Taller de Amereida 2002

De Casiopea



Asignatura(s)Taller de Amereida
Año2002
Tipo de CursoOtro
TalleresARQ 2º, ARQ 3º, ARQ 4º, ARQ 5º, DG 2º, DG 3º, DG 4º, DO 2º, DO 3º, DO 4º
ProfesoresManuel Sanfuentes, Jaime Reyes
Palabras Claveciudad abierta, amereida, poesía, poética
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial

Fotografías

TRA ciu 02 - (Actos) Travesía Ciudad Abierta

Clases de Jaime Reyes

Celebración de 50 años

Estimados


Lo que sigue es una visión sencilla. Se trata de un cielo de ojos entregado con toda la libertad que ronda entre nosotros. Lo único inadmisible es tomar partido; ni a favor ni en contra, porque hablo desde una claridad y no desde el obstáculo. Es condición debatir –y no cerrar- para permanecer abiertos.

Quisiera intentar la estima de una realidad así expuesta: desnuda, cruda, jamás objetiva y siempre apasionante. Ejercicio, este, complejo y difícil, pues los hechos serán siempre interpretables desde innumerables anhelos. Pero una visión requiere evitar ciertos desvíos para no nublar su sencillez. Por ésto les escribo una carta; para que luzca una transparencia que indique la intimidad de la palabra y que así esa palabra manifieste su propia discreción fundadora.

Hace ya cincuenta años algunos de ustedes inauguraron una invención: reunieron a la poesía con los oficios. Esta relación no ha sido resuelta y todos nuestros afanes pretenden adentrarse, aún hoy, en el juego de esta Fiesta. Desde sus luminosidades sobrevienen las experiencias y se extiende aún más nuestra vastedad. Quince años después se cantó Amereida, se denunció una ola de cobardía y cambió efectivamente el mundo. En nosotros las indicaciones concibieron la apertura de una utopía realizada, es decir, con tiempo y lugar.

Durante los quince años que siguieron, nuestros esfuerzos, recursos y pasiones estuvieron destinados en esa utopía. Y esto es la ciudad abierta.

En los siguientes quince años –que tocan hasta este preciso instante- esos mismos esfuerzos, recursos y pasiones han sido dedicados al continente. Y esto son las travesías.

Hoy la reunión de la palabra y la acción, aquella primera y refulgente luz, ha sido hecha carne en el continente y desde las travesías nos llega hasta la ciudad abierta en su máxima expresión. A su vez la ciudad abierta se hace también en toda América. Y esto es lo universitario de América.

La constatación lúcida de una realidad implica necesariamente –en nosotros- comenzar de nuevo toda la aventura. Para reapasionar esa misma realidad, para volver a cambiar al mundo; para que el desconocido sea el horizonte de la belleza y así contemplar y admirar, con mansedumbre, como los nombres que aguardan finalmente suben al claro de los hombres.

Estoy hablando de emigrar. Acaso ¿no es este el verbo que nombra los pasos anteriores recién mencionados? ¿no es esto lo que hemos hecho cada vez? La emigración se hace desde un sitio que ya no es lugar hacia un nuevo lugar. Uno emigra de un sitio que ya no ofrece condiciones de vida hacia otro que pueda ofrecerlas. Pero es poéticamente como debemos hablar de estos caros asuntos. Porque nosotros no podemos emigrar como lo hacían los antiguos; para ellos el descubrimiento del lugar era una cuestión divina. Sus migraciones eran encabezadas por sus sacerdotes y así el lugar era el encuentro con el dios. Tampoco podemos hacerlo como se emigra en la actualidad, en donde la tecnología permite irse a trabajar a cualquier parte del mundo mediante cálculos políticos o económicos. No podemos trasladarnos por las necesidades económicas generadas desde un libre mercado de trabajo que nos asegure recursos y prosperidad. Sucede que de esta manera el lugar es el encuentro de la Tierra en tanto que explotable y así puede resultar adecuado cualquier lugar. Así se transforma todo encuentro en solo tipo de encuentro y toda la variedad de lugares en un solo lugar. Nosotros emigramos poéticamente. A nosotros nos atañe un nuevo Lugar y su encuentro. Y esto es Amereida.

¿Cuál es la condición para que la Tierra pueda encontrarnos como tal Lugar? ¿Qué es lo que debe tener-lugar para que un tal encuentro sea posible? Romper la doble mutilación del tiempo.

La primera. La planificación transforma en presente anticipado todo lo que puede en él calcularse.

La segunda. No dejando al futuro más que su que su parte de imprevisto, imprevisibilidad, en pocas palabras: la amenaza que él presenta contra toda previsión. Así el hombre sólo puede vivir en tránsito, es decir, en la indiferencia del pasado, del presente y del porvenir con solamente la posibilidad amenazadora de la ruptura de esa indiferencia. Romper esta doble mutilación es la condición previa a toda modificación de la vida.

El tiempo ha de aprehenderse como fruto. Es un tiempo que no se fuga hacia la muerte; un presente que se parezca a la eternidad, pues en ella nada tiende hacia la muerte. Y un fruto esplende como tal cuando sirve más para el regalo que como alimento. Un tiempo regalado, como la semilla que es un signo viviente que guarda y cuida en secreto la maravilla de la creación, porque a través de una maduración y un florecimiento ya no perece. Un tiempo como un hijo –fruto del amor- que encarna el renacimiento y la resurrección atravesando la muerte para que recomience el ciclo de la vida. Nosotros no sólo llevamos inexorablemente esta condición –porque somos hombres- sino que debemos manifestarla, hacerla presente, convertirla en regalo. Y esto es la creación de un mundo.

Nosotros estamos heredando una tradición, una que son cincuenta años. Una herencia es siempre el regalo de una riqueza, sea cual sea el campo y la materia en que ella surge. Pero toda herencia tiende a degradarse o extinguirse o anularse porque esa es su condición: es como un talento que debe usarse para que se desarrolle a sí mismo y a su vez construya el mundo. Si los beneficiarios de la herencia usufructuan de sus riquezas y no las invierten, éstas se desvanecen siempre más temprano que tarde. Un heredero fiel ha de ser como el talentoso; recibe y decide, libremente, hacerse cargo y responsable por lo heredado. Pero en nosotros ser responsable no quiere decir entregar respuesta, sino precisamente lo contrario; recibir con abertura la pregunta ¿Cómo recibir el regalo? Es esta una pregunta que pregunta acerca de la tradición que somos y que tenemos entre manos. Y hablaba de una tradición de cincuenta años que es el invento dicho al comienzo de esta carta. Vuelvo pues al inicio porque es eso exactamente lo que hay que hacer. Todo nos ha venido desde la relación entre la poesía y los oficios y el canto que me corresponde dilucidar como visión se yergue, aquí y ahora, como siempre ha sucedido: dirigido hacia el riesgo hondo de una empresa casi indecible cuya potencia se lleve la vida por delante. No hablo de obras que mantengan viva la herencia, hablo de las que se juegan entera esa herencia para incrementarla hasta más allá de cualquier posibilidad imaginable. La Escuela, la Ciudad Abierta y América son el trabajo, la vida y el estudio y su reunión es la Fiesta.

Hacer menos que ésto es la miseria de nuestra condición.


50 Años. (13 de marzo)

Este año es una celebración. Aunque, de cierta forma, este año no es diferente de los anteriores cuarentainueve; seguiremos abocados a lo mismo que se inició en 1952. Me refiero a la relación entre la poesía y los oficios. Una parte de la celebración, uno de los motivos, es precisamente éste: la relación entre la palabra y la acción que permanece en nosotros y que nosotros permanecemos en ella.

Este Taller de América es la instancia continua (es decir, llevada a cabo semana a semana y año a año) en donde semejante relación se dice. Es el momento en que toda la escuela se dice a sí misma que es fiel a la relación entre la palabra poética y los oficios (la arquitectura, los diseños y todos los demás). Esta es nuestra tradición y nosotros somos fieles a este origen.

He aquí el punto principal. ¿Cómo es nuestra tradición? ¿Qué es una tradición poética? ¿Qué es permanecer fiel a un origen? Antes de contestar nada y para despejar toda incertidumbre, digo que estas preguntas se presentan no para ser solucionadas, sino para abrir una cuestión.

¿Cómo es la celebración de 50 años? ¿Cómo se hace una fiesta de esta índole? Aventuro un primer distingo. Nuestra tradición es tal y ha sido tal sólo porque ella misma significa algo que va más allá de una mera renovación. No se trata sólo de renovarse para renacer o para crecer. Esta escuela es lo que es porque durante 50 años ha sabido leer su propio presente y el presente de casi todo cuanto la rodea. Ha sabido vivir y recibir los regalos y las señales. Se ha aventurado en la creación de un mundo y de una realidad. Nuestra tradición es precisamente la aventura de una empresa desconocida. No es la mantención de un orden ni la constitución de unas estructuras. Tampoco se trata de reglas ni mucho menos de dogmas. Por el contrario, esta escuela lleva 50 años en lo mismo: abriendo nuevos horizontes. Ésto es lo que celebramos y la fiesta no puede ser otra que ésta: la abertura de un presente que nos regale entonces otros cincuenta años. Es decir, un destino.


50 años. (26 de marzo)

En general, esta cantidad de años significan o implican una historia. Medio siglo, en la cuenta de cualquier institución -o de un matrimonio o incluso de una persona-, es historia pura. Me refiero a que es motivo de celebración a través del recuento y de la retrospectiva. Aunque lo que en verdad celebramos, en una ocasión así, no es todo lo que ya ha sucedido, sino que a pesar o gracias a todo eso que ha sucedido, estamos aún aquí. Es decir, cuando una institución celebra 50 años, en el fondo está celebrando su presente.

Esta escuela ha elegido un camino diferente. En nosotros los 50 años no son la historia. Porque nunca esta escuela se ha dedicado a construir la historia. Ni la propia, ni la de la arquitectura, ni de los diseños ni de nada. Nuestras obras no han sido construidas para contribuir a la historia. Que la historia, sea hecha por quien se quiera, se ocupe de nuestros hechos, de nuestros personajes y de nuestras obras para construirse a sí misma, está muy bien y no hay ningún problema. Pero nosotros nada tenemos que hacer en este campo.

Si la relación inventada hace 50 años hubiese sido entre la arquitectura y cualquier otro oficio, el devenir de nuestra escuela hubiese sido eminentemente histórico. Sin embargo se trata de la poesía y esto lo cambia todo, porque una relación con la poesía deviene en otra cosa.

Nos hemos querido situar siempre en los inicios, en el primer paso, en el de la puesta en marcha, el del primer golpe. Siempre hemos comenzado y recomenzado la aventura hacia el desconocido. Hemos intentado atender al origen, a la indicación principal de los principios. No estamos al final de unos largos 50 años; estamos en el nacimiento de una era.

Sabemos que nuestra pregunta por el origen es lo que nos permite saber quiénes somos y dónde estamos. Y la historia también se hace estas mismas preguntas para obtener esta misma clase de respuestas. Pero existe una profunda diferencia. La poesía se hunde en los orígenes no para saber ni para conocer los posibles pasados que determinen las actualidades. La poesía llega hasta el origen para cantar el destino. Si esta escuela ha trabajado durante 50 años junto a la poesía, no es para construir una historia, sino para forjar un destino. Tener destino; este es nuestro horizonte.

Esta misma operación fue la que el emperador Augusto le encargó a Virgilio. Era el momento más álgido del imperio romano, cuando Roma está en la cúspide del mundo, en sus mejores y más gloriosos días brillando refulgente sobre el mundo. Justo en este instante, el emperador le dice a un poeta: “Mira, he aquí nuestra magnífica historia y la paz de nuestro espléndido presente. Con todo esto, tú habrás de encargarte de contar nuestro origen en un poema”. Virgilio elige un poema épico para responder al encargo del emperador. Y elige a un personaje secundario de los mitos de la fundación de Roma: Eneas. Entonces escribe su inmortal Eneida. ¿Por qué necesitaban los romanos, a juicio de su emperador y justo en aquel precioso instante, que les contaran poéticamente su propio origen? Porque precisamente carecían de un horizonte radical: el destino. Virgilio cantó poéticamente el origen y así cantó el destino de Roma. Y cantó también el destino poético de la latinidad, incluyendo a todo occidente y a nuestra querida América. Amereida es depositaria de estos cantos y de estos cuentos, y nosotros nos ocupamos de ello a su vez. Por ésto nosotros no constituimos historia; porque vislumbramos la grandeza del destino de América y sabemos que hay sólo una manera de construirlo: La Leyenda.


50 años. (2 de abril)

Durante los últimos cincuenta años el mundo ha cambiado más profunda y rápidamente que durante todo el resto de su historia. El siglo XX fue el siglo del vértigo en todos los campos que atañen al hombre. Incluso la naturaleza, acostumbrada a un transitar demorado en que los cambios se suceden a través de una paciencia madurada en millones de años, ha sido apurada, transformada e introducida por la fuerza, en este ritmo del vértigo. Y nosotros, como hombres insertos en la humanidad, ¿Poseemos también este ritmo? o más bien conviene preguntar ¿Hemos sido poseídos por el vértigo?

En el siglo XIX un poeta cantó que había que cambiar la vida. Esa era la consigna radical para aplicar cualquier acción en todos los campos. Durante las primeras décadas del siglo XX muchos artistas recogieron la consigna y decidieron convertirla en método. Además creían que el arte debía ocuparse de transformar a la sociedad desde sus más profundas raíces. Para cambiar la vida había que cambiar el mundo. Y como instrumento del cambio escogieron la política y se hicieron comunistas, anarquistas, fascistas, etc. A pesar de todas nuestras empatías y reconocimientos hacia esos hombres, es necesario anotar que fracasaron rotundamente. Fracasaron primero porque el arte no se deja instrumentalizar para nada que no sea sí mismo. El arte se debe a la belleza y cualquier traición a esa fidelidad se paga con ausencia y con infertilidad. Además fracasaron porque la política en sí no basta para que una sociedad sea transformada. Sabemos que se requiere también el deporte, el teatro, las ideas, las mentalidades, etc.

La consigna poética de Rimbaud fue reinterpretada por Godo: para cambiar la vida hay que cambiar de vida. Todos y cada uno, en el más interno fuero personal, debe cambiar su propia vida. Sólo así, uno a uno, es posible adelantarse y conseguir que cambie el mundo. Existen casos que ejemplifican este ejercicio y que dan cuenta de su éxito. Me refiero a Sor Teresa, a Cristo, a Gandhi y otros. Pero cambiar de vida no es un hecho puntual en nadie, no se hace -en general- de un momento a otro. Cambiar de vida no se hace ni al ritmo del vértigo ni tampoco al de la naturaleza. Nosotros somos un pueblo de palomas porque nuestros pasos son como los de ellas: lentos, breves, pequeños. Este es nuestro ritmo, así es como se cambia de vida y así y solamente así se cambia el mundo.

Y ya lo he dicho; nosotros no estamos para nada menos que esto.


50 años. (16 de abril)

(se lee amereida en las páginas 166-168)

Tiempo de celebración. El tiempo de una celebración es como el tiempo de la carrera de los 110 metros con vallas. Cuando vemos el instante previo a esta carrera, encontramos una pista plana llena de obstáculos, pero cuando la carrera se está corriendo aparece una nueva pista. Una ondulada, leve, que sube y baja a intervalos. Sucede entonces que sólo durante y mientras se está corriendo la carrera las vallas ya no son obstáculos, sino precisamente se convierten en la belleza de la carrera. Y la vida se parece a ésto; los obstáculos son también la belleza. Me he referido a esta carrera para ejemplificar una situación que mencionaré más adelante. Ahora voy a hacer un pequeño giro.

En estos 50 años ciertamente ha cambiado el mundo. ¿Hemos sido nosotros, ustedes, esta escuela, agentes de esos cambios?

El mundo siempre propone un modelo para cambiarse a sí mismo. Por ejemplo hace 40 años el modelo fue el de la Revolución, del que Fidel Castro y Cuba son o fueron la máxima expresión. La revolución cubana de 1959 y el comunismo fueron, en América, un ideal a seguir. Hace 40 años prácticamente todos los intelectuales, artistas y tantos otros se declaraban de izquierda. Para ser de vanguardia y progresista había que ser de izquierdas. No voy a comentar los resultados porque están a la vista. Hoy, esos mismos personajes plantean y reconocen que estaban equivocados y que la revolución en verdad no cambia al mundo. ¿Cómo se cambia entonces? Evitando a toda costa alienarse del proceso económico. El actual se llama modelo neoliberal. Se piensa y se dice que el mayor pecado que podemos cometer contra nuestras propias patrias es creer que el modelo neoliberal no sirve para nada. Todos proclaman -por todos los medios de comunicación- que la aplicación de dicho modelo nos va a salvar, que la obediencia de sus reglas -con estos u aquellos matices- nos va convertir en países desarrollados. Hoy existe en nuestros países algo llamado política económica, es decir, la política se rige por las ordenanzas de la economía. El personero más importante, detrás del presidente de la república, es el ministro de economía. Muy diferente sería si existiera la economía política. Este juego de palabras no es una cuestión de menor trascendencia. No voy a comentar los resultados de este proceso porque no los conozco, pero sí voy a asegurarles una cosa: Jamás vamos a convertirnos en países desarrollados. Al menos no como lo son hoy día los europeos y los norteamericanos. Precisamente porque la diferenciación 1º, 2º y tercer mundo la inventaron ellos para mantenerla y no para disolverla. Braudel, el gran historiador francés, citando a otro autor, decía que un país rico es rico porque es rico y uno pobre es pobre porque es pobre. La diferencia y la distancia permanece y no disminuye. Hagamos lo que hagamos.

¿Cómo cambiar esto? Evitando un pecado aún mayor: El de alienación de los poderes divinatorios de la poesía. Estos poderes son los únicos capaces de revelarnos la intimidad esencial de nuestro destino. La palabra poética le canta a la urgencia, a la primicia y a la fiesta. Por eso daba al comienzo, el ejemplo de la carrera de los 110 metros con vallas. Porque mientras el proceso económico nos promete la felicidad mañana, lanzando todas las posibilidades hacia el futuro, la poesía nos concede el presente y toda su realidad. Así los cambios del mundo no sucederán más adelante sino aquí y ahora.

Sólo envueltos y abrazados mansamente por esta realidad es que podemos construir un mundo inteligente para América Latina. Y en esto hemos estado los últimos 50 años. Yo no voy a comentar los resultados. Eso es tarea de ustedes y de otro momento.


50 años. (23 de abril)

Existe una gran diferencia entre vivir en un continente descubierto y un continente regalado.

Veamos el primer caso. Hace 500 años que vivimos en un continente descubierto. América fue descubierta por europeos y ese modo de ser prevalece hasta hoy día. Somos un continente que vive en el tercer mundo, es decir, América todavía -después de todo estos siglos- no es parte del mundo. Se supone que algún día lo sea, pero hoy por hoy vivimos y habitamos en lo que hace 500 años se llamaba el inmundo: toda la vasta extensión de tierras y océanos más allá de las columnas de Hércules. Lo único que ha cambiado es el nombre, pero seguimos siendo los “inmundos”. El hecho de ser subdesarrollados o en vías de desarrollo nos deja fuera de la verdadera realidad, lejos de donde suceden las cosas realmente importantes y trascendentes. Y habitamos enfermos de nostalgia y de vergüenza por no pertenecer a esa realidad desarrollada. América descubierta equivale a pensar y a ser América-colonia. Seguimos siendo colonia y aunque en el papel aparezcamos como repúblicas soberanas, independientes y orgullosas, en los hechos somos explotados comercial y mentalmente. Al tiempo que nuestros recursos naturales son extraídos para exportarse al primer mundo, nuestras sociedades piensan y creen que ese modo de sobrevivencia es el correcto. Es decir, tanto colonizadores como colonizados se esfuerzan en la mantención del sistema. Esto que digo es fácil decirlo, pero ¿tenemos alternativa? ¿cómo enfrentarse al poder que ejercen en todos los campos los países ricos? Lo primero es precisamente no enfrentarse. Porque un enfrentamiento considera necesariamente la existencia de un obstáculo que debe ser destruido. Y ya vimos la semana pasada que un obstáculo puede llegar a convertirse en la belleza de la carrera. Lo segundo es aprehender que América no es un descubrimiento, sino un hallazgo, y como tal un regalo de múltiples dimensiones.

Menciono apenas dos:

  1. América le regala al mundo su completitud. Los europeos vivían alienados creyendo que ellos eran el mundo entero. Y siguen viviendo igual y mientras ellos tampoco comprendan lo que América les ha regalado seguirán viéndola como una colonia y seguirán viviendo alienados del resto del planeta. La prueba de ésto es que el Rey de España jamás visitó América, ¡ni una sola vez en 300 años de conquista y colonia! y después vino la independencia y tardó casi 200 años más para dignarse a venir. Este hecho significa que América ni siquiera formó parte del Imperio Español; América fue y es, para Europa, una colonia y no un componente imperial. La diferencia es radical. Cuando Roma conquista un territorio lo vuelve parte del imperio, lo urbaniza construyendo caminos, llevando las leyes, la educación, permitiendo el libre comercio y, sobretodo, convirtiendo al conquistado en ciudadano de Roma. En cambio, este continente siempre fue una parte despreciable del territorio español, a pesar de que el robo de sus riquezas durante 300 años financió a toda Europa.
  2. América es un regalo para el mundo, por lo tanto lo es para nosotros los americanos. Ésto significa que América vuelve todo presente y he aquí la gran diferencia. Mientras descubrimiento y conquista van por presentimiento y esperanza -es decir apostando todo en el futuro- un hallazgo vuelve todo presente. Por ésto es difícil vivir en un regalo, porque hay que apostarle todo al presente. Esto implica vivir en la permanente vigilia de la creación, en donde todo está por hacerse. En América toda obra ha de ser creativa y también inaugural. La poesía nos indica que debemos vivir en un continente regalado y requiere de nosotros estar preparados para aceptar, a cada instante, la severidad de una nueva hora. Requiere de nosotros aceptar la fiesta perpetua de volver a no saber. Requiere de nosotros, en suma, coraje.

50 años. (7 de mayo)

Podría decirse que he hablado hasta ahora en dos dimensiones. Una cuando me refiero a las cuestiones del progreso, la economía y la política. Otra dimensión cuando digo lo que digo desde la poesía. Incluso la historia intenta separar sus dimensiones para aprehender mejor las complejidades del tiempo; historia política, económica, de las ideas, de las mentalidades, etc. Nosostros nos ubicamos en una otra dimensión, en una que es casi un mero reflejo, pero cuya potencia es acaso lo que permite la existencia de todas las demás. Nos ubicamos, para hablarles, desde la palabra poética…