Amereida II

De Casiopea
Amereida2 portada web.jpg



TítuloAmereida II
Año1986
Tipo de PublicaciónLibro, Poema
EditorialTaller de Investigaciones Gráficas, Escuela de Arquitectura UCV.
Edición1a
ColecciónAmereida
CiudadViña del Mar
Páginas156
Palabras Clavebitácora, travesía, amereida, poesía, poema, américa, constel
Código
861 AME V.2
PDFArchivo:AME 1986 Amereida 2.pdf
Carreras RelacionadasArquitectura, Diseño Gráfico, Diseño Industrial
NotaNota Con§tel: Hemos mantenido el corte de palabras con respecto al original; sin embargo este tema de legibilidad exigiría para una nueva edición cortes nuevos con respecto a la reunificación del párrafo. Nota de la edición: Se ha mantenido el corte silábico de palabras con respecto al original.

Tabla de Contenidos

Página 1

Amereida
Volumen Segundo

Página 2

Página 3

Y entonces nos cruzó la barcaza
con camiones de E.N.A.P.
Ver de frío
Espuma
humo de agua
bajo agua
vuelcos
convulsos
volcanes
de agua
bajo agua
Albatros
separado.
Y a Kilómetros
por el asuelo
entrando al centro.
Cielo arrojado
rojez
oasísmico

Página 4

cerrojo de caos
¿Centro del tiempo? ¿Amereida? ¿Cruz sobre la
Amereida? No tan sólo para una vista cartográ-
fica y casi cosmonáutica; sino cruz reproducida en
todo puesto, en todo lugar: llevada a todo lugar
la estrella cardinal la estrella de los cua-
tro ángulos del tiempo en la jornada rectangular
por nuestra trapa de nueve frentes nuestra
muda espera políglota nuestra girante rosa de
los vientos nuestra veleta que inviste las ciu-
dades en todo sentido trazando signos sobre las
casas apropiándonos hasta el acabóse el papel
de ángeles tomando a nuestro cargo “realizar” las
promesas figuradas desde siempre encajando so-
bre el terreno el macrocosmos y el microcosmos
ayuntando aquí la piedra cruda con la prescrip-
ción del allá atornillando las mitades desigua-
les la una a la otra para que haya un signo; hom-
bres habían muerto dejándonos sus nombres so-

Página 5

bre sus nombres andábamos como los chinos sobre
el puente de sus ahogados
cada uno hablaba su len-
gua y todos la comprendían

Dylan
( ‘Libertad’ )
( ‘Control de sí mismo’ ).
otra cosa

nuestras posibilidades
guijarros en nieve,
más gentiles que lana.

palabras de cielo son nieve
la voz del centro es llama

Página 6

Me acuerdo de una niña chica
Le besó el dedo gordo
el dedo gordo del gigante
nativo de Tierra del Fuego,
Isla de Fuego.
Y oh for a muse of fire,
jugando en el yermo como una niña chica,
loca por su salvaje, su gigante -
( “ ¿ Y cómo llamaré a tu dedo gordo  ? “ ) :

Magallanes quería llegar a un lugar;
Magallanes descubrió cómo
Hay una estatua de Magallanes en la Plaza de
Punta Arenas.
Allí. Sobre las arenas amarillas.
Su barba de plomo es maciza.
Su cara de plomo manda.
- a ninguna parte  :

Página 7

Saber es una actividad humana.
Crecer, una divina.
Oh aguas de aguas, oh aguas al vino :

Sobre sus muslos,
muslos de un natural de la Isla de Fuego.
un arco
yace:

¿Qué pensamiento, qué sentimiento, qué puede dar
gracias o decir lo que es ver, ver a ojos vistas,
de cuando en cuando, como un signo sobre el cami-
no, la proximidad de la Musa que así señala que
ella no olvida, que no está lejos?
¿Y qué decir cuando uno es filósofo y la Musa no
es pensable y sin embargo no paran de hablar to-
dos los signos AUN HOY?
América no tiene pasado: no tiene historia. La
historia no es historia de voluntad - “ Cómo no

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creer en la voluntad? ” es una pregunta que pre-
gunta “ ¿cómo hacer para no creer en la voluntad?
Respuesta : Sabiendo lo que es la historia o cre-
yendo en la Musa

Musa la báscula del cielo, el vien-
to transbordador - a su guisa - de nuestras Vis-
tas, esta aguada cuando entreabro con el gato mis
ojos, aquella que lo acarició, la profusión que
las obras alinean en secuencia interminable de con-
ciertos, en poemas reiterados, en fila india, ra-
sa y clarificada, hacinada sobre telas, sobre pie-
dras, sobre maderas, sobre papel de música, inoc-
tavos de Linneo, vitrinas de Aristóteles, legajos

Musa el viaje moral donde los sue-
ños son de día y el creciente coraje en la espal-
da, la exactitud poética de la tierra que pasa por
la cabeza, la noche de Pampa revelando la distan-

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cia, la mesa sin mujer donde cada uno sabe cuánto
le cuesta hablar, este descanso de calma a una
cierta profundidad de la tormenta, la paciencia
de los colores que asiste a nuestra elección, la
napa de humus repuesta cada mañana, el valle que
es preciso descender
hoz de ceniza
( la homoni-
mia flemática en la lengua que es la jocundia co-
mo la esfinge famosa, la hospitalaria paranomasia
semejante al puzzle abandonado por los niños, la
aceptación en la que toda cosa reposa en la ambi-
güedad del genitivo, la admirable erosión siempre
original que extrae del latín el español y el por-
tugués
Musa el cerebro tierno donde todo
escapa, la penuria otorgada al decidor, la audacia
a la que se presta la gramática, mi confianza en

Página 10

no querer pensar, las respuesta migratorias, pues
que la misma picazón de las fosas nasales se ofre-
cen al dicho.
Que todo sea verdad - comprendida
la tramposa ternura del adiós.

Apelo
la libertad espaciosa del
espacio libre; toda terraza, toda escalinata “des-
prende” para mostrar esta multiplicidad discreta
que nos deja entrar y salir, dejar, alejarnos, a-
cercarnos - ¿no le molesto? - Musa este vacío
y la historia de las musas, los tes-
timonios crónicos, que el espíritu sea espíritu
de naciones y el espíritu de naciones Idea, todo
nacimiento enhada una almohada larga situado ba-
jo nueve dones de madrinas provincianas
irrefuta-
bles; a cuanto sucede a los pueblos, y la in-

Página 11

tervención de libros - la historia, entretanto,
este “collage” de novedades - y el plan ordinario
de las invenciones, la llegada realmente sorpren-
dente de Filoctetes o de Joyce, el gesto imprevis-
to de Aquiles o de Tintoretto
tinta tiñe Orea Auray
tienda foresta stentor Loro Tyndaro Pandora
Tintoretto
pero la cosa no cesa de cautivar los
signos y el nombre “significante” no es una presa,
ningún hombre jamás lo ha creído, pero las cosas
contadas lo aluden y “aquello” es tomado en la le-
yenda muda de los sitios, en la malla del invisi-
ble “simpático” que sostiene en secreto como un
padre fiel la fantasía de los contornos, el poder
del invisible menos concluido que todo trabajo,
la excesiva promesa de los nombres, el innombrado
de las especies aún escondidas que esperan a su
vez subir al claro de los hombres

Página 12

En Sombrero
dijo Elvio Leiva
“Springhill
primer pozo chileno
Springhill
los Manantiales
diciembre 29
año 45
lo habrán visto a su izquierda
y a Sombrero
los construimos
entre el 57 y el 61
Comienza
por geología
los geólogos
desde octubre
cuando el tiempo se afirma
hasta marzo
a caballo

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o en scooter
o en jeep
área de exploración
protozoarios
de orden inferior
y por geofísica
movimiento sísmico
artificial
explosión
se producen
ondas mecánicas
en toda dirección
refracción de la onda
registrada por geófono
haciendo
veces de galvanómetro
transformando las ondas mecánicas
en ondas eléctricas
resulta sismograma

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para que pueda repetirse
en el laboratorio
dejando ruido nítido
interpreta la onda en distintos estratos
de corteza terrestre
onda
sondeando
profundidad
las aproximaciones
matemáticas
Y nosotros ubicamos el rebote
el rebote de onda
en capas inferiores
El petróleo se origina en sedimentos marítimos
plantas
grandes cardúmenes
por cataclismo
anticlinales
lechos de agua salada

Página 15

y el petróleo entrampado
capas impermeables
por sucesivos cataclismos
emigra
y a pesar de la técnica
no hay hoy
detector infalible
y la intuición perfora
así en Río Rubens
4000 metros
Uds. lo habrán visto
perforación
equipos
plataforma de torre
la mesa rotatoria
desde arriba
le vamos dando peso
y el gas sale
de la última etapa de separación

Página 16

para licuarlo
habría que comprimirlo
no resulta económico
Un yacimiento es
una botella de soda
hay que meterle gas
para sacarle líquido
Y hay 2 tipos de trabajadores  :
Yo, por ejemplo, poblador,
pobladores,
los que viven aquí con familia  :
y hombres solos  :
al mes
23 días
aquí
y 7 en Punta Arenas

6 de Agosto Sombrero

Página 17

Woman is a mask of muse
but love
is not an experience
Jonathan Jonathan
Y Elvio Leiva nos leyó el mapa de nombres
Y el mapa de los pozos
violeta
hacia el Este los pozos
ahora buscando otro horizonte
prácticamente
explorando el terciario
desde el río Maule
hasta el Sur
Salen los geólogos en la primavera
trabajan todo el verano
geólogos nuestros
geólogos
de superficie
el plano lo pasan a geofísica.

Página 18

Luego
los equipos sísmicos
avanzadas nuestras
profundidades
quitan techo
arenisca
Techo : la capa superior de la estructura
la densidad de arena muy variable
los sismógrafos marcan anticlinales
nosotros perforamos anticlinales
generalmente lechos de agua salada

El punto de perforación : ubicación
Yo lo ubico en mi plano
veo en que predio
pido autorización
indemnizo.
Por mandato de estado
todo petróleo es nacional

Página 19

nosotros
los delegados.
Se hace camino de acceso
se construye plataforma
ubicamos equipos
y mientras no llegamos al fondo no sabemos
si el pozo es comercialmente explotable.
Mecano gigante de acero
45 metros
3 motores Diesel de 250 caballos C/U
planta de luz propia
equipos de bomba y barro.
Los primeros metros se perforan con agua
se inyecta a presión
hasta 90
100
120 m.
Después con barro
barro de perforación

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lechada de arcilla
con ingredientes químicos
que le dan
mayor o menor peso
mayor o menor viscosidad.
Ingenieros
técnicos de barro
cada equipo tiene estanque de barro
conectado sistema de bombeo
entra por alto sale por trépano
cada equipo trabaja 24 horas
horas con viento o lluvia o nieve
hasta perforación total
y aquí
record mundial
795 m.
en 7 horas
Luego
trépanos

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para pizarra y roca
y a los 100 m.
primera entubación
que varía
según programa de pozo
y entonces
inyectamos cemento a presión
es importante que esta tubería quede
sellada al terreno quede
formando parte del terreno
columna
base de sustentación.
Y la etapa siguiente
la más
peligrosa y difícil
fluctúa
entre 120 y 800 m.
napas de agua artesiana entre
300 400 metros

Página 22

de bastante presión
50 60 hasta 100 libras.
La columna hidrostática de barro
mantiene el agua en el nivel que está.
Y el barro retorna a la superficie
bañando las paredes del pozo.
Entre 500 y 700 m.
capas carbonosas
presión de grisú
mantenida
por la presión del barro.
A 900,
tuberías
de 9 5/8 de pulgada
y cemento a presión
haciendo zapatos de sustentación
para que la columna no quede bailando.
Trépano
8 3/4 de pulgada

Página 23

Y continuamos la perforación hacia abajo
ahí sí
ahí si que ya llegamos
en esta etapa
hasta el fondo mismo
roca ígnea
cambiando la estructura
cada vez que cambiamos el trépano
y al llegar al manto de arenisca
cambiamos trépano por corona
la corona que corta testigos
la corona de diez huecos
la corona de conos externos.

Arenisca
material de acarreo
sedimentos
marinos
se han ido acumulando

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en rocas madres
plantas
algas
millonarios cardúmenes
petróleo
de origen mestizo
animal
vegetal
restos de hemoglobina
no mineral
la des-
composición marina
petróleo entrampado
nunca en lagos
almacenados en capas impermeables
que le impiden moverse
pero el petróleo emigra
por cataclismos
fallas de corteza terrestre

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Y se puede perder
en napas de agua
o irse
al mar
o aflora evaporándose
Y una vez comprobada la productividad
tubería
de 7 pulgadas
cimentada hasta el fondo mismo
roca ígnea
y baja Schlumberger
hasta el fondo
y dispara en el fondo
con balas radiactivas
perforando tubería
dejándola
llena de hoyos
como un colador
para que fluya

Página 26

libre
el petróleo
Y se baja una tapa
y sobre la tapa
la tubería de producción
Y a todo esto tenemos la columna llena de barro
obstruyendo
y hay que inyectarle desde arriba petróleo crudo
que hace de solvente
Y a todo esto hemos instalado el árbol de Pascua
en la parte de arriba
árbol de Pascua
un sistema
de
manejo y control.
Y entonces abrimos la válvula
y queda conectado un estanque
de petróleo
y se recupera el petróleo crudo
se recupera el barro,

Página 27

y cuando fluye limpio se conecta la batería
y allí se lo somete a tratamientos de separación
separación del gas
lo decantamos
del agua
lo lavamos
con agua
dulce
para quitarle la salinidad
y sigue decantándose
Y hay un proceso de precalentamiento
Y se bombea a las plantas
Y hay un proceso de estabilización
- aquí en Sombrero
estabilización,
sólo en Manantiales 1 topping
de refinación:
Kerosén gasolina -
sacarle hidrocarburos livianos

Página 28

que tienen en solución
si
no
a medida que avanza hacia el norte
en el barco
este proceso se produce solo
en el barco
y con peligro del barco;
no resulta económico
de cada pozo
pipe - líne
hasta batería
y de allí
el petróleo se va
va
de Tierra de Fuego
a refinerías de Concón
a San Vicente.
De una torre a otra torre

Página 29

butano
propano
gas natural
y ese gas
de la planta
a una zona
de recompresión
y hay proceso
de recuperación secundaria
reinyectándolo
devolviendo a la tierra.
Tenemos gas para más de 100 años
“ Una pregunta rara “
dice Godo
“ ¿ Qué pasa con los muertos ? “
“ Aquí no hay cementerio.
Somos gente de tránsito. ”

Página 30

¿estar de paso? ¿apostarse en los deseos si los
brazos nos desmienten? ¿o tras el visillo volup-
tuoso de un desapego?
¿Velar siempre a otro en un
espejo para adquirir perfiles? ¿Rehusar el vino,
el simple aquí de la efigie?
¿O mejor el tingla-
do de la misión?
abandono mi balsa a las memorias a un sonido pro-
tegido por mis músculos
Provisorios - terminar sien-
do gentes provisorias de entrecasa como el ba-
rro y las aguas ¿Hay siempre que nacer y morir
distante? ni nómades ni tumbas las camas
Soldados la vida insiste
cada ademán ad-
hiere a su gesto - espléndidos el amago y exacti-

Página 31

tud de los trabajos - será entonces el nuevo gus-
to todas las guaridas rotas demos lugar a o-
tra alianza sin lugares donde se afinan los cuchi-
llos de la adivinación y el disparo vuestras
bellas técnicas
No, este confort sin casta busca
coraje en su desdén como la estatua oficial, vana,
conmemorativa.
- sólo la realidad repara con su can-
to de gallo - mi absoluta castidad de cualquier
pasado
mais alors ?
el petróleo se dará en plumas la lana
en mariposas trigos desconocidos por las espe-
cies hebras y aún ¿quién deshoja el viento?
alguien divida las aguas de los cielos y la tie-
rra otro tenderá su cuerpo en lecho para los
inconmensurables matrimonios y el más nuevo sus
discordias - vírgenes en las balanzas . . .

Página 32

Acertare -
mos como un jinete a su silencio esta justeza
de luna su artefacto preciso
Piel

la muerte inaugura donde se ofrece

perdamos perdamos todas las lenguas las nue-
vas vocales extraerán las piedras más simples de
los viejos idiomas voces de caras veladas por
la esperanza He aquí la nueva maniobra: ser
sólo hijos Tus iniciadas
Todo a rever: el adulterio el robo la bon-
dad con los flamencos antárticos

Sombrero, campamento del petróleo, se muestra am-
biguo, sospechoso.
No parece aceptar ser campamento ni estar en Tie-
rra del Fuego. Quiere ser ciudad. Un pintores-

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co barrio de una ciudad-jardín.
Por eso este campamento se ablanda y pierde toda
forma y hiere el lugar.
Y lo que así sucede en el aparecer de las cosas,
acontece igualmente en el interior de la vida mis-
ma.

Jamás un campamento podrá ser ciudad.
Porque un campamento por definición encierra una
sola “empresa” guiada por una sola intención.
Implica ser traído entero desde afuera y plantado
aquí o allá en tanto se acomete la empresa.
Es la guerra. Lo unívoco. Como un convento.
Es la “economía” dirigida, no el libre comercio.
Es el riesgo común, no el individual.

Por eso un campamento nunca podrá ser ciudad.
Lo propio de ella es la multiplicidad, lo ordina-
rio con lo extraordinario, la posibilidad, la in-

Página 34

estabilidad, el negocio y el ocio.

Ni en el más pequeño pueblo, ni en la ciudad más
grande existe una vida cotidiana tan segura - in-
dividualmente.
Todo está provisto por la “empresa”. La escuela,
el hospital. La casa, la comida, la diversión,
el trabajo, el salario, el ahorro.

Por eso mismo, porque todas estas cosas están ase-
guradas, es que vienen finalmente a ser otras co-
sas.
Sombrero, empero, no lo reconoce.
Y el dinero se torna bono; el trabajo, empleo; la
diversión, rutina; los bienes, ahorro; la casa

¿Por qué no aceptar y cuidar la realidad para que
las cosas cobren su propia e inaudita existencia?
Así como la habitación se hizo celda para los mon-

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jes y los presos, y el trabajo se ha convertido a
veces en “puesto” (como el centinela o el ).
y el ahorro en botín.

En el supermercado
Se pueden comprar varias latas de varios géneros
de comida, suspensas.
Comemos para competir.
La calle se atora en tráfico apiñado :

Un niño juega en el yermo,
bajo la luna creciente.
( Oh Nicolás, ay ...... ) :

¡Pero Nicolás, por fin, el barco se hundió, y
centauros borrachos escarbantes
salpican a las damas con lágrimas !

Página 36

( ¿ Dónde está ahora Magallanes ? ) :

Porque apuntan sus flechas luna adentro
Y la luna cayó en un valle de pájaros
Cuyo llamar de pájaro dice de una montaña
Gigante con matas
Aire Deslumbrados

Estas palabras no eran las debidas palabras.
Estas palabras sólo eran unas de las palabras.
Pero mía es una niña de Colorado.
( Mía, en el sentido de que está en derredor. )
Y a ella le gusta ver que algo está sucediendo.
aunque sea vulgar.
Y de un modo u otro no le importa
Se atiborra de galletas y es
Adorable.
Sí,
mi niña de Colorado,

Página 37

Mi ruta - de - aire sur.
Sus silencios son siempre augurios de cornucopias.

Instructura en lo Abundante :
Norte América, Abundancia de Maravilla;
América Latina, Milagro - Abundante

Comparto un dormitorio con un gentil Marciano
apologético.

Sueño que me encuentro con Jane por la calle.
Sonríe, como turbada por su propia belleza.
Una joven atemorizada por su destino.
Esencialmente, la Musa, a despecho de
las fruslerías de clase alta.
Salvaje. Ardiente. Despiadada. Aunque también
la Corza.
En su presencia, soy
Jane. Siempre soy devuelto a Jane.

Página 38

Jane Smile.

Los Centauros nacen de un dios por una yegua,
de un Marciano por Juana.

Una manzana de ENAP
articula lentamente sus secretos.

Cuando ella traicionó a la Musa,
llevando hombres a su cama,
ciega al dios o la bestia,
oí todo el mal,
mudamente

¿ qué bruma  ?

el hombre dejó la vereda, entró entre las dos vi-
trinas. Yo lo veía avanzar desde mi cama, detrás
de la reja en acordeón. Alto, vestido de tercio-

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pelo negro, sombrero oscuro, ala caída. Detrás
de los vidrios circulaba gente. La figura seducía
hasta dar miedo. Además comencé a reconocerlo.
Abrió con su llave la reja, la corrió un poco, en-
tró y la volvió a cerrar sin llave. Me habló.
Una voz suave pero firme. Y me dio alegría aun-
que no entendí sus palabras. Entonces, sacó del
bolsillo interior de la chaqueta, como quien saca
una cartera, su revólver y habló. Esta vez le en-
tendí, decía - “ no te asustes niñito, te voy a
matar “. No le creí nada. Pero era cierto y lo
peor es que yo lo sabía. Antes de tener miedo le
contesté. - “ No, por favor, ¿cómo va a hacer eso? ”
Después de tener miedo, le dije. - “ Por piedad
déjeme vivir tengo tanto que hacer “ - y mientras
rogaba me deslicé, sábanas afuera sobre la cama -
con las rodillas dobladas y el empeine de un pie
sobre mi almohada. El gatilló y ví bien que me
mataba. Entonces, apareció una figura rapidísima

Página 40

y desde detrás de la reja de entrada, circundó con
un brazo al hijo del dueño y con la mano libre le
clavó un puñal en medio del corazón. El hombre a-
puesto, de terciopelo negro no se enteró, casi, y
cayó seco. aaaaaaa grité con todos mis pulmo-
nes libertados del terror. Por un segundo alcan-
cé a ver la cara de quién me había salvado. Te-
nía ojos de mujer. Se fue corriendo por la calle
Florida, en Buenos Aires, detrás, detrás de la vi-
trina.
El boulevard en París. Los árboles corren alinea-
dos por la vereda. En este lugar - estoy sentado
en un café - la acera de enfrente se ensancha mu-
cho y la hilera de árboles se interrumpe. Estoy
sentado con una mujer muy bien parecida que es mi
amante. Consumimos, pago y salimos tomados del
brazo. Cruzamos hacia el espacio ancho. Al lle-
gar, distraídamente me vuelvo hacia ella y reco-
nozco sus ojos - sé que es la misma mujer que ma-

Página 41

tó al hombre que quería asesinarme. Caigo en la
cuenta que ella comprendió mi reconocimiento. Pe-
ro nuestra conversación sigue su curso, normal,
banal, de amantes. Sin embargo, los dos nos sabe-
mos. Sé, además, que este reconocimiento me ha
perdido y que estoy condenado. Necesariamente, e-
lla va a matarme. El tráfico, entretanto, circu-
la. Pasa un ómnibus. No sé bien por qué, pero
doy una excusa, me suelto de su brazo, trepo, hu-
yo. No miro hacia atrás. Pago y voy a sentarme.
Ella está sentada esperándome. Sin embargo, la
conversación entre ambos continúa sin ser interrum-
pida, como si realmente el episodio de mi reciente
fuga no hubiese existido. Es la naturalidad. To-
do es relativamente amable, tierno y hay algunas
hermosas sonrisas. En la paradilla del Louvre el
ómnibus se detiene. Sin pensar en nada me paro
de un salto, corro hacia la puerta trasera - el
ómnibus comienza a partir - suelto la cadenilla

Página 42

que me cierra el paso, estoy en la calle, corro,
entro al Louvre. Atravieso la avenida bordeada
por sarcófagos romanos, no subo la escalinata que
sostiene su Victoria de Samotracia sino que en ese
momento doblo hacia la izquierda y voy hacia las
antigüedades asirias. Sus vasos me consuelan, se-
renos. Finalmente decido salir por la puerta de
los esclavos de Miguel Angel. Una vez en la vere-
da resuelvo dirigirme hacia los jardines para re-
montar las Tullerías. Debajo el arco del carrous-
sel está ella. Nos encontramos, nos tomamos del
brazo, seguimos hablando con naturalidad y cierta
mutua dulzura. En verdad, parece, no ha ocurrido
nada. Llegamos frente a la Rue de Rivoli. Es
franco mediodía y ella, no sin gracia, me propone
almorzar. Hay un café enfrente, en la pequeña pla-
zoleta, donde está - completamente dorada - la es-
tatua de Jeanne d’Arc. Allí entramos. Está ates-
tado con turistas de verano. Hacemos señas pero

Página 43

en verdad no nos atienden. Estamos al borde de mo-
lestarnos. Ella me dice, entonces - “ Querido,
yo vivo aquí, en los pisos superiores. Ven a mi
cuarto, siempre es posible hacernos algo “ - No
puedo negarme, la saliva se me amarga en la boca.
Subimos las escalas hasta un sexto piso. Ya no re-
sisto mi desdoblamiento y la natural fatiga de la
subida lo hace transparente e insoportable. Esta
viva comedia real, porque es cierto que nos desea-
mos y, sin embargo, es cierto que ambos sabemos
cómo me matará. Entramos al cuarto. Ya mi resis-
tencia es un lejano indicio en la memoria. En ver-
dad, he muerto casi todo. No corre las corti-
nas de la ventana y hay luz de un mediodía pasado,
en la pieza. Sin vacilaciones pero sin audacias,
ella comienza a desnudarse. - “¿No te desvistes?”
me pregunta. Yo cierro los ojos y me quito la cha-
queta. Hay una última pereza en el borde mismo
de la muerte que no es abandono, resignación, sui-

Página 44

cidio - otro mundo. Por la subida Miramar del Ce-
rro Castillo en Viña del Mar, Chile, José Vial y
Arturo Baeza avanzan conversando. En el último
codo, donde la subida gira, pues se corta cayendo
a pico, uno de ellos se detiene de golpe, toma al
otro fuertemente de un brazo y los dos dicen al
mismo tiempo. - “ Nos necesita, nos necesita “ -
Yo he cerrado casi para siempre mis ojos. Toda mi
piel se aleja de mis intenciones como una luna.
Ella ya está excesivamente desnuda. En realidad,
ahora, tengo necesidad de mi desaparición. Pron-
ta. En ese momento la puerta del cuarto se abre
violentamente y entran los dos amigos, vivos, fir-
mes, ciertos, libres. Ella da un grito terrible-
mente ahogado, cae encuclillada y desaparece en su
luz. Los amigos me toman de los brazos. Los tres
gritamos, gritamos tomados de las manos aaaaaaa
con una dulzura de lágrimas, ir a suertes, por Tie-

Página 45

rra del Fuego, como el rodado inmóvil, a punto, en
la ladera - ¿somos sumergidos visitantes - turis-
tas - inspectores? - nada de eso ¿qué?
apenas pasantes sobre esta trama que quiere prote-
gerse con la rutina, escudada en la producción, re-
sumida en el afán para sostenerse y persistir
aún sin estar en tierra. Pasantes a la suerte de
una voz que, dulcemente, sin quebrar los pudores,
nos convierta súbitamente en ronda - los mismos,
los mismos - con toda nuestra libertad rodeada al
momento. Sin opción, impuesto y elegido.
Indícanos
Alberto

Porque “Sombrero”: un pequeño hospital, un club
deportivo con gimnasio, piscina temperada, cancha
de palitroque y jardín en un invernadero. Apeten-
cia en ellos de piedras preciosas, oro, perlas,
frutas, flores, perfumes, sedas, brocatos - autén-

Página 46

ticos o falsos, directos o indirectos, eso no im-
porta - que llevan consigo los interiores, los que
han de reunir lo que está disperso.
La fortuna, en
alguna medida, se deja leer aquí. Un libro abier-
to para el Campamento y para la Isla quisieran ser
estas obras. Un libro acerca de lo diferente del
medio natural circundante. Un nuevo elemento ha
sido traído con tal objeto: la electricidad. Ella
permite que estos edificios funcionen. Y se pro-
diga en incontables luces, las que en un campamen-
to no tienen que apagarse. Y con esa cortesía de
los lugares alejados y llenos de responsabilidad
se nos explican los pormenores de las eficacias.
A nosotros que hemos llegado conducidos por un a-
contecimiento. Porque eso es nuestro viaje. El
nos ha llevado ya a otros lugares donde nos hemos
encontrado con ese rodaje que hace marchar todas
las cosas, que hace cumplir las jornadas. Nuestro

Página 47

acontecimiento es veloz. Su ser veloz proporcio-
na en cada lugar la ocasión de encontrarse con ese
rodaje.

Ahora estamos los nueve aquí; oyendo, mi-
rando. Y este múltiple mirar nunca es el del un
padre, al que el álbum de sellos de su tercer hi-
jo lo vuelve algo distante. Algunos pueden mirar
a través de lo que refleja la hoja de un cuchillo
que mantienen delante de los ojos. Otros van sin
esa hoja. Sin ninguna. Sin ojos.

Hemos llegado
aquí dejando atrás los árboles. Con su menuda y
múltiple vertical. Y el paisaje se vuelve inmen-
so al exhibir un predominio inconstatado: la hori-
zontal. Cada vertical pareciera que es el fruto
de una preferencia. Y el fuego de los productos
que por no aprovecharse se queman, es la vertical

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de estas tierras. Tal como el árbol solitario en
medio de su potrero eleva un angelus al año agrí-
cola, así el fuego es el angelus de este confín.
Y mañana estaremos en otro país que ya no
queda como Chile frente al ancho Pacífico. El que
establece sus ocupaciones de terrenos mediante an-
gostas ocupaciones. Argentina, quizás, ocupe an-
chamente sus tierras. Y allí el angelus, tal vez,
no se dé mediante el árbol o el fuego, sino que
tal como la planicie lo hace presentir, la verti-
cal sea la propia altura del ojo. Así, nuestro mi-
rar y oír se vuelve hablar, un hablarles a ellos.
Digo: sin opción. A ellos con sus ojos en la pla-
za y no en las múltiples direcciones de la feria.
Antes, crucemos a otro lugar. Las distan-
cias en la isla hablan en ese lenguaje de los cam-
pos en que la palabra “cerca” y “abundan” confor-
man un equívoco. “Cerca” se refiere tanto a lo
que “abunda” (estar cerca de un determinado lugar)

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como a que ese lugar está “cerca” de aquí mismo.
Nos ponemos en marcha. Porvenir no es un campamen-
to, o sea, un triunfo anticipado. Pues si Sombre-
ro sufre una fuerte baja se lo abandona. Así mis-
mo, si sufre un alza demasiado fuerte se lo deja
también por un nuevo campamento organizado según
la nueva fortuna. En cambio, en Porvenir, habrá
un comercio que incite a regateo. Un ilimitado
regateo conformará el trajín de sus hombres omní-
voros aunque se alimenten de pescado. Pero el e-
quívoco de las palabras de los campos nos lleva a
un pueblo de flamencos (un toro negro es su vol-
cán) y el plumaje de un gallo ya no es allí el co-
tidiano taxímetro del ojo

a mansalva - dímelo -
¿aseguran mi impudicia esas llanuras
desprevenidas? apartémonos apartémonos si-
quiera una vez de nuestros números ¿pero, hay

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cálculo sin riesgo? dicho de otro modo, ¿hay sobrevi-
vientes?

- “ oigamos el campo para poder hablar de calles ” -
dices

sí, mi señal es el cuerpo en cambio ellos despren-
den valientemente las señas de sus manos

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“ Vamos “ - siempre hay una falta que alivia
el orden “ Vamos “ - y duelo guardo ciño
la espada gris - su gato en mi pecho una
fascinación que devuelva esta tierra a los senti-
dos

transgresores transgredir la luz de un so-
lo hilo - su torneo - para que la voz, ya perdida
de su propio alcance, ande entre palabras erran-
tes irreconocibles sobre estos lomajes in-
cestuosos

Salidos de un talento al aire - al error -
desciende más cielo a los objetos, nuestra fae-
na impía poetas nunca puntual nuestras
caras flotan distraídas a la deriva en su propio
mar

la soledad se hiere en tu abandono

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mi cesura filtra las colinas el lago izquierdo
el océano callado descenso impercepti-
ble de unas hierbas de sol los dos perros cus-
todios a ambos lados de la garganta terro-
nes de nieve en sus aladas
una bestia junto al la-
go aguarda la amenaza cuenta da lugar
y un de-
do
el gran dedo de la orilla palpando esta hermo-
sa orfandad
Y más tarde
por la tarde
nosotros lo más al sur
entre Bahía Felipe
tierra auriparda
Y Porvenir
a 110 kilómetros
nosotros lo más al sur

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de Sombrero
la tenue inundación
tierra
“ como un incesto “
sin árboles sí
auriparda
“ como el primer incesto “
dice Godo
de Gea
bañada
desorillada
como un mapa de Chile
en islas
lo más al Sur
este lago de azogue
esta
inflamación de flamencos
cisnes
luminocencia

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sobre el agua

y el toro chico en la orilla
el toro negro
contra el pasto

la tierra pastosa se había establecido bajo el
frío; el azul negro la había endurecido en la for-
ja del frío inmensa sobre el yunque de la luna

y sobre la costra que crujía avanzábamos niños de
diciembre que tientan el lago ¿Qué lógica en
nuestras huellas? Visitantes de trabajos

el viento comenzaba a apaciguarse había pocas
cosas Guijarros enfriados formaban escollera pa-
ra las gaviotas

Nosotros íbamos a esta fosa de las más baja-tie-

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rra, pero sin derramar sangre para las sombras:
venían con preguntas sobre la balsa de nuestras
lenguas de tallos cruzados, reunidos, por los la-
zos latinos - nudos de esperanza que dejaban ver
el vacío -; y sin hurtar el bulto, pero a los
“quién vive” de los residentes, nosotros respon-
díamos “ ¿ Uds quiénes son, hombres de aquí ? “,
hasta las frías orillas del lago como en Cumas, y
dejando un ramo de oro en la ciudad sombría de Tie-
rra de fuego, bajando hacia el puente de un Monte
Análogo, sin utopía, en el ápice de la Cumbre ame-
ricana donde el gran viento llevaba nuestra máqui-
na de remontar el tiempo, y depositados en la pla-
ya de líquenes, ahora en la percepción simple y
hospitalaria se mostraban los hombres de más tar-
de; no numerosos y repitiendo para nosotros los
gestos de inminentes trabajos

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El Chevrolet tiene mal de tripas
Suave, ahora, tú hijo de Capricornio.)

Toro negro
Toro negro
báñate en el lago:
brilla, toro.

Edipo cojeando ciénaga
hasta que Pegaso se lo lleva a galope.
los Flamencos se arremolinan desde la ciénaga
llama del lago

Llamo el dolor que ellos me causan, la juglaría de
la luna y de sol, el viaje al son de la tierra donde
los lagos helados se bordan con flamencos rosados,
como las uñas hechas sobre el abanico del crepúscu-
lo, la luna y su cortejo de mares cuando ella atra-
viesa, nupcial, el puente de la tierra parecido a

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Chile de un extremo al otro, las grullas, el toro
negro, una lechuza pasa, los cisnes, la ciudad más
austral, adonde fui, llamándose Porvenir, el pája-
ro-pubis, el caballo de mar pudriéndose bajo la
cruz dextrógira de las gaviotas, el viaje, la Tie-
rra del Fuego como una nube en el fin de la calle
en Punta Arenas, la mano real del mar, el avión
como un ojo elegante, la paciencia de Noé requeri-
da para saludar la reverencia tan larga como el
día en el mar magallánico la nube con que el cie-
lo velaba su amor y el pórtico de colores por don-
de pasa, al regreso, la ribera patagónica como un
gallo

El lago de los flamencos rosas. Es un paisaje ca-
si japonés. La claridad de pleno norte. Clari-
dad de diamante, de cristal.

cuando volvemos a subir al auto

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Edi se precipita
sobre mí con una pluma en la mano a la que sigue
pegado un poco de carne. Muy exaltado grita “ es
una pluma de cisne “ y quiere tocarme
la cara con la pluma

un cisne muerto al borde en
trance de descomposición

Página 59

Volvemos de prisa. Por la noche conferencia pre-
vista. ¿Qué decir?
Godo me insinúa que hable de lo que dije
la noche anterior a la partida, a saber:
el cambio de tener-tiempo en tener-lugar

Pero no lo puedo desarrollar - es un relámpago
ni siquiera sé si es pensable. Pero esta-
mos en Sombrero lugar fundado por la técnica
búsqueda del petróleo instalaciones para hacer
habitable el sitio Transformación de un lu-
gar inhabitable en lugar habitable, para el petró-
leo (que es riqueza) y por el petróleo
tierra siempre nodriza

Y a las 8 p.m.
en el cine de los ingenieros
el acto
tuvo lugar

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señor, señores
cálculo - ratio - razón - relación
( la razón de algo )
y cálculo - piedras - contar
( contar una historia
contar objetos
contar con alguien )

pone ex-poner apoya ordenar
cada palabra real trae
consigo su cálculo -
piedra y pájaro -
Nosotros somos “ productores “ - pro-decidores
jamás pre-decidores
Lenguaje para sostener - suspensa - una lengua o
suerte de pueblo mas ¿quién habla?
¿quién trasmuta el agua de un cauce en Río? ni
luz y riego ni la historia sólo cuando

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el raro adjetivo lo nombra la equis vaga del
alfabeto es el vuelo donde vuela la ecuación ...

Lugar por llegar al nombre
- ah fiestas mi fiesta de bárbaro -
Ahora que
vuelven
este lujoso campamento
pueblo
sin pueblerino
Martinic
con registro
para nacimientos
matrimonios muertes
y un retén de poder

¿ Lengua sin lenguaje ?
Mas
¿ quiénes son ustedes
gente de aquí  ?

Página 62

Nosotros hemos salido haciendo esta salida
o esta entrada por América con ánimo de princi-
piantes
Hay una cierta dedicación una paciencia
y una pasión que consiste en buscarle
un comienzo al comienzo. Y esto es lo
que hace a un principiante.
Las más veces parece tontera o locura
o simplemente pérdida de tiempo esta
aplicación en tantear y calcular el
comienzo de algo que comenzó
hace tiempo. Pero esto es lo que hace a un prin-
cipiante.

Nosotros somos los principiantes
y hemos venido desde lejos aquí.
Y ustedes aquí son los príncipes.
Los príncipes aparentemente nada
tienen que ver con los comienzos de los

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comienzos.

Los príncipes mandan en algo
que ya está en marcha,
en algo que marcha bien,
en algo que aparentemente no
necesita que le anden recomenzando
sus comienzos.

Pero ¿ por qué los he llamado a
Uds. príncipes ? ¿ Por qué son Uds.
príncipes ?

Porque Uds. se ocupan, dándole
ímpetu al cálculo, día y noche,
Uds. se ocupan de algo principal.
Principesco o principal es el petróleo
es el gas, principesco todo lo
derivado y producto porque de

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ello depende el movimiento,
la instalación, la ejecución, de
más de mil y un trabajos con
que
se instaura, se afianza,
y mantiene la armonía del mundo
humano.
Y este manejo de lo que es principal,
principesco, es lo que a Uds. los hace
príncipes.

Uds. utilizan cálculos gigantescos,
instrumentos perfectos, máquinas poderosísimas,
Uds. ponen en movimiento
a ejércitos de hombres, Uds. plantean
el mundo y mantienen su
planta y su plano con o sin
guerras con o sin
revoluciones con o sin cataclismos

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Uds. entre todos los puntos de riqueza
terrestre, han establecido un imperio
sobrio.
Todo esto es la técnica.
La técnica es la apropiación
el manejo y la explotación de lo
que vengo llamando lo principal.
Y empuñando esta apropiación
y manejo y, explotación, Uds. se
han hecho príncipes.

Esto, digo, es la técnica Pero no
el principio. El principio delega
Su mandato en los príncipes.
El principio es lo que
hace del gas y del petróleo algo
principesco y principal.
El principio da
vida a la técnica

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Pero el principio es anterior a lo principal.
El principio no es uno sino
múltiple.

El principio reside en el lugar: es
lo que da lugar, lo que hace que
el petróleo esté aquí y no allí. Que
sea explotable un yacimiento o no.
Que rinda mucho o no.
Los antiguos buscadores de oro que vinieron
a América en los comienzos de América
nombraron sin quererlo al principio
el secreto de la Tierra.

La oculta riqueza inagotable
de la tierra.
Antes oro, hoy, petróleo
más tarde quién sabe qué otra cosa.
Algo que instaura, afianza

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y mantiene la armonía del mundo
humano.
Y así Uds. son príncipes porque
no solamente se apropian manejan y ex-
plotan sino porque cuidan el secreto
de la tierra.
Uds. son los reales guardianes del
fuego en esta Tierra del Fuego.
Uds. con el ímpetu del cálculo
buscan miden reparten el fuego terrestre
de esta tierra de Fuego amainándolo
y haciéndolo dócil y amigo de los
hombres.
Y este cuidado que Uds. tienen
en buscar en medir y repartir el líquido
fuego es el que hace posible que
Uds. dejen aquí un principado.

Aunque se agote el yacimiento

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puede quedar aquí un principado.
Aunque Uds. se vayan a otros puntos
de riqueza terrestre
puede quedar aquí un principado.

Aquí hay escuela
Aquí hay hospital
Aquí hay retén
Aquí hay calles y casas
Aquí hay mujeres y niños

Y esta luz roja que se ve en el
cielo de aquí es tal vez la luz
de una forja
que aún nadie sabe
pero que está aquí
Y esta luz de forja en el cielo
de aquí, en la tierra en que Uds. son príncipes
la que hemos venido

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a nombrar nosotros los principiantes

Porque aquí hay un comienzo
del comienzo

La poesía
no es quehacer de paisaje de “pintu-
ra de motivo” para un cuadro que “semeje”
no hemos venido aquí
para hacer paisajes

Sin embargo el poeta cuida una cierta figura del
país que sin él no aparece - de escalas, de medi-
das y de “fronteras naturales” con otro sentido
que el del geógrafo o el hombre histórico

Respondiendo al llamado hemos venido para reducir
lo desconocido - para que el otro, por ejemplo, el
otro lado de la tierra salga de su ausencia y se
torne lo invisible que llevaremos con nosotros co-
mo rebrota un dios lar en nuestro hogar

Página 70

La cuestión importante - ¿qué podemos nosotros en
tanto que poetas? Debemos aprender, probándolo,
el presente, tan difícil de obtener queremos que
no se nos escape

Preparamos frases que podrán volver
A menudo hablamos de lo siguiente: ¿lo ordinario
se dejaría - solamente - poseer por lo extraordi-
nario? ¿Tal vez, pasando
por el viaje
por el extrañamiento
dejando interponerse una enor-
me distancia podemos encontrarnos sumergidos
en situaciones de las que que - en nuestros lugares -
estamos separados y a las que sólo alcanzamos por
libros?
Resistencia de las cosas y de los pensa-
mientos
dificultad de la palabra justa - la amis-

Página 71

tad con los hombres
Y aún esto: que la situación
creada por la voluntad común, la fusión de inten-
ciones diferentes en la aleación del acto común,
puede más - en todo caso otra cosa magnífica - que
el “talento aislado”.

Cosa extraña, hay algo entonces ( ¿es el deseo? )
que nos empuja a continuar prefiriendo, sobre to-
do, la medida de nuestro hábito y habitación, a
preservarla por una adhesión violenta de alrededo-
res.
y siempre, sin embargo, una voluntad de des-
arraigo, un querer tenazmente orientado hacia lo
que no deseamos, que se vuelve contra este deseo
y lo anonada - del que Ulises es el símbolo,
pues, desea volver a su lugar . . . . . y a quién
Dante imagina abandonando por segunda vez Itaca.

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¿Qué vi en el breve recorrido? Los elementos en
su desnudez sus proximidades, sus promiscui-
dades,
el agua la tierra el cielo el fuego es-
tán allí, desnudos como jamás me lo parecieron,
en su simple e invasora manifestación, inclemen-
tes, en su intercambio
y esta misma confusión que
hace decir a uno de entre nosotros que las coli-
nas eran incestuosas

El agua barrosa, terrosa y también celeste pues
que el cielo en todo se mete La tierra gor-
gorotada de agua se reúne esta tarde, recupera
muy próxima el gran pantano del cielo
El cielo apura la tierra, la clara del cielo seme-
ja de súbito y empuja, delante de sí, las colinas
En cuanto al fuego, él se yergue: árbol de
fuego (antorcha de gas que arde) o charca de fue-

Página 73

go, setos de fuego sobre la tierra
Todo es moviente: hay migración de petróleo y del
agua en la tierra, debajo (de las que nos habla-
ban por la mañana); y migración de las nubes jus-
to encima, tal que la tierra es como una balsa ba-
jo nuestros pies
Una mezcla grande una suerte de osos como de-
cían los griegos este juego de amor y odio del
que nos hablara Empédocles.

¿Y los hombres entonces? No son únicamente obre-
ros sino de nuevo como los primeros obreros en
la medida que los ocupa la tarea primordial de se-
parar los elementos de hacerlos pasar de la con-
fusión a la armonía propiamente dicha (el amor),
ellos, quienes aparten, según las palabras del Gé-
nesis, “el agua que está debajo de la que está
arriba”
por ejemplo, la Ruta:

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es una ruta de tierra esto quiere decir que se
trata de arrancar la tierra a la avidez del agua
distinguirla del agua trabajo de apartar
bajo el signo del “estrecho” que es (en fin) el lu-
gar donde el mar se separa de la tierra

En cuanto al fuego, se nos ha explicado que el
trabajo de los hombres del petróleo consistía en
aislar, separar el fuego, distinguir las diferen-
tes especies de fuego

Que esta tierra se llame tierra de fuego es, por
cierto, conmovedor: se diría que los hombres de
hoy día llegaron aquí a fin de que se cumpliese
la arcaica profecía, la desconocida profecía de
los nombres como si la geografía, la toponimia,
la mitología reclamasen también esta verdad lite-
ral que nosotros le damos hoy: como si la rela-
ción del pasado al presente tuviese relación de

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prefiguración
Los hombres, pues, purificadores,
aquí, se diría que ellos repiten los primeros tra-
bajos humanos aquellos de los que no hay memo-
ria ( ¿Quién inventó el trigo, quién domesticó
los animales? ) Ellos recomienzan ellos cu-
yo trabajo es todo invención pues se trata - pa-
ra ellos - de buscar y encontrar de descubrir,
propiamente hablando, la napa del fuego subterrá-
neo.
Estos hombres remitidos tan cerca del caos
de suerte que esta tierra extrema este
fin del mundo tiene los colores gris-azul ver-
de-liquen marrón del comienzo del mundo; y es-
te vuelco del fin al comienzo del sur al norte
me parece corresponder a la inversión constante
que no puede sino sorprender al europeo - inver-
sión del verano en invierno; inversión general de
este hemisferio “al revés” donde el desierto es

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húmedo y donde la anochecida es la tierra en fue-
go esclareciendo el cielo

En esto los hombres de aquí están a nuestras antí-
podas
pues ellos están remitidos, cerca del caos
de elementos, a la tarea de conjugar su confusión
amenazadora

a diferencia de nosotros que vivimos en una
separación demasiado acabada pues en nuestras
ciudades casi no se puede andar sobre la tierra
misma

Página 77

Aquí, habría que retomar la pregunta
¿puede ser fundadora la técnica?
¿Por qué Sombrero? Porque es el centro de una ex-
plotación petrolífera En este desierto de Tie-
rra del Fuego una ciudad nacida por la técnica
para la técnica
puede ser la técnica fundadora
¿Todo depen-
de de lo que quiere decir Fundar?

más tarde el 20
de Agosto mientras estábamos en el verdadero de-
sierto de la pampa, en el transcurso de un juego
de preguntas, es Alberto quien recae a la pregun-
ta “¿Qué es fundar?” y él responde - “Fundar
es confundirse con la tierra”
en este sentido -
¿es fundadora la técnica? A primera vista: ¿quién
confunde qué? ¿el hombre? ¿Pero la técnica?

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La técnica se funda confundiéndose con la tie-
rra.
¿Qué es una tierra? ¿Qué es confundirse?
¿Es tomar el tono fundamental de aquello con lo
cual uno se confunde o por el contrario trans-
formar la tierra en algo que se confunde con uno?
¿La técnica debe transformar la Tierra en téc-
nica? ¿O bien debe ella transformarse en Tierra?

Preguntas. Son preguntas. Para decidir
hay que saber cuáles son los poderes. Saber lo
que es la Tierra y lo que es la técnica.

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Pero había una vez un pueblo de montañas que ha-
bía adquirido por larga práctica una maestría ca-
si entera sobre todo lo que tenía que ver con el
fuego. Alimentaban en sus cavernas braseros in-
mensos a los que sacrificaban hasta niños chicos
La altura de las llamas era tan grande que de-
voraban todo

Los amos del fuego hasta vertían, por burla, gran-
des cantidades de agua sobre las llamas y se reían
al ver cómo desaparecía, en un momento, todo en
vapor.
Ahora bien, un día vinieron de la llanura unos men-
sajeros para pedir socorro. Anunciaron que el Di-
luvio había comenzado y que el mar invadía sus
tierras.
Los amos del fuego respondieron: ¿Por qué tienen
miedo? ¿No saben que el Fuego es amo de todo?
Les

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ordenaron a los extranjeros que construyeran unos
carros enormes para que en ellos se pusiera el
fuego para bajarlo a la llanura. - “Allí - agre-
garon - opondremos nuestro fuego al mar y el agua
será reducida a vapor”.

Pronto estuvieron prestos los carros. Se pusieron
en camino

Mientras tanto Noé trabajaba en el Arca

¿ ¿Quiénes son Ustedes?

En otros tiempos los hombres emigraban para insta-
larse en otro lugar. Hoy la emigración es perma-
nente. En la humanidad que representan los inge-
nieros altamente especializados hay que recono-
cer el prototipo de la humanidad moderna.
Es esta humanidad la que lleva a cabo la tarea de

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la sumisión total de la tierra a las empresas hu-
manas.
La pregunta que se plantea es la siguiente: ¿esta
nueva situación del hombre con relación a la tie-
rra aniquila la noción de Lugar o más bien trans-
forma a la Tierra entera en un solo Lugar?
A esa pregunta se añade entonces ésta: ¿cuál es
la condición para que la Tierra pueda encontrar-
nos como tal Lugar? ¿Qué es lo que debe tener-lu-
gar para que un tal encuentro sea posible?
Antes
de cualquier tentativa de respuesta a estas pre-
guntas me parece conveniente hacer una observa-
ción.
Nuestra época moderna remata hoy en la per-
fección de sus cálculos. La forma acabada de es-
tos cálculos es la planificación
Para la planifica-
ción, el cálculo se extiende hasta lo que era has-

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ta aquí lo incalculable por excelencia: el futuro.
La planificación (y su útil indispensable, el cálcu-
lo de probabilidades) le quitan al futuro su ca-
rácter de incógnita.
¿Por qué asistimos al desarrollo tan notable
de la planificación prospectiva? ¿Es por una ma-
yor comodidad en las explotaciones? Pero entonces
¿por qué la previsibilidad es así más cómoda?
Si la previsibilidad es de este modo más có-
moda, es porque el futuro se siente como amenaza.
En efecto, mientras no es tomado en conside-
ración por el cálculo, el futuro permanece como
lo que es capaz de trastornar la planificación pre-
sente
Pero la planificación no hace más que acentuar el
carácter amenazador del futuro. En efecto

1) Ella transforma en presente anticipa-
do todo lo que puede en él, calcularse

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2) no dejando al futuro más que su parte
de imprevisto, imprevisibilidad, en po-
cas palabras: la amenaza que él presen-
ta contra toda previsión.

El Tiempo de nuestra época es así: por una parte,
factor determinado o coordenada especial en un
cálculo universal; por otra, amenaza para ese mis-
mo cálculo.
En este Tiempo, el hombre sólo puede
vivir en tránsito, es decir, en la indiferen-
cia del pasado, del presente y del porvenir
con solamente la posibilidad amenazadora de la
ruptura de esa indiferencia

Romper esta doble mutilación del Tiempo tal es
la condición previa a toda modificación de la vi-
da

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(La emigración antigua: los pueblos anti-
guos, Eneas mismo. El descubrimiento del lugar
era siempre divino. Delfos y las dos águilas de
Zeus. En otros tiempos por lo tanto, la emigra-
ción se hace de un sitio que ya no es lugar hacia
un nuevo lugar Hoy no más emigración en ese
sentido.
1) Uno emigra de un sitio que ya no ofrece condi-
ciones de vida hacia otro que puede ofrecerlas
(se puede, por otra parte, comprender las “con-
diciones de vida” como “cosas divinas”)

2) Uno emigra técnicamente. Ya las brújulas y los
cálculos, por ejemplo, esos Coreanos que vienen
a instalarse en Choele-Choel, no es una migra-
ción encabezada por sus sacerdotes, sino un
cálculo de economistas y de ministros

3) En este sentido la emigración se ha generaliza-

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do. Todo el mundo puede irse a trabajar a cual-
quier parte, sea al interior de un país o por
toda la superficie del globo

4) Esta generalización es en sí misma un proceso
técnico. Son las necesidades económicas, al in-
terior de un mercado de trabajo, las que condi-
cionan los movimientos de población

5) La última migración no-técnica (o no enteramen-
te técnica) tuvo lugar en Europa a finales de
la última guerra

Uno puede tratar de comprender las dos situaciones
extremas como mediata e inmediata - o viceversa -

Tras la conferencia fue Alberto quién vió bien la
ruptura: es decir las dos orientaciones divergen-
tes

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a) el anuncio de la búsqueda de lo anteceden-
te para el encuentro con la Tierra
b) el enunciado de otro antecedente: el cam-
bio del Tiempo.
Allí no hay más que una apariencia de unidad

De partida, la primera idea es la más difícil: ¿la
técnica destruye o generaliza (universaliza) el Lu-
gar? Pregunta totalmente indeterminada mientras
no se precise lo que es el Lugar. Ahora bien,
es en busca del lugar que ha partido Amereida

El Lugar (arriesga la respuesta) Lugar de ENCUEN-
TRO, dicho de otro modo el Lugar es allí donde
hay-Encuentro. Cualquier encuentro. “Bon jour
Monsieur Courbet” es un Lugar.
Por lo tanto la esencia del lugar depende de la
esencia del encuentro: y hay una historia del lu-
gar. El fin de la historia del lugar es cuando

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el Lugar ya no es más que encuentro de sí mismo,
dicho de otro modo cuando el Lugar ya no es más
que encuentro . . . del lugar

Por eso se impone la primera pregunta: - ¿ es la
relación técnica con la tierra el fin de todo en-
cuentro (a saber, en la medida en que la técnica
no encuentra nada más que un objeto-técnico = la
tierra en tanto que explotable), por lo tanto fin
de todo lugar; o bien, encontrando a la Tierra co-
mo objeto de explotación no transforma la técnica
todo encuentro en un solo tipo de encuentro, por
lo tanto, toda la variedad posible de lugares en
un solo Lugar ?
A esto sólo puede responder una pregunta que ata-
ñe a la esencia de la técnica

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Aquí el paso a la continuación del
texto es un esquive. No sin haber, por lo menos,
designado los dominios inquirir

CONDICION BE-DINGUNG - la esencia de la
cosa (Ding)
REENCUENTRO BE-GEGNUNG - la esencia del
frente a frente
(gegend)
TENER LUGAR GESCHEHEN - la esencia de lo
porvenir

La continuación, por lo tanto, se restringe a lo
más accesible: la temporalización del tiempo pre-
sente

La doble mutilación del tiempo es:
a) su comprehensión uniforme a partir del presen-
te

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b) la caída corolaria del pasado y del porvenir a
un nivel inauténtico

Se da un primer paso cuando el tiempo es aprehen-
dido en su plenitud, entonces el presente ya no es
el espectro analógico de una eternidad técnica, si-
no un verdadero FRUTO

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Campamento. Con cuanto aquello que una ciudad
ausente pueda indicar como la presencia inequívo-
ca, mejor, sobreabundante de una ciudad: restau-
rants, hosterías, hoteles, juegos de palitroques entre
otros, canchas deportivas, dispensarios, un hospital,
salas cunas, más de un cine, boites, casino, pisci-
nas temperadas, centrales de comunicaciones . . .
Todo ello con un sentido de informar. De ese
informar que otorga la ciudad y que recibe el
ciudadano: cosa esta vista como la dimensión más
importante sino, acaso, como la única.
Por eso, sobre la marcha hemos de recurrir al
pórtico. Los pórticos. Pero con una sobre la mar-
cha que nazca de aquella mirada que no escruta,
pues bien puede decirse que su retina yace en
cierto grado invalidada por lo que se espera, o
retenida por el último anoche.

En cuanto a los pórticos; se dispondrán

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las alternativas de sus ritmos - por ejemplo, el
de una vereda con el de la de enfrente - o de am-
bos con respecto a la línea de tierra o de todos
los pórticos respecto a la manera de rectificar
los ángulos actuales del trazado para construir
con la traza del campamento una figura reconoci-
ble al recorrerla o visualmente desde ciertos pun-
tos clave.

Si todos ellos - los pórticos - alcanzarían una
altura creciente en una cierta dirección cual si
construyeran una suerte de anfiteatro. O si el
claro-oscuro que ellos llevan consigo sería como
la sombra de las arboledas en los comienzos de la
primavera en un clima templado.

O bien, de cómo los pórticos estarían junto a cui-
dados árboles siempre verdes: (plantados en hondos
tajos para que las copas queden junto a los ojos)

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o si ellos contarían con la posibilidad de colocar-
les esos afiches y letreros propios de toda calle
urbana en las que las letras hacen de ellas las
“antiguas acostumbradas” - con la posibilidad de
montar exposiciones que muestran los últimos pla-
nes de la explotación del petróleo, o la posibili-
dad de conformar una suerte de museo que exponga
la vieja maquinaria de la época heroica o, en esos
puestos de periódicos como los del centro de la
ciudad que abren revistas pornográficas acerca del
eterno femenino y discretamente mantienen la pren-
sa con sus últimas noticias

O cómo los pórticos serían una suerte de pérgola
para ancianos - piedras de un talud - que toman el
primer sol de invierno; o un fuerte zócalo para
que se acoden los muchachos como se acodan otros
jóvenes en los centros de los potreros que ellos
cultivan a la hora del reposo de mediodía. Si los

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pórticos llevaran escrito un poema en su cielo ra-
so o en su pavimento de suerte que nadie pueda
transitar por ellos. O posibilidades tales como
una fuerte abundancia de relojes. O ciertos tra-
mos manejables de suerte que se pudiera desplazar-
los para señalar el sol.

Silencio sobre los métodos constructivos con sus
materiales y la duración del proceso de ejecución
y si este se llevaría a cabo mediante una prefa-
bricación capaz de montar en una noche la obra; o
bien que fuera un maestro que demorara tanto en
levantar los pórticos que terminara por identifi-
carse con ellos. O que todo el mundo contribuye-
se a la edificación construyendo así una fecha pa-
ra el campamento.

¿Por qué se guarda este silencio? ¿Por qué lo ca-
llado no es - por el contrario - incorporado como

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anticipaciones? Anticipaciones - ciertamente bien
modificables posteriormente - pero que desde el
primer instante se constituyen como coordenadas.
Coordenadas que vendrían a configurar los desarro-
llos venideros. ¿Por qué este silencio no se li-
mita al campo ya señalado, sino que se extiende -
por ejemplo - a no haber tomado los primeros da-
tos para una medición de los efectos del clima en
los materiales constructivos, o haberse impuesto
de ese tan tenaz trasfondo de procedimientos ad-
ministrativos que condicionan la realización de
una obra?

La respuesta a todo ello es la siguiente:

se trata de un Signo

Y Signo es una concepción y una ejecución que es
diferente a una obra. En ésta, todo cuanto le per-

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tenece, homogéneamente comparece como pertene-
ciéndole. En cambio en un signo no sucede así. En es-
te sentido un signo es semejante a ciertas leyes
A aquellas que señalan su materia y expli-
can lo impositivo de su carácter, pero que al ex-
poner su materia dejan - voluntaria o involuntaria-
mente - ciertas lagunas. De suerte que en ellas
se queda en libertad de acción. Así el signo tie-
ne zonas o planos determinados y otros indetermi-
nados. Por ello no todo comparece homogéneamente.
Junto al decir se da el callar. Y el Signo obra
así porque él fía. Fiar es su misión. Fiar es su
propia naturaleza no homogénea. Fiar en el acon-
tecimiento que lo provoca. El signo es entonces
la concretización del acto de fiar en la materia.
En el misterio de la materia. De esa misma mate-
ria que para ser manejada, gobernada, parece que
siempre exigiera desde el primer momento la instau-
ración de esas coordenadas que vienen desde la fi-

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gura a su forma. El signo así se intercala para
otorgarle a la obra transparencia. Transparencia
para que se manifieste en ella el acontecer. Trans-
parencia para que el rodaje quede inscrito en su
verdadera magnitud.

Entonces cabe preguntarse - ¿el
misterio de la materia no tiene fuerza para confi-
gurar su propia transparencia? Y de ser así -
¿por qué recurrir al signo? La respuesta es: el
signo existe por puro anhelo de abrirse. Anhelo
que la propia materia lleva en sí. Tal como un
croquis, que acepta ser rápido, traza la luz con
los trazos que la rapidez le impide dibujar.

Uno piensa en un prócer del siglo pasado que al
oír esto dijera; en todas las escuelas del país se
enseñará a los niños el acto de fiar. Un hombre
(del rodaje) me decía “esta comuna de esta ciudad

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es mayor que sus límites, va más allá de ellos” y
le preguntábamos “ ¿hasta dónde? ” - “habría que
hacer estudios muy serios al respecto” respondía.
“De todos modos se encontraría muy luego con el
misterio de la materia”, le decíamos. Tendría él,
acaso, que matricularse en algunas de estas escue-
las del Signo.

( Godo:
No sabes cuánto me cuesta escribir. Desde
que salimos en este viaje he perdido toda referen-
cia. Estoy como en un enorme vacío interior y ex-
terior. Percibo lo que va aconteciendo pero en
ausencia. Las sensaciones suceden pero no se de-
cantan en parte alguna de la conciencia. No ad-
quieren cuerpo en el espacio del pensamiento, no
se dejan pensar, no se dejan atrapar. Me he con-
vertido en una suerte de conducto, que es sólo pa-
ra dejar paso

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Podría decir que estoy “fuera de mí” - como cuan-
do se dice de alguien que está “fuera de sí” - pe-
ro dentro de las cosas, los hechos, los momentos,
los lugares, las circunstancias: una tras otra, se-
paradas, desvinculadas, aisladas, puro presente.

No me impaciento por ello porque imagino que este
estado de existencia “irresponsable” que no da
respuesta - debe ser un don propio de la Phalène.
Es la desnudez. Como un baño no sólo de la piel,
sino de todo uno, que lo vuelve transparente y tal
vez translúcido (y lúcido, diría Edi).

No se trata ya de la mesa donde uno rumia y trans-
forma lo que ya sabe, para digerirlo. Tiene algo
de primario este fundirse con las cosas, pertene-
cerles. No sé cómo explicarme.

Quiero decir que cuando hay viento frío, lo reci-

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bo y me da frío y me traspasa. Y cuando nieva
las plumas caen sobre mi cuerpo y me pongo blanco
como un pino. Y cuando Godo en medio de la plani-
cie lee a San Francisco, sus palabras entran por
un oído y salen por el otro, literalmente, tal co-
mo dice el dicho. Me sucede en este estado que
yo arquitecto, habituado a los planos, cuando to-
mo una carta del lugar casi no la entiendo en cuan-
to carta, y veo entonces un dibujo.

Decía que estaba tranquilo en esta situación que
sobrellevo. Es verdad. Pero también es verdad
que el “hombre viejo” reaparece a menudo y en su
avaricia que le es propia me echa en cara que no
tenga buenas ideas, aprovechables, capitalizables,
rentables.

Pero ¿cuándo he vivido la libertad que ahora ten-
go? ¿Cuándo tan absoluta gratuidad? Comprendo

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algo, tal vez con otros matices, que al Regalo se
le llame también Presente.
Los hechos o situaciones que vivimos saltan como
pulga sobre la sábana: está aquí, luego allá; cer-
ca, lejos, donde mismo, en ninguna parte. No ve-
mos el salto sino el punto.

La noche de Dorotea; la piscina temperada de la
Enap; el camión que nos lleva a Natales; el casi-
no de oficiales; el sol, la tempestad, la noche
estrellada; la barcaza en el canal, la tumba en la
nieve, ect., etc.

Un eslabón de la cadena que se corta nos lleva del
confort a la intemperie en un instante. Encender
un cigarrillo en mal momento puede significar pa-
sar del día a la noche. La ausencia de MacLean en
su oficina a una hora precisa, no llegar a un lu-
gar. )

Página 101

Palabras a los Enapolitanos:

“Cataclismo :
Erupción : Destrucción: Transformación.
La gente de este lugar celebra una transformación
cataclísmica.
Trabajan para el petróleo.

El petróleo es la fermentación de un desastre.
Destilado de la muerte de plantas, caracoles, mo-
luscos, peces y animales.

El petróleo es el vino del automóvil.
A diferencia de las plantas, los autos no tienen
raíces. Viajan. Exploran.
A diferencia de los caracoles y moluscos, que evo-
can para los Ingleses la frescura del mundo de
nuestros orígenes naturales,

Página 102

los autos son artefactos, creaturas del hombre
creador de artefactos.
A diferencia de los peces, los autos no son con-
trolados por el flujo y reflujo de las mareas.
Un auto es el instrumento del hombre, del que
escoge, una expresión de la voluntad humana.

A diferencia de un animal, el auto es exangüe,
desapasionado.

Los sonidos de su motor expresan una obediencia.
Un auto sirve a la necesidad humana de ir, encon-
trar y comunicar, irrumpir a través de las divi-
siones de sangre y pasión.

La existencia de los autos se hace posible por la
muerte de estas creaturas - animales, peces, cara-
coles, y moluscos, y plantas - y de todo a lo que
ellas dan cuerpo.

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En transformación cataclísmica, la Naturaleza se
entrega a la voluntad del hombre. Su sacrificio
es el de una novia a su amante. Ella ha de ser
cortejada.

Los autos son los hijos de la Tecnología, de la
transformación de la Naturaleza por la humanidad.
En Europa y Norte América, la Tecnología es el me-
dio hacia una estéril comodidad.
Acaba en sí mismo.

Es una vía de olvidar la muerte y de evadir las
agonías de la creación.

Pero tal vez en América Latina, la Tecnología ser-
virá a la intensificación de una relación creado-
ra hasta ahora desconocida en la historia de la
humanidad.

Página 104

La América del Sur será un Continente de Niños y
Dioses.
¿Y bajo qué signo ha de realizarse esta metamorfo-
sis?

Fuego
Fuego se mueve
Fuego se transmuta

Fuego aspira.
Fuego calienta.
La llama juguetona de la Transfiguración.
Y la Tierra del Fuego la corona de esta aureola.

Pero Uds. dirán:

“ América Latina, lo Desconocido, es un Océano;
¿ Cómo puede jugar el Fuego sobre un Océano ? ”
Hoy ví cómo.

Página 105

Hoy ví a una bandada de flamencos arremolinarse
hacia arriba desde los lagos.
Un toro negro estaba bebiendo al filo del agua.

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Una Manzana de Enapolis - Flamenco Sombrero :

A pesar del cielo fierro,
VIENTO -
se inclinaba allí donde ceceábamos.

Indios nos levantamos
naturales a hijos bajo suelo
tierra
tierra del fuego.

una llama se fue caracoleando,
la más salvaje de las potrancas,
la muchacha.

pero no a través del campamento ENAP,
turista sombrero :
las tonadas que tu piscina canturrea
nunca conocieron el viento.

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Tu clínica
Segura contra el grito de pájaro,
susurra aislamiento :
abejas sin reina ni aguijón
ahorran pseudo - miel

en tu supermercado,
suspensión en vacío de conservas.

tu cien edificado
sobre fermentaciones de desastre;
los cuentos relampaguean como autos :
¿ dónde están tus fábulas ?
( llama mamá a Aquélla del Bra Mágico, pero
nada
es tuyo ).

Nosotros profetizamos fuego.
Oímos a los pájaros del mar llamarse unos

Página 108

a otros
Siempre - niños, a una joven cuyo pelo se riza
negligente,
salvaje :
esta mi oración
horizonte

Jane:
Te mando una pluma de flamenco.
Me encontré contigo de nuevo ante anoche.
Tú dijiste : “ Pero todo ha caído de través “
hablabas de tu carrera como actriz.
Hablábamos, casi dulcemente.
Como podrás verlo por el matasellos, también
yo he caído de través. Puedo decirte
lo que yace en el fondo : un lago, más
virginal que la primavera -

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Alzándose del lago, una bandada de flamencos,
Salvajes y tempranos, llama - fuego.
Las ciénagas aguardan, verdes como una
promesa.

Cuando pienso en ti,
pienso en una llama sobre un lago secreto,
galopando sobre tierras grises, las tierras
verdes - salvaje, tímida.

Amo
escribir
cartas lunáticas.
En Chelsea, tal vez.

( Nosotros los que somos verdaderos amantes come-
temos extrañas travesuras. )

Página 110

pero ellos
buscones
ciegos se dirían
tan naturalmente avanzan
por la luz
la luz de una rosa
animal y milenaria
en el mudo alfabeto de las superficies

- rosas de un océano perdido
palabras inferiores del fuego nuevo -

con la gran voz enterrada
golpean
los espejos oscuros de la arena,
parten,
- así ciertas nubes el sol en luces -
los bailes que contestan sus invisibles
en ruido y figura

Página 111

Sólo quién escucha
instala lo lejos

Apartada
del viento
- como pelo -
nace
la cara del hondo

Cuando la voz confiada a la tierra
encuentra su gesto
hace paz pasión o júbilo
intenta
un sol entre las manos
con que el hombre persigue su destino
como las noches los sueños que la colmen

Y en tierra se entra a tierra
tras la llama

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el sol negro de los viejos mares
nos guarda la casa
y la estatura

o bien
el barro seducido
enamora las aguas de su cuerpo
( lascivas las dulces artesianas )
y lo
atleta de su propio chasco

todo descenso es contención ni descenso sin
cuerpo.

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7 de Agosto Sombrero
Espora
y la barcaza no llegó
la espera
por la rampa a las olas pálidas
al caballo carroña
no lavan no mueven
olas pálidas
el Estrecho un banco de niebla
invalidez
el intervalo ¿ qué salva ?
¿ Quién avala aquí en Espora ?

Avilantez
en vilo
gavilán.
esta leve salida que vuelve contra
la rampa

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este alivio
íntegro negro
no denigro
esta gruta
junto a olas pálidas
Oigo lo que no sigue
lo que arraiga
entre nos
la intemperie
en Espora
y a las 5 la barcaza llegó
rompiendo niebla
y por niebla
no vuelve
no lleva del otro lado
y hemos tenido que volver aquí
a Sombrero
Dijo Boulting
I am perplexed

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These moments in the car.
We doing nothing “

El pulso de la pausa
esporádico uso
de aire
lo que oigo
se arraiga
entre nos

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Cada doce horas cuando la marea baja, Tierra del
Fuego se acerca al continente.

Entonces, una parte del cuerpo mismo de la tierra
queda a la vista, enteramente desnudo. Con esa
desnudez cruda de lo que siempre está cubierto.
Es casi una herida.
( sólo una mujer es capaz de soportar ese género
de desnudez )

Un camino puede soportarlo todo menos una cosa:
perder su continuidad.
Cuando la pierde se dice que se corta.
Los caminos se cortan como un cordel, como un e-
lástico o como una película.
Cortarse es para él, simplemente, dejar de ser.
Espora y Punta Delgada tiene eso de desolación:
se está ante un camino que vive la amenaza cons-
tante de dejar de ser.

Página 117

(es tan aguda esta amenaza que no ha
permitido crecer sino esa pequeña ca-
seta telefónica).

Estos caminos que desde el norte y desde el sur,
sin transición ni aviso, se disuelven en el agua
del Estrecho, recuerdan dos veces al día el Paso
del Mar Rojo.

El fondo del Mar Rojo se parece, tal vez, al fon-
do del Estrecho de Magallanes.

Estamos acostumbrados a ver correr los caminos
por entre un paisaje que aunque no lo conozcamos
de antemano, nos resulta de alguna manera fami-
liar. Bosques o cultivos o ganado, silos, indus-
trias, otros caminos, casas. Valles, montañas o
lomajes, algún río.
Los caminos del petróleo en Tierra del Fuego nos

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desconciertan. Aparecen completamente simples
en su puro ser caminos. Despojados de todo otro
contexto. Sin tradición ni paisaje conocidos.
Salvo los campamentos, sus puntos de destino no
se nos muestran como tales. A veces son casi im-
perceptibles; otras, insignificantes. Un nudo de
cañerías que apenas aflora, una cabina, una esta-
ca numerada; una torre metálica transparente, un
fuego reverberante.

Nos parece estar en medio de un enorme loteo en
que aún no hay nada edificado. En sí mismo es i-
nexplicable.

Sin embargo, este dibujo abstracto sobre la super-
ficie es sólo una traducción sutil de lo que acon-
tece bajo la superficie.

De tarde en tarde una camioneta de la Enap-siem-

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pre apurada - aparece y desaparece sin dejar ras-
tro.
Es que estos caminos son los caminos de la vigi-
lia.

Ni en Punta Delgada ni en Espora, que son los pun-
tos de llegada de la barcaza, hay absolutamente
nada - salvo una caseta telefónica.

Justamente para eso son las barcazas de desembar-
co.
Para desembarcar donde no hay puerto.
Ellas llevan su propio muelle consigo - como el
tanque lleva su propio camino, o el gaucho su ca-
sa.

En verdad las barcazas son más bien muelles que
barcos, y en este caso, más bien puente. Se sien-
ten bien justamente en la orilla, son de la ori-
lla.

Página 120

Las barcazas son Modernas. Parecen ajustarse a
las mil maravillas a la Pampa.

La barcaza es casi un puro hueco.
Aparentemente no tiene “la forma del agua” como
los barcos
( ¡Qué anticuados somos para pensar! )
No tiene popa ni proa ni quilla.
Lo que sucede realmente es que anda sobre el agua
Por eso no “atraca” como los barcos sino que se
tiende sobre la orilla.

Su forma rectangular, abstracta, sus paredes pla-
nas, están concebidas para estacionara el mayor
número posible de vehículos. Eso es todo.

He ahí una cosa pensada “a la norteamericana”.
Tan simple y aparentemente tan tonta como un slo-
gan de propaganda.

Página 121

( “No se complique la vida: use barcazas...
No necesitan muelle ni grúas; no necesitan
profundidad para navegar;
Máximo espacio utilizable;
la carga y descarga se hace sola....” )

He ahí una cosa pensada en la guerra. Entre la
vida y la muerte

Página 122

8 de Agosto
Y entonces
en Espora a las 6
y tres minutos
un marinero dice :
“ El capitán dice :
‘ la barcaza
no saldrá hasta las 5
esta tarde ‘ “
la niebla circundándonos
a tres metros de la orilla
en Espora
la barcaza
abierta la barcaza y con la
rampa baja
y en la rampa
encendidos los faros
alumbrando la niebla
la niebla

Página 123

circundándonos
y en la niebla
hacia el Este
Sobre el auto
formando los faros un aro
artificio de aurora

aro de leche
en lo deshecho
por la niebla
nupcial
y bajamos del auto

Adelantándose al estrecho, el barquero se negaba
a pasarnos, llamábamos al día; enterrados hasta
los hombros como Moisés cuando usó mañas con la
gloria de Yavé yo, me parece, la muda de
Madre Coraje, la simple sobre el techo

Página 124

Aún no, en
efecto. Era mi sonrisa sostenida que sostenía
el aún no.
La reserva del aún no. El signo, con la cabeza,
del oráculo. ad mutum. Reduciendo los prepara-
tivos, contra el eslabonamiento y la cronología,
al más-acá de la partida. Lo que sé yo no lo sé.

Esta tierra es nuestra, decía el administrador de
las Malvinas.

Los primeros hombres habían llegado sin mujeres
y tenían que ir a buscarlas a los puertos.

En la ciudad magallánica, semejantes a los prime-
ros que traen los madereros al alba del taller,
por los suburbios que contornean las ciudades.

Chapas de los arrabales en el Chamboule-tout
de las épocas

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Chapa en las laderas del pacífico
Ellos habían podido colocarse al comienzo izados
en una larga estela de fuego que compartían los
otros tres elementos

Un caballo a lo largo de Magallanes un toro
negro junto al lago de Porvenir Discretos
una a una
Yo hacía la ronda en torno al túmulo entre los
cráneos

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la incidencia la incidencia cimbro igno-
ro mis deberes el periplo continúa bajo in-
dulgencias perfecciones imprevistas humilda-
des demasiado impuestas fatigas astutas
“ alto ahí “ - lo ajeno me quiebra me deba-
to como un pájaro furioso altero este amane-
cer demando todas las embarcaciones me des-
anudo con la eficacia del falso ahorcado
he perdido la fe en un grito

pero de nuevo
el fin es una danza simple pudiente y tímida
como el café humeante siempre la noche y el
día sin desapariciones la locura desnuda
sencilla como la amistad un trazo sin marco -
¿ es esto posible ? oh presente

¿ Quién es enton-
ces sí mismo ? ¿ y los rehenes ? ¿ puede vivir-

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se así ? pero el estrecho se descubre padre -
una sonrisa en la balanza de la cumbre

- que las significaciones no encubran la pala-
bra -

Improvisemos
esta tierra habla

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“ Aquí “ dijo Alberto
“ bájame la pintura “
y Michel se
escaló la pirámide
de madera
hasta el vértice
yo tras él
con la lámpara
y tras mí
Jonathan
y Godo “ Dis un poeme “
dijo
Y entonces
de arriba desde el vértice
dijo “ Veilleur du jour “

Llamo a los poemas que leemos en el dentista es-
candeando con el pie el compás para cubrir la san-
gre, a la exhibición del azar, a los poemas que

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reciten el hojear de los pulsos
digo Musa la co-
mida que siempre está servida allá en ese cuento
de la Bella y la Bestia en el que vivimos
pues “ él descendió al jardín y encontró prepara-
da la comida “.

Musa aquella que provee
reclamo
Venecia, los pórticos negros en cintas,
Venecia de uñas gondoleadas donde el extranjero
se vuelve como aquel que llega a Venecia con-
ducida a lo visible por milagro y no hay la pla-
za como un cuadrado de jugadores, las cosas que
se miran pues lo visible es un asunto de hombres

a la igual
ocupación de todos los lugares, la igual belleza
de todos los lugares, la imposibilidad de decep-

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cionar de todos los lugares este friso rico
del estrecho igual a nuestros ojos estrechos
friso de cosas en distancia reverentes sin em-
bargo por el intervalo que hay, pues entre
nosotros la separación hace que ellas nos dejen
libres a su afectuosa indiferencia que no se re-
husa más se gira un poco - friso distinto de
todo espejismo y el balcón las ventanas
reservadas como un buen servidor “ a cierta dis-
tancia “ están de su lado

Mas ¿ quién está  ?
el frío deshace su lámina
en mis lágrimas
sus perlas en tu nariz -

todo lo que cambia se reúne en mi garganta
nada hay más simple que el comienzo

Página 131

Ponemos de pie - oh douceur - la noche
el alba el día

la niebla se va en el cargo
que desfila
y el estrecho desde esta mañana
es una risa entre dos labios

Me aparto estúpido felino
sin cetros
cago tenue en la arena mi lana

- ¿ quién comienza ?

“ maintenant ils sont morts le mercenaire et le
connétable “
y me llega me llegas michel
discreto extraviado poéte
o momento
con tu silencio quedo

Página 132

bajo el pudor de los quehaceres
raptado
por el lenguaje invisible
que adoramos

Página 133

Michel y
bajó
y yo subí
hasta la lámpara y grité
a la niebla
con Jonathan en voz baja
la niebla circundándonos
Y “ Niebla “ oímos
“ Niebla “
desnortéame “
gritó Godo
y Jonathan en voz baja
“ Our departures
are our origins “

arítmico, un cadáver.
la marea chica baja,
la marea chica fluye.

Página 134

semejante pequeñez respira inmensa.

ya no galopa más

sus cascos inermes, conejos muertos.

podre y hueso, bajo.
fuera del cuero.
clavícula, cea.
sus cascos doloridos.

arenas vácuas.
guijarros azules;
melancolía de algas.

agua, sal y agua,
mar.

¿ tan macizamente apagada,
su llama  ?

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¿ Quién mi dama ?
¿ Quién mi amo ?

¿ era sólo una jaca, tal vez ?

tal vez no. en oquedad, hierbas.
las palabras
¿ o bien ? van así.

Página 136

“ E improvisaron
dijo Claudio
unos veinte minutos “
la niebla
circundándonos
hasta que el aro
o artificio de aurora
se deshizo
como en leche
en la lenta
luz real
Y entonces
Jorge pintó un tabique
de la caseta telefónica
y Alberto
otro
Y entonces Jorge
y Alberto y Fedier
pintaron la caseta del teléfono

Página 137

sobre un tabique
cada uno
desde el zinc
el color
Claudio
ferruginosamente
en la poca
luz
la armazón
con
rojos viejos cables de acero
y Fabio los plateó
y apoyó contra un trípode
un tubo
como una
furiosa hormiga
y de largo
el albatros

Página 138

alabastroso
albatros
orilla
guijarros crepitan
nombres
nombres
y detrás
de la niebla
el alba
por silbos
y al oeste
arco iris

Hemos trazado signos. El acontecimiento se vuel-
ve verbos, acción, por múltiples vías. Somos más
de uno, más de dos. No hay soliloquio ni diálo-
go. Entonces el acontecimiento se vuelve chan-
tier. Y todos y por ello cada cual nos volvemos
chantier. Y hay algunos signos que ahora son eje-

Página 139

cuciones. Por eso en un momento dado la mirada
llega hasta las manos para ignorar la mente y el
corazón. Y las manos, en la premura del tiempo
que concede el acontecimiento para encontrarse
con la homogeneidad, se enceguecen. Las manos,
así, dentro de su ceguera se fían. Por ello an-
ticipan. Por ello, ahora, llegan hasta el len-
guaje cerrado de una superficie mensurable de un
solo golpe vista. La pared de una destartalada
caseta del desembarcadero. Lejana parienta de la
lógica cerrada de una hoja blanca de papel que es-
pera un trazo. Allí, las manos que no han repara-
do en otra pared de esta caseta, aquella que tie-
ne puerta - situación cara al arquitecto - manio-
bran lo único que saben hacer las manos de éste:
trazar el horizonte. A su lado manos de escul-
tor trazan esa profundidad no confiada a la leja-
nía que ellos saben revelar. Ellas han dejado
la antigua piedra por esbeltos materiales que pi-

Página 140

den más de cuarenta afanes al eregirse. Manos
constructoras de ocasiones: de las ciudades, en-
tonces. Manos del amor a la obra que traspasan
los trabajos serviles y guardan la relación en-
tre signo y obra.

Cuanto allí se realiza es bien perecible. Sin
embargo, los signos no se inscriben en un pueblo
cuyas épocas han de terminar por una catástrofe.
Por el contrario, el signo presiente un pueblo
que busca construir una heredad. ¿Qué busca cons-
truir esa simetría de recibir, embellecer la he-
redad, legar? ¿Un pueblo en el que cabe el ofi-
cio de reparar? Por ello - ¿limpiarán las plan-
chas, repintarán algunas superficies, traerán los
signos que las altas mareas pudieran haberse lle-
vado y quizás cuántas cosas más? Nosotros somos
de ese pueblo y esos que ahora se detienen, que
se constituyen en los primeros lectores y el pri-

Página 141

mer copista de los poemas son de este pueblo. Es
conocido que los primeros conquistadores sabían
que recibirían del Rey un tratamiento digno y tie-
rras y encomiendas y que conforme a tal dignidad
debían realizar la obra de conquista. Había es-
te trato. Y cada cual era, entonces, una parte.
Desde el comienzo hubo este saberse parte. Par-
te en la construcción de un continente, y un con-
quistador podía ser de primer rango o de uno me-
nor, y podía querer depender de la corona de Cas-
tilla o de otras coronas. Había libertad en es-
te su ser parte. Esta es, entonces, la heredad
de este pueblo. Heredad que seguramente no se
transmite por las costumbres, pero sí, por el al-
ma. Y esos primeros lectores y ese primer copis-
ta se insertan en esta heredad del alma.

Delante de ellos el signo pone de manifiesto la
extensión de la isla. Sin embargo, en ese instan-

Página 142

te, acontecimiento y extensión son percibidos por
un único sentido nuestro. Por detrás de ellos a
sus espaldas ningún respaldo para estos hombres
de heredad.

El signo así no es una estela que aguarda siglos
futuros para ser redescubierta. Ni permanece co-
mo una ruina enigmática cuya significación ha de
ser reconstruida. No. El Signo es presente.
Presente para las manos que después de ejecutar
ese signo siguen temblando en algo que las manos
vivas de hoy tiemblan: la homogeneidad. Aludir
a ese temblor. No para hablar de su naturaleza
sino para señalar como un signo hace temblar to-
da homogeneidad - por ejemplo, la de un campo vi-
sual al introducir con violencia la existencia
del destello. Es que el Signo no es asunto de
tierras alejadas. Sino que de hoy, de aquí, de
nosotros. Pues cuanto él toca no se vuelve re-

Página 143

cuerdo. Recuerdo del primer acto generativo co-
mo el acto pleno, después del cual viene una ine-
vitable degeneración. No estamos asistiendo a
una tal degeneración del propio signo. No. El
abre.

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Y ahora sin niebla
aparecen las puntas de la playa
y el agua baja
y el olor subió
el agua se quitó de la quilla
verde varada
Con Jonathan y Fabio
forzamos el lecho del estrecho
el espléndido objeto
la luna lo recubrirá de mar
tarde ajeno
los tres reinos
y Godo
entró en la caseta
y pasada
casi la hora
salió
y me dijo
Escribe tú

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y Alberto en aluminio
todo el día
la inscripción ( de entrada )
y en aluminio, Fabio
la inscripción ( de salida )
Y encontramos dos ruedas de madera
y las pusimos
una frente a otra
mirando
al alba
al poniente
al borde del camino
y en ellas
las hojas de aluminio
y Jorge pintó
unos 15 metros
tres paneles
en tambor de depósito

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y la gente iba llegando
los camiones de E.N.A.P.
y un hombre
nos invitó
tenía
dijo
piedras de indio
y cabezas
de flecha
allí
en su estancia
y dio las gracias
por el don
y otros vinieron
y copiaron
las palabras
y el marinero de
pull-over verde
preguntó

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¿ Qué es Amereida  ?
y a caballo
un niño de allí
me prestó un caballo
por la playa y el pasto
Letter for Mr. Boulting
The name of the place where we
waited for the boat
is ESPORA
What is sporadical  ?
Pores like blackness between
stars.
Dijo Boulting :
“ I am perplexed : these moments in
the car, doing nothing.
Shakespeare Said : “ Nor I nor any man that but
man is
with nothing shall be pleased
till he be eased

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with being nothing “.
And Hamlet, Act V  : the INTERIM is mine.

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donde llamas se ahogan,
carroña maúlla,
preguntas se alzan

el primer tambor nunca antes redoblado :
un corazón lunático,
loco por honduras en el horizonte.

el segundo tambor tamborilado,
destrozado, reviente en
aguas que se arremolinan.

así
el tercer tambor tocó

venir dentro de ti.
entrada intangible luz.
respirar con el mar.

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moluscos celan tales secreto como
bodas de aguas y greda;
los sueños de piedras
moluscos revelan a la niebla

Oh isla
oh corona
lago que acuna.
Tus flamencos en llamas -

adiós

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en tierra de fuego
Las Ovejas no se ven
El Petróleo no se ve.

Drenaje del cielo y la tierra.
Plano de proyección.
Membrana. Tímpano.

Punto de unión. Mejor: superficie de unión.
Mejor aún: Superficie de CON-TACTO.

Lo que “acaba de ser” ( en su doble sentido ).

La Lana se hace en la superficie en que deberían
encontrarse el calor y el frío. La lana se hace
entre el calor y el frío
(para que subsistan ambos)
(la lana cuida)

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Tierra del Fuego, en su extensión, lleva encerra-
da una forma propia del Tiempo.
Espera y Premura. Espera y Espora; Premura y Por-
venir.

En la barcaza nosotros cruzamos el Estrecho de
tierra a tierra. Magallanes cruzó de mar a mar.

Pero esta es una forma de decir, porque lo que
hicimos nosotros fue también cruzar de mar a mar
- interior de América.

Ahora todo el Estrecho es un cruce de Mares.

( Magallanes cruzó a velas desplegadas llevado
por el aire. Ahora se cruza apoyado en pequeñas
hélices movidas por el fuego ).

Fuimos pueblo de ese pueblo - y ahora que nos po-

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nemos en marcha ¿ somos viajeros ?
¿Cómo esos antiguos viajeros que al llevar el e-
quipaje a la espalda se transformaban en unas ex-
trañas siluetas? No, el acontecimiento va destru-
yendo los opuestos habituales tal como ese de que
quién permanece ignora el oficio del que viaja,
y éste a su vez desconoce el de aquél. Por eso
el tiempo de la realización ejecutoria del Signo
se fía en el acontecimiento. La construcción de
la materia en sí misma no posee término. Ningu-
na superficie nunca señala cuándo ha de dejar de
pulírsela; ninguna coordenada de por sí busca ex-
cluirse. Por eso, éstas, para garantizarse se
constituyen en rodaje. Nuevamente entonces la
transparencia del acontecimiento. Y el misterio
de la materia es el fiar en el fiar. Por eso las
manos terminan justo cuando la barcaza va a des-
pegar. Y ya en ella sobreviene el silencio.

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Y a las 5
partimos de Espora
y en la orilla
enfrente
había fuegos
uno grande
en Punta Este
y otro más lejos
chico
y cruzamos
con la inscripción de entrada
aquí la tierra como un vino
sube a su inclemencia
los cielos mueven el camino
la luz desnuda sus brazos
el viento apaga la nostalgia
y la paz se esconde entre los cuerpos
Quién Entre
de al ojo el tiempo del pájaro

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al alma el pulso de su paso
y a sus palabras
la tregua confidente de su olvido
La amistad de la pampa es el encuentro
la gracia : el saludo
donde
el horizonte guarda tu muerte
como tumba
y la inscripción de salida
Así
salir del Sur
cruzados
por su fuego
Así
salir del fuego
enmascarados
por su niebla
Así
salir de la niebla

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blancos
para que crezca el cruce
alba mestiza
para que crezca el cruce
fuego con tierra
para que crezca el cruce
hay que cruzar

Natur ist
ein e
versteinerte (r)
stab
Zauber
standt

B