol) sino en unidades discretas (por ejemplo a través del goteo de un líquido).

Hasta nuestros dias los hombres presentimos el tiempo como un continuo constante que transcurre independiente y casi a pesar de nosotros. Y presentimos que ese transcurrir es siempre a la misma velocidad. Esta impresión la obtenemos de las suceciiones aparentemente initerrumpibles que gobiernan los acontecimientos de nuestra vida diaria. Por ejemplo la sucesión noche-dia-noche, o invierno-primavera-verano-otoño-invierno y así ad infinitum. Estas ideas o concepciones acerca de cómo es en verdad el tiempo no nos interesan en cuanto sí mismas, es decir no queremos decidir si el tiempo es lo uno o lo otro, sino como se relacionan permanentemente lo continuo y lo discontinuo en todos los ámbitos de nuestro quehacer y acontecer. Dicha relación se presenta sobremanera clara y nítida cuando consideramos a la poesía para explicarla.

Godo establece que la poesía posee la mayor cantidad de información posible para una lengua. En la poesía se encuentra una densidad semántica mayor que en cualquier otra manifestación lingüística:

“Ya Martinete lo indica con meridiana claridad cuando en sus “Elementos de Lingüística General” apunta “la tendencia a la concisión, es decir, el aumento de la densidad de información es frecuente en el poeta”, razón que cierta mente indujo al mismo Jakobson, aunque desde otro punto de vista, a sugerir en el antes mencionado artículo que “es en términos de encadenamiento de probabilidades que la estructura de la poesía puede ser descrita e interpretada con el máximo rigor”. La noción de densidad semántica fue aludida para la poesía por el lingüista Yvan Fonagy al anotar que “Cuando penetramos en el dominio poético nos sorprende la densidad semántica del lenguaje: a pesar de las repeticiones impuestas, las simetrías, los paralelismos y todas las formas de redundancias que se encuentran, los poemas se revelan particularmente ricos en información aún en el sentido técnico del término”.

Esto significa, por ejemplo, que cuando en un poema aparece la palabra árbol, no necesariamente se está queriendo decir el objeto grande, verde, sostenido sobre una vertical café. Es más, la palabra árbol utilizada en un poema puede significar otras cosas, cualquier cosa según sea el poema. La poesía trabaja entonces con el máximo de información posible:

“Dice Martinet: “Las unidades discretas son, pues, aquellas cuyo valor lingüístico no resulta afectado en nada por variaciones de detalle determinadas por el contexto o por circunstancias diversas”. Pero en la poesía sucede que las unidades discretas son tales, porque confirman sus distingos con las demás impidiendo que se las confunda, con el agregado que implican fijación de contexto y circunstancia. La unidad discreta en el poema existe como tal pero cada una trae consigo determinaciones contextuales que impiden cualesquier variaciones de posición.
El propio Martinet subraya con agudeza que “La lengua económicamente ideal sería aquélla en la que cada una de las palabras, cada uno de los fonemas pudieran entrar en combinación con todos los demás, produciendo cada vez un mensaje. Nuestro modo de hablar cotidiano está lejos de esto. La lengua del poeta “hermético” tiende hacia este ideal”.

Se trata entonces de pensar en que estas unidades discretas de la poesía, que pueden llegar a ser incluso las letras, pueden producir, cada vez al combinarse entre sí, un sentido y un significado. Se trata de alcanzar un lenguaje ideal, en que cada palabra o fonema pudiera entrar en combinación produciendo siempre un mensaje coherente. La poesía “hermética” que tanto trabajó Godo, pudiera parecer –en primera instancia- inentendible o sin choerencia “real”, pero su horizonte es precisamente mostrarnos cómo la lengua está verdaderamente más allá de las estructuras convencionales de la comunicación. No es el camino hacia no entender lo que se quiere decir, sino hacia enriquecer las posibilades del lenguaje. Las palabras o fonemas en un poema hermético están dispuestas en una combinatoria que conduce no sólo al significado corriente, sino hacia el aumento radical de las posibilidades de mensaje: “La manera de ser fundamental de la lengua, se muestra, antes que nada, en la unidad discreta, que como tal se da como elemento irreductible y presente. Dicha unidad discreta en su variedad, según diferentes cotas, alcanzan su máxima virtualidad semántica en la poesía. “Es cierto que el poeta corta en lo vivo – dice Fonagy – las convenciones del lenguaje liberando palabras y pensamientos de las asociaciones tradicionales. El trabaja – agrega – con las más pequeñas unidades semánticas, utilizando la red verbal de mallas más estrechas para coger en su red los detalles que escapan al lenguaje ordinario o los que en este no se pueden expresar de modo adecuado.

Pero ya sin entrar en terrenos dudosos, lo cierto es que el trabajo con unidades discretas de la lengua, como tales – invenciones de nuevas unidades discretas normalizadas que acentúan la densidad semántica -, prueba que ellas constituyen, más que un procedimiento, la realidad misma de la lengua en su poesía.

No cabe, pues, confundir la significación con el sentido. La pregunta por el sentido debe situarse a partir del hecho mismo que la combinación e invención de unidades discretas, cuyo objetivo es perfilar un mensaje, se cumplen, precisamente, con unidades discretas y no de otro modo. ¿Qué sentido tiene que ello ocurra así? ¿No envuelve esta pregunta – a su vez – la pregunta misma por el sentido de la lengua con tal? Por cierto que cualquier respuesta que se obtenga desde fuera del ámbito propio de la lengua considerada Como “Corpus” no es respuesta, pues, nos remitiría, sin término, de un campo a otro según las múltiples disciplinas en que nos fuéramos apoyando.”

Toda esta cuestión es trascendente a la hora de comprender cuál es nuestra tradición poética y por qué leemos y hacemos cierta clase de poemas. La preocupación final de un poeta enfrentado a su propia creación escrita es el ritmo. Muchas formas hay de definirlo y de considerarlo. Por ahora debo atenerme al texto de Godo y a lo que este se dice respecto de lo discreto y lo continuo:

“El ritmo.
Los elementos irreductibles de toda lengua son las unidades discretas con que ella se constituye como tal. La articulación de dichas unidades discretas que conforman una lengua tiene dos alternativas. Tender la manifestación de la continuidad; hacerla aflorar, exponerla. Y en semejante movimiento y articulación decidir el mensaje signficativo – comunicación e información -. La continuidad, pues, supone la articulación compleja de unidades discretas. O bien, la lengua puede con el supuesto de la continuidad tender, moverse, articularse a fin de exponer, poner de manifiesto la discreción misma, y entonces su sentido sería, ya no la continuidad, sino lo discreto mismo. Por cierto, la continuidad no se alcanza por la mera voluntad de conjugación de tales o cuales unidades discretas y reglas ordenadas para fines semánticos.”

Ahora bien, todo esto es importante por lo que hablábamos al comienzo sobre el tiempo, y me junto aquí con lo dicho en otras clases acerca del acto poético. Antes veamos qué dice Godo sobre la situación de la continuidad y la discreción en relación con la fiesta o acto poético. Porque en el fondo nuestros actos poéticos no son otra cosa que la celebración de la posibilidad de un otro tiempo: un tiempo que de pronto se muestre ya no gobernado por las sucesiones infinitas, sino expuesto por el quiebre de esa continuidad. Un acto poético es una escisón en el tiempo, una fiesta que puede durar bien unos pocos segundo o bien una eternidad; es una abertura radical que al modo de una discreción, permite aprehender la totalidad. Un acto poético pretende establecer el verdaero ritmo del tiempo a través de su detención o suspención. Por cierto que esto es más largo y complejo, por lo que deberemos tratarlo más adelante. Me quedo, por ahora, con las palabras de Godo, sacadas de otro texto “Dos Conversaciones”:

“Mas ¿qué nos dice “mundo”? Latamente el mero juego de aparición y desaparición. Sólo en la latitud de tal juego el mundo se hace a sí mismo mundo; aparece como tal, dígase estante o cambiante.
Aparece – desaparece – soñando, imaginando, recordando, olvidando, viendo, tocando, etc., etc. (quiérase ya subjetiva u objetivamente, no interesa este punto). Ese juego de aparecer y desaparecer, ineludible tiene como fondo el desaparecimiento mismo. La aparición se decide como aparecer sólo por el desaparecimiento, de suerte que la desaparición es propia de la aparición. En el paso de la aparición desde el desaparecimiento se abre la poesía misma (Banquete, Platón). Tal juego es el juego del mundo, es suyo y por ende; siempre poético. Se está así; en tal juego lato y se da mundo – es decir, aquello que le va a “todo” del “todos” o “cualquiera”; latitud o irreductible en la que se es inmersos, real condición.
La Fiesta suele ser pensada como momento X inscrito en otro u otros momentos. Y. Así ella cae en la zona de lo extraordinario. ¿Qué es lo extra-ordinario? Extra y ordinario. Pareciera que lo ordinario quiere decir lo que trae consigo la repetición – oscuramente entrevista en ese concepto corriente – la continuidad. De suerte que ella brota lo extra de la fiesta. En sentido usual tal continuidad que adhiere a lo convenido, lo usual, aquello en medio de lo cual me hallo, estoy, y ya – o debo estar para poder seguir estando. De allí ele tono que suena a obligación, de suerte que no puede suceder de otra manera (so pena de dejar de estar). Lo extra, lo fuera de ello es lo que marca cierta discontinuidad, aquello que quiebra, modifica o irrumpe. Así par la salud es la enfermedad, para el ir al empleo lo es el domingo, etc.
Por ejemplo: es ordinario volver de Valparaíso a Viña del Mar en tren, en bus, a pie, en taxi, con todas sus posibles variables. Sería extraordinario volver en helicóptero, hoy ¿Por qué? Lo ordinario se apoya finalmente en aquello que se consiente como obvio.
Pareciera ser el resultado estadístico de una frecuencia. Tal vez así se manifieste lo ordinario de lo ordinario. Por cierto que si se estableciese una ruta marítima a dos helipuertos ese modo de transporte pasaría luego a ser ordinario. ¿Es extra-ordinario lo que no se tiene o no se conoce? Así parece manifestarse lo extraordinario
Y sólo se repara en ello en el aire de lo extraordinario que lo revela ordinario, constante, permanente, esencialmente suspendido, apareciente y poético. Es absolutamente extraordinario que el sol salga cada amanecer y se ponga en cada atardecer y únicamente en esa lumbre mañana y tarde son ordinarias, admirablemente ordinarias. Fiesta quiere decir saber que el sol puede no salir mañana y calma quiere decir vivir sabiéndolo y no fingirse ignorarlo. Vivir sin saberlo es no poder vivir es sobrevivir escondiéndose, no alcanzando a vivir. Calma es por eso lo íntimo del ritmo.

Clase 8

Martes 3 de Agosto

Dos clases atrás hablé sobre la Eneida. Me corresponde ahora tratar la segunda parte de esa exposición. Es aquello que Godo nos trajo y nos dejó sobre ese libro. Pero como veremos no es una cuestión literaria, no se trata de los análisis posibles desde el punto de vista de la literatura o de sus consecuencias históricas. Se trata más bien de un legado poético directo que nos atañe en cuanto somos americanos y especialmente en cuanto a lo que hacemos en esta Escuela. Convretamente voy a referirme a tres momentos de la Eneida; momentos que están relacionados íntimamente con el tiempo que esta Escuela comienza a vivir en vistas del horizonte de las travesías que se nos aproxima junto con la primavera.

El momento del naufragio.

Dice Godo:

“En plena tempestad aparece por primera vez el nombre del protagonista del poema, a diferencia de la Ilíada cuyo primer verso, nombra a Aquiles, en la Eneida el nombre de Eneas por primera vez aparece en el verso 92, en plena y absoluta tempestad.
¿Por qué el naufragio? ¿Cuál la necesidad poética de este naugragio?,

pero lo que el naufragio expone es el desprendimiento radical, es una reiniciación ineludible para poder recrear. ese extremo es apenas menor que la muerte y que el pavor renovado en el pensamiento dura, dura en el lago del corazón.

Lo obvio de nuestra vida tan dulcemente organizada no nos deja llegar casi nunca a este pavor que dura en el lago del corazón y que es apenas menor que la muerte. Si no nos sucede ese desasociego y no llegamos a ese borde, no se nos cae encima la necesidad de ser americanos.
Por eso, la palabra alta del naufragio, la palabra de la iniciación o catarsis con que se recomienza la tradición de Grecia en Roma,a la palabra latina del naufragio es Palinuro, el piloto. Su lucha por vencer el caos marino para poder abordar Italia, en el canto quinto, hasta entrar en el misterio del sueño que lo vence y las olas que lo arrebatan del navío, en el verso 860 del libro quinto, hasta que Eneas siente que el barco flota ya sin piloto, a la deriva, abandonado, en medio del mar, a la ventura. Es el máximo extremo de la errancia. No hay en la literatura una situación semejante. Es el máximo extremo de la errancia, el límite. Allí no queda más que recrear o desaparecer.
Y sin embargo, es un equívoco el que tiene Eneas, porque el máximo extremo de la errancia va todavía más lejos. Palinuro no fue vencido por el dios del sueño, el timón le fue arrancado por el mar y con él sin abandonarlo, se fue el piloto, que sobrevivió a las olas tres días. Al cuarto vio Italia y la alcanza, antes que todos. Y sin embargo, los bárbaros lo matan en el momento mismo de aferrarse a la patria prometida y a la patria buscada. Y así, en el sexto libro, Palinuro, en su vida de sombra, de muerto, dice la verdad, la trágica verdad de la aventura de buscar una patria.”

Estas citas nos traen reflejos de otros buscadores de patria. Recuerdo aquí solamente a Moisés, cuando está ya ad portas de la tierra prometida y es castigado terriblemente muriendo sin llegar a conocerla. Esta misma tragedia nos sacude como americanos en cuanto estamos avanzando por los mismos filos que Palinuro y Eneas. En nuestras travesías nosotros no naufragamos, al menos no hasta ahora, pero quienes hemos estado en travesía podemos testimoniar tantas situaciones en que este extremos se nos aproxima, se aparece y nos hace llegar hasta el oído sus cantos. Situaciones extremas no tanto en el rigor físico, no en el hambre, la sed o el frío, sino más bien en la extraña y bella sensación de que nuestras obras y nuestras acciones están entregadas a un horizonte inalcanzable mucho mayor que todas nuestras expectativas y cálculos. La sensación de que todo cuanto hacemos y abordamos es apenas el balbuceo inicial de nuestra propia historia. Esta sensación nos deja de lleno en el segundo momento.

El momento de las carencias

Volvemos a Godo:

“Hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra. Repito, hay que arrojarse a las carencias para palpar el borde del propio ser en su mayor zozobra.
Y todo nos fue dicho en el comienzo del poema, cito a Virgilio: “Muy maltratado fue, en tierra y mar, por el poder de los dioses ... muchas guerras afrontó antes de echar los cimientos de su ciudad y establecer en el lacio sus penates / de donde procedieron las razas latinas ... y los altos “muros de Roma”. Pues fundación y destino es aventura y peripecia. Ellas alumbran después la historia, ellas ( esas aventuras y peripecias) hacen posible la historia. “Tantae mobis erat Romanan condere gentem” – (“Tan enorme esfuerzo requería fundar el lugar romano”).”

Entendiendo así que las travesías son nuestra aventura y nuestra peripecia. Y sobre todo que las travesías son el arrojo a las mayores carencias, porque en ellas no estamos averiguando las “necesidades” sociales de las gentes del lugar, no estamos constatando deficiencias de infraestructura ni estableciendo parámetros de pobreza o riqueza. Estamos precisamente palpando los bordes del propio ser, es decir conociéndonos y aprehendiéndonos en los extremos. Porque hay que vestirse de héroe para llegar al fondo del propio oficio. Sucede así que con nuestras obras no estamos arreglando panoramas políticos ni sociales ni antropológicos ni nada. Al menos no directamente. Pero también es cierto que todo cuanto hacemos no es inútil, no queda entregado a la nada. Esto porque la poesía finalmente sí opera, aunque sea lentamente a “paso de paloma”. Opera para cambiar el mundo efectivamente y no sólo en la apariencia superficial de las cosas. Esta operación sucede no tanto en el mundo de las obras materiales, que las nuestras son harto leves además, sino en el lago del corazón. Avanzamos entonces al tercer momento.

El momento del amor y del reino.

Cito a Godo:

“La travesía, después de la travesía de la carencia, la travesía de lo impropio, el amor y el reino. La travesía del amor y la del reino se levanta bella, fascinante, se diría que justa pero insuficiente. Es nada menos que el eje de los cuatro primeros cantos del poema. Es el amor espléndido, el amor de Eneas y Dido (Elisa, amante, amada, amanza). La erección hermosa de la ciudad hermosa, Cartago, y nada menos que ante los ojos de los buscadores de patria. Es el hallazgo de la felicidad y del hogar.
Y sin embargo, la felicidad y el hogar, es lo impropio. Por eso va a producirse el esquive cruel de Eneas, que lo van a sorprender en el amor espléndido y en la ciudad espléndida con la advertencia, pues le recordarán que no hay patria sin destino y que el destino es más que el hogar y que la dicha.
Dido abandonada, Cartago abandonada. Nunca, nunca dejaré de conmoverme hasta las lágrimas ante la voz de Dido, la suicida, frente al abandono puro e intacto de Eneas. “Sic sic innat ire sub umbras” (“así, así, gozoso irme a las sombras”), dice Dido, mientras se suicida. “Así, así, este gozoso irme a las sombras”. Difícil es imaginarse amante igual, difícil es imaginarse altura igual en un ser femenino, y sin embargo, el destino es más que el hogar y la dicha. “Sic, sic, innat ire sub umbras”. ¿Qué mujer podría decir eso hoy?

Recuerdo ahora la historia del Bounty, el barco de la marina inglesa que llega a Tahiti. La tripulación encuentra el paraíso, una nueva patria y un nuevo hogar y deciden quedarse. El segundo de a bordo se amotina contra el capitán y se queda. Así también le sucede a Eneas, quien encuentra una patria en Cartago, además su reina Dido se enamora de él, y sin embargo Eneas continúa su errancia, vuelve al viaje. Guardando las proporciones y las diferencias ¿no es esto exactamente lo que intentamos año a año recorriendo América? Porque hemos encontrado lugares maravillosos donde podríamos quedarnos para siempre, donde hemos sido acogidos con una hospitalidad que no se puede concebir en nuestros círculos de relaciones corrientes, donde la vida parece florecer siempre plena a pesar de los climas o las distancias. ¿Por qué preferimos volver a partir? Partir, seguir partiendo siempre.

Clase 9

Martes 10 de agosto

Hoy tenemos a una distinguida visita en la sala. Se trata del Rector de la Universidad de Rumania, Sr. Paul Popescu. Nos visita luego de que tres profesores de esta escuela, P. Cáraves, R. Saavedra y M. Puentes asistieran recientemente invitados por él a una serie de actividades académicas en su iniversidad en europa. El señor rector no habla castellano, por lo que me corresponde saludarlo en inglés.

Dear Mr. Popescu. I was saying to the students that is a plaesure and an honor to have you here today. We are now in a class called or named Taller de América; it means smoething like America’s Workshop. Every week, since the last 20 years, all the students and the profesors meet here to talk and study the relation between poetry and architecture and design. And also the relation between poetry and all the trades and professions. So in the name of our School, specialy in the name of the students and the profesors, be wellcome in our class and in our home.

Bien. La clase anterior dejé pendiente la última parte de esta relación entre la eneida y américa, o mejor dicho entre la eneida y nuestra tradición poética. Mencioné tres momentos que recoge Godo en el su libro Eneida-Amereida. Ahora voy a mencionar dos clases de travesías que el mismo Godo recoge e interpreta desde el poema de Virgilio, y desde esas clases de travesía nos vamos a preguntar por América.

La travesía de los muertos.

Godo nos dice:

“El primero es conocer nuestra tarea en la historia. ¿Pero dónde se conoce? ¿Dónde se oye? ¿Quién nos la dice? ¿Quién la indica? Es la travesía de los muertos. Hay que entrar a la patria por los muertos, no hay otro acceso. Y allí también están nuestros muertos. ¿Pero qué son los muertos, nuestros muertos? Son los testigos de la tradición desde donde nosotros partimos, con quienes hemos convivido la peripecia de la errancia que llevamos en la sangre, y quienes nos dieron la existencia. Eneas, como Ulises (Odiseo en griego), desciende al mundo de los muertos, inmediatamente, apenas aborda Italia. Lo hace en Cuma, junto a Nápoles. (Junto con otros artistas yo recorrí, vi, constulté y oí la misma sibila en el mismo lugar que la oyó Virgilio). Y allí, él va a encontrar la sombra del padre muerto, Anquises. Padre que le indica a Eneas el destino de Roma. Cito el texto: “Otros sabrán labrar con más suavidad el bronce ... sabrán otros abogar con mayor elocuencia ... tú, ¡oh, romano! acuérdate de someter a tu imperio a los pueblos (porque éstas son tus artes), de imponer condiciones de paz, perdonar a los vencidos, y someter con la fuerza a los soberbios”. Perdonar a los vencidos en el orden guerrero y político; en la historia es la primera vez que sucede como mandato de destino.
He ahí revelada la tarea. He ahí el oficio que ha de oficiar Roma, por lo tanto, abierta al mundo, pues con ella comparece por primera vez en la historia una misión ecuménica y mundana y aflora inmediatamente, a raíz de eso el modo de vivir y de morir con que termina el poema inconcluso que es “La Eneida”, de Virgilio.
La misión de Roma es acoger el mundo, lo que significa hacerlo perdonando a los vencidos y doblegados a los soberbios, e imponer condiciones de paz.
Dante, en el 1300, va a recoger esta palabra poética y va a señalar, específicamente, como Roma cumplió eso, señalando, que Dios esperó hacerse hombre, es decir, que Cristo naciera sólo cuando el mundo estuviera en paz, y hubo paz en el mundo bajo Augusto, a partir de Augusto, que hasta el día de hoy se llama la Pax Romana. Es una apertura radical al mundo."

La ciudad abierta, nuestra propia creación poética también está fundada sobre sus muertos. No puede ser de otra manera; para que una ciudad sea ciudad sea ciudad debe tener un cementerio donde enterrar a sus muertos. De otro modo será indefectiblemente habitada por gentes de paso. El cementerio de la ciudad abierta se originó con la muerte trágica de un niño; el hijo del poeta Ignacio Balcells que se ahogó en el estero. Los antropólogos modernos definen la separación de la raza humana de los primates no cuando comienzan a hacer herramientas, no cuando pintan el las paredes de las cavernas, sino cuando entierran a sus muertos. Es este entonces el primer ritual esencialmente humano, el primero de todos. Por eso el último verso de amereida dice:


¿oh desapegos que uno mismo ignora 
antiguas gentes nocturnas 
a quienes el peligro abre sus ofrendas 
y la primera tumba inútil 
donde con gracia 
comenzar otro pasado!

Se trata de comenzar desde los muertos. No es esta una cuestión trágica ni deprimente, por el contrario, allí donde están nuestros muertos comienza nuestra historia, comenzamos nosotros mismos. Por eso a los familiares de los muertos se les llama también deudos; porque nos debemos a ellos, porque tenemos deudas con nuestros muertos. Nuestra deuda es así un deber; mantener sus legados, sus tradiciones. Por desgracia nuestra sociedad actual le teme al futuro y por ende le teme a la muerte. De ahí los cementerios-parque, en que se hacen todos los esfuerzos porque desaparezca el dolor; que todo parezca jardines asoleados, que nada recuerde las deudas. Es el intento por ocultar la muerte. Eneas, cuando huye de la Troya destruída por sus enemigos se preocupa de recoger los penates de su padre Anquises, y va a realizar todo su viaje, toda su tremenda peripecia con los huesos de su padre en una bolsa a cuestas, para depositarlos en la tierra que va ser su patria.

La travesía del modo de vivir y de morir.

Cito a Godo:

"¿Cómo termina La Eneida, cómo es esta lucha para vivir y morir? Voy a tomar el último momento de La Eneida. Eneas lucha y está en trance de matar venciendo a Turno, es una lucha entre héroes, para vengar la muerte de Palante, su amigo, que fue muerto por Turno. En el momento de matarlo, en el mismo momento de matarlo, así termina La Eneida, vacila. Insensata cosa en un héroe. Dice el texto: “Eneas, moviendo los ojos, contuvo su diestra” y desde ese extremo pasa al inverso y mata. “Cómo escaparías a mis manos ... mientras esto decía le hundió con encono en el pecho su hierro”. Toda la Eneida, todo Eneas, toda la latinidad tiene un nombre; es esta vacilación profunda de Eneas, es el atributo que todo el libro, constantemente le da a Eneas: la “piedad” latina, Eneas el piadoso. ¿Pero qué es la piedad, la piedad latina? La piedad es la abertura, es la hospitalidad sacra. Cuando alguien tiene reverencia por otro es porque lo hospeda, lo recibe y ese es el secreto inagotable de Roma, esa es el alma del Imperio, la cabida de pueblos, de razas, de lenguas, de hábitos múltiples, en la paz y en la lengua, toda Europa habló una sola lengua: el latín, durante siglos, y las nuestras de él se derivan.
La guerra que es como antes fue el mar el extremo donde el hombre se pierde, se anega y desaparece, es también desde donde se yergue, se construye y se ilumina, porque la guerra en la Eneida, los últimos versos de la Eneida, es la misteriosa disputa entre la apertura y la muerte. La muerte que se ofrece precisamente para que no se cierre el mundo. A de morir Turno, que cierra, para que Eneas abra, a fin de que se extienda lo extensible, que se invente la extensión o pietás. Y yo le dije que es la relación misteriosa entre apertura y la muerte, porque el último verso de la Eneida, misteriosamente, sombríamente dice: “cum gemitu fugit indignata sub umbras”, “gimiendo huye indignada a las sombras” la sombra del héroe y esas son las últimas palabras del poema."

En nuestras travesías y en la ciudad abierta (también al interior de nosostros mismos en la escuela) nosotros heos querido recoger la profundidad de la palabra hospitalidad y desde ella edificar el ritmo de nuestra tradición. Esta hospitalidad se ejerce con actos y actitudes sencillas y otras más difíciles y duras. Sencillo es comprender, a la luz de este mandato poético que nostros recibamos, año a año, a los alumnos nuevos con una fiesta. Celebramos una fiesta en la que los invitamos a ser, desde el primer momento, habitantes de esta comunidad artística. No son aprendices ni iniciados, son en propiedad. Más difícil es comprender, por ejemplo, que en la ciudad abierta la hospitalidad se ejerce comenzando con la propia familia, con los hijos. Porque allí no hay propiedad privada y que donde habitamos se llamen hospederías no es porque sí. Las hospederías son la consumación de esa palabra; sus habitantes no son dueños y no tener nada de nada es una vocación difícil, dura, potente. En las travesías ejercemos la abertura desde un extremo; nuestras obras se regalan, son un regalo. Así cumplimos con la esencia de esta fiesta de la poesía, con la relación de la eneida con américa. Pues es en américa donde vamos a ejercer la hospitalidad máxima; aquella en donde nada nos pertenece, donde de todo nos desprendemos, donde sólo queda, refulgente y nítido, el regalo. Sólo así es posible abrir y abrir.

Clase 10

Martes 17 de agosto

Durante estas últimas semanas hemos estado revisando los contenidos de lo que hemos llamado la teoría poética de amereida, en su directa relación con la tradición de nuestra escuela. Hasta ahora hablamos sobre el paso de la armonía como objetivo hacia el desconocido como horizonte y después nos adentramos en la relación entre nuestra amereida y la Eneida de Virgilio. Cabe preguntarse, en este punto, ¿por qué es importante el hecho de que nostros tengamos una tradición. ¿Qué significa una Tradición?

De muchas maneras el hecho de poseer una tradición El Testamento de Rimbaud

"es necesario aclarar qué entendemos por tradición. Por dos razones. Uno para saber cómo la tradición abre lo nuevo. Dos, cómo ella soporta y escurre en las obras que la renuevan con las lenguas y con las existencias. Es habitual presentar como casi opuestos los términos de tradición y novedad, como suelen decir algunos, tradición y aventura. A veces el hábito lógico de la afirmación y negación pueden llevarnos a engaños bajo aparente claridad y tiene parte en ello cierta pereza de la inteligencia. Para ser breves partamos de cierto obvio, por ejemplo el obvio, de que la tradición se hereda. A menudo se dice con ello que la tradición se mantiene repitiendo lo propio del pasado de suerte que en los cambios temporales no se adultere. Pero, se pueden pensar la tradición y la herencia de otra manera. Por ejemplo; la herencia como algo que alumbre, que venga a luz que se de a luz como una mujer que da a luz y que con ello señale, indique o mejor dicho abra un campo existencial.
Más que atenerse o conservar axiomas. La herencia surge y brota creativamente. La tradición incita en la herencia que la trae a luz de tal modo que es como la vida, y estaría pues siempre presente, doquier y por lo tanto siempre inmediata."

Atengámonos por un instante a la idea de que una tradición implica una herencia y que esta herencia, a pesar de lo que corriente y superficialmente se piensa, no obliga a mantener repitiendo lo propio del pasado, impidiendo así que las nuevas circunstancias del tiempo y la historia cambien o modifiquen dicha tradición. Por ejemplo una herencia se transmite, en forma directa e inapelable, a través de un testamento. En términos corrientes –específicamente en lo atingente a los bienes y a la propiedad- un testamento está dispuesto hacia el futuro. Quien lo escribe está pensando en lo que sucederá con sus bienes (materiales o incluso espirituales, muebles e inmuebles) después de su propia muerte. Quien escribe esa clase de testamento está intentando colocar condiciones a ese futuro, intentando componerlo para sus herederos. Y éstos a su vez esperan que el testamento les reporte un legado provechoso. Pero hablamos aquí de una herencia poética y por lo tanto tratamos con un testamento de esta misma especie.

Godo ha consignado un testamento de otra clase que él recibió y que a través de él nosotros recibimos también. No es un testamento material, pero sí ha provocado heredad y consecuencias.

"Todo testamento se dirige hacia un futuro: lo prevé, trata de condicionarlo. Hay que contar con él según lo que Santo Tomás dice en Dante: todo lo que la astrología había anunciado del futuro era cierto y no fatal. El hombre conservaba la libertad de aceptar o bien esquivar el pronóstico. El anuncio valía de advertencia. Cosa curiosa: incluso para quien jugaba con él, el anuncio no perdía su condición inevitable de referencia. Pero ¿qué se espera de un testamento? ¿una herencia, un legado, un provecho cierto? Pero ¿acaso existen las herencias en la poesía? De hecho en general la herencia no coincide con lo que se espera. Y la herencia, por el hecho de sólo tener lugar, se muestra a los cuatro vientos."

Significa esto que aquella expectativa de lo que recibiremos no se cumple. Casi como la clásica caricatura del cine, en que está toda una familia reunida para leer la última voluntad del difunto y para disfrutar la repartija. Entonces se enteran que los millones de dólares quedan en poder de la mascota preferida del viejo tacaño. Pero también he oido cuentos reales de abogados que asisten a la destrucción de una familia porque entre los hermanos se pelean a muerte un par de sillas de comedor. Ahora hablamos de consecuencias acaso más difíciles, graves y duras que las recién mencionadas.

"Un poeta nunca tiene deudas reales con otro poeta -tristeza de la juventud del siglo y de sus “movimientos”- (genealogías surrealistas). No se es deudor del aviso temático -si se puede nombrar el agua tema del río- ni del estilo y menos aún de las palabras. Un poeta real, es eso: un rey en su quehacer, sin saberlo nunca, buscando voces que confirmen aunque sean anónimas y secretas. Y sin embargo todo el mundo recibe una herencia y deja una herencia. Pero llegan más las cifradas que las biológicas.
Desconcierto de los estudios, de las críticas, de los perspectivismos; insuficiente la fórmula: si p entonces q. Se heredan solamente las enfermedades -por hacer una comparación médica- las enfermedades durables y de contagio secreto, las que sólo los herederos conocen. Se heredan las fallas geológicas que un poeta ha abierto en su campo ¿una vicisitud del lenguaje? Existe realmente herencia cuando otro poeta la acepta, entra en la falla."

Lo primero es comprender que sí existe herencia en poesía cuando un poeta acepta, por un secreto lúcido y extraño, maravillarse, entrar y continuar -como cualquiera otro de los horribles trabajadores- por el horizonte donde se desplomó su antecesor. Es al menos mi caso, mi relación no hacia Godo directamente, sino hacia aquello que él trajo desde la noche de los tiempos y nos lo dejó iluminado sobre la faz presente del mundo. La escición en el lenguaje que Godo abrió no tiene un único nombre ni se puede definir con la precisión con que la geología determina la posición de las placas terrestres. Pero existe, está ahí y para dilucidarla debemos constantemente hablar sobre ella. De eso trata el Taller de América.

Lo segundo es comprender que esta herencia, este legado trae duras consecuencias. No es cuestión de sentarse a la mesa del abogado a oir la lectura del testamento.

"para entrar hay que despojarse; no estar “en limpio”. Quedo perplejo ante todos los que testifican del “limpio “, esos sorprendentes procesos de identidad. Que la poesía nos guarde de nuestros “propios muertos”. Es preciso que los deseos más fuertes se quemen para dejarnos “impropios” hasta la latitud cero de impropiedad; sin drogas, sin inconscientes, sin ilusiones ni devolución de sombras, ni eco astral, ni súbitas revelaciones de mi “propio aniquilamiento”. Mejor la severa medida del “soy otro” y los fragmentos de desconocido que quieren llegar a los labios para decirse desdiciéndose."

He estado hablando sobre las herencias poéticas; del modo como la poesía ha calado la vida de esta Escuela. Pero cuando digo la escuela me refiero no solamente a quienes tenemos por ocupación la poesía misma, sino que extiendo el legado a todos los oficios; a los profesores, a los alumnos y hasta a los ex alumnos. Porque esa impropiedad de la que nos habla Godo no es sencilla al interior del ámbito académico, mucho menos lo es en la vida del ejercicio profesional o en el marco de las relaciones humanas, familiares y sociales. Se requiere algo más que buena voluntad. Es un camino extraño, duro, que compromete todas las dimensiones de la vida. ¿Quién puede decir que será otro justo cuando el mundo le exige comprometer una individualidad extremadamente definida? ¿Quién puede ser otro cuando los compromisos reales, de vida o muerte, imponen ferozmente el éxito personal en todos los ámbitos? ¿Alguien puede creer que la felicidad está justamente en los procesos imprecisos de cambio más que en la solidez aparente de las bases “culturales”? La severa medida del soy otro implica aceptar que una vida se vive coherentemente no cuando se alcanzan las metas definidas por los estándares sociales; implica aceptar que una verdadera formación se recibe aprendiendo a oir aquellos intereses íntimos que nos llaman y convocan, no cuando se acumula conocimiento práctico. Por el simple y natural hecho de que esos intereses van cambiando a través de la vida. Ninguno de nosotros puede asegurar las condiciones estructurales sobre las cuales nos tocará -en suerte o desgracia- desenvolvernos como oficiantes, como familia, como agentes creadores. La ceguera de naciones como la nuestra es creer que la capacitación profesional conduce a la realización personal; creer que una persona puede desarrollarse a través de la adquisición de datos e información.

La severa medida del soy otro significa dedicarse, aquí y ahora, a oir el modo en que las verdaderas preguntas surgen desde nosotros mismos, y dedicarse entonces a poseer las armas para entrar en esas preguntas, lo que no implica, en absoluto, responderlas.

Nuestra herencia es de este modo, nuestra tradición no se trata de mantener inalterables los preceptos del pasado, sino justamente hacernos y rehacernos las preguntas fundamentales. Por ello el desrendimiento, los desapegos. Porque no se puede andar cargado con falsos muertos, no se puede preguntar cuando ya conocemos la dirección de las respuestas. Para preguntar hay que efectivamente no saber nada, volver a no saber, ser otro.

"Primero es necesario que tomemos la dimensión humana, desde el arco tenso de la adolescencia seducido por el blanco, hasta la cordura aislada ermita del arco tenso por sí y para sí, en la única misión de ser lo que es blanco por el sólo hecho de tensarse. Y saber a partir de esa renuncia al blanco, que el gran espíritu pertenece a los pobres, esa aristocracia del espíritu que Nietzsche indicó haciéndonos señas del lado de los que se aferran a otras cosas que la cosa verdaderamente importante que hacen. Ir en el sentido contrario que el de los bienes que se acumulan... Pero el espíritu de pobreza va aún más lejos. Hay que desistirse incluso del por qué nos desistimos; como explicó MaÓtre Eckart. En esa desnudez se podrá reconocer el rito, el culto, ya que en todo culto yace el Dios (finesa de Walter Otto saludando al alba y al crepúsculo Helios Hyperion); culto que exige la íntima querella de nuestro vicio más serio. Sería bueno reconocer que en la más banal manifestación del rito, la deidad transcurre. Y ese crucero, ese viaje acaba en el país Circeto de las metamorfosis, del juego loco de las imágenes, siempre recomenzado; entran siempre en el mismo río y nunca en la misma agua, metamorfosis de la luz en todas sus gamas inagotables, ya que la noche es también luz. Este arte sin embargo no corroe la libertad de la aventura. Circe dio a Ulises la alternativa entre dos rutas crueles. La aventura de las transformaciones expone la multiplicidad sobre la unidad que es la posibilidad de transformar. El comienzo inagotable o caos sin antes ni después pero siempre inminente incesante ya que es la posibilidad misma de toda mutación. Es una luz silenciosa, homogénea que absorbe las gamas tenues de la blancura polar, y tomar la inminencia del número artificio puro que emerge y canta (tonal, atonal, relativo, disyuntivo, aleatorio, etc...) Sí, es entonces cierto, hay flores árticas inexistentes. Henos aquí casi listos para salirnos del juego del tiempo, juego de apariciones y desapariciones. Baudelaire nos dice (Nietzsche también) la fuerza de esta pasión o viaje metafísico."

Trimestre 3

Clase 1

A continuación voy a leer tres notas que aparecen al final del segundo volumen de amereida. Este libro es bien distinto del primero. Una vez le oí a Godo decir que en en el primer libro está el fundamento, los motivos o mejor dicho las indicaciones esenciales que los impulsaron a realizar la primera travesía, y que en el segundo libro están los gritos de esa primera travesía. En este caso son los gritos poéticos, algo así como el clamor incontenible que se produjo durante el viaje. Aquí están los poemas, lo dicho y lo hecho durante ese viaje. Al final se lee una bitácora, que fue escrita por Claudio Girola y Godo le hizo unas notas a esa bitácora. En mi opinión la belleza de estas notas es extraordinaria y valen por sí solas lo mismo que todo el libro. Se pueden leer sin leer de dónde provienen, es decir, son autónomas de la bitácora. En estas notas encontraremos muchas indicaciones notables acerca de lo que es una travesía, y durante este trimestre les propongo revisar algunas de ellas. Hoy dia traje tres.

De Amereida volumen 2:

Nota 35
Lo durable, durar, pero ¿qué perdura? ¿es esencial que las cosas perduren? No llamemos ciudad a lo que desde Grecia, y tal vez Roma, dejó de serlo. Pero la obra humana, por ejemplo en los aztecas, se podía hacer justamente para ser abandonada. Tal acto lleva consigo un rito inicial que demanda el inicio y no, digamos así, la avara perdurabilidad. Es otro ritmo. Posiblemente hay que volver a mirar con otro tiempo. El nuestro también es ritualmente libre, pues en forma arbitraria es el meridiano que nos refiere y ordena. ¿Es y será posible otro y otros meridianos? Sí. Todos los puntos tal vez tengan validez.

Más que los aztecas, los que abandonaban sus ciudades eran los mayas. Los motivos por los cuales lo hacían son fuente de controversia; que porque se agotaban los campos agrícolas de los alrededores; que porque eran sometidas por pueblos enemigos, etc. Pero también sabemos que dentro de las ciudades y cada cierta cantidad de años, los mayas destruían ciertas partes de sus esculturas y monumentos de piedra, algunos frisos o las bases, para volverlos a tallar. Hacían esto periódicamente. Cada 9 años tal parte, cada 21 tal otra. Sus ciudades fueron así hechas y rehechas varias veces. Finalmente las abandonaban. El apogeo de la cultura maya es alrededor del año 900 de nuestra era, cuando llegaron los españoles sus grandes ciudades como Tikal o Chichén Itzá ya estaban enterradas bajo la selva y por eso se salvaron de ser destruidas como sucedió con Tenochtitlán, en cuya cumbre de la pirámide principal fue construída la catedral de México. Pero lo importante aquí es esa pregunta respecto de la perdurabilidad, el hecho de estar trabajando permanentemente en un inicio, o que lo importante es el hecho de estar en obra y no la obra en sí misma. Poder pensar que la trascendencia está en el tiempo que estamos en obra y no en que esa obra exista más allá de se mero tiempo. Es una pregunta que nos hacemos en las travesías. Muchas de nuestras obras perduran, muchas otras no, se acaban casi en cuanto nos vamos del lugar en el que las hicimos. ¿Valen más o menos? ¿Son mejores unas o las otras?

Nota 46
También el olvido es bello, olvidar, por ejemplo, que el arrojo es la travesía y no la vida de un obstáculo, en este caso, el perro. Pero la hermosura cuenta menos que la ruta y esto sí que es difícil aprenderlo. ¿Qué es la ruta? Es sólo seguir partiendo siempre, es mantener el rumbo abierto. ¿Será un comienzo sin fin, como el amor? Hacer tal ruta, abrir tal rumbo, tal vez de tales cosas, interrogaba Kant a los capitanes de barcos balleneros, aquellos que Melville dijo que buscaban la ballena blanca y tal vez Ajab sea el nombre de la musa de toda pura travesía.

Que la hermosura cuenta menos que la ruta sí que es difícil aprenderlo, porque nosotros, especialmente quienes estamos dedicados a una vida en el arte, tendemos a pensar que todo cuanto hacemos debe estar lanzado hacia la belleza. Y de hecho es así, en la belleza residen las musas que abren verdaderamente el mundo y todos los artistas de la historia han querido trabajar bailando con esas musas. Sin embargo nos corresponde preguntarnos más allá, y considerar que en nuestra tarea hay algo más profundo que la belleza. Como si no importara que tal obra quedó o no bella. De hecho ese olvido es un abandono –es el acto de Eneas con Dido- que nosotros hagamos nuestras obras para abandonarlas, pero no porque no nos importen o nos de lo mismo lo que suceda con ellas. Nuestro abandono es un desprendimiento en el sentido del regalo. Nuestras obras son regaladas y por eso “las olvidamos”, olvidamos su belleza y volvemos a comenzar, año tras año.

Aquí es cuando Godo habla del amor, porque el amor esto es lo que enseña; volver a comenzar siempre, volver a no saber. Para que el amor exista es necesario ser siempre inocente, mantener la emoción del primer encuentro, permanecer en un estado de enamoramiento, fresco, nuevo. Y esto es lo difícil, porque el ritmo de la vida diaria muy pronto se convierte en rutina y ahí todo muere. Nuestras travesías igual, cuando se conviertan en un acto rutinario simplemente las dejamos de hacer. Por eso hacemos este taller, para preguntarnos esta cosas, para volver a revisarlas y estar vigilantes y atentos. Esa vigilia es la del capitán Ajab. Porque es bien terrible que este capitan sea la musa de toda travesía; un hombre terrible, lleno de odio y venganza. Sin embargo su acto es extraordinario, atravesar todos los mares del mundo tras el desconocido, que es la ballena blanca. Capaz de consentir en esa búsqueda incluso su propia muerte.

Nota 62
Dulcemente, las más de las veces la travesía pone en duda casi todas las convicciones que tenemos. Antes que nada lleva a la propia arquitectura hacia una abstracción más alta que el número. La arquitectura al tramarse con la palabra poética se abre a ritmos impensados. ¿Qué son muros, por ejemplo? ¿Qué son techos? ¿Hay ya un modo de ser hospedados sin ellos? ¿Pero qué significan semejantes preguntas? La obra humana ya no como simbiosis ni como ruptura con la naturaleza. La historia misma podría no ser rememoración sino la narración de su propio hacerse historia, los actos fundantes, siempre múltiples de otra impensada arquitectura.

Clase 2

Continuo con las notas de amereida II

Nota 26
Ellos, estos hombres de aquí, en el fondo aman cuanto parece adverso, como si lo adverso fuera el modo de esconderse púdicamente. ¿Esconder qué? Esconder la profunda libertad en cuerpo y alma que ellos tienen. Ellos conocen y saben del riesgo y por lo tanto de la generosidad. El saludo es aquel gesto de todas las rutas. Ellos aman no tener fronteras ni países, aman el aire siempre abierto e impalpable que quieran o no es implacable a su vez y que hace al ser humano siempre más sapiente.

Después de observadas las apariencias de, por ejemplo, un lugar, su aparente precariedad, su decidora pobreza, la falta de recursos o de oportunidades para los habitantes de una región extrema.

Pero se trata de amar la adversidad no como un modo de salvar pruebas, no para realizar la siempre inocua demostración de las capacidades extraordinarias del ser humano. Es decir amar la adversidad no para demostrar de lo que se es capaz; no para enseñar o mostrar las facultades propias y sus potencias exaltadas en la proeza.

Este amor a lo adverso es más profundo que la proeza.

Porque aquellos que viven en los climas extremos de América, los que habitan y tienen familia en las regiones más allá de las fronteras naturales y sociales no están conquistando ningún reconocimiento ni social, ni menos económico.

Ese amor a lo adverso los deja ocultar, púdicamente, la libertad del cuerpo y el alma. ¿por qué esconderse “púdicamente”? Precisamente porque esa libertad es la más grande de las riquezas, y cualquiera que posea una verdadera riqueza debe saber que ésta no ha de mostrarse soberbiamente; nadie que sea delicadamente un poco sabio habrá de recorrer el mundo gritando y mostrando sus riquezas a los cuatro vientos. Precisamente la pobreza enseña que la verdadera riqueza es esa libertad y que sólo la humildad y la sencillez son capaces de honrarla.

Hombres que por vivir siempre enfrentando lo adverso poseen una libertad que, al considerarla como el más precioso de los bienes, la ocultan a su vez. Pero no como el avaro que oculta sus bienes para no compartirla. Justamente lo contrario; la adversidad enseña a su vez la generosidad. Todos sabemos de la generosidad de los humildes, que contrasta seriamente con la avaricia de los ricos.

El riesgo permanente suscitado en una vida en lo adverso trae como consecuencia la valoración real de las cosas verdaeramente importantes. Poseer pocas cosas enseña el valor real de las cosas, enseña cuáles son las cosas que de verdad valen las penas y cuáles son prescindibles, superfluas e incluso innecesarias.

La verdadera seña se muestra en los caminos precisamente allí donde existe esa adversidad. El saludo no es sólo un signo de buena educación, es más bien señal de encuentro, realizado siempre para generar un lugar de encuentro.

Y todos quienes hemos ido en travesía sabemos lo dificil que es generar un Lugar; rendir los homenajes a sus dioses, a sus gentes; presentar los testimonios del obrar para que la naturaleza, doquier y constantemente, se constituya como nuestra casa.

Clase 3

Nota 49.
Hay un espesor entre hombre y hombre. La espesura no es la de esta trama inextricable de arbustos, la espesura invencible. El arte de la cortesía, de la convención de los oficios, como santo y seña para ahuyentar el miedo mantiene a todos los humanos y hace que nos atengamos los unos a los otros. Ni el amor basta para atravesarla. No se puede cruzarla por la convención de los caminos. Hay que ir a campo traviesa. Saber, saber, saber, que el camino nunca es el camino. Harto difícil será para todos nosotros comprender esto y eso es lo que hay de todos a todos en medio de la espesura. Hay otra distancia-tiempo que va de voz a voz. En la voz, no en el farol que está en la mano se puede cruzar esa espesura. Ella no tiene sentido, como no tiene sentido la pregunta de ¿quién eres tú? Ya no estamos como “tus”, ninguno en la espesura. En la espesura, y ella está en todas partes, aquí y en las ciudades, sólo podemos entender u oírnos en virtud del rumbo, de los rumbos que nacen de nuestras propias incertidumbres. La incertidumbre de atravesar gratuitamente la mera travesía, lábil, débil, humana, como si los seres humanos fuésemos, todos, unos hermosos desdichados.

Eneas supo de esta espesura y renunció incluso al amor de Dido, porque sabía que ni aún con ella podría atravesarla. A él le correspondía lo que ahora a nosotros nos toca; la travesía, el ir a través, el sólo irse en virtud de un rumbo. Y para este atravesar no basta la convención de los caminos. Todas las travesías de este año están mirando en los mapas, escogiendo las rutas, calculando los kilómetros y las distancias de los recorridos. Y esto por cierto es absolutamente necesario. Pero al final no se trata de esto. No importa cual ruta incluso considerando que muchas veces este cálculo es una parte esencial y constitutiva de la poética de la travesía. Porque es distinto recorrer un camino, por muy largo que este sea, que dejarse atravesar por América. El sentido del rumbo no es la cuenta de miles de kilómetros recorridos en tal o cual dirección, sino el ir a “campo traviesa”. En este modo surge y aparece esa espesura que hay entre hombre y hombre y que no puede ser vencida ni por el amor. Nuestras travesías se regocijan en este sentido del rumbo, en dejar que América las atraviese. Los caminos pueden estar llenos de obstáculos, el rumbo no tiene ninguno. Por ejemplo; las dificultades para hacer un camino que una el Cabo de Hornos con México son un problema de dinero; contratamos a una empresa de cualquier parte del mundo y le pagamos lo que sea necesario para que nos haga esta carretera, y no tendría ningún problema. Incluso podríamos dedicarle amor a semejante empresa, pero en último término sería igual sólo un problema de dinero. Pero la unificación del rumbo, que es lo que buscan nuestras travesías no tiene nada que ver con esto, porque sabemos que esta carretera no es el camino. No lo es porque este camino jamás lograría vencer a la espesura ni menos unificar algo. En amereida hay un pasaje que dice:


 sólo es a pesar suyo que un término cualquiera entra en fusión con 
cualquier otro término    la guerra es el único ardid de la unificación 





¿cómo cambiar esto?


donde 
       – ya sin pertenecernos      ni vínculos    aún pocos seremos 
multitud  descompuestos  descarados  – 
             ronda la fiesta 
su cadencia o frontera impide preveer los movimientos    tantea 
   – toda ocasión al coraje – el cuerpo desaparece en la figura 
los gestos inhabilitan el baile 
    la carne sola en colores 
porque la fiesta no aflora en contornos 
           tu mascarada 
deja que lo oculto se muestre oculto 


Europa se unificado, separado y reunificado cientos de veces en cientos de guerras, así han cambiado sus fronteras siempre. La conquista del oeste de los Estados Unidos fue también una guerra que logró unificar el continente norteamericano.

Nosotros no actuamos así. Nuestros actos poéticos son la celebración de una fiesta que exhalta la posibilidad de atravesar la espesura desprendiéndonos de nuestras propias identidades, por eso no tiene sentido la pregunta ¿quién eres tú? Porque se trata precisamente de una multitud donde cada quien deja de ser si mismo para ser a la vez los otros, todos los otros. Un taller no está sólo compuesto por cada uno; un taller es también un corpus que es mayor, o mejor dicho es otra cosa, que la mera suma de sus integrantes. Un taller en travesía es un corpus poético, una multitud de seres descompuestos, descarados en quienes prevalece el yo es otro de Rimbaud.

Aquella espesura invencible es la manifestación de otra distancia – tiempo que se habita de voz a voz, y no basta la voz de uno, por eso la poesía la hacemos todos o no serviría de nada. El martes pasado hicimos este ejercicio. Entre todos nombramos los rostros de San Francisco, y el nombre dado por ustedes quedó flotando en el aire de esta sala, pero quedó grabado a fuego sólo cuando entregamos las láminas, diciendo en voz alta el nombre de cada San Francisco y de cada lugar de las travesías de este año. Las travesías no sólo lo van a llevar, sino que incluso algunas van a hacer de esta lámina y de esta indicación toda su obra. Esto es irse en virtud del rumbo; acoger una indicación así de leve, de sencilla e inocente y convertirla en obra, en empresa de travesía.

La palabra de la poesía le dio rostro a San Francisco y los talleres llevarán ahora esos rostros por el largo y ancho de América y son libres para elegir el modo, pero son también fieles al inicio que fue dicho. Es la voz del poeta que agrega un ritmo único, insalvable, a las obras que residirán en medio de la espesura. Sólo esa voz poética permite que esas obras no se pierdan ni se extravíen en la espesura.

Y esto es lo que nosotros celebramos constantemente, sobretodo durante la travesía. Atravesar la espesura de voz a voz es el modo de la palabra poética, de la poesía hecha por todos, dejando que ese presente medie entre nosotros y el continente. Para que así se nos haga patente y así también llevar a flor de piel la diferencia entre distancia y lejanía, porque la imposibilidad de salvar una distancia es un castigo; en cambio la presencia de una lejanía es el amor al horizonte. Y un horizonte no puede ni debe ser alcanzado jamás; permanece como tal indicándonos siempre el desconocido, lo incierto. Es decir nuestro rumbo, el que nace incluso de nuestras propias incertidumbres.

Nota 63.
Bajo temores, sospechas, inquinas, el rumbo vuelve a los hombres generosos, espléndidos, en cualquier latitud. En todas las razas, bajo un mismo cielo, pero son como relámpagos en la obscuridad que pesa, absurda, de la vida convertida en permanente obstáculo.

Hoy es 12 de octubre. Hace más de 500 años comenzó todo este cuento y canto. Y comenzó por la aventura de un hombre que comprendía muy bien a la espesura. El coraje de su condición poética abrió el mundo. Su visión convirtió toda su vida, y la historia de nuestro continente, en la virtud extraordinaria de un rumbo. Colón es el héroe más que de las rutas, del rumbo.